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Comercialización

¿Qué tan caro es consumir frutas en Argentina?

|Argentina|

Días atrás, la periodista María Delia Sebastiani de LU6 consultó a Guido Cecive, miembro del directorio del Procosud, (escuchá el audio al final de la nota) a raíz de las bajas en las ventas del mercado. Durante el intercambio la conductora interrogó al dirigente por las posibles causas de este hecho y, posteriormente, afirmó que los precios de las frutas “eran muy altos”. ¿Qué hay de cierto en eso? ¿Cuánto cuesta y cuánto debería costar una fruta?

Lo que cuesta producir

Pongamos por caso el ejemplo de una manzana producida en el Alto Valle. Para que la fruta llegue a la góndola de un comercio en condiciones de ser consumida debe pasar por lo menos un año, que es su ciclo productivo. Una vez cosechada (de manera manual, lo cual requiere un importante capital humano) se prepara para ser trasladada al empaque. Son pocos los productores que cuentan con empacadoras propias, por lo que la mayoría deben enviar sus productos a terceros: el costo de traslado, sumado a la logística dentro del empaque (se lava, se limpia, se selecciona y se ubica en cajas) agrega valor a cada cajón frigorífico.

Los gastos de la cadena de comercialización incorporan el transporte, los galpones de empaque y las cámaras de frío, entre otras cosas.

Luego la fruta es nuevamente transportada hacia los grandes centros comercializadores, donde es adquirida por los operadores mayoristas. Éstos recargan un porcentaje al producto obtenido, con el cual pueden cubrir los costos de alquiler, cámaras de frío, mano de obra contratada. El anteúltimo lugar de la cadena les corresponde a los verduleros, quienes agregan un porcentaje al producto para obtener ganancias a la hora de comercializarlo frente al consumidor final.

En la actualidad, un productor en el Alto Valle, teniendo la posibilidad de guardar la fruta en frío, está vendiendo su producción en 13 o 15 pesos el kilo. El precio minorista es de 40/50 pesos el kilo.

De esta manera podemos observar el total de los elementos que conforman la cadena logística, mayorista y minorista. La fruta, si bien es accesible y nutritiva, no es necesariamente barata. Esto no significa que sus precios sean inaccesibles, sino que posee un precio que se corresponde a lo que cuesta producirla y distribuirla en las mejores condiciones.

El valor de la fruta reside en los aportes nutricionales que realiza a nuestro organismo a un precio moderado, frente a otros alimentos menos saludables pero de igual o mayor costo en el mercado. Podemos pensar, por ejemplo, en una primera marca de papas fritas, con un paquete de 250 gramos, que alcanza los 75 pesos. En comparación, encontramos el kilo de banana en el Mercado Central de Buenos Aires a unos 25 pesos como precio máximo y 20 pesos como precio mínimo, según calidad, tamaño y procedencia de la fruta. Pero como no todo el mundo tiene acceso a mercados mayoristas, vale mencionar que si la buscamos en las grandes cadenas de supermercados de todo el país, los valores actuales no exceden los 35 o 45 pesos el kilo. Precios similares (o incluso por debajo) poseen las verdulerías.

 

Estudio Malaquita

Datos obtenidos al mes de enero de 2018. 

Por otro lado, es importante destacar que no todos los procesos productivos poseen las mismas características. Es decir, no todas las frutas son iguales. Suelen variar sus costos de producción,  cuidados o las distancias de traslado. Sin embargo, visibilizar este mecanismo general puede ayudarnos a tener una dimensión más exacta del valor de la mercadería.

En nuestra edición papel número 31 analizamos los circuitos que recorren frutas y verduras antes de llegar a cada hogar, profundizando sobre la conformación del precio que paga el consumidor final.

En los últimos años, los cambios en los hábitos alimenticios y la pérdida del salario real repercutieron en los números de consumo. Actualmente la fruta es considerada como un bien de lujo y no como un alimento básico para la canasta familiar. En este sentido, los programas de difusión por parte del Estado nacional permiten paliar o comenzar a revertir una situación delicada para los productores y comercializadores argentinos, que ven con preocupación la caída en la demanda de frutas y hortalizas.

La entrevista que originó el debate:

Emelka. Manzanas y Peras de Río Negro

Comercialización

El más grande del mundo

Central de Abastos de la Ciudad de México

En el año 2010, la gastronomía mexicana fue considerada como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). En 2018 la ciudad de México alcanzó el quinto lugar en el ranking de ciudades más pobladas con alrededor de 22 millones de habitantes según la ONU. En Iztapalapa, al oriente de la ciudad mexica, se alza el mercado que abastece al recetario mexicano con más de 15 ingredientes de todo México y del mundo.  Con 327 hectáreas y más 500 mil personas trabajando a diario, la Central de Abastos de la ciudad de  México se alza como la más grande del mundo según lo reconoce la Unión Mundial de Mercados por su gran extensión de 327 hectáreas y un volumen de comercialización valuado en 9 mil millones de dólares anuales.

Revista InterNos entrevistó al Lic. Sergio Palacios Trejo, quien fuera Administrador de la Central hasta  diciembre 2018* y conversamos con el sobre la central y lo que implica llevar adelante la administración de semejante mercado: “La central no se puede administrar, se debe gobernar, y con esto quiero decir que nosotros debemos involucrarnos con la gente que aquí trabaja para realmente poder ayudarlos a que la comida que ellos producen y con la cual trabajan llegue a la mesa de los mexicanos y podamos seguir comiendo. Es formar parte de esto que es una gran sociedad lo que hay aquí dentro de la central”

Administración

La Central de Abasto de la Ciudad de México (Ceda) fue creada en 1980, en reemplazo del que fuera el histórico Mercado de la Merced que funcionó por más de cien años en el centro de ciudad.  En julio de 1969 el gobierno difundió un proyecto para crear un nuevo centro de abasto alejado del primer cuadro de la ciudad en el que los bodegueros de La Merced (lo que en Argentina conocemos como “puesteros”) aportarían parte del capital para su construcción.  Así surgió, con siglos de historia en su espalda, el Fideicomiso Central de Abasto de la Ciudad de México, que fue constituido el 7 de julio de 1981, con una vigencia de 99 años y está integrado por el Gobierno de la Ciudad de México mediante  la Secretaría de Desarrollo Económico y  los participantes de la central por el sector privado, con carácter de fideicomitente y de fideicomisario. Los participantes, son los bodegueros que aportaron a la construcción del proyecto.

El fideicomiso tiene un  Órgano de Gobierno de la Central de Abasto, constituido por el Comité Técnico y de Distribución de Fondos integrado, conformado por 10 integrantes del gobierno de la Ciudad de México y 10 privados, cuya elección se realiza cada tres años.  Es dirigido a su vez por un presidente designado por el  Jefe de Gobierno del Distrito Federal. Internamente la Central de Abasto prevé  además la figura de un Administrador General, designado de una terna propuesta por el jefe de Gobierno del DF y electo por el Comité Técnico. Desde 2002, en un impulso para que el sector privado tome la dirección total del Fideicomiso, el entonces jefe de Gobierno del Distrito Federal, Andrés Manuel López Obrador,  tomó la decisión de determinar que la administración y operación de la Central de Abasto quedara bajo la responsabilidad del sector privado. Desde entonces ambos cargos son llevados a cabo por la misma persona.

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Recorrer la central

Caminar el mercado mexicano no es una meta realista si solo se cuenta con un día. Tan solo un pasillo de una nave del área de frutas y legumbres tiene un kilómetro de extensión.  La central está organizada en ocho sectores por rubros: Abarrotes y Víveres; Frutas y Legumbres; Flores y Hortalizas; Subasta y Productores; Envases Vacíos; Aves y Cárnicos; Bodegas de Transferencia y zona de Pernocta.  También está la zona norte, un área comercial para los mismos trabajadores y visitantes con restaurantes, comercios, hoteles, gimnasios y servicios de todo tipo.

Al ingresar a los edificios administrativos, la escultura de un gallo tallado con frutas y verduras da la bienvenida: se erigió en homenaje a los trabajadores de la central que trabajan de madrugada.   Es que la central funciona los 365 días, las 24 horas de manera literal. Con tantos rubros, cada uno tiene su propio horario.  Las flores, hortalizas, carnes y pescados funcionan desde las 10 de la noche. Frutas y legumbres de madrugada y también durante el día al igual que Abarrotes y Víveres.  Las bodegas de transferencias funcionan todo el tiempo: allí los productores de las zonas más alejadas llegan para “transferir” su mercadería directamente desde camión a camión a sus clientes.

Cada sector se  organiza en bodegas de 25 m2 enfrentadas y separadas por un pasillo, que se supone es peatonal. Por fuera se encuentran los andenes, para la carga y descarga, que dan hacia las calles exteriores bien anchas pensadas para tener una cómoda circulación. Lo cierto es que entre las 5 y las 7 de la madrugada, ni por las calles ni por los pasillos se puede andar muy distraído. “Cuando se inauguró la Central de Abasto en la ciudad de México y en zona metropolitana éramos 8 millones, ahora somos casi 24 millones y la comida sigue llegando puntualmente todos los días, quiere decir que el modelo sigue funcionando, necesita recursos pero funciona” dice Palacios sobre la visible congestión que se genera día a día.  Cada andén peatonal da a dos hileras de bodegas colocadas a sus lados; como identificación, cada hilera de bodegas recibe de norte a sur, por nomenclatura, una letra del alfabeto; y un número que va aumentando de oeste a este.  Si bien así dicho parece claro, estar adentro sin un mapa es igual a estar en un laberinto.

Palacio admite que la infraestructura es un gran tema.   Se necesitarían, según su administración, unos 50 millones de pesos mexicanos para  hacer la reestructuración que se necesita.  Un gran tema son los puentes que conectan los pasillos entre nave y nave.  Estos puentes cortos, pero empinados, son subidos  y bajados a diario por los carretilleros con sus diablos (en argentino: carros de carga) con casi 500 kilos de peso. Es un nudo importante a resolver, ya que si bien los carretilleros están claramente acostumbrados, y más de uno dirá que es más maña que fuerza, lo cierto es que un foco latente de accidentes y conflictos.

Estudio Malaquita

 

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Los residuos, una preocupación común

El mercado es el principal proveedor de residuos orgánicos de toda la ciudad de Mexico. De las más de 600 toneladas diarias de residuos, el 70% son orgánicos. El gobierno de la ciudad de Mexico esta trabajando en la instalación de un biodigestor para toda la ciudad, por ello la central de Abastos comenzó el 2018 con una fuerte capacitación en separación de residuos: “hicimos una campaña de concientización, encuesta, votarga (persona que se pone un disfraz para un evento en particular) y un single que pasaba por las bodegas concientizando a la gente de la separación de los residuos.  Lo que procuramos es que cada participante haga su separación en sitio o bodega y que nosotros le tengamos un lugar donde puedan poner sus desechos orgánicos e inorgánicos, y nosotros a partir de allí hagamos la recolección y la llevamos a una estación de transferencia que está en la central de abasto” nos explica Adela, a cargo de las relaciones institucionales del mercado.

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Central de muros

El muralismo es uno de los artes más representativos de México, por ello es que se buscó generar cambios visibles en la central creando la galería de murales a cielo abierto más grande de Latinoamérica.  Con el proyecto Central de Muros se pretende acercar a las personas que diariamente trabajan y transitan por la Central de Abasto con expresiones de arte urbano. La idea surgió como parte los festejos por el 35 aniversario de la Central de Abasto y desde la dirección destacan que los murales no sólo han revalorizado los espacios sino que incluso destacan que ha disminuido la cantidad de basura que se deja en los muros, pues quienes pasan por los espacios han apreciado el trabajo que se realizó por diversos artistas.

Los murales son obras de artistas mexicanos y extranjeros, pero hay también un mural realizado por carretilleros de la Central de Abasto, quienes tomaron asesorías y realizaron su propia obra.

En la primera etapa de los espacios rescatados de la Central se realizaron 32 murales en el perímetro de Frutas y Legumbres, el proyecto  final incluye 64 murales. En el 2018, al comenzar la segunda etapa, la consigna para la convocatoria a los artistas fue que los murales debían representar alguno de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible para la Agenda 2030 del Centro de Información de las Naciones Unidas para México, Cuba y República Dominicana (CINU) y eso les valió el reconocimiento de esta institución.

A las fundadoras de We Do Things, Irma Mercado e Itze González, quienes forman parte del proyecto, así como el equipo de Central de Muros y los más de 25 artistas que han colaborado con esta iniciativa, se les reconoció en una ceremonia en la sede de las Naciones Unidas en México. Giancarlo Summa, representante de CINU, reconoció la labor que se hace en la capital, única en el mundo, para lograr la convivencia de las personas en este tipo de espacios a través del arte.

 

* recientemente asumió su lugar Héctor Ulises García Nieto, elegido unánimemente por el Comité Técnico del Fideicomiso para la Construcción y Operación de la Central de Abasto de la Ciudad de México y nombrado también por la Jefa del Gobierno de la Ciudad de México Dra. Claudia Sheinbaum Pardo para el cargo público.

 

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Emelka. Manzanas y Peras de Río Negro
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Comercialización

Cinturones de producción periurbana: realidades y desafíos

|Santa Fe|

La localidad de Arroyo Seco protagonizó la primera Expo y Jornada Hortícola organizada de manera conjunta entre el INTA, el gobierno de Santa Fe, la Municipalidad local y una fuerte participación de los productores locales. Uno de los paneles centrales ofreció un panorama de la situación actual, problemáticas y perspectivas del sector hortícola en tres de las regiones productivas más importantes del país.

Para eso expusieron la Ing. Agr. María Cristina Mondino, del  INTA Arroyo Seco sobre el cinturón de Rosario; el Ing. Agr. Enrique Adlercreutz, del INTA Mar del Plata y el Ing. Agr. Ariel Belavi, del INTA Monte Vera sobre la producción en Santa Fe  y su cordón hortícola.

María Cristina Mondino dio comienzo al panel caracterizando la actividad del cinturón hortícola rosarino, que puede subdividirse en dos sectores importantes. Uno de ellos es el que está próximo a la ciudad, conformado por quintas pequeñas -con un promedio que ronda las cinco hectáreas- el cual produce gran variedad y volumen de hortalizas para su comercialización diaria en el mercado de abasto, principalmente para el consumo en fresco.

El otro sector es aquel que destina los cultivos a la industria del deshidratado, el congelado y el enlatado, ubicado mayormente desde General Lagos, Pueblo Esther, Arroyo Seco hasta Villa Constitución; es decir, alejados de Rosario. Como la industria demanda grandes cantidades de materia prima, estos cultivos se vuelven “casi extensivos” por la cantidad de superficie sembrada y por la mecanización de su cosecha. De alguna manera, cambia la forma de planificar, cultivar y cosechar la mercadería. A modo de ejemplo sirve nombrar el caso de la espinaca, que hoy es el segundo cultivo de hoja más sembrado de la región después de la lechuga (y ocupa el tercer lugar entre todas las hortalizas si contamos a la papa) traccionada por el proceso industrial.

Achicamiento. Con el correr de los años la producción periurbana tiende a reducirse por diversos factores.

Sin embargo, en lo que respecta a la superficie sembrada, la producción de esta zona sufrió una considerable caída en los últimos años, junto al abandono de la actividad por parte de algunos productores. La ingeniera estimó que existen un 35% menos de productores que hace 20 años y unas 1000 hectáreas que ya no se encuentran productivas. Hacia el final de su exposición, Mondino resumió las principales complicaciones que afronta el sector hortícola: la falta de mano de obra, el abastecimiento de mercadería de otras zonas que reemplaza a la producción local, la escasa trazabilidad y el nivel de pérdida en pos cosecha. En relación a estos dos últimos puntos, la Ing. resaltó la necesidad de avanzar hacia una mayor adopción de las Buenas Prácticas Agrícolas (BPA).

Existen un 35% menos de productores que hace 20 años y unas 1000 hectáreas que ya no se encuentran productivas en el cinturón de Rosario.

Sin embargo, Mondino también hizo referencia a los problemas que la cadena enfrenta en lo comercial. Afirmó que “los mercados están estancados, falta capacitación para el eslabón minorista y no hay inversión en publicidad para las frutas y hortalizas”. Y agregó: “Estamos a contramano de lo que sucede en el mundo, donde crece la producción y el consumo de estos productos por la adopción de nuevas tecnologías que permiten aumentar la calidad reduciendo los costos” enfatizó.

Seguidamente, el ingeniero Enrique Adlercreutz  describió la producción de Mar del Plata que cuenta con una fuerte presencia del cultivo de papa (alcanza las 25.000 hectáreas) y frutilla, que aunque posee una menor superficie sembrada (130 hectáreas) pisa fuerte en los mercados nacionales durante el período verano-otoño. Además, destacó la producción de kiwi, con una zona ideal de producción donde se desarrollan 500 hectáreas. Sólo en Mar del Plata hay más producción de kiwi que en el resto del país.

A diferencia del cinturón hortícola de Rosario, en Mar del Plata el desarrollo de la producción hortícola para industria es menor. En cambio, la producción intensiva (con una superficie total que ronda las 10.000 hectáreas) se destaca por los cultivos de lechuga, zanahoria y choclo. La superficie bajo invernadero se encuentra en franco crecimiento con el tomate, típico de la zona, el pimiento y la lechuga, que se convirtió en una alternativa interesante para los meses de otoño-invierno.

Estudio Malaquita

Adlercreutz detalló que en los últimos años Mar del Palta viene incorporando cada vez más el uso de bioinsumos para el reemplazo de fitosanitarios de alto impacto ambiental. Esto se debe al fuerte trabajo que realizan los ingenieros agrónomos que acompañan las tareas de los productores en las quintas, junto a la realización de cursos de capacitación sobre el manejo integrado del sistema productivo.

“Hace años que estamos viendo que se puede bajar el uso de agroquímicos en un 70% sin interferir por eso en el margen económico del productor”. Ing. Agr. Enrique Adlercreutz

“Entre el control químico aconsejado o el ‘aplico lo que estoy acostumbrado’ aparecen cada año nuevas plagas, resistentes, con el consecuente impacto ambiental y el riesgo de presencia de residuos en los alimentos. Nosotros estamos trabajando en transformar ese sistema insumo-dependiente”, explica Adlercreutz. “En muchos casos no es necesario aplicar agroquímicos, ya que el problema se puede resolver aplicando prácticas de manejo integrado. Esto requiere conocer el ambiente, el cultivo y todas las herramientas de trabajo a disposición. La palabra ‘conocer’ está reemplazando a la palabra insumo”. Y finalizó: “Hace años que estamos viendo que se puede bajar el uso de agroquímicos en un 70% sin interferir por eso en el margen económico del productor”.

Productores atomizados con poca cantidad de hectáreas sembradas caracterizan al cinturón de Santa Fe

Finalmente fue el turno de Ariel Belavi, quien brindó un detallado panorama del sector hortícola santafesino. A partir de los datos del último censo realizado en el periurbano en el año 2012, el ingeniero afirmó que al igual que en Rosario ha disminuido el número de productores y de superficie trabajada. A diferencia de las décadas del noventa y dos mil, donde prevalecía un productor-empresario especializado en ciertos cultivos (como el tomate o la lechuga) para vender en otros mercados, actualmente el horticultor santafesino se caracteriza por explotar pequeñas superficies (entre 1 y 3 hectáreas) con hasta 10 o 15 especies destinadas al mercado local. Esta atomización de las explotaciones, en muchos casos familiares, produjo un “cambio de tipología” del productor, en palabras de Belavi.

Como sucede en muchos otros cinturones hortícolas del país, el cordón santafesino posee una gran cantidad de productores de la colectividad boliviana. Entre sus mayores problemas se encuentra el dificultoso acceso a servicios como el agua, los caminos rurales y la conectividad en zonas alejadas a los grandes cascos urbanos.

Además, presentan escasos avances en la adopción de tecnologías (a modo de ejemplo vale decir que el riego por surco suele ser la técnica de riego más utilizada en la región). Entre los motivos que señala Belavi se encuentra la falta de acceso a la tierra, que limita la inversión. Actualmente la producción se realiza a campo casi en su totalidad. En una superficie sembrada -que de 2002 a esta parte oscila alrededor de las 1500 hectáreas- sólo 8 están bajo cubierta.

En lo que sí se avanzó, dice el ingeniero, es en la adopción de nuevos y mejores insumos fitosanitarios “favorecido por algunas legislaciones y por la aplicación de las Buenas Prácticas Agrícolas”. Sin embargo, siguen existiendo inconvenientes “respecto a la aplicación con las mochilas manuales”.

«En 2018 los precios recibidos por el productor aumentaron en un 42,8% por producto. Pero con una producción dolarizada que se vende en pesos se estima que la devaluación alcanzó casi un 100%, por lo que las pérdidas del año pasado rondaron un 50%» Ing. Agr. Ariel Belavi

Respecto de la comercialización, el ingeniero consideró que “los mercados están trabados y los volúmenes no aumentan” por lo que aparecen caminos alternativos con productores que invierten en su propio transporte o ponen una verdulería propia para ocupar nuevos espacios en la cadena. En 2018 los precios recibidos por el productor aumentaron en un 42,8% por producto. Pero con una producción dolarizada que se vende en pesos se estima que la devaluación alcanzó casi un 100%, por lo que las pérdidas del año pasado rondaron un 50%. “El mercado está estancado porque los volúmenes que se comercializan no son los de antes. El mes pasado los precios de la acelga y la lechuga cayeron estrepitosamente porque entró un poco más de producción”, cerró Belavi.

Los productores tecnificados son aquellos que logran superar los sobresaltos de la actividad

Aún con panoramas particulares entre cada cinturón hortícola, el panel dejó un claro diagnóstico compartido por los tres ingenieros: la cantidad de productores y de superficie sembrada ha disminuido en las últimas dos décadas; los volúmenes comercializados están “frenados” al igual que el consumo minorista y cada vez más los productores invierten en cultivos de menor valor y diversifican sus quintas para reducir riesgos. Salvo excepciones, el nivel tecnológico adoptado no es suficiente para minimizar costos y achicar las pérdidas pos cosecha, lo que se traduce en un productor de menor rentabilidad y por lo tanto con escasas posibilidades de tecnificarse.

También en algunos objetivos coincidieron las tres exposiciones: la adopción de las Buenas Prácticas Agrícolas y la incorporación de bioinsumos es el horizonte hacia el cual los cinturones verdes deben caminar para optimizar sus procesos y producir con mayor calidad. Esto significa además apuntar a incrementar la compra minorista con un consumidor final que “confíe” en el sector, aunque esto no dependa exclusivamente de los productores, sino de un trabajo articulado entre instituciones públicas y privadas que publiciten y difundan el consumo de estos productos.

Emelka. Manzanas y Peras de Río Negro
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Comercialización

Mercado de Río Cuarto: productores y operadores preocupados por la caída de las ventas

|Córdoba|

Llegamos al abasto a primera hora de la mañana. Ya transcurrió el momento más fuerte de la venta matinal y sin embargo en los pasillos de la entidad todavía se ve mucha verdura fresca, prolija, a la espera de que alguien se interese en ella. “Es raro que a esta hora haya tanta mercadería, es un lunes demasiado tranquilo”, observa una operadora al pasar. Ese es el comentario generalizado entre productores y operadores locales durante la mañana: la oferta es muy alta para la demanda actual, las ventas están cayendo y en muchas oportunidades los precios deben colocarse por debajo de los costos para recuperar algo de lo invertido.

Argentina no es precisamente un país que se destaque por un alto consumo de frutas y hortalizas, quizás todo lo contrario. Pero a ese dato hay que sumarle que, en los últimos años, se produjo una caída del poder adquisitivo en los consumidores a causa de una inflación constante y el aumento de servicios básicos como gas, agua y electricidad. Esto se tradujo en verdulerías de barrio con menor movimiento y, a su vez, en verduleros que ajustan sus compras en los mayoristas para tirar la menor cantidad de mercadería (y plata) posible.

Ángel Pasquini. Detrás, el paisaje hortícola tan característico de los mercados.

“Mirá toda la verdura que hay. Los insumos en dólares no se compensan porque la verdura está barata, hay mucha. Y la gente no está buscando calidad, está buscando precios“, dice a InterNos Ángel Pasquini, productor de larga trayectoria en el cinturón hortícola y en el mercado local. Luis Marcos Carpineto, también productor que comercializa su verdura en el abasto de Río Cuarto, coincide con su colega que se encuentra sólo a una playa de distancia. “Tenemos un dólar a 46 para los insumos, mientras que nosotros vendemos en pesos. La venta ya no es la misma, el precio ha mermado mucho por la cantidad de producción que hay, sumado a un consumo que ha caído por la época del año”, cuenta.

Al igual que en otros rubros, el mercado es rey en la frutihorticultura: la oferta y la demanda son quienes deciden el precio que recibe el productor por su fruta o su verdura. Por eso, los costos de producción no pueden cargarse directamente al precio del producto. O mejor dicho: sí pueden hacerlo, a riesgo de volverse poco competitivos en el mercado. También es cierto que ante situaciones particulares -como por ejemplo la escasez de un artículo por eventos climáticos- los precios pueden dispararse muy por encima de sus costos, incrementándose a su vez los márgenes de ganancia. El productor sabe que la suerte tiene un papel preponderante en este juego.

Luis Marcos Carpineto y la InterNos de papel en su puesto de venta

Frente a una situación de menor consumo como la actual, la abundancia de oferta no hace más que tirar el precio de los artículos por la borda. A pesar de que muchos productores hortícolas trabajan en grupos familiares, lo que vuelve más flexible su estructura de costos operativos, esta dificultad se mantiene. “Yo no le puedo cargar al producto mi costo de trabajo, el de mi señora o el de mi hijo, porque si lo trasladara tal cual es, no le se lo vendo a nadie. No estamos trabajando a pérdida, pero sí muy jugados”, explica Carpineto.

Estudio Malaquita

Pero los aumentos no sólo influyen en el consumidor final. El sector productivo ha sufrido más que nadie el incremento de los servicios básicos para sembrar, regar y levantar la cosecha. Así lo explica Carpineto: “Nosotros acá regamos con energía eléctrica, que aumentó una barbaridad. Usamos gasoil porque tenemos bomba para riego. Y los insumos están en dólares, tenés que sacarlos financiados, porque sino no llegas a todo”.

Los Heiland. Padre e hijo se hicieron un momento para conversar con InterNos.

En la misma sintonía se expresa Oscar Heiland, productor con más de cincuenta años en la actividad que actualmente se dedica exclusivamente a la verdura de hoja. “Hay una caída del consumo, si antes se vendían 10 cajones de lechuga hoy se venden 5. El verdulero compra lo justo y necesario. La crisis hace que la gente consuma menos”. Además, añade Heiland, el invierno es una época difícil para este tipo de cultivos, donde las ventas bajan más allá del contexto económico.

El operador Leandro Calvo, de la firma CAL-FRUT, coincide en que “el mercado está sin fuerza y las ventas no son lo esperado” aunque se muestra cauto al afirmar que en algunos rubros “no son tan malas” como en el caso de la papa, producto fuerte de su puesto en el abasto. “En la papa las ventas se mantienen buenas porque el precio es bajo, hay calidad y se mueve mucho volumen”, explica.

Por otro lado Miguel Sánchez, titular de la firma Flor Frut, hace referencia a la competencia que se produce dentro del Mercado cuando la escasa demanda pone a tiro a productores y operadores. “Lo nuestro es tan volátil que cuando peor están las cosas en el mercado, nos peleamos por querer vender. En épocas malas bajamos nuestros márgenes mientras que los gastos se duplican. Ahí es cuando uno dice: viene mal la cosa”. Y agrega: “Si tengo que hablar por mí, hace mucho no me pasaba. Estamos todos a la espera de que esto cambie en algún momento”.

Miguel Sánchez en la oficina de Flor Frut, ubicada dentro del abasto.

Frente a esta situación, ¿es recomendable tener un producto fuerte o apostar a la diversidad para ser más rentables? Carpineto opina que “hoy en día tenés que tener entre 14 o 15 artículos para poder vender porque el verdulero quiere llevarse todo de un mismo lugar”. Por su parte, Sánchez considera que para paliar la crisis “hay que buscar nuevas estrategias, trabajar los productos que te pueden salvar y dejar de traer aquellos que se venden poco”.

En líneas generales, tanto operadores como productores coinciden en que la caída de las ventas se debe principalmente a un consumidor con el bolsillo golpeado que, a pesar de tratarse de alimentos de primera necesidad, ajusta cada vez más sus compras. Por otro lado, el comienzo del invierno suele ser una época donde de por sí las ventas merman, lo cual no ayuda a que la situación mejore. Mientras tanto, los costos suben al ritmo de la moneda norteamericana y, como en otras provincias del país, la preocupación de los distintos actores de la cadena frutihortícola se mantiene latente.

Emelka. Manzanas y Peras de Río Negro
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