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Edición 35

El sur también existe: CIATI, el laboratorio del Valle con prestigio internacional

“Van a conocer algo distinto, de mucha trascendencia para el Alto Valle y nuestro país”. Esas fueron las palabras con las que Rodolfo Ardenghi, productor, empacador y exportador de fruta regional nos invitó a recorrer el Centro de Investigación y Asistencia Técnica a la Industria (CIATI), ubicado en la localidad de Villa Regina, Río Negro. Ardenghi también es Ingeniero Químico y ocupa actualmente la presidencia del CIATI, un laboratorio modelo en Argentina por sus controles para las industrias de agroalimentos, ambiente, hidrocarburos y agroquímicos.  Además, esta entidad se destaca por efectuar análisis de residuos de plaguicidas (más de 350 principios activos) en distintos cultivos, herramienta fundamental para garantizar la inocuidad de la mercadería que se comercializa desde el Alto Valle al mundo.

El CIATI nació en 1978 como una organización gubernamental, pero en la década del 90’ (más específicamente en 1997), se conformó como una asociación civil sin fines de lucro con aportes del sector privado. Actualmente esta asociación está integrada por más de cincuenta socios, entre los que se encuentran los gobiernos de Río Negro y Neuquén, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y la Cámara Argentina de Fruticultores Integrados (CAFI), entre muchas otras empresas e instituciones. Cuenta con dos sedes, una en Villa Regina (Río Negro) y otra en Centenario (Neuquén). Entre ambas suman un total de setenta y cinco  trabajadores.

Al comenzar el recorrido, Ardenghi nos explica que estos laboratorios surgen ligados a las necesidades de la industria juguera del Alto Valle en la década del ochenta. Por aquel entonces existían numerosos reclamos en la exportación de jugos a Estados Unidos (referidos a la composición de los mismos) frente a los cuales la industria local no podía “defenderse” o justificarse. En esos años Argentina era el gran proveedor de jugos concentrados de manzana al país norteamericano: con alrededor de 15 fábricas, tenía el 40% o 50% del mercado de exportación. “Se armó un proyecto para que las propias empresas financiaran investigaciones con el objetivo de resolver los reclamos técnicos y comerciales por parte de los importadores”, relata Ardenghi, ya que los mismos costaban importantes cantidades de dinero a las empresas de la región.

«Pensá que la aduana de Japón considera los análisis del CIATI como si fuera de ellos. Es una conquista inédita».

Rodolfo Ardenghi

Los primeros pasos del CIATI fueron dados en el análisis de jugos concentrados de peras y manzanas, con la misión específica de garantizar la colocación de las exportaciones. Sin embargo, con apenas cinco años de trabajo, su alto grado de especificidad les permitió integrar comités científicos internacionales en lo referido a jugo de frutas, donde ya eran referentes. Esto además les valió la posibilidad de comenzar a crecer hacia otras áreas. “Hicimos la caracterización del jugo de manzana argentino y después vino la diversificación. O sea que empezamos para resolver un problema y después terminamos haciendo análisis para todo tipo de alimentos”.

Un ejemplo de diversificación son los análisis de corcho que se realizan hoy en CIATI. Ardenghi cuenta que a través de un contacto profesional logró visitar el laboratorio estadounidense ITS, en el cuál, entre otras cosas, se analiza el alcornoque utilizado para conservar el vino en botella. Esto fue hace más o menos 20 años. De allí “importó” la idea de comenzar con estos tratamientos para empresas vitivinícolas locales. Luego fue el limón; posteriormente los cítricos dulces del litoral. Con el correr de los años, muchas otras Economías Regionales del país empezaron a tener como referencia al CIATI para testear la calidad, composición e inocuidad de sus productos.

Los primeros pasos del CIATI fueron dados en el análisis de jugos concentrados de peras y manzanas.

En el año 1999 el CIATI fue el primer laboratorio latinoamericano en lograr la Acreditación Oficial de acuerdo a la normativa internacional ISO 17025 (la cual dispone de los requisitos generales para la competencia de los laboratorios de ensayo y calibración). Esta acreditación la realizó una organización española, el ENAC (Entidad Nacional de Acreditación) ya que por entonces todavía no existía un organismo similar en nuestro país. En el año 2006 el CIATI se inscribió a la Red de Laboratorios del Senasa (Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria) como laboratorio autorizado.

Actualmente el CIATI recibe muestras de diversas empresas argentinas, algunas de importancia internacional como Arcor. Y no sólo de alimentos se encarga este laboratorio. Al recorrer las distintas áreas del edificio uno se encuentra con “muestras” de todo tipo, envasadas y dispuestas para su posterior tratamiento. En la sede de Río Negro se llevan adelante análisis de residuos de plaguicidas y análisis de agroquímicos, por ejemplo. En la de Neuquén, los de microbiología y análisis ambiental.

Estudio Malaquita

Ardenghi camina las instalaciones del lugar orgulloso y nos cuenta cómo se sostiene tamaño desarrollo: “Este es un lugar que se autofinancia. Es único en Argentina y en Latinoamérica. Cuando empezó, la recaudación por servicios analíticos era cero. Hoy son más de 70 de empleados que se autobancan y tienen superávit. En una asociación civil, si vos tenés superávit, decidís en qué vas a invertir”. Ardenghi busca dar cuenta de la significativa inversión tecnológica del laboratorio y la relevancia internacional que han adquirido durante los últimos años: “Pensá que la aduana de Japón considera los análisis del CIATI como si fuera de ellos. Es una conquista inédita”.

Una de las cosas que más enorgullece a Ardenghi es la confidencialidad y seguridad que ofrece el laboratorio en los análisis de sus muestras. “Cuando entrás al CIATI no ves una marca de nada. Esto se fracciona y ningún analista sabe de qué empresa es. Va todo mediante código de barras”. Tanto la provincia de Río Negro como la provincia de Neuquén nombraron al CIATI como laboratorio de referencia, dando cuenta de su validez: allí se analizan incluso muestras judiciales. “Este es un lugar insobornable por su dispositivo de auditoria y su mecanismo interno de cómo se producen los resultados”. Además, el titular de la asociación considera muy importante la ‘democratización’ en el acceso esta tecnología. “Una cooperativa chiquita o la mejor empresa del país acceden a las mismas pruebas y a los mismos resultados. Esto fue lo virtuoso que hicimos”.

Aunque muchas veces el contexto socioeconómico no acompañe, experiencias como las del CIATI muestran un camino posible hacia el desarrollo de emprendimientos tecnológicos mediante los cuales alcanzar el reconocimiento nacional e internacional. En el Alto Valle de Río Negro y Neuquén, este laboratorio marca la pauta de lo que alguna vez, años atrás, afirmó el gran poeta latinoamericano Mario Benedetti: que el Sur también existe.

 

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Emelka. Manzanas y Peras de Río Negro

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