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Política Sectorial

Facundo López Raggi: “Los hidrocarburos y la producción agropecuaria son compatibles”

|Neuquén|

La crisis del sector frutícola en el Valle tiene, por lo menos, una década. Así lo expresan funcionarios, productores y empresarios del sector, que en los últimos años han visto caer semestre a semestre los números de lo que en algún momento fue una actividad próspera. La provincia de Neuquén no escapa a esta realidad. La escasa rentabilidad del sector debido a los altos costos, la apremiante estructura impositiva y los problemas comerciales está provocando una desaparición de los pequeños productores y una actividad cada vez más concentrada. En ese contexto, el desarrollo inmobiliario juega su partido y avanza sobre chacras abandonadas para continuar con la urbanización. No son pocos los chacareros que, luego de trabajar toda su vida en la finca, deben venderla al mejor postor para saldar deudas o, en el mejor de los casos, mudarse a otro rubro, llevándose consigo una porción importante de esta matriz productiva que difícilmente vuelva a recuperarse.

Es importante decir que esta crisis no representa lo mismo para Río Negro que para Neuquén. Mientras que esta última provincia cuenta con un panorama frutícola más acotado (concentrado sobre todo en las localidades de Centenario, San Patricio del Chañar, Añelo) en Río Negro los chacareros se cuentan de a miles y el impacto económico es mayor, tanto por la cantidad de fruta que se exporta como por los volúmenes de mano de obra que se mueven.

No obstante, la particularidad de Neuquén en los últimos años ha sido la irrupción del fenómeno Vaca Muerta. El crecimiento de la actividad hidrocarburífera a partir de las inversiones para la extracción de gas no convencional (mediante la técnica del fracking) modifica el resto del escenario productivo, en el que se incluye a la actividad agropecuaria. En este contexto, la pregunta que se dispara es: ¿pueden convivir fracking y fruticultura?

Viajamos hasta el Valle neuquino para encontrarnos con el ministro de Producción e Industria de Neuquén, Facundo López Raggi, con quien conversamos sobre este interrogante. Además, el funcionario analizó los puntos débiles de la actividad, criticó el avance inmobiliario sobre zonas productivas y comentó sus propuestas para que el sistema frutícola vuelva a motorizarse.

¿Cómo se planifica la producción agropecuaria en una provincia donde la actividad hidrocarburífera tiene tanto peso?

Neuquén es una provincia de tradición energética. Abastecemos el 55% del gas del país, el 25% del petróleo, el 25% de la energía hidroeléctrica. Buena parte del desarrollo hidrocarburífero se da en áreas donde hoy por hoy no hay producción de ningún tipo. Son sobre todo las áreas de mesetas, áreas secas, por lo que son absolutamente compatibles. La provincia tiene una larga historia en el petróleo. Sabemos cómo convivir y cómo desarrollar actividades productivas en el marco de una explotación hidrocarburífera.

Vaca Muerta impacta en muchas áreas. Por ejemplo en Turismo, que no es mi área particular, pero el año pasado entraron 20 familias por día a Neuquén y es gente que viene a la actividad hidrocarburífera, que cobra un sueldo importante y cuando hay un fin de semana largo se va a Villa La Angostura o a San Martín de los Andes. Entonces el desafío de mi ministerio es la diversificación productiva, tenemos que agarrar la plata que entra por los hidrocarburos y traducirla en otro tipo de actividades económicas.

¿El avance urbano no está siendo un problema indirecto de la actividad hidrocarburífera sobre la producción agropecuaria?

En el marco del desarrollo de Vaca Muerta Neuquén está recibiendo cada vez más gente. Hay una presión urbana muy importante. Se ha legislado bastante, pero es muy difícil ir contra la inversión en desarrollos de este tipo. Nosotros somos muy celosos de asignar “cambios de uso de suelo”, que es como se denominan, porque muchos se quieren realizar en zonas donde la provincia ya hizo una inversión en canales de riego principalmente, que son inversiones de años y que la verdad no estamos dispuestos a perderlas. Por lo cual, sobre las tierras que no son ejidos municipales y por lo tanto nos corresponden a nosotros como provincia, estamos tomando la decisión de no habilitar otro uso de suelo que no sea el productivo.

«Tenemos que agarrar la plata que entra por los hidrocarburos y traducirla en otro tipo de actividades económicas»

Hace unos días un productor de Centenario nos comentaba que en esa localidad se dan cada vez más las “excepciones”, donde se permite lotear para otro tipo de desarrollos, como por ejemplo los urbanísticos.

Yo entiendo la situación, porque sobre todo la actividad frutícola de peras y manzanas tiene problemas estructurales ya desde hace un tiempo. Y eso está generando situaciones sanitarias que afectan mercados, como lo que sucedió esta temporada con el ingreso de nuestra fruta a Brasil. Esto sucede porque hay cada vez más chacras abandonadas por una cuestión de rentabilidad, pero también porque hay productores de muchos años que cada vez les cuesta más mantener una chacra. Sus familias son profesionales, se han ido a las ciudades, se dedican a otra cosa y no quieren seguir en la actividad. Y debe ser complejo para un intendente decirle a un vecino, un productor de edad, que no venda su chacra para pasar los últimos años de su vida como lo merece porque hay que mantener el suelo productivo. Dicho esto, vale señalar también que hay situaciones y situaciones. No por eso va a pasar gato por liebre. y vas a habilitar un loteo que afecte el uso de un canal de riego, que además puede perjudicar a otras de chacras vecinas.

¿Cómo se puede intervenir para que esto deje de suceder?

Nosotros tenemos varias políticas públicas, algunas con una buena cantidad de años en la provincia. Por el volumen de la actividad en Neuquén, comparablemente menor respecto a Río Negro, tenemos la posibilidad de generar programas más abarcativos. Para nosotros el eje principal de la fruticultura pasa por la sanidad. Uno puede tener los mejores contactos en los mejores mercados, pero si sanitariamente la zona está mal, si tenés un vecino que no hace los deberes como los tiene que hacer, no sirve de mucho. La lucha contra la carpocapsa es una lucha integral, no de un grupo de chacareros. El abordaje es integral, porque la plaga si no está en tu chacra se va a otra. Y es lo que pasa muchas veces con las chacras abandonadas. Por eso acompañamos a los productores con la incorporación de herramientas para la lucha contra la plaga, y se trabaja en las Buenas Prácticas Agrícolas. Además llevamos adelante una política de erradicación de montes en abandono, donde ponemos a consideración del productor la posibilidad de tomar un crédito para sembrar otros cultivos.

«Para nosotros el eje principal de la fruticultura pasa por la sanidad»

Muchos productores aseguran que los problemas sanitarios tienen origen en la falta de rentabilidad de su trabajo, consecuencia de recibir por su fruta un precio menor de lo que les cuesta producirla. Afirman que no tener los ingresos suficientes para las tareas culturales les impide mantener la chacra en condiciones.

El problema del sector nace económico, porque justamente los productores están vendiendo por debajo de sus costos de producción. Y termina siendo claramente comercial. Las empresas que están integradas y logran llegar a los mercados son las que mejor están. Ellas pueden pelear la fruta. En cambio, el productor que está en la chacra y entrega su fruta en la tranquera es el que está en mayor desventaja.

Pero también vale decir que la empresa que recibe esa fruta la procesa, hace un descarte importante según al mercado al que va, la retiene en frigorífico. Todo eso va generando costos por encima del valor de la fruta. Y luego tiene que venderla lo mejor que pueda en los mercados, a los que estamos llegando muy mal porque no tenemos acuerdos comerciales y las estructuras impositivas pasan a ser algo gravitante que dificulta competir. Por lo tanto el precio que obtienen no es el mejor. Con ese precio vuelven hacia atrás en la cadena y pagan transporte, mano de obra, frío. Lo que queda, va al productor. No es que las empresas estén tirando manteca al techo.

El productor esto no lo ve tanto porque su estructura impositiva es la chacra y la provincia lo eximió de absolutamente todos los impuestos. Hoy los productores primarios no pagan ingresos brutos y no pagan  impuesto inmobiliario, por ejemplo.

¿Es posible pensar en precios mínimos para la fruta que el productor entrega a las empresas? ¿Lograría eso la rentabilidad del chacarero?

No lo veo como un tema de precios mínimos. Nación está cobrando retenciones a la fruticultura. Si la cosa mejora un poco en algún momento van a retroceder, pero lo que van a hacer es devolverles ese dinero a las empresas, como se hizo siempre. Y hoy por hoy vos podrías tener unas retenciones como las actuales pero que vuelvan al productor para, por ejemplo, tareas sanitarias. La fruta que se comercializa está trazada y se conoce de qué chacra viene. Entonces uno podría decir: “Yo la retención se la cobro a las empresas, pero se la doy al productor en inversión sanitaria”. Es una manera de hacerlo.

Estudio Malaquita

¿Esto es una idea personal o una propuesta del Ministerio?

Es una propuesta que nosotros como provincia de Neuquén hemos planteado varias veces. Particularmente lo vengo proponiendo en los Consejos Federales de Producción, en las mesas de fruticultura o de Economías Regionales.

¿Qué relación tiene la provincia con el gobierno nacional? ¿Por qué le parece que no han accedido a modificar el esquema de retenciones?

Nosotros tenemos buena relación con el gobierno nacional, tenemos diálogo. Hay una realidad objetiva, muchas de las decisiones de esta gestión permitieron que Vaca Muerta se desarrolle. Por otro lado, uno que está en la función pública puede llegar a entender ciertas cosas. Cuando no hay plata tenés que tomar algunas medidas. Fijate que uno de los principales aliados del gobierno fue el campo y sin embargo le puso retenciones cuando lo tuvo que hacer. Nosotros planteamos que las retenciones son algo más que carga el sector, pero también sostenemos que la estructura impositiva que ya pesaba sobre la actividad es perversa, sobre todo en las Economías Regionales que poseen mano de obra intensiva.

«Las actividades pueden convivir. Hay chacras de producción orgánica que venden a Inglaterra y están ubicadas al lado de YPF»

Retomando el tema de la relación entre fracking y fruticultura. ¿No es válido que los habitantes tengan ciertas reservas de la convivencia de estas actividades?

Neuquén tiene 100 años de historia petrolera. Nosotros estamos seguros de que la producción de petróleo y gas y la producción agropecuaria son compatibles. Esto se analiza, son datos objetivos, no lo digo yo, sino laboratorios de prestigio como el CIATI. No obstante, suceden accidentes que pasan tanto acá como en otras actividades. Lo que sucede es que el petróleo está bajo la lupa y está bien que así sea. A ninguno de nosotros nos gusta pasar y ver un charco de petróleo. Está mal, las empresas se tienen que hacer cargo. En el último tiempo se produjo la muerte de dos trabajadores en un accidente laboral. Hay mucha presión por la seguridad y el medio ambiente. Y repito que está bien que así sea. Pero las actividades sí pueden convivir, y de hecho sucede, con chacras de producción orgánica que venden a Inglaterra y están ubicadas al lado de YPF, por ejemplo.

Y en la mano de obra disponible, ¿cómo impacta? Está claro que hoy la fruticultura no puede pagar los salarios que paga la actividad de hidrocarburos.

Es así. La fruticultura tiene un número de trabajadores permanentes, pero la mayor parte de los trabajadores son temporales. Llegan en temporada de cosecha y después se van. Sin embargo, algunos se quedan porque ven una posibilidad en el petróleo. Mucha gente del norte llega y ve que los sueldos del petróleo son cuatro veces lo que ellos cobran. Y es un razonamiento lógico que elijan cambiar de actividad.

Ahora, también sucede que el trabajador permanente, es decir el tipo que maneja el tractor o el operario que tiene formación, antes estaba pagando un alquiler de cinco mil pesos que hoy está en diez mil, porque hay operadores de las plantas petrolíferas que pueden pagar eso y los precios se disparan. Entonces por más que amen trabajar en la chacra la coyuntura los pone contra la espada y la pared.

¿Qué se puede hacer al respecto?

Particularmente hemos acompañado varias iniciativas de las empresas en búsqueda de trabajadores, incluso en el caso de lo que se llaman trabajadores golondrina. También tratamos de acompañar con créditos para la compra de plataformas para labores culturales y de cosecha, que permiten incorporar a mujeres o personas mayores en la actividad. Más allá de eso es complejo. No se le puede indicar a la gente dónde sí y dónde no trabajar, sería injusto.

Suele citarse casi como un mantra que la reconversión y la tecnificación son dos puntos fundamentales para que el sector salga por fin de la crisis. ¿No es un poco paradójico que se le pida esto a una actividad que está en Emergencia?

Es el gran tema, de dónde tiras el ovillo. Porque no es únicamente un tema de plata. Si sanitariamente seguimos haciendo algunas macanas, si comercialmente caemos en los mismos actores, la inversión no va a cambiar nada. Pero si por otro lado el productor se animara a crear grupos para empezar a comercializar por otros canales, creo que podría ir por ahí.  Si de alguna manera sacas intermediación y llegas a los mercados con mejores precios, vas a poder mejorar tu rentabilidad. Y si vas generando un negocio rentable, vas a tener excedente para reinvertir. No es un trabajo de un día para el otro.

«Si comercialmente caemos en los mismos actores, la inversión no va a cambiar nada»

En los últimos meses se habló mucho del potencial de las cerezas en los mercados internacionales, sobre todo a partir de la apertura de las exportaciones a China.

Es una alternativa, pero es una actividad que requiere de un determinado perfil de productor. La cereza es muy exigente en su manejo, requiere mucha mano de obra y es mucho más delicada en la comercialización que la pera y la manzana. Entonces, nosotros cuando vemos que hay chacras que se abandonan y que hay alguien que quiere hacer algo, proponemos la siembra de la alfalfa porque es algo más simple y que genera un rápido flujo de dinero.

Otras alternativas que estamos proponiendo a los productores jóvenes son los frutos secos, nueces, almendras y avellanas, que están funcionando muy bien. También los olivos, en la región se producen aceites de oliva de altísima calidad. La cereza es una oportunidad más empresarial que necesita de una inversión inicial muy grande, por lo tanto el perfil del productor que vaya a manejar eso es diferente.

¿Preocupa la falta de recambio generacional en los productores frutícolas?

Sí, nos preocupa mucho. Hay algunos sucesores de productores que se quieren quedar en la chacra y el tema está resuelto. Pero hay otros casos en que el productor no tiene a quien dejarle la tierra. Lo que estamos tratando de hacer es buscar a productores jóvenes, que puedan manejar la mayor cantidad de superficie, para juntar las partes y que las chacras no terminen siendo loteadas.

¿Qué autocrítica pueden hacer desde la provincia respecto a los problemas de la fruticultura?

Siempre hemos trabajado en conjunto con otras provincias como Río Negro y Mendoza. Pero creo que trabajar con la dimensión más chica de nuestro sector nos hubiese permitido tener otros resultados. Creo que deberíamos tener en el tema sanitario un trabajo diferencial, para que la zona de Neuquén – San Patricio de Chañar – Añelo sea libre de carpocapsa. Por lo menos blindar esa zona. Ojo, los problemas son sectoriales, son comunes. Lo que pasa es que para un gobierno una cosa es encarar a doscientos productores y otra cosa es tener que encarar a tres mil, como le sucede a Río Negro. Los instrumentos son diferentes porque la dimensión del sector es diferente. Nosotros conocemos las chacras una por una, productor por productor.

Emelka. Manzanas y Peras de Río Negro

Comercialización

Avances en la formalización de la cadena frutihortícola

|Argentina|

El pasado viernes 21 de junio se llevó adelante la primera Mesa de Trabajo de los Mercados Concentradores Frutihortícolas, donde representantes de la cadena se reunieron en la Secretaría de Agroindustria de la Nación con el objetivo avanzar en la organización y formalización de los eslabones que integran la actividad.

En el encuentro estuvieron presentes el Secretario de Agricultura, Ganadería y Pesca, Guillermo Bernaudo; el presidente de la Federación de Operadores de Mercados Frutihortícolas (Fenaomfra) Juan Perlo junto al secretario de la entidad, Carlos Otrino; los ingenieros Alejandro Fernández, Juan Ibáñez, Silvia Santos y Ramón Campomane de Senasa, Raúl Giboudot por CAAF, Fabián Zeta por COMAFRU, Américo Barúa por el Mercado de Chaco y Mariano Lechardoy por Mercado Central de Buenos Aires, además de representantes de AFIP y ARBA.

Guillermo Bernaudo explicó que, con el fin de reducir la actividad desleal que impera en el sector, se ha venido trabajando en la formalización de la cadena frutihortícola a través de un conjunto de normas que integran: la implementación del DTV-e (con componentes sanitarios pero también fiscales), el relevamiento y registro de mercados no inscriptos y la fiscalización en ruta entre Senasa y AFIP.

Estudio Malaquita

Entre los logros subrayados durante en la reunión, se destaca que la emisión de DTV-e pasó de 10.000 a 70.000 mensuales. Además, se registraron diez nuevos mercados en el RUCA mientras que otros doce se encuentran actualmente en trámite (la mayoría son mercados y depósitos del conurbano bonaerense).

El Secretario de Fenaomfra, Carlos Otrino, introdujo un paréntesis y recordó el “caso Río Cuarto”, en el que AFIP solicitó el DTV-e en las puertas del Mercado, labrando actas de infracción a verduleros por llevar factura y no llevar DTV-e, cuando la normativa conjunta entre Senasa y el organismo fiscal debía exigir dicha documentación sólo en tráfico federal. El error en aquel caso se correspondió a una ambigüedad en la interpretación de la norma entre AFIP nacional y sus delegaciones provinciales, por lo que los funcionarios presentes en la reunión aprovecharon para aclarar que la cuestión ya está solucionada.

Por su parte Américo Barúa, presidente del Mercado de Chaco, contó que en Resistencia mantuvieron reuniones con las autoridades municipales y lograron sacar una ordenanza para que toda la venta de frutas y verduras se realice únicamente en el Mercado Concentrador, ya que los galpones mayoristas no se encuentran en condiciones higiénicas ni fiscales para realizar esta tarea.

Por otra parte, Juan Perlo propuso que la mesa de trabajo avance en el control del tráfico federal de mercadería y en una reglamentación a nivel nacional que disponga que la venta mayorista frutihortícola se realice únicamente en los mercados concentradores, como lo es en Córdoba. Además, solicitó trabajar sobre la unificación de la documentación para no incrementar los costos de los operadores a la hora de generar DTV-e.

Luego de este primer encuentro, las instituciones establecieron un plazo de encuentro cada 70 días para analizar el estado de situación de los mercados. El próximo encuentro se abordarán los siguientes puntos:

  • Solucionar cierres operativos de DTV-e.
  • Ir en busca de unificar documentos en la parte de comercialización como solicitó FENAOMFRA.
  • Generar una aplicación para teléfonos móviles que permita realizar los cierres de los DTV-e.
  • La emisión de los DTV-e para los mayoristas es obligatoria, pero, se propone excluir la generación del DTV-e para los minoristas que compran en los mercados, salvo tráfico federal.
  • Fortalecer la herramienta DTV-e que es la que sostiene todo el sistema y hace transparente la Cadena Frutihortícola.

Emelka. Manzanas y Peras de Río Negro
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Política Sectorial

Carlos Banacloy: “Necesitamos estabilidad para hacer las tareas culturales indispensables”

|Río Negro|

El secretario de Fruticultura de Río Negro, Carlos Banacloy, se refirió al Plan Sanitario que la provincia está elaborando junto a al gobierno de Neuquén y los diferentes actores de la cadena productiva del Valle.

En conversación con el programa Mercados en Red, Banacloy consideró que la producción frutícola requiere actualmente acciones sanitarias que no estén atadas a la coyuntura, sino que “estén pensados de 5 a 10 años para ser competitivos en los mercados internacionales, que van a ser cada vez más exigentes sanitariamente”.

Para el funcionario, la política macroeconómica de los últimos años no ayudó a tener un plan sanitario acorde a las necesidades del sector productivo. A modo de ejemplo mencionó que la temporada pasada los chacareros  vendieron su fruta en un valor que oscilaba entre 17 y 21 pesos, mientras que meses después, por la devaluación, tuvieron que afrontar las tareas culturales un dólar a 41 pesos. A esto se le sumaron las retenciones a las exportaciones y la baja de reintegros que agregaron más incertidumbre a la actividad. “Hoy los fertilizantes, agroquímicos y maquinaria está en dólares, nuestra economía está dolarizada. Necesitamos estabilidad para hacer los trabajos culturales mínimos e indispensables”, dijo Banacloy.

Estudio Malaquita

En el mismo sentido, comentó que hoy la fruticultura del Valle exige “un plan sanitario acorde y puntual, ya que todos los agroquímicos que se utilizan son banda verde, mucho más específicos respecto a las plagas que hay que atender y eso encarece las acciones”.

Una de las dificultades que tiene el Valle para realizar un eficiente plan sanitario es el avance de las superficies urbanísticas sobre tierras productivas, lo que impide que el mismo pueda realizarse en bloque, como se hace por ejemplo en la pampa húmeda. Esto “cambia el mapa” de las tareas sanitarias: “Nosotros tenemos, por ejemplo, producciones por 20 hectáreas y después nos encontramos con una urbanización de dos kilómetros”. El abandono de chacras y el crecimiento urbano sobre estas tierras hacen más específica y dificultosa la tarea. Por eso Banacloy propone que el Plan Sanitario se haga a conciencia y «pensando en el mediano y largo plazo».

Al último encuentro organizado entre los distintos actores de la cadena para avanzar en dicho plan sanitario asistieron representes de los gobiernos de Río Negro y de Neuquén, la Federación de Productores de Fruta, las Cámaras de productores, CAFI (Cámara Argentina de Fruticultores Integrados), Senasa, INTA y la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional del Comahue. «“Lo importante es que todas las instituciones nos sentamos en la misma mesa con un sólo objetivo, y hacía mucho que no se lograba este tipo de consenso”, dijo el secretario de Fruticultura al finalizar la jornada.

Los actores acordaron conformar cuatro comisiones para avanzar en tareas técnicas, de legislación sobre erradicación, y de relevamiento y elaboración de un mapa productivo que simplifique las tareas sanitarias.

Emelka. Manzanas y Peras de Río Negro
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Política Sectorial

Sebastián Hernández: Diez años sin rentabilidad

|Río Negro|

Es uno de los dirigentes más buscados por los medios provinciales y nacionales a la hora de hablar de la crisis frutícola que golpea al Valle. Productor en Allen desde hace más de veinte años, Sebastián Hernández asumió en 2017 como presidente de la Federación de Productores de Río Negro y Neuquén y desde entonces no ha parado de ganar relevancia pública por su visión sobre la actividad y sus declaraciones sin pelos en la lengua.

Hernández heredó la fruticultura de su abuelo, quien le enseñó gran parte de lo que sabe hoy sobre peras y manzanas. Días atrás lo visitamos en su chacra para conversar sobre algunos aspectos trascendentales de la agenda productiva: falta de rentabilidad, problemas sanitarios, dificultades comerciales y pérdida de mercados.

¿Dónde se origina la crisis estructural que sufren hoy los chacareros del Valle? ¿Puede la fruticultura volver a ser un negocio tentador para las pymes argentinas o está destinada al abandono? En su diagnóstico el dirigente asegura que el principal problema es comercial, porque las empresas abusan de su relación con el productor: compran la fruta por debajo de los costos de producción, deciden las cargas laborales sin considerar la realidad del chacarero e inclinan sobre el sector primario todo el peso impositivo de la cadena.

“Está muy difícil que nos pongamos de acuerdo. Las empresas deciden todos los números»

No fueron pocas las oportunidades en que secretarios y ministros declararon que la fruticultura debía “ponerse de acuerdo” para obtener soluciones integrales. ¿Por qué esto no es posible? Para Hernández la distancia entre ambas posturas es, por ahora, muy grande.

“Está muy difícil qué nos pongamos de acuerdo. Las empresas forman precios y deciden todos los números, hasta los costos laborales. Por ejemplo: se sentaron con UATRE a negociar un 42% de aumento para la cosecha (NdE: se refiere a la última paritaria de febrero) sin tener en cuenta al productor primario. Tenemos un costo interno muy alto pero no quieren hablar del precio de la fruta. Te dicen: ‘no, eso es libre mercado’. Se abusan totalmente del sistema comercial”, explica. Además, agrega que el Estado “tiene el mismo argumento y no quiere acompañar la discusión”. Y cuando habla de Estado quiere decir que “ningún gobierno nacional cambió el abuso de las empresas sobre los productores”.

Según relata Hernández, actualmente el productor recibe entre 13 y 15 centavos de dólar por un kilo de fruta que le cuesta 26 centavos producir. El resultado de esta situación es conocido: quienes no cubren sus costos pierden rentabilidad, lo que se traduce en una reducción de las tareas culturales (poda, raleo, cura de las plantas) con las consecuencias sanitarias y productivas que esto implica.

No obstante, las empresas también deben afrontar importantes gastos para lograr un producto atrayente en los mercados. Frío, empaque, almacenamiento y transporte, entre otras cosas, van cargando el precio de cada kilo de fruta que se comercializa. A esto hay que sumarle una estructura impositiva asfixiante que se complementa con la poco atinada decisión de Cambiemos de colocar retenciones y reducir reintegros a exportaciones de productos primarios que requieren mano de obra intensiva. Frente a la competencia de países como Chile –con fruta de igual o mayor calidad pero más barata- Argentina comienza a perder volúmenes en los mercados. Esto complica aún más el circuito productivo porque, respaldados en la falta de rentabilidad de los mercados internacionales, muchas empresas pagan a los productores lo que pueden y no lo que deben.

“Las empresas se excusan: dicen que pagan 15 centavos porque los otros 11 se los retiene el Estado y por eso no pueden pagar el costo de producción. Cuando llegaron las retenciones, los funcionarios nos decían que no nos quejemos, que no las íbamos a pagar nosotros sino quienes exportaban. Sí, ¿pero a quién se lo descuentan del valor de la fruta? Al productor. Hoy todo movimiento que hace la empresa va al balance que entra en la liquidación del productor. Siempre lo paga la fruta”, dice el presidente de la Federación al respecto.

«No quieren hablar del precio de la fruta. Te dicen: ‘no, eso es libre mercado’. Se abusan totalmente del sistema comercial»

La pregunta es cuándo, en el marco de los últimos años, la relación comercial pasó de ser un dolor de cabeza a convertirse en uno de los motivos por el cuál los chacareros abandonan la actividad. Así lo ve Hernández: “El último año que el productor tuvo rentabilidad fue en 2008, que acompañaron los mercados y las liquidaciones estuvieron por encima del costo de producción, que estaba alrededor de los 19 centavos de dólar. Ese año el productor cobró entre 27 y 28 centavos de dólar”. ¿Y qué cambió del 2008 a esta parte?

“Por aquel entonces, como fue una buena temporada, pagaron un poco más para dejar al sector un poco acomodado. Al año siguiente se cayó todo, pagaron miserias al productor y desde ahí nunca más cubrimos el costo de producción. Cuando el negocio es bueno te pueden dar algo más, pero cuando el negocio es malo…”.

Estudio Malaquita

Lo que esto no explica es por qué incluso en esta relación desigual empresas de considerable capital como Moño Azul, Expofruit o Salentein han reducido su actividad y en algunos casos dejado trabajar en los últimos años. El presidente de la Federación encuentra una respuesta posible en la necesidad de “querer acapararlo todo, desde la producción hasta la comercialización”. Y aunque es un análisis válido, necesitaríamos de otro artículo para profundizar en este aspecto particular.

Para Hernández el abuso comercial también se da en la liquidación de la fruta, donde las empresas imponen sus condiciones frente al poco poder de negociación del productor por su dependencia a la hora de colocar la fruta. “Cosechamos, se llevan la fruta y la liquidación viene en diciembre. Recién en ese momento sabemos cuánto vamos a cobrar. Pero desde mayo tenemos que realizar la inversión para tener una producción de calidad y esa plata no está”, describe el dirigente.

A esto se suma que, según Hernández, las empresas pagan según el comportamiento de los mercados durante la temporada, lo que agrega una mayor inestabilidad al panorama del chacarero porque no recibe un monto estable por su producto. No obstante, existen contratos formales donde se pactan los valores antes de levantar la cosecha, aunque considera que en muchas oportunidades esos contratos no se respetan a rajatabla y las empresas pagan incluso menos de lo pactado.

La apertura de nuevos canales de comercialización

Para el presidente de la Federación de Productores el diagnóstico es claro: mientras el problema comercial no se resuelva la crisis permanecerá. Por eso, en los últimos meses su gestión se abocó a la gestión de nuevos espacios para que los chacareros vendan su fruta a un mejor precio.

“Tenemos que salir de esa dependencia con un sistema distinto. Estamos empezando a vender por nosotros mismos. El problema siempre es el del financiamiento, porque necesitamos plata para los galpones de empaque, cajas, frío, papel. El productor está muy quebrado y hoy no es fácil meterse en los mercados, que son voraces”.

Con todo, recientemente la entidad logró establecer la venta directa de peras y manzanas en ferias barriales de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA). La operatoria se estableció a partir de un convenio firmado entre la Federación, el Ministerio de Ambiente y Espacios Públicos de la ciudad de Buenos Aires y la participación de la Fundación Barrera Zoofitosanitaria Patagónica (Funbapa). Además, actualmente Hernández mantiene conversaciones con Leonardo Sarquís, ministro de Agroindustria de la provincia de Buenos Aires, para expandir este proyecto en instituciones públicas como escuelas, hospitales y cárceles. Finalmente, en este renovado plan de habilitar nuevos espacios comerciales, la Federación está trabajando para tener un puesto fijo en el Mercado Central de Buenos Aires. “Queremos construir e identificar la marca de los productores. Por ahora estamos dando los primeros pasos”, cierra el dirigente.

“Tenemos que salir de esta dependencia con un sistema de comercialización distinto»

Caída de la productividad

La pérdida de mercados viene acompañada de un fuerte decrecimiento en la productividad de los lotes. Según Hernández hoy el promedio por hectárea es de 25 mil kilos. Otros son más optimistas y hablan de 30 y hasta de 35 mil kilos por hectárea. Lo cierto es que el chacarero, endeudado, fue abandonando progresivamente tareas fundamentales para las plantas. “Una gran cantidad de productores hace más de diez años que no fertiliza. Además, dejamos de tener asesoramiento técnico: los ingenieros agrónomos hoy no tienen trabajo en las chacras”, grafica el dirigente.

En este contexto, ¿cómo se realiza la tecnificación y la reconversión que algunos funcionarios públicos reclaman? Con financiamiento, dice por ejemplo el ministro de Agricultura, Pesca y Ganadería de la provincia, Alberto Diomedi. El Libro Blanco fue la propuesta del gobierno para que, a través del asociativismo, los productores puedan acceder créditos para sostener estas actividades.

Pero el dirigente de la Federación se muestra cauto al respecto y retoma su punto inicial: “El productor no quiere ingresar a un crédito que no sabe si va a poder pagar.  Tenemos que avanzar con la rentabilidad del sector en el tema comercial. Después, el productor se va a meter solo en financiamientos. Cuando tiene plata la invierte en la chacra”.

Y concluye: “Las variedades que tenemos (Williams, Packham´s y D´Anjou) son las que requiere el mercado. Hablar de que la reconversión no existió en la fruticultura es una mentira grandísima. Hoy el 85% de la producción está reconvertido en espaldera, sólo el 15% restante es monte”.

“El productor está aguantando”

Hernández es un dirigente que en los últimos años ha mostrado una firme posición en su tarea: tratar de que la fruta tenga un precio justo para que los productores se mantengan produciendo. Sin embargo, la realidad lo excede y hoy muchos eligen abandonar las chacras porque seguir invirtiendo en ellas es perder dinero y venderlas, un negocio poco interesante. “El productor está aguantando porque no tiene otras oportunidades. Hoy una chacra no vale nada. Tiene que vender el trabajo de toda una vida por migajas. Estamos hablando de productores con un promedio alto de edad. No hubo recambio generacional porque el negocio no existió”, describe.

Aunque sabe que el panorama es difícil, confía en que cortar la dependencia comercial pueda ser el camino que les permita a los productores recuperar la actividad como un negocio posible. Hernández se muestra apasionado por la chacra. Sus esfuerzos son campo adentro y campo afuera: con las plantas, en el seguimiento constante de las tareas culturales y de cosecha. Y en las oficinas provinciales y estatales, con los funcionarios a quienes debe explicar cómo sobreviven hoy los productores y qué medidas podrían dar un giro a la situación. Más que signos de una pronta recuperación, lo que tiene el Valle son productores y dirigentes con ganas de no dejar morir a la fruticultura regional.

Emelka. Manzanas y Peras de Río Negro
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