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Política Sectorial

Córdoba: Las consecuencias de los recortes en Agricultura Familiar

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|Córdoba|

Cumplir con las metas fiscales es el objetivo que desvela hoy al gobierno nacional. Para alcanzarlo, el Estado se achica cada vez más. Organismos que cumplían funciones de capacitación técnica y control sanitario como INTA y Senasa han modificado sus organigramas y reducido considerablemente sus plantas. Lo mismo sucedió con la Secretaría de Agricultura Familiar en los últimos días: más de 400 trabajadores en todo el país fueron despedidos, algunos con más de diez años de antigüedad. La frutilla del postre del ajuste fue anunciada a los medios el pasado lunes: los ministerios serían reducidos a la mitad. En ese recorte Agroindustria pasó a tener rango de Secretaría y a orbitar dentro del Ministerio de Producción.

En la práctica, el retiro estatal se sentirá. Los despedidos no son sólo números y estadísticas de una realidad que preocupa. También son herramientas fundamentales para el funcionamiento de la actividad en Argentina. Sin los trabajadores (que hoy deben abandonar sus puestos contra su voluntad) muchas de las tareas realizadas se volverán ineficientes. "Ahorrar" dinero en estos espacios traerá como consecuencia cultivos poco tecnificados, alimentos menos seguros y el lento deterioro del sector productivo. Pero además tendrá un impacto social importante. Los recientes despidos confirman que para la Secretaría conducida por Etchevehere los pequeños productores sólo tienen un lugar secundario en las políticas agropecuarias.

En el siguiente artículo publicado en La Voz del InteriorJuliana Quirós, antropóloga e investigadora adjunta UNC-CONICET, explica cuáles son las consecuencias directas de achicar la planta de técnicos de Agricultura Familiar, situando el caso específico de Traslasierra, Córdoba.


*Texto publicado en La Voz del Interior

En el último año, como investigadora del Instituto de Antropología de Córdoba (Conicet, UNC), he tenido oportunidad de acompañar las intervenciones de desarrollo rural que el equipo de la Subsecretaría de Agricultura Familiar (Ssaf, dependiente del Ministerio de Agroindustria de la Nación -NdE: ahora Secretaría de Estado-) lleva adelante de modo cotidiano en diversas localidades de Traslasierra (Córdoba), en articulación con municipios y organizaciones sociales de la región.

Los escenarios donde esas acciones se desarrollan no siempre están a la vista de todos. Se trata de un trabajo hormiga que se realiza visitando las comunidades campo adentro, recorriendo casa por casa de los pequeños productores, sus corrales, gallineros, el cuadro de maíz o alfalfa que una familia sembró para su hacienda, las hortalizas, las colmenas de miel de monte, las cocinas donde se maceran conservas, quesos, chacinados y dulces.

El trabajo de los técnicos de la Ssaf consiste en fortalecer estas economías familiares pluriactivas, las cuales tienen una importancia vital para la provincia de Córdoba. Son los productores que propician alimentos de calidad, formas de soberanía alimentaria, manejo responsable de los recursos naturales. Y son también los principales proveedores de las ofertas culinarias (ternero, chivito, miel, pollo casero, quesillo de cabra, dulce y arrope) que dan sabor y tradición a circuitos turísticos regionales como Traslasierra.

La labor del técnico de agricultura familiar apuntala el desarrollo de estas economías a través del acompañamiento cara a cara con el pequeño productor, coordinando campañas de desparasitación de animales; realizando diagnóstico y asistencia sanitaria; construcción de sistemas de riego para hortalizas; seguimiento y puesta en valor de procesos productivos regionales, como la cuenca lechera caprina o la producción quesera; enlace del productor familiar con circuitos de comercialización; organización de compras y ventas comunitarias, ferias y mercados, y tejido de redes entre comunidades, agencias gubernamentales y organizaciones sociales en materia de capacitación, tecnología y acceso a derechos básicos como salud, agua y tierra.

No es un trabajo fácil: entre otras cosas, requiere recorrer grandes distancias y ser respetuoso de los tiempos rurales; ir de una pedanía a otra por caminos rocosos o anegados; llegar a un paraje a la hora pactada para una reunión con los vecinos, y tener que esperar más de lo previsto porque uno de los productores fue a buscar la vaca que se le quedó en el campo, u otro la majada que la tarde anterior no volvió de la sierra al corral.

                     Imágenes del trabajo realizado por los trabajadores de Agricultura Familiar Córdoba

Entre 2016 y 2018, el Gobierno nacional dispuso una reducción fragosa del presupuesto de la Ssaf, que suspendió el financiamiento de proyectos productivos y gastos operativos básicos, eliminó el monotributo social agropecuario y redujo su planta de personal técnico en un 60 por ciento.

Si tenemos en cuenta que en 2015 el presupuesto de la Ssaf representaba la mínima cifra del tres por ciento del presupuesto total del Ministerio de Agroindustria del cual depende, las medidas de ajuste señaladas no constituyen un “recorte” del sector, sino un vaciamiento de la agricultura familiar como área ministerial.

En las últimas semanas, más anuncios indican que se continuará con la eliminación de 600 técnicos a nivel nacional, lo que para Córdoba significaría pasar de una planta de 28 a una de 12, y para Traslasierra (una región que abarca tres departamentos y que ya sufrió una reducción en su planta de siete a tres técnicos) pasar ahora a tener sólo uno, o tal vez ninguno.

¿Qué implica esto en la práctica? Dejar a familias rurales de Córdoba sin interlocución con el Estado en materia de derechos y desarrollo rural. Producir la ausencia del Estado para el pequeño productor familiar (y la inexistencia del pequeño productor familiar para el Estado).

El actual desmantelamiento de la Ssaf es la política de abandono e invisibilización gubernamental de las familias campesinas cordobesas y de todos los interiores del país.

La gente de campo de Traslasierra, sus modos cotidianos de hacer, producir y vivir en esta tierra son parte de un patrimonio social y cultural irreemplazable. Defenderlo es defender la sociedad transerrana en su conjunto, su historia, su presente, y sus perspectivas de futuro.

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