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Edición 35

Crear para crecer: un desarrollo hacia la Fruticultura de Precisión

Quien haya escuchado hablar en alguna oportunidad de la Agricultura de Precisión (AP) seguramente la haya asociado, en primera instancia, a cultivos como el maíz, la soja o el trigo. La realidad es que nos cuesta imaginar o encontrar experiencias de este estilo ligadas a la frutihorticultura. No obstante, la AP puede extenderse a cualquier tipo de producción y, gracias al impulso del INTA, en el Alto Valle está naciendo un desarrollo que puede cambiar la manera en que se entiende la actividad frutícola de la región.

En términos generales, la Agricultura de Precisión es aquella que nos permite observar, medir y actuar frente a la variabilidad que presentan los cultivos. ¿Y qué significa que un cultivo varíe? que ante distintas condiciones (clima, suelo, prácticas de siembra, situación hídrica) su rinde puede aumentar o disminuir.

La variabilidad de un cultivo depende de la variabilidad del suelo y de todas las condiciones de contexto, como alamedas (cortinas de álamos), el propio manejo del cultivo y las particularidades de cada planta. Ésta es la denominada variabilidad espacial. Pero además, estas condiciones cambian año a año, lo que se entiende como variabilidad temporal.

La Agricultura de Precisión nos ofrece datos concretos sobre el comportamiento de los entornos productivos para la posterior toma de decisiones con el objetivo de optimizar los rendimientos. Por ejemplo, nos permite saber si debemos regar más o menos, aplicar una mayor o menor cantidad de fertilizante, realizar recambio varietal o conocer los índices de salud del suelo. Todas estas decisiones no pueden tomarse “al voleo”, sino que requieren contar con información detallada y precisa para no generar problemas en el ambiente ni arruinar la producción.

Lo cierto es que ésta no es una situación muy común en Argentina (ni en el resto del mundo, para ser justos) cuando hablamos de fruticultura. La mayoría de las plantaciones todavía se trabajan de forma tradicional, sin disponer de mucha información sobre la variabilidad espacial y temporal que se presenta entre parcelas, lo que vuelve a las producciones menos eficaces de lo que podrían ser. Y, por lo tanto, menos rentables.

Plataforma de cosecha de origen italiano. La misma posee características similares a la señalada por la empresa Pazima.

Sin embargo, casi sin hacer demasiado ruido, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) trabaja desde algunos años en un desarrollo que busca avanzar hacia estas prácticas vinculadas a la Agricultura de Precisión. Lo hace en el Alto Valle, región de nuestro país que se destaca por producir peras y manzanas de calidad, abasteciendo a un demandante mercado interno y un exigente mercado externo. Dónde más sino.

Revista InterNos viajó hasta Río Negro para conversar con Edgardo Benitez Piccini, Ingeniero Electrónico y jefe del Grupo de Ingeniería en Biosistemas de la Estación Experimental INTA Alto Valle, quien junto a su equipo trabaja en un sistema de mapeo de rendimientos para obtener información sobre los cultivos mediante geo localización.

¿En qué consiste este desarrollo? Benitez Piccini nos brinda un primer pantallazo: “Básicamente es un sistema de balanza que pesa la fruta a medida que se cosecha. Lo instalas en la plataforma de cosecha o en el medio que quieras, porque son celdas de carga. El display va integrado en una computadora con geo posición al peso, entonces a medida que avanza la cosecha, el dispositivo pesa automáticamente la fruta y coloca el punto geo posicionado en un mapa con referencias”.

Terminada la cosecha, obtendremos un mapa con “puntos” diferentes, que según su color y ubicación brindarán información precisa sobre el rendimiento de cada conjunto de plantas (es decir, un cuadro). El tramo que representa cada punto, explica nuestro entrevistado, se predetermina según lo disponen los ingenieros o productores que configuran el sistema en función de la plantación y cómo se trabaje en ella. Por ejemplo: un punto puede estar determinado cada cinco o cada dos metros (puede variar según las costumbres de cosecha que tenga cada cuadrilla). Esto es, el sistema “marca” el nivel de productividad de las plantas cada vez que se recorre esa distancia determinada. Si el punto es de color verde, el rendimiento fue alto; si es amarillo, la cosecha fue deficiente. Y si está en rojo, la cosecha fue mala. Además, este mapa devuelve el peso de cada punto para procesar estadística y analíticamente esa información y lograr mejores conclusiones del comportamiento.

De esta manera, la variabilidad se mide dentro del cuadro, cada año en la cosecha, identificando zonas de mayor y menor rendimiento para optimizar los recursos en función de esa variación. La Agricultura de Precisión busca sacar el mejor provecho de cada zona.

Técnicamente, los mapas de rendimientos son “la representación gráfica de la productividad de un lote en un ciclo productivo específico, donde se reflejan los diferentes niveles de rendimiento del cultivo”. En los cultivos extensivos, estos mapeos se generan a partir de sistemas integrados que se instalan en tractores o cosechadoras. Pero en fruticultura esto no es posible, ya que la cosecha se realiza manualmente y lo que se debe calcular es la cantidad de fruta que da una planta o un conjunto de plantas. Es un proceso mucho más puntual y complejo.

Las prácticas de poda, cosecha y raleo, entre otras, se realizan tradicionalmente con escaleras de madera que pesan entre 20 y 30 kilos. Trasladar la escalera innumerable cantidad de veces a medida que se avanza en la cosecha es un trabajo duro que requiere de un estado físico casi atlético. Este es uno de los motivos que ha generado una caída en la mano de obra de la actividad (muchos prefieren incluso el trabajo en la construcción). No obstante, en los últimos años algunas plantaciones han incorporado el uso de plataformas cosechadoras autopropulsadas, que actualmente se utilizan para tareas culturales y cosechas de frutos.

Estas plataformas (estructuras motorizadas que poseen “balcones” donde los operarios se paran para cosechar la fruta que luego colocan en los bines) permiten reducir el esfuerzo físico de los trabajadores e incrementar la productividad por operario. Quién comenzó a implementar esta tecnología en el Alto Valle fue Carlos Magdalena (ahora Director Regional del INTA Patagonia Norte) que importó desde Italia la primera plataforma y comenzó a trabajar en un proyecto de fruticultura de precisión. Además, fue quién dio el puntapié inicial para comenzar a fabricar este tipo de cosechadoras autopropulsadas en Argentina.

“En 2014 se armó un convenio con INTA  y la Universidad de Comahue, donde se le aconsejó a la empresa Pazima, una empresa de Villa Regina, desarrollar y comercializar la plataforma con las modificaciones que se sugerían para el terreno específico de esta zona. El desarrollo se hizo y una empresa frutícola, La Deliciosa, invirtió en las primeras cuatro”. Desde ese momento para acá, se vendieron unas cuarenta plataformas y se han importado otras tantas, según detalla Benitez Piccini.

Por todos estos motivos, las plataformas autopropulsadas son actualmente las estructuras óptimas para instalar los sistemas de mapeo. Sin embargo, ante la heterogeneidad en la incorporación tecnológica de la región (no todas las plantaciones cuentan con esta maquinaria) el desarrollo del INTA se pensó para ser utilizado independientemente del medio en que se monta. “Podés usarlo en la plataforma, pero si tenés una camioneta y querés hacer que pese lo que lleva la caja, lo podés hacer. También con los carritos de cosecha, que se tiran desde un tractor y la gente va caminando y cosechando a un costado”.

Lo que Benitez Piccini explica es que este sistema está pensado para ser adaptable tanto a los “balcones” de las cosechadoras autopropulsadas como a los carritos de cosecha más tradicionales. “Uno va a poder adaptarlo a cualquier sistema, ya que es acomodar solamente la balanza para que pese la fruta”.

Si bien el proceso todavía se encuentra en un período de prueba experimental, su desarrollo –por ahora, pre comercial- entusiasma a propios y ajenos. “Quizás el año que viene tengamos el modelo comercial. Los tiempos lamentablemente son mucho más extensos de lo que uno desea. Imaginate que este proceso empezó en 2012, ya hace cinco años que estamos trabajando y todavía no lo logramos”. Las pruebas realizadas con este prototipo mapeador han logrado obtener índices que reflejan la variabilidad en la producción de algunas parcelas cosechadas. Sin embargo, hasta ahora, sólo son pruebas experimentales.

Además, antes de su lanzamiento comercial, se planea incorporar “tarjetas de proximidad” al sistema, las cuales se colocarían junto a los bines. Las mismas permitirían leer los movimientos de la plataforma: si el bin sube o baja, en qué cuadro lo hace, con cuántos kilos, en qué día y a qué horario, con cuáles operarios. Lo importante es que estos datos puedan, posteriormente, cruzarse con otra información para interpretar las distintas variables que presentan los cultivos y actuar en consecuencia.

¿Por qué avanzar hacia la Agricultura de Precisión? Los motivos no son pocos. Según entienden los profesionales del área, estas técnicas permiten el “manejo por ambientes”, donde se definen sub zonas dentro de los cultivos para luego aplicar a cada una de éstas la cantidad apropiada de insumos (fertilizantes o productos sanitarios). Como resultado de este tratamiento particular, es plausible maximizar el potencial productivo, hacer más eficientes los aportes externos y minimizar el impacto ambiental. Lo mismo sucede con las prácticas relacionadas  a los manejos de los cultivos (como las tareas de monitoreo, poda y raleo, por ejemplo) donde todavía es muy limitada la posibilidad de aplicarlas en base a un conocimiento estadístico de rendimientos.

Actualmente el INTA se encuentra gestionando el financiamiento necesario para llevar adelante este desarrollo. La idea es que, posteriormente, la comercialización del mismo se dé mediante la integración a las plataformas autopropulsadas que fabrica Pazima. Sin embargo, Benitez Piccini aclara que también se buscará expandir esta tecnología al resto del mercado, poniéndola a disposición de las empresas que tengan intenciones y posibilidades de comercializarla en cantidades. “Queremos que haya competencia, porque se puede monopolizar fácilmente y puede aumentar su costo. Necesitamos que sea un sistema económico y accesible”.

Lograr un mapeo en las parcelas productivas de peras y manzanas implicaría un cambio de paradigma para el futuro de estos cultivos. “La idea es que de esto salga información que al productor le sirva y en unos años pueda mirar rendimientos, junto a otras variables, para saber qué decisiones tomar”.

Simulación del mapeo de rendimiento de los lotes de manzana y peras. Vista aérea del Valle de Río Negro.

Obtener una mayor cantidad de información puede modificar estructuralmente el sistema productivo tal cual lo conocemos hoy. “Creo que tenemos que apuntar a eso, a generar mucha información, masiva y precisa, que es lo que la electrónica nos permite hoy. Y a generar mapas para poder analizar un poco toda esa variabilidad de una manera más fácil. El concepto de fruticultura de precisión es meterse en la variabilidad”, concluyó Benitez Piccini.

 

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Edición 35

El país cambió

Al cierre de esta edición el dólar subió alrededor de 6 pesos en un día y cerró en 38.20 (Banco Nación) en el mercado minorista tras haber pasado la barrera de los 42 pesos.  Estamos en devaluación.  El Banco Central ha adoptado una política de menor intervención de acuerdo a lo pactado con el FMI.  El dólar debe fluctuar de acuerdo al mercado.  Si pensamos en la moneda como un símbolo de soberanía económica, nos damos cuenta que de soberanos, poco. Pero es interesante tomar nota que no solo la moneda se ha devaluado en este país.  No casualmente, sino todo lo contrario, junto con la devaluación monetaria observamos también la  pérdida del valor de la agricultura familiar, del trabajo de los científicos, docentes, investigadores y técnicos en general del Estado y las dependencias científicas académicas y universitarias.

Hacer esta revista cuesta (solo hablando de papel) el 37% más que la anterior.  A principio de año ya hablábamos de la desilusión de una gran parte de la población respecto a los cambios prometidos por el gobierno.  Ni hablar del enojo de la otra gran parte que fue acusada de  “incitadores del miedo” cuando se decía que este gobierno venía a devaluar, ajustar y devolvernos al FMI.  No hace falta acordarse de que este gobierno ganó las elecciones diciendo que la inflación era “la demostración de la incapacidad de gobernar” y que no iba a ser un problema para ellos. Si la corrupción fue el principal problema del gobierno anterior, a este además (porque si hay algo que sobra son funcionarios procesados, con empresas offshore y conflicto de interés por su vinculación directa y obvia con el sector privado) hay que sumarle la inoperancia total en el manejo de la economía y las finanzas públicas.

Hace exactamente cinco años, en septiembre de 2008, la caída del banco de inversiones estadounidense Lehman Brothers sacudió al mundo financiero y dio origen a la crisis mundial que aún tiene consecuencias en todo el mundo. El desplome de la entidad se considera un punto de inflexión a partir del cual se agudizó la debacle. Como consecuencia, la economía mundial vivió su peor recesión desde la Segunda Guerra Mundial. Argentina pasó de un dólar de $3.16 en enero a $3.47 hacia el final de ese año.  De ahí en más comenzó un proceso de devaluación paulatina que culminó, a fines de 2015, con un dólar oficial de $13.43 (y un blue a $16 o $17). Es decir, en siete años el valor del dólar aumentó 9.96 pesos (o $13.03 si queremos tomar el dólar blue). Mientras que, durante este gobierno, en sólo veintún meses, el dólar aumentó 24.77 pesos. Los números hablan por sí solos. En aquel momento de crisis internacional muchos países recurrieron al FMI. Grecia fue uno. El FMI llevó a cabo tres rescates económicos en 2010, 2012 y 2015. Generaron 260 mil millones de euros de deuda externa. Desde entonces sufren recesión, pobreza  y una caída del PBI del 30%.

Las consecuencias del aumento del dólar para con el sector ya se saben de memoria.  Solo con mencionar el aumento del combustible basta de muestra. Ni los exportadores de fruta están contentos con la política cambiaria. Las empresas que crecieron en la década pasada hoy se desangran con la recesión. Los productores que se vieron privados de ganar más, hoy pierden. Los trabajadores que antes reclamaban por no pagar ganancias hoy reclaman paritarias que le ganan a la inflación.  Y los que estaban excluidos, lo siguen estando y al borde de la desaparición.  El país cambió. Si alguien aún puede sostener a este gobierno es porque, opción a: pertenece a la pequeña y poderosa minoría que se está enriqueciendo a costa de la gran mayoría empobrecida; opción b: ha perdido la batalla cultural, no puede saltar el cerco mediático y prefiere seguir odiando a puro prejuicio de clase que asumir que ha sido brutalmente estafado.

 

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Edición 35

Otra manera de vivir el campo: JANUS Proyecto Rural Integrador

A cuatro kilómetros del dique Ballester, en los comienzos del Alto Valle de Río Negro, se encuentra Janus, el emprendimiento que Cecilia y Jorge montaron tras años de trabajar como ingenieros en el circuito tradicional de producción y comercialización frutihortícola del Valle. Una manera alternativa de vivir y producir, pero también de comercializar.

El paisaje simétrico y continuo de cuadros de árboles frutales que se ven por la RN151 se interrumpe. Desde el costado de la ruta, aunque se ve prolija puede parecer una chacra abandonada (lo fue hasta hace unos años). Janus podría ser el escenario perfecto para una película. El ambiente ideal para un libro. El recuerdo de lo que ya no es.  Podríamos decir, parafraseando a su fundador, que ir a Janus es adentrarse en un futuro que a simple vista tiene cara de pasado.

La primera en recibir a las visitas es Clarita, la vaca que durante el día se pasea entre medio de los frutales. Por detrás, las gallinas y los gansos asoman desde el corral. Avanzando, llegamos al Canal Cordero, un curso de agua de uso comunal, de los que fueron construidos a principios del siglo pasado por el ingeniero Cipolleti, que atraviesa la chacra de extremo a extremo. Sin duda gran atractivo del lugar; un pequeño río rodeado de sauces por el que corre permanentemente agua limpia -y helada-.

Sobre los costados del canal se alza la Granja: la huerta, el galpón de elaboración, el secadero, y las construcciones en donde Janus aloja a sus visitantes e invitados.  En frente, la casa de Jorge y Cecilia.  Una casa circular bioclimática y sustentable hecha de adobe y con techos verdes.  Un puentecito cruza el canal camino a la casa y a la vista del ancho río Neuquén que marca el límite y fin de esta chacra de casi 8 hectáreas.

Llegamos a Janus con el comienzo de la cosecha. Es verano y la temperatura es agradable. Da ganas de tirarse al agua. Jorge lo hace. Nos sentamos sobre el puente. La vista es insuperable. Con el mate en mano Jorge arranca y no hay quien lo pare. Se autodefine como un neoagricultor: “un tipo de ciudad que por circunstancias de la vida decidió hacer el camino inverso: volver al campo”.  En cambio, Cecilia siempre supo que su vida era la chacra. El contacto con la tierra. Pero querían hacer algo distinto: “Las cosas se fueron dando, sabía que no íbamos a hacer una fruticultura o una horticultura tradicional […] entramos de a poco a la agricultura biodinámica, vertiente productiva de la corriente filosófica conocida como Antroposofía” cuenta Jorge y nos introduce.  Se hace de noche. El río corre y el día ha sido largo. Jorge pasa de la agricultura biodinámica a los problemas y la historia del Valle de un momento a otro. Es un gran conocedor y nos van a hacer falta varios días para aprenderlo todo. Incluso días después, algunos colegas del Valle nos dirán que Jorge es aún el ingeniero que más sabe de postcosecha de peras y manzanas del Valle.

Una de las casas donde se alojan los visitantes.

Hace tres años que Janus empezó el proceso de conversión. Para ser biodinámica, una granja debe ser autosustentable. Pero no se puede hacer de un día para el otro. Hay que crear la granja y alimentarla.  Lo primero, dice Jorge, es sentir la granja como un organismo agrícola, donde nada ni nadie prevalece por sobre los demás. Lo que importa es el equilibrio entre todas sus partes, entendiendo los ciclos naturales y la relación entre las especies.  “No se trata de algo empírico ni teórico, tiene su componente espiritual pero es una realidad que hay que construir día a día; hay mucho trabajo de por medio y transitar un camino que no es difícil ni imposible aunque requiere su método, su orden, su observación y su seguimiento” asegura Jorge mientras recorremos. . Del total de la finca, media hectárea es hoy huerta productiva con hortalizas y  verduras. Además tienen frutales de peras y manzanas. También producen pastizales de alfalfa,  maíz y trigo. Y en 300 metros cuadrados hay hierbas aromáticas y medicinales. Y trescientos metros cuadrados con una huerta circular para el cultivo de hierbas aromáticas y medicinales.  Finalmente reservan un espacio para la producción de semillas que van a ser origen de sus nuevas producciones.  Las pilas de compost en distinto grado de transformación son señales de que todo es parte de un proceso gradual para lograr que la granja sea sustentable y no necesite nada de afuera.

En Janus se producen más de 75 productos frescos anuales y otros tantos elaborados a partir del excedente que por su abundancia estacional no alcanzan a ser consumidos en fresco.

“La agricultura biodinámica y la alimentación sana son, en ese sentido, causa y efecto. Esta agricultura no busca curar, busca no enfermar”

Jorge Aragón

 

RI: ¿Qué busca la agricultura biodinámica?

JA: Rudolf Steiner (1860-1925), fue el creador de esta corriente de pensamiento. Anticipaba que la humanidad podía salvarse con gente sana y de buenas intenciones. Creía que eso sólo era posible si la gente se alimentaba en cantidad suficiente y sanamente. A diferencia de la producción orgánica acá se prioriza la utilización de insumos originados en el mismo establecimiento. Lo que se busca es vitalizar la tierra para nutrir con salud al ser humano. Es decir, aceptar lo que la tierra te da, mantener su fertilidad y vitalizarla para que siempre nos entregue su energía productiva. No es algo extractivo ni de agotamiento del recurso. La agricultura biodinámica y la alimentación saludable son, en ese sentido, causa y efecto. Esta agricultura no busca curar, busca no enfermar. Ese es un poco el concepto. Curarse de una enfermedad implica un esfuerzo muy grande para toda la sociedad y los resultados no siempre son buenos. Entonces la alimentación sana persigue la prevención de las enfermedades asociadas a la mala alimentación, y de esa manera vivir mejor.

RI: ¿Cómo llegan ustedes a aprender sobre Agricultura Biodimámica?

JA: Está totalmente estudiado, sistematizado, enseñado y aprendido. Hoy en google esta primera etapa se alcanza fácilmente. Pero nada reemplaza a la presencia humana y la transmisión personal. Para eso está la Asociación para la Agricultura Biológico-dinámica de Argentina (AABDA). Hay reuniones periódicas y cursos anuales que se llevan a cabo en distintos lugares del país desde hace más de 30 años. También hay encuentros casuales, voluntarios; hay programas de acompañamiento, certificaciones participativas y certificaciones para la exportación implementadas por Demeter Internacional. Hace cinco años que nos vinculamos a la AABDA y desde el 2017 somos socios plenos. Cecilia integra la Regional Patagonia Norte de la Asociación vinculando una red de establecimientos que participan comunitariamente en el compartir de sus conocimientos.  La AABDA tiene asesores calificados, gente de gran experiencia en el país e internacionalmente que te hacen más fácil este camino.

RI: ¿Cómo y qué se produce en Janus?

JA: Todo lo que nuestros abuelos hacían en sus granjas. Todas las hortalizas de producción estacional que puedan cultivarse considerando el riesgo de heladas de la zona. A lo largo del año realizamos siembras escalonadas, algunas bajo cubierta en invernaderos, en túneles o con mantas térmicas y otras al aire libre. Logramos una producción estacional de todo lo que pueda darse en la zona, tanto hortalizas de frutos, de raíz, de tallo o de hoja; sumando además los elaborados que realizamos con el excedente, como jugos, dulces, conservas, deshidratados o panificados y todo tipo de fermentos. Tenemos huevos, miel y derivados lácteos. El tipo de producción que nosotros hacemos no persigue los criterios de tipificación comerciales, por cuanto en nuestro espacio, no siempre el suelo es el mejor para cada cultivo. Estos ajos que vos ves son de cabezas más chicas y están sucios simplemente porque no se hicieron en un terreno arenoso, sino en un suelo más pesado, donde a la cabeza le cuesta crecer y se le pega la tierra. Aunque la forma o el aspecto no es el de un típico ajo blanco, es un producto sano y natural. Más pequeño, quizás, pero un hermoso ajo al fin. Es difícil transmitir eso cuando estás acostumbrado a productos en los cuales se priorizan aspectos estéticos a los nutricionales. La nuestra es una agricultura artesanal; los consumidores responsables sabrán apreciar estas diferencias.

Modelo Sustentable

Lo producido en Janus se comparte entre 25 familias asociadas, residentes en ciudades cercanas que eligieron ser parte del proyecto invirtiendo anualmente para luego recibir la producción que se obtiene. Durante el año Janus les entrega semanalmente a cada una de ellas y en partes iguales la totalidad de su producción. Jorge y Cecilia utilizan el Calendario Biodinámico para planificar los cultivos y su elaboración. Además, las familias visitan la granja y pueden participar en sus actividades cotidianas tanto como lo deseen. Al comenzar el año 2018 muchas familias quedaron en lista de espera para poder sumarse a este sistema asociativo. Janus debería aumentar su volumen de producción, pero Jorge y Cecilia pretenden también que otros agricultores repliquen su modelo y así llegar a más familias. A raíz de ello es que en la granja se reciben huéspedes que desean conocer el sistema productivo y compartir la experiencia. Un poco de Turismo rural. También se acercan jóvenes  y estudiantes para aprender sobre la Agricultura Biodinámica. Estos “pasantes” conviven en Janus por un tiempo y regresan a sus lugares de origen con una profunda comprensión del modelo.

Por momentos, estar en Janus es mecerse en un pasado romántico. En olores y sabores que parecían perdidos. Que sólo han quedado en algún recuerdo asociado a nuestros abuelos. Pero adentrarse en Janus es también mirar un futuro. Una nueva manera de aprender el pasado. De retomar saberes. De conectarse con el otro. Con el ambiente. De comercializar en el marco de acuerdos justos. De intercambios. Quien dice que Janus y proyectos como este no son la puerta para una nueva manera de pensar la agricultura.

 

 

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Edición 35

El Valle que no es

Recorrer el Valle de Río Negro y Neuquén es caminar por la historia de lo que podría haber sido. Con un mercado internacional en constante crecimiento (la demanda mundial creció el 25% en la última década, con precios que tuvieron una tendencia de fuerte aumento desde el 2001 al 2013 y leve caída en los últimos 2 años) y un mercado interno cada vez mayor (en cantidad de potenciales consumidores) resulta inexplicable cómo el Valle se ha convertido en un río de lamentos y crisis. ¿Cómo es que ese rincón altamente productivo y rico en recursos se desmorona semestre a semestre? ¿Cómo se perdió la rentabilidad de los años dorados? ¿Cómo pasamos de ser los principales exportadores de pera en el 2007 a ser una economía sin rentabilidad diez años después?

En el primer semestre de 2015 la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) publicaba un comunicado de prensa en el que informaba que se necesitaban unos U$S 92 millones para recomponer el tejido productivo del sector frutícola de la zona de los valles. El objetivo: levantar la cosecha y hacer tareas culturales mínimas para generar condiciones que aseguraran la competitividad y, en consecuencia, empleo.

Esa temporada, los productores arrojaron más de 80 toneladas de manzanas y peras en las rutas como protesta. Le siguieron tractorazos en las rutas y el corte del puente Cipolletti en lo que fue una de las manifestaciones más importantes de la actividad.  Por aquel entonces, Carlos Casamiquela, ministro de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación declaraba la emergencia, anunciaba la entrega de aportes para las tareas culturales y se reunía con los gobernadores locales.  En aquel momento la curva de decrecimiento de las exportaciones de manzanas y peras empezaba hacerse notar.

Tres años después, la emergencia parece ser el estado natural de las cosas. Entre 2014 y 2017 la exportación de peras disminuyó de 366.475 toneladas a 273.292, mientras la de manzanas bajó de 123.537 toneladas a 75.796 según se puede ver en los registros oficiales de SENASA. Si tomamos el primer semestre de 2018, podemos ver un leve repunte en las exportaciones respecto del mismo periodo del 2017 del 6% en peras y del 28% en manzanas.

Elaboración propia en base a SENASA. http://www.senasa.gob.ar/cadena-vegetal/frutales/informacion/informes-y-estadisticas

No es menor sumar a este análisis los datos sobre producción y superficie plantada. En el documento elaborado por el Consejo Profesional de Ingeniería Agronómica Río Negro “Aportes para la Reconstrucción de una Fruticultura Sustentable” en 2015, los profesionales subrayan la tendencia a la concentración que el sistema productivo viene marcando en los últimos años. Según el CPIARN, (calculo basado en las declaraciones juradas de los productores) desde el año 2014 las 45.000 ha que comprende la producción del Valle están manejadas por un total de 2300 productores. El dato a analizar es que mientras que en 1995 los productores “grandes” no alcanzaban las 200 hectáreas, en 2014 se registra que el segmento de los grandes productores (con más de 100 hectáreas bajo explotación), incluye 55 unidades económicas y el área cultivada por ellas es de 17.000 hectáreas (37% del total). Lo que refleja un promedio actual de 310 hectáreas por unidad. Por el contrario, el segmento de los pequeños productores, de 1 a 10 hectáreas cultivadas, abarca a 1.200 agricultores que poseen una superficie explotada total de 6.800 hectáreas, con un promedio de 5,6 hectáreas por productor.  Es decir, que este segmento perdió algo más de 800 productores desde mediados de la década de los años 90 hasta 2014.

Las palabras de Sebastián Hernández, presidente de la Federación de productores de Río Negro y Neuquén a Revista InterNos coinciden con los números aunque estima que este año la situación tiende a agravarse aún más: “Venimos de una década con dificultades económicas, no podemos lograr percibir el costo de producción. Hasta hace unos años lo que veíamos es que los productores chicos desaparecían y las empresas absorbían las chacras. Pero hoy, (NdEditor: febrero 2018) ni las empresas quieren las chacras y empezamos a ver chacras abandonadas”.

Pablo Cervi, expresidente de la Cámara Argentina de Fruticultores Integrados y miembro de la familia dueña de la empresa Cervi, explica que además en los últimos años se ha sumado un nuevo actor que agrava el panorama: la explotación de hidrocarburos: “Es una actividad que a pesar de que nunca ha perdido rentabilidad, está subsidiada. Eso nos genera un aumento en el valor de la mano de obra calificada por ejemplo y además un deterioro de las infraestructuras. Nosotros tenemos finca en Vaca Muerta y antes era un lugar que no había nada. Hoy las rutas están saturadas y todas las infraestructuras tensionadas”.

Cervi es una empresa familiar con 200 hectáreas dedicadas a la fruta y 300 a la ganadería. Cuanta con su propio empaque y línea de marca de productos. Pablo es la tercera generación que continúa la empresa y ya hay miembros de la cuarta.

Competitividad internacional

El CPIA RN destaca el cambio en la composición de la producción: desde 1995 en adelante el estancamiento de la frontera productiva fue acompañado de un cambio en la distribución de la producción: se pasó de una dedicación del 77% en manzana y del 23% en pera a otra con una cobertura del 51% en pera y del 49% en manzana.  Para los profesionales este cambio se explica a partir de la inviabilidad de la manzana  ante los requerimientos del mercado externo, siendo el destino a industria receptor del 50% de la producción durante los años 80.

Un indicador básico de viabilidad de un sistema productivo sería que la fruta enviada a industria no supere el 20% de la producción. En los últimos 10 años este fragmento promedió el 36% y eso que solo se considera la fruta cosechada. Es decir, no se tiene en cuenta en las mediciones la fruta que queda en planta (no se cosecha por cuestiones climáticas, de costos, de mercado, etc.) lo cual agrava aún más la situación real.

 

“[…]lo único que no tiene precio es la fruta.”

Sebastián Hernández, presidente de la Federación de Productores de Río Negro y Neuquén

 

Sobre este tema se explayó Gabriel Gómez, ingeniero y productor orgánico que se desempeña también como asesor de algunos empaques en el Valle. Gabriel coincide al valorar el estado crítico de la actividad y sostiene que es necesario invertir en tecnología para mejorar la calidad de la fruta obtenida con el fin de poder ofrecer un producto competitivo: “Hoy por hoy, la mayoría de los países que están en punta con respecto a la producción frutícola tienen asesoramiento técnico, asistencia financiera. En Chile por ejemplo, el gobierno se ocupa de decir qué variedades hay que implantar, de qué manera se hace, cuánta cantidad. O sea, hay un montón de cosas que acá no están reguladas y que nunca lo estuvieron.”

A principios de este año, el gobierno provincial emitió el decreto N° 2032 aprobando los contenidos del Libro Blanco de la Fruticultura sobre los que comenzaría a trabajar la Provincia de Río Negro para sacar de la crisis al sector.  En principio es importante decir que un libro blanco supone un empezar de cero. Son documentos gubernamentales que intentan explicar y explicitar una política pública.

En ese sentido, la propuesta suena interesante.  Entre los ejes del libro provincial se destaca la figura de las Organizaciones de Productores (OP).  Se establece la importancia de recurrir a figuras asociativas o cooperativas de trabajo entre productores para recurrir a beneficios financieros y de asistencia económica del Estado para reconvertir el sistema productivo.

Bien sabemos que la falta de asociativismo es una característica del sector a revertir.  Sin embargo, parte del sector productivo se mostró disconforme con la presentación.  Alegan que fue impuesto sin el consenso suficiente, que las OP son un requisito único que no todos están dispuestos a cumplir y que, más que  nuevos créditos, el sistema necesita recuperar las pérdidas.

A ocho meses de su publicación, nada parece haber cambiado mucho. Desde el gobierno provincial afirman que están trabajando en la reglamentación del mismo.

“Necesitamos que la fruta no sea la variable de ajuste”

Regular el precio mínimo de la fruta en base a los costos productivos es lo que pide la Federación de productores conducida por Sebastian Hernández. Han presentado un Estatuto que es similar al que tiene la yerba mate. Sostienen que los estudios de costos productivos en chacra se hacen junto al INTA y son transparentes.  Sebastián se indigna cuando le dicen que los productores solo quieren subsidios. “A cualquier productor le gusta tener el último tractor, la malla antigranizo, la última tecnología…. Nosotros no queremos subsidios. Queremos tener un precio por kilo de fruta justo.  El problema es que nos piden invertir cuando hace años que vamos a pérdida y no sabemos el precio al que vamos a vender la fruta que cosechamos.  Acá el problema es que los costos suben y todo sube, el salario se determina en paritarias, el cartón pone su precio, los insumos el suyo… y lo único que no tiene precio es la fruta. El precio de la fruta, de nuestro trabajo, es lo que queda al final. Y estamos trabajando por debajo de los costos.”

Foto: Diario Río Negro

“Nosotros vendimos la fruta a un valor de dólar y ahora tenemos que pagar las deudas de insumos con un dólar más alto”.

Horacio Pierdominici.

“Hay que contemplar a todos los casos”

Desde CAFI señalan un agotamiento ante la propuesta de querer solucionar los problemas a partir de los costos: “No estamos de acuerdo con la visión que plantea competir por volumen y bajo costo, cuando nosotros entendemos que las empresas que han sobrevivido a la crisis son la que se diferenciaron, que hicieron orgánico,  nuevas variedades, que mejoraron la calidad. A nivel región, entendemos que tenemos un diferencial para explotar”. Sobre el libro blanco en particular, señalan la falta de consenso y la no contemplación de las empresas como unidad.  El libro blanco apunta a las organizaciones de productores (OP) como los eslabones destinatarios del salvataje, dejando por fuera personas físicas o jurídicas que no se enmarquen en una estructura asociativa de este tipo.

“Macri nos defraudó”

Horacio Pierdominici, presidente de la Cámara de Productores Frutícolas de Cipolletti le dijo a Revista InterNos que se siente defraudado por este gobierno que desde el primer día prometió revertir la situación de las economías regionales. “Esta última devaluación nos llega tarde y nos complica. Nosotros vendimos la fruta a un valor de dólar y ahora tenemos que pagar las deudas de insumos con un dólar más alto”. El chacarero coincide con el avasallamiento de la industria petrolera no hace más que complicar la situación de degaste y abandono de las chacras.  En este sentido, si bien no coincide ciento por ciento con la conducción de la Federación dice acompañar a Hernández en los reclamos y sobre todo cuando se le reclama tecnificación: “el productor que la temporada pasada hizo el esfuerzo y puso la malla antigranizo hoy no tiene como pagarla. Así la situación no se revierte” enfatizó.

Como para rematar esta situación, hace días el gobierno decidió reducir los reintegros por las exportaciones en peras y manzanas del 8,5% al 4,75%.  En el contexto actual parece una burla en la cara del sector productivo que vendió su cosecha 2018 a un dólar a $20 y ahora debe pagar deudas con un dólar de $30: “Cuando llegó la devaluación, el 85% de las exportaciones habían salido, con productores y empresas endeudados en dólares. Recién el beneficio de esa devaluación sería para la temporada próxima, siempre y cuando la inflación no horade la mejora en el tipo de cambio”, asegura el dirigente Pablo Cervi. La realidad es que ahora, con la nueva normativa, esos beneficios serán reducidos.

Recorrer el Valle y no sentir pena, hastío y bronca es inevitable. Productores de años aún subidos a la escalera haciendo lo único que saben: cuidar un campo de la mejor manera posible. ¿Cómo se le dice a esa persona que su trabajo ya no sirve? ¿Qué las condiciones del mercado son otras y que debe resignarse a la desaparición?

Pymes de historia. Generaciones dedicadas a producir fruta: ¿Con qué argumentos se las motiva a la transformación tecnológica cuando los funcionarios permiten y fomentan la actividad hidrocarburífera en medio de las chacras sin reparo de las consecuencias? ¿Qué futuro le espera a la actividad si el gobierno que venía a salvarla la ahoga cada vez más?

Sebastián, Pablo, Horacio y Gabriel son productores disímiles. Como ellos hay muchos más. Con historias diferentes, con escalas, sistemas productivos y de comercialización distintos.  Y si bien tienen miradas y apreciaciones incomparables entre sí, coinciden en algunos puntos sustanciales: la persistencia de una crisis crónica de falta de competitividad en el mercado internacional; la inacción de un Estado que no valora la economía regional y que llega tarde con respuestas insuficientes; los altos costos de la producción, en donde es imposible no remarcar el porcentaje de impuestos comerciales, aduaneros  y de mano de obra (sobre todo si se los compara con otros países);  y la ausencia de acuerdos sociales lo suficientemente transversales y contenedores como para aunar esfuerzos y voluntades hacia una solución común.

“Cuando llegó la devaluación, el 85% de las exportaciones habían salido, con productores y empresas endeudados en dólares.”

Pablo Cervi de CAFI.

Como en tantos otros temas, el diagnóstico es claro. Las consecuencias de persistir en este rumbo con parches y soluciones a medias tintas, también. Habrá que asumir entonces que el silencio y la inacción son claramente una decisión política tomada  y no en favor de la actividad precisamente.

 

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