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Producción

Un tornado provocó importantes daños en el Cinturón Verde norte de Córdoba

|Córdoba|

Tras el fuerte temporal que azotó ayer a la ciudad de Córdoba, una de las zonas más afectadas fue la del Cinturón Verde norte, más precisamente Villa Retiro y Villa Esquiú.

Pasadas las 20 horas del día de ayer una fuerte tormenta con abundantes precipitaciones, caída de granizo y vientos huracanados provocaron la formación de un tornado que dañó gravemente las quintas ubicadas en la zona norte y noroeste del Cinturón Verde.

Estudio Malaquita

Los daños fueron cuantiosos y aun se están contabilizando. Desde la Asociación de Productores Hortícolas de Córdoba se realizó el relevamiento de los daños en las quintas a partir de esta mañana. En la zona más afectada por el temporal hubo voladura de galpones, invernaderos, medias sombras, techos de tinglados, caída de postes de alumbrados y las viviendas de la zona se vieron afectadas.

Los ingenieros contratados por la Asociación de Productores Hortícolas de Córdoba, Diego Arnedo y Hernán Cottura estuvieron recorriendo las quintas y realizaron los relevamientos por las zonas que sufrieron daños.  “Hay lugares donde la pérdida es total, del cien por ciento, la tormenta destruyó invernaderos y medias sombras”, aseguró el Ing. Arnedo. Por su parte, Cottura informó que la zona más afectada fue Villa Retiro, lugar en el que pasó un tornado. “Hay muchos postes de alumbrado caídos y árboles que han cortado los caminos de acceso, junto a los productores estamos abriéndolos con motosierra para poder ingresar a las quintas”, afirmó.

El presidente de la Asociación, el Sr. Juan Perlo, aseguró que se están realizando las gestiones para que el gobierno de la provincia de Córdoba declare el desastre. “Desde la Asociación estamos trabajando para que se declare desastre en la zona. Muchos productores han perdido no sólo toda la cosecha sino también la infraestructura de sus quintas, estamos hablando de medias sombras e invernaderos que significan inversiones importantes para los productores. Es necesario que se declare el desastre para que los productores puedan recuperar aunque sea una parte de lo que han perdido”, declaró Juan Perlo.

Si bien funcionarios de Emergencias Agropecuarias se hicieron presentes en el Cinturón Verde, hasta el momento, el gobierno de Córdoba no ha declarado el desastre para la zona.

Emelka. Manzanas y Peras de Río Negro

Política Sectorial

Sebastián Hernández: Diez años sin rentabilidad

|Río Negro|

Es uno de los dirigentes más buscados por los medios provinciales y nacionales a la hora de hablar de la crisis frutícola que golpea al Valle. Productor en Allen desde hace más de veinte años, Sebastián Hernández asumió en 2017 como presidente de la Federación de Productores de Río Negro y Neuquén y desde entonces no ha parado de ganar relevancia pública por su visión sobre la actividad y sus declaraciones sin pelos en la lengua.

Hernández heredó la fruticultura de su abuelo, quien le enseñó gran parte de lo que sabe hoy sobre peras y manzanas. Días atrás lo visitamos en su chacra para conversar sobre algunos aspectos trascendentales de la agenda productiva: falta de rentabilidad, problemas sanitarios, dificultades comerciales y pérdida de mercados.

¿Dónde se origina la crisis estructural que sufren hoy los chacareros del Valle? ¿Puede la fruticultura volver a ser un negocio tentador para las pymes argentinas o está destinada al abandono? En su diagnóstico el dirigente asegura que el principal problema es comercial, porque las empresas abusan de su relación con el productor: compran la fruta por debajo de los costos de producción, deciden las cargas laborales sin considerar la realidad del chacarero e inclinan sobre el sector primario todo el peso impositivo de la cadena.

“Está muy difícil que nos pongamos de acuerdo. Las empresas deciden todos los números»

No fueron pocas las oportunidades en que secretarios y ministros declararon que la fruticultura debía “ponerse de acuerdo” para obtener soluciones integrales. ¿Por qué esto no es posible? Para Hernández la distancia entre ambas posturas es, por ahora, muy grande.

“Está muy difícil qué nos pongamos de acuerdo. Las empresas forman precios y deciden todos los números, hasta los costos laborales. Por ejemplo: se sentaron con UATRE a negociar un 42% de aumento para la cosecha (NdE: se refiere a la última paritaria de febrero) sin tener en cuenta al productor primario. Tenemos un costo interno muy alto pero no quieren hablar del precio de la fruta. Te dicen: ‘no, eso es libre mercado’. Se abusan totalmente del sistema comercial”, explica. Además, agrega que el Estado “tiene el mismo argumento y no quiere acompañar la discusión”. Y cuando habla de Estado quiere decir que “ningún gobierno nacional cambió el abuso de las empresas sobre los productores”.

Según relata Hernández, actualmente el productor recibe entre 13 y 15 centavos de dólar por un kilo de fruta que le cuesta 26 centavos producir. El resultado de esta situación es conocido: quienes no cubren sus costos pierden rentabilidad, lo que se traduce en una reducción de las tareas culturales (poda, raleo, cura de las plantas) con las consecuencias sanitarias y productivas que esto implica.

No obstante, las empresas también deben afrontar importantes gastos para lograr un producto atrayente en los mercados. Frío, empaque, almacenamiento y transporte, entre otras cosas, van cargando el precio de cada kilo de fruta que se comercializa. A esto hay que sumarle una estructura impositiva asfixiante que se complementa con la poco atinada decisión de Cambiemos de colocar retenciones y reducir reintegros a exportaciones de productos primarios que requieren mano de obra intensiva. Frente a la competencia de países como Chile –con fruta de igual o mayor calidad pero más barata- Argentina comienza a perder volúmenes en los mercados. Esto complica aún más el circuito productivo porque, respaldados en la falta de rentabilidad de los mercados internacionales, muchas empresas pagan a los productores lo que pueden y no lo que deben.

“Las empresas se excusan: dicen que pagan 15 centavos porque los otros 11 se los retiene el Estado y por eso no pueden pagar el costo de producción. Cuando llegaron las retenciones, los funcionarios nos decían que no nos quejemos, que no las íbamos a pagar nosotros sino quienes exportaban. Sí, ¿pero a quién se lo descuentan del valor de la fruta? Al productor. Hoy todo movimiento que hace la empresa va al balance que entra en la liquidación del productor. Siempre lo paga la fruta”, dice el presidente de la Federación al respecto.

«No quieren hablar del precio de la fruta. Te dicen: ‘no, eso es libre mercado’. Se abusan totalmente del sistema comercial»

La pregunta es cuándo, en el marco de los últimos años, la relación comercial pasó de ser un dolor de cabeza a convertirse en uno de los motivos por el cuál los chacareros abandonan la actividad. Así lo ve Hernández: “El último año que el productor tuvo rentabilidad fue en 2008, que acompañaron los mercados y las liquidaciones estuvieron por encima del costo de producción, que estaba alrededor de los 19 centavos de dólar. Ese año el productor cobró entre 27 y 28 centavos de dólar”. ¿Y qué cambió del 2008 a esta parte?

“Por aquel entonces, como fue una buena temporada, pagaron un poco más para dejar al sector un poco acomodado. Al año siguiente se cayó todo, pagaron miserias al productor y desde ahí nunca más cubrimos el costo de producción. Cuando el negocio es bueno te pueden dar algo más, pero cuando el negocio es malo…”.

Estudio Malaquita

Lo que esto no explica es por qué incluso en esta relación desigual empresas de considerable capital como Moño Azul, Expofruit o Salentein han reducido su actividad y en algunos casos dejado trabajar en los últimos años. El presidente de la Federación encuentra una respuesta posible en la necesidad de “querer acapararlo todo, desde la producción hasta la comercialización”. Y aunque es un análisis válido, necesitaríamos de otro artículo para profundizar en este aspecto particular.

Para Hernández el abuso comercial también se da en la liquidación de la fruta, donde las empresas imponen sus condiciones frente al poco poder de negociación del productor por su dependencia a la hora de colocar la fruta. “Cosechamos, se llevan la fruta y la liquidación viene en diciembre. Recién en ese momento sabemos cuánto vamos a cobrar. Pero desde mayo tenemos que realizar la inversión para tener una producción de calidad y esa plata no está”, describe el dirigente.

A esto se suma que, según Hernández, las empresas pagan según el comportamiento de los mercados durante la temporada, lo que agrega una mayor inestabilidad al panorama del chacarero porque no recibe un monto estable por su producto. No obstante, existen contratos formales donde se pactan los valores antes de levantar la cosecha, aunque considera que en muchas oportunidades esos contratos no se respetan a rajatabla y las empresas pagan incluso menos de lo pactado.

La apertura de nuevos canales de comercialización

Para el presidente de la Federación de Productores el diagnóstico es claro: mientras el problema comercial no se resuelva la crisis permanecerá. Por eso, en los últimos meses su gestión se abocó a la gestión de nuevos espacios para que los chacareros vendan su fruta a un mejor precio.

“Tenemos que salir de esa dependencia con un sistema distinto. Estamos empezando a vender por nosotros mismos. El problema siempre es el del financiamiento, porque necesitamos plata para los galpones de empaque, cajas, frío, papel. El productor está muy quebrado y hoy no es fácil meterse en los mercados, que son voraces”.

Con todo, recientemente la entidad logró establecer la venta directa de peras y manzanas en ferias barriales de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA). La operatoria se estableció a partir de un convenio firmado entre la Federación, el Ministerio de Ambiente y Espacios Públicos de la ciudad de Buenos Aires y la participación de la Fundación Barrera Zoofitosanitaria Patagónica (Funbapa). Además, actualmente Hernández mantiene conversaciones con Leonardo Sarquís, ministro de Agroindustria de la provincia de Buenos Aires, para expandir este proyecto en instituciones públicas como escuelas, hospitales y cárceles. Finalmente, en este renovado plan de habilitar nuevos espacios comerciales, la Federación está trabajando para tener un puesto fijo en el Mercado Central de Buenos Aires. “Queremos construir e identificar la marca de los productores. Por ahora estamos dando los primeros pasos”, cierra el dirigente.

“Tenemos que salir de esta dependencia con un sistema de comercialización distinto»

Caída de la productividad

La pérdida de mercados viene acompañada de un fuerte decrecimiento en la productividad de los lotes. Según Hernández hoy el promedio por hectárea es de 25 mil kilos. Otros son más optimistas y hablan de 30 y hasta de 35 mil kilos por hectárea. Lo cierto es que el chacarero, endeudado, fue abandonando progresivamente tareas fundamentales para las plantas. “Una gran cantidad de productores hace más de diez años que no fertiliza. Además, dejamos de tener asesoramiento técnico: los ingenieros agrónomos hoy no tienen trabajo en las chacras”, grafica el dirigente.

En este contexto, ¿cómo se realiza la tecnificación y la reconversión que algunos funcionarios públicos reclaman? Con financiamiento, dice por ejemplo el ministro de Agricultura, Pesca y Ganadería de la provincia, Alberto Diomedi. El Libro Blanco fue la propuesta del gobierno para que, a través del asociativismo, los productores puedan acceder créditos para sostener estas actividades.

Pero el dirigente de la Federación se muestra cauto al respecto y retoma su punto inicial: “El productor no quiere ingresar a un crédito que no sabe si va a poder pagar.  Tenemos que avanzar con la rentabilidad del sector en el tema comercial. Después, el productor se va a meter solo en financiamientos. Cuando tiene plata la invierte en la chacra”.

Y concluye: “Las variedades que tenemos (Williams, Packham´s y D´Anjou) son las que requiere el mercado. Hablar de que la reconversión no existió en la fruticultura es una mentira grandísima. Hoy el 85% de la producción está reconvertido en espaldera, sólo el 15% restante es monte”.

“El productor está aguantando”

Hernández es un dirigente que en los últimos años ha mostrado una firme posición en su tarea: tratar de que la fruta tenga un precio justo para que los productores se mantengan produciendo. Sin embargo, la realidad lo excede y hoy muchos eligen abandonar las chacras porque seguir invirtiendo en ellas es perder dinero y venderlas, un negocio poco interesante. “El productor está aguantando porque no tiene otras oportunidades. Hoy una chacra no vale nada. Tiene que vender el trabajo de toda una vida por migajas. Estamos hablando de productores con un promedio alto de edad. No hubo recambio generacional porque el negocio no existió”, describe.

Aunque sabe que el panorama es difícil, confía en que cortar la dependencia comercial pueda ser el camino que les permita a los productores recuperar la actividad como un negocio posible. Hernández se muestra apasionado por la chacra. Sus esfuerzos son campo adentro y campo afuera: con las plantas, en el seguimiento constante de las tareas culturales y de cosecha. Y en las oficinas provinciales y estatales, con los funcionarios a quienes debe explicar cómo sobreviven hoy los productores y qué medidas podrían dar un giro a la situación. Más que signos de una pronta recuperación, lo que tiene el Valle son productores y dirigentes con ganas de no dejar morir a la fruticultura regional.

Emelka. Manzanas y Peras de Río Negro
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Política Sectorial

Héctor Basualdo: “En las cooperativas el trabajo de la fruta es mucho más transparente”

|Neuquén|

Héctor Basualdo es santafesino de nacimiento pero neuquino por adopción. Veinte años atrás decidió viajar hasta la provincia de Neuquén para estudiar licenciatura en Turismo, donde conoció a su actual esposa, proveniente de una familia con larga tradición productiva en las peras y manzanas del Valle. Luego de algunas idas y vueltas, comenzó a trabajar en la chacra de su suegro como uno más: desmalezando, fertilizando, haciendo poda y cosecha. De a poco fue adquiriendo experiencia en las tareas hasta que, años después, comenzó a producir por sí solo una chacra de cinco hectáreas ubicada en Centenario. Hoy, convertido en padre, tiene como deseo contagiarle la misma pasión por la fruticultura a su hijo, que en caso de continuar será quinta generación de productores.

Basualdo tiene 37 años. Es lo que se considera un productor joven. Aunque reconoce el estado crítico de la fruticultura, entiende que la búsqueda de nuevos modelos de comercialización es una alternativa eficaz para paliar la crisis. “Tratamos de contener a los productores para que continúen en la actividad”, asegura. Desde 2017 preside la Cámara de Productores Agremiados de Centenario y Vista Alegre (PACVA), la cual nuclea a productores de pepita, pera, manzana y algo de carozo. El dirigente asegura que en los últimos 15 años el número se redujo de 510 a 130, según datos obtenidos a partir de los números de RENSPA habilitados.

¿Por qué se produjo este abrupto descenso?

Por un lado, por el fenómeno de Vaca Muerta y el avance de la urbanización sobre tierras productivas que eso trae aparejado. Estamos esperando ver traducido el dinero del petróleo en otras actividades productivas como la fruticultura. Por otro lado, porque muchos productores no han sabido contagiarle el entusiasmo a las generaciones que venían por detrás. Y al no tener renuevo, se han erradicado muchas chacras. El que no se tentó con la parte inmobiliaria hoy alquila la tierra a los horticultores, que mayoritariamente son trabajadores bolivianos. Es casi lógico que si una actividad deja de ser rentable la gente comience a buscar alternativas. En ese sentido, las inmobiliarias saben tentar con determinados números que hacen que el productor termine por lotear esa chacra.

En ese contexto, ¿cuál es el objetivo de la Cámara que preside?

Pretendemos mantener las pocas hectáreas productivas que están quedando. Consideramos que hay un montón de tierra para seguir urbanizando sin sacrificar una actividad que, además de ser sustentable, genera alimento. Hoy existe una ordenanza municipal que delimita el avance sobre ciertos espacios. Pero se han presentado treinta o cuarenta carpetas pidiendo excepciones y desde la municipalidad están siendo benignos en cederlas. Actualmente, junto con la Federación de Productores de Río Negro y Neuquén estamos realizando un relevamiento para conocer cuántos chacareros tienen perspectivas de seguir produciendo. Queremos  hacer fuerza a través de legislación que permita frenar la demanda que hay sobre las tierras productivas.

«Muchos productores no han sabido contagiarle el entusiasmo a las generaciones que venían por detrás»

¿Reconvertir a otro tipo de producciones es una opción?

Estamos pidiéndole al gobierno que nos ayude a tentar a los productores que hoy tienen dudas sobre su continuidad. Existen programas provinciales de producciones alternativas que son rentables, como por ejemplo los frutos secos o los mismos forrajes. También existen planes de erradicación, donde los productores se anotan para sacar las plantas y dejar renovado el suelo. Queremos que esos programas estén atados a la continuidad productiva.

Trabajo cooperativo, una posible solución

A pesar de la dura crisis que atraviesa la fruticultura en toda la región, Basualdo mantiene una mirada optimista sobre su propio trabajo en la chacra, donde produce cinco hectáreas de peras y manzanas. “Con un poco de suerte y mucho trabajo, buscando la manera de reconvertir, he logrado poder vivir de esto. No tiro manteca al techo, pero disfruto de lo que hago. Y considero que si yo pude otros productores también pueden hacerlo”.

Estudio Malaquita

Ser joven no es un atributo en sí mismo. Sin embargo, una mirada fresca y renovada sobre viejos problemas siempre puede resultar interesante. Para Basualdo, el trabajo cooperativo es una solución concreta a las actuales dificultades productivas vinculadas a la escasa rentabilidad del sector. Con lógicas comerciales distintas, la relación productor-cooperativa le permite al primero achicar costos sin que eso repercuta en las tareas a campo, optimizando el estado sanitario de las plantas y alimentando un círculo virtuoso que se trasluce en una fruta de mejor calidad para pelear en los mercados. Hoy en la región existen tres importantes cooperativas: Fruticultores Unidos, La Deliciosa y La Flor, esta última integrada por Basualdo.

Cabe aclarar que el cooperativismo en el Valle no es nuevo. Cooperativa La Flor tiene más de 70 años de historia. No obstante, una fruticultura que año tras año ve caer su rentabilidad debe pensar necesariamente en modelos de comercialización que hagan viable la actividad. El trabajo cooperativo aparece hoy como esa opción.

«En las cooperativas es mucho más transparente el trabajo de la fruta respecto a cuánto se descarta y cuánto se embala»

¿Qué ventajas tiene este sistema de comercialización?

Compramos los agroquímicos en conjunto y es mucho más transparente el trabajo de la fruta respecto a cuánto se descarta y cuánto se embala. Hoy algunos productores entregan la fruta a los galpones de empresas y no tienen contratos, no saben qué es lo que le van a pagar. También es más transparente en el precio que se paga, en la compra de insumos, en el trabajo dentro del galpón. No es lo mismo que tengas realmente un 10% de descarte en el galpón, a que te paguen el costo de producción pero con un 30% de descarte. En las cooperativas el día que están trabajando mí fruta puedo ir a ver qué se embaló y qué se descartó. Eso en las empresas no pasa, un productor independiente no tiene acceso a esa información.

Además, mientras que las empresas realizan la liquidación entre dos y tres meses después de entregada la cosecha, en las cooperativas el pago se efectúa una vez vendida la fruta. Esto permite que los productores tengan un flujo de dinero durante los meses que se realizan las tareas de poda, fertilización y raleo de las plantas. Trabajar cooperativamente también nos permite el préstamo de maquinaria de alto valor en el mercado en situaciones donde la compra de las mismas no se justifica porque hablamos de pocas hectáreas.

Si es un modelo más transparente para el productor, ¿por qué no es lo normal en el Valle?

El productor de esta zona tiene un perfil más bien desconfiado, individualista. Hay que analizar lo que lo llevó a ser de esa manera en los últimos años. Quizás nosotros que somos más jóvenes pecamos de optimistas. Pero creemos que esta es la forma. Por lo menos en lo que respecta a productores chicos, de cinco a veinte hectáreas aproximadamente.

«Quizás los más jóvenes pecamos de optimistas. Pero creemos que esta es la forma»

“Hemos saneado a la Cámara”

A un año y medio de presidir la Cámara, el dirigente se encuentra satisfecho de su gestión administrativa. “Realizamos un saneamiento importante de la entidad. Hacía doce años que no se presentaban balances. Hoy la Cámara está al día. Renegociamos créditos y obtuvimos prórrogas de préstamos realizados por la provincia y Nación, destinados a laborales culturales y de sanidad”.

Cuando se le pregunta si desea continuar en el cargo, Basualdo responde: «Estoy esperando y deseando que alguien me releve (risas). Es un desgaste muy grande, uno descuida mucho las tareas que le dan de comer y deja de hacer cosas importantes, como pasar tiempo con la familia. Te va agotando. Pero no me quiero desligar, sino ir rotando este cargo».

Emelka. Manzanas y Peras de Río Negro
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Política Sectorial

Alberto Diomedi: “Quiero sacarles el salvavidas de plomo a los productores”

|Río Negro|

Alberto Diomedi es tercera generación de fruticultores y actual ministro de Agricultura, Pesca y Ganadería de la provincia de Río Negro. Asumió su cargo en 2017, previo paso como titular de la Secretaría de Fruticultura, en la cual estuvo durante el período 2014-2016. De tradición productora, dejó la chacra para ejercer la función pública y construir «acuerdos de trabajo» que permitan al sector salir de la crisis estructural que vive desde hace más de una década.

¿Por qué la fruticultura de Río Negro no logra despegar después de tocar sus pisos históricos? ¿Por qué, a pesar de tener gran cantidad de productores y hectáreas sembradas, crecen los números en rojo de la actividad, incluso en un contexto internacional favorable?

“El mundo fue cambiando tan rápido y tan progresivamente que, por las distintas políticas de los Estados nacionales que hemos tenido, nos hemos desprendido de él”, dice el Ministro y esa primera frase será un resumen de lo que aparecerá reiteradas veces a lo largo de toda la conversación: para Diomedi, la falta de planificación a nivel nacional ha sido, no sólo para la fruticultura sino paras las Economías Regionales en general, un factor decisivo.

Producir frutas en el Valle ya no es la seductora actividad que era veinte o treinta años atrás. Costos dolarizados, estructuras impositivas sobrecargadas, falta de financiamiento y hasta caída del consumo interno son algunos de los factores que desmotivan la inversión. ¿Es posible que la fruticultura resurja mejorada de la que parece ser la crisis más importante de su larga historia? Diomedi se muestra optimista. “Estamos produciendo en un lugar codiciado por el mundo, que es la Patagonia. Tenemos las herramientas. Hoy te puedo decir que la fruticultura sí es posible”.

¿Se puede rastrear el momento en que la fruticultura dejó de ser rentable para los productores del Valle?

Yo creo que los vaivenes de la política argentina nos sacaron del circuito comercial. Y esto pasó no sólo en la fruticultura, sino en todas las Economías Regionales. Argentina bajó el 50% de la producción como país. El mismo problema lo tenemos con las uvas, el citrus o la yerba mate. Este es un piso del cual tenemos que resurgir. La recomposición de esta situación la estamos planificando a diez años.

¿Cuáles son esos vaivenes a los que se refiere?

Me refiero a la falta de políticas nacionales a largo plazo. Yo no puedo planificar con un dólar a 18 pesos si unas semanas después lo tengo a 40. Hay una incertidumbre cambiaria muy grande. Eso reduce las motivaciones para invertir. Las políticas comerciales van variando de acuerdo a los políticos de turno. Hoy estamos con una política abierta para llegar al mundo, pero antes no era así. Estas son las cosas en las que tenemos que ponernos de acuerdo e ir todos para el mismo lado.

«Hay una incertidumbre cambiaria muy grande. Eso reduce las motivaciones para invertir»

¿Cómo ve las retenciones y la baja de los reintegros? ¿Se abordan estos temas con el gobierno nacional?

Son un viejo reclamo. Hay que cambiar el marco impositivo del país para la producción. Por ejemplo, en lo que respecta a aportes y contribuciones: mientras que Chile paga el 2% nosotros pagamos casi el 50%. El IVA en todo el mundo está debajo del 10%, pero nosotros pagamos el 10.5% para la compra y el 21% para la venta. No tenemos líneas de financiamiento y las que hay son a tasas muy elevadas. ¿Quién va a querer tomar una línea de financiamiento del 60% hoy?

Muchos productores aducen que el mayor problema es comercial y que, al recibir un precio demasiado bajo por la fruta -incluso inferior a sus costos de producción- no tienen posibilidades de invertir.

Cuando empecé en el ministerio hace dos años atrás le presentamos a toda la cadena frutícola un programa de la provincia de Río Negro que era el Libro Blanco. Este programa podría haberse ido ajustando, pero fue rechazado de plano. Era parte de un programa a diez años. Hablábamos de esquemas asociativos para darle mayor capacidad a la inversión. Es decir, un tractor para 10 hectáreas sobra, pero para 50 hectáreas es lo justo. Entonces proponíamos este modelo de trabajo entre ellos. También proponíamos que se aplicara tecnología de última generación en el empaque a través del asociativismo. El señor presidente de la nación había aprobado los créditos en tanto y en cuanto nosotros consiguiéramos el acuerdo de todos los integrantes de esta cadena.

Y no hubo acuerdo.

No hubo acuerdo. Y hoy están pidiendo a gritos asociarse. Mirá, acá hay una cooperativa que es un orgullo para nosotros. Se llama Primera Cooperativa Frutícola. Fueron dos grupos de productores que se juntaron para exportar su mercadería, con alrededor de 3000 hectáreas trabajadas. El resultado técnico, comercial y de capacitación fue buenísimo. Hasta comenzaron a trabajar allí las nuevas generaciones. Nosotros desde el gobierno buscábamos multiplicar eso.

«Con el Libro Blanco proponíamos esquemas asociativos para darle mayor capacidad a la inversión»

¿El productor es la “variable de ajuste” de la cadena?

No, somos todos. Ahora estamos hablando del productor, pero también hay infinidades de empresas que cerraron o que están en convocatoria de acreedores. Moño Azul fue comprada, se fue Salentein. Hay que mirar el conjunto. Aserraderos que proveían cajones, bines y pallets también fueron cerrando. La visión tiene que ser más integral.

La relación con la Federación de Productores

Diez minutos antes de la llegada del equipo de Revista InterNos, el ministro recibió la visita de Sebastián Hernández, productor y dirigente de la Federación de Productores de Río Negro y Neuquén, referente a la hora de plantear las demandas del sector frente a las autoridades provinciales y nacionales.

Diomedi cuenta que uno de los motivos principales de la reunión fue avanzar en una propuesta que la Federación plantea desde hace algunos meses: abrir canales alternativos de comercialización. Para eso, dice el ministro, se está profundizando la comercialización en las ferias de la ciudad de Buenos Aires –que comenzaron en 2018-  y se está gestionando también la tenencia de un puesto en el Mercado Central donde los chacareros puedan mandar su fruta. “Los productores van ir a vender y promocionar su producto a La Rural, a Caminos y Sabores, a Bariloche a la carta. La gente tiene que conocer la cara del productor, hay que volver a enamorar al consumidor”, dice el ministro a InterNos.

Si bien parecen alternativas válidas ante un contexto de crisis, uno no deja de preguntarse por qué es tan difícil que la cadena comercial funcione normalmente.

Es muy propio del argentino ser individualista. No podemos ponernos de acuerdo. Veo que hay un gran esfuerzo del gobierno nacional, de los empresarios y de los productores. Pero alinear esos esfuerzos va a llevar mucho tiempo, no va a ser de un día para el otro.

¿En qué sentido el Estado nacional está haciendo ese esfuerzo?

Primero con los ministros en la mesa del Consejo Federal Agropecuario, donde todo el mundo expone lo que se logra y lo que falta. Por ejemplo, una buena noticia es que cada vez que viaja el presidente de la nación o viajan los ministros encuentran nichos de comercialización. Ahora, yo para cubrirlos tengo que tener la cadena productiva aceitada: el tipo de manzana o pera que voy a tener, transporte, frío, mecanización. El plan de cerezas chileno busca plantar 4000 hectáreas por año. Nosotros como argentinos no tenemos un plan. Una hectárea de manzanas sale 50 mil dólares. Si vos tenés esa plata hoy, ¿la ponés en la fruta o en un plazo fijo al 60%? Estas son las cosas que tenemos que mirar.

¿Qué piensa cuando se dice que el productor es “Estado-dependiente”?

Eso no es así. El Estado siempre tiene que estar presente. Tiene que abrir mercados en el mundo y también tiene abrir líneas de financiamiento como lo hace cualquier empresa. El problema es lo que pasa con el sistema impositivo. El productor tiene sus costos tranqueras adentro, el empresario asume los costos dentro de su planta industrial, pero también el Estado debería asumir sus costos en la cuestión impositiva. El costo tiene que bajar en toda la cadena. Esto es lo que tenemos que mirar. Hay que bajar la presión fiscal e introducir tecnología.

«También el Estado debería asumir sus costos en la cuestión impositiva»

¿Qué tipo de tecnología?

La introducción de las plataformas de cosecha, que son máquinas autopropulsadas que sirven también para cosechar, podar o poner mallas antigranizo, por ejemplo. Empezaron a aplicarse en 1980 con las primeras máquinas que trajeron los italianos. Hoy en el mercado hay más de cien máquinas como ésta en el Alto Valle.  También está la poda neumática y ya existe la poda mecánica, donde con un pequeño golpe cortas hasta cinco centímetros de diámetro. Lo que estoy buscando es que eso llegue al productor a través de financiamiento.

En una reciente entrevista con el diario Río Negro usted dijo que era necesario cuidar la información que circulaba en torno al sector. ¿En qué medida lo que se dice sobre la actividad influye en la crisis actual?

Estudio Malaquita

Hoy en el mundo es muy leonina la cuestión comercial. Cuando se sabe que alguien está en desgracia, se aprovecha. Y la información corre muy rápido. Mis amigos de Europa me mandan información que sale en los medios cuatro horas antes de que yo me despierte. Entonces, tenemos que ser cuidadosos con la información negativa que damos. Estamos haciendo un gran esfuerzo por sacar adelante a la fruticultura. Te lo digo como productor y como ministro. A mí me pusieron en un artículo que durante mi gestión fue cuando más cayó la fruticultura. Pero la responsabilidad no recae solo en mí.

¿Cómo recibe esos comentarios?

Tengo solamente un norte: acompañar al productor y seguir adelante. En Río Negro hace dos años y medio que no tengo conflictos. Hay un reconocimiento al trabajo que estamos haciendo. Somos la única provincia que está acompañando a la fruticultura con un financiamiento del 12% a tasa fija, por cinco años, con doce meses de gracia. No existe en Argentina algo así. Lo ofrecemos para comprar plantas, tractores, plataformas, para realizar tareas de sanidad. También tenemos un programa provincial de compra de agroinsumos, que pagamos al contado y el productor va devolviendo luego en pesos. El esfuerzo que estamos haciendo es muy grande. El productor primario acá no paga ingresos brutos, todos los impuestos son nacionales. Lo impositivo no corre por mí.

¿Nación le pone un techo a lo que usted puede hacer como ministro provincial?

Me pone una limitante. Yo tendría que hacer mínimamente mil hectáreas por año de reconversión. Y eso no está programado a nivel nacional. En la provincia nosotros tenemos una línea de entrega de maquinaria donde llevamos más de 400 tractores entregados. Eso es un esfuerzo ejemplar que estamos haciendo. Por eso digo: no es todo malo. Pasamos de sesenta hectáreas a 300 hectáreas bajo invernadero con recursos provinciales. Ahora, si yo tuviera mis recursos más los recursos de Nación podría duplicar la apuesta.

Fracking y fruticultura

Aunque la extracción de hidrocarburos a través de técnicas no convencionales se centra mayoritariamente en la provincia de Neuquén, Río Negro también realiza fracking en algunos puntos de la provincia. La discusión largamente planteada sobre la coexistencia de estas dos actividades se sostiene a lo largo del tiempo. Le preguntamos al ministro su opinión sobre este tema al enterarnos que, frente a su propia chacra, tiene media hectárea de lo que alguna vez fue una producción de frutas y hoy son nueve pozos para la extracción de gas.

¿Le parece que pueden convivir fracking y fruticultura?

Sí, lo tenés acá en frente. La casa está entera, no se cayó, no tenés olor. Se controla mucho porque por acá pasan miles de personas por día. El fracking es una actividad a tres mil metros de profundidad. Ahora, pregunto: ¿qué estamos mirando respecto a este tema? Porque yo gracias a eso tengo el gas para calentar, el combustible para mis tractores, la nafta para los aviones. Eso sí, buscamos trabajar de forma ordenada entre ellos y nosotros. Yo puntualmente me senté con quien era el responsable de la ejecución de este pozo y le solicité que cumpla con buenas prácticas, sea ordenado, tenga trazabilidad. Y lo entendieron. Si vos recorres la zona te vas a dar cuenta que es una prolijidad total. Y esa chacra, nadie lo decía, pero estaba abandonada desde hacía cuarenta años por problemas judiciales.

¿Los derrames o accidentes no deben encender algunas alarmas?

Los accidentes pasan. El avión es el más moderno medio de transporte. Mueve billones de personas en el mundo y cuando se cae un avión es un escándalo. Pero no te dicen la cantidad de personas que se transportan por año. En estas extracciones se utilizó tecnología de última generación. Vinieron, hicieron los pozos y se fueron. Ahora está generando un montón de ingresos para el Estado por año. La convivencia es lo que vale.

¿Se le puede asegurar a un productor o a un ciudadano de a pie que la actividad no es riesgosa en cuanto al impacto sobre el suelo o sobre el agua?

Mira, en todos lados tienen que existir controles. Para eso tenemos a la Secretaría de Medio Ambiente, la Secretaría de Energía y también nosotros, que trabajamos a full en esto. Y hay contrapruebas con muestreos y análisis. Si entramos en el beneficio de la duda por cada cosa que hacemos, me parece que estamos mal. Yo tengo que creer en mis instituciones.

«Buscamos trabajar de forma ordenada. La convivencia es lo que vale»

¿Una perforación cerca de una chacra puede complicar el negocio de exportación con algún mercado?

Hace cuarenta años que estamos sacando petróleo en el Alto Valle. Y te digo algo, la tecnología que tenemos hoy no la teníamos por entonces. No, hoy no tenemos problemas con eso. Con lo que sí vamos a tener problemas es con el uso irracional del agua.

¿Por qué?

En 1960 por el río Negro pasaban 1400 metros cúbicos de agua, hoy pasan 750. Como ciudadanos también tenemos que ser conscientes de esto. A veces, magnificamos algunas cosas y se nos escapa la tortuga con otras. Nosotros hemos hecho importantes inversiones para no seguir volcando residuos cloacales en el río. Construimos plantas terminales de cloacas, donde se recicla el agua y se la utiliza para hacer reforestación. Eso también es noticia.  Nuestra propuesta como Ministerio de Agricultura, Pesca y Ganadería es el uso racional del agua para la producción. La situación más compleja de los próximos años no va a ser el petróleo, sino el agua.

¿Son comparables los consumos de agua entre una actividad y otra?

Yo no conozco en detalle los números de otras actividades porque no son mi área. Pero sí te puede asegurar que hoy para producir manzanas, con el sistema de riego gravitacional, se necesitan 352 litros de agua por kilo, mientras que con el riego mecánico se necesitan sólo 40. Argentina hoy exporta agua con la soja, la alfalfa y la carne que produce. Y te aseguro que son actividades que consumen más agua que los hidrocarburos.

¿Le preocupa que la actividad hidrocarburífera le “robe” la mano de obra a la fruticultura?

No, no es una preocupación. Los profesionales que lleva el petróleo son ingenieros. Hoy un pozo se maneja de forma electrónica. También quienes manejan camiones deben ser especialistas en hacerlo con cargas peligrosas. Es cierto que hubo tractoristas, choferes o personas relacionadas a la ingeniería que cambiaron de actividad. Pero no inciden en una media de ocho mil o nueve mil obreros que trabajan aquí en temporada de forma estable y los cincuenta mil durante la zafra. Solamente detectamos, cruzando la información, que se fueron a los hidrocarburos unas 700 personas.

De productor a funcionario

Cuando ingresó en la función pública Alberto Diomedi dejó los trabajos en la chacra, que fueron continuados por su hijo. Aunque asegura que producir es una tarea “que nunca se deja” sabe que la transición generacional ya está hecha. A seis meses de terminar su mandato (finaliza en diciembre, cuando asuma la recientemente electa gobernadora Arabela Carreras) Diomedi dice que le gustaría seguir y que “todavía quedan muchas cosas por hacer” para sacar la fruticultura adelante.

En 2014, cuando asumió en la Secretaría de Fruticultura, usted dijo: “Si no empezamos algún día a cambiar las cosas, nos vamos a transformar en lo de siempre, en quejosos”. A cinco años de estar en la función pública, ¿qué reflexión puede hacer de esa declaración?

Que todo cambio cultural lleva su tiempo. Yo no soy un mago, no tengo el poder de manejar toda la situación. Hoy los costos que tengo para una hectárea de producción son muy altos. Un tractor en Argentina sale 50 mil dólares, pero en Chile cuesta 25 mil dólares. Estamos atravesando un cambio importante para dejar de ser “quejosos”. Pero hay que poner un norte. Las leyes impositivas las hace el Senado. Vayamos por ahí a cambiar la situación y mejoremos los mecanismos para nos asfixiar la producción. Al productor, si vos le das herramientas, pone primera y después va solo.

«Lo que faltó fue una política a nivel nacional. Los cambios no son mágicos. Hay que planificar a futuro»

¿Pudo hacer todo lo que se propuso? ¿Qué cree que faltó?

Lo que faltó fue una política a nivel nacional. De mis cuatro años de gestión, estuve dos en fruticultura y dos de ministro. Y en esos dos años tuvimos el cambio de gobierno. En un momento teníamos todas las tranqueras cerradas y ahora las tenemos abiertas.  Pero cuando estaban cerradas también dejaban de producir campos, empaques. Restablecer todo eso lleva su tiempo, los cambios no son mágicos. Hay que planificar a futuro.

Su gestión termina en diciembre, ¿tiene ganas de seguir?

Sí. A la señora gobernadora electa la conozco porque integramos el mismo gabinete. Pero ella tiene todo el derecho a armar su equipo. Si me convoca, lo haré con gusto. Hay muchas cosas por hacer.

¿Qué cosas lo incentivan a continuar en el cargo?

El entusiasmo que tiene la gente para producir. Yo hago un esfuerzo tremendo. A mi edad debería estar pensando en relajarme. Pero tengo 68 años y le sigo poniendo la misma fuerza. Recorro toda la provincia. Acompaño a mis productores desde los más grandes hasta los más pequeños. Quiero sacarles el salvavidas de plomo que tienen hoy.

Emelka. Manzanas y Peras de Río Negro
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