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Producción

Crece la producción de frutos secos en Neuquén

|Neuquén|

El Ministerio de Producción de Neuquén realizó un relevamiento entre los productores de nogales y almendras de la provincia y estimó que en la última temporada se alcanzaron las 235 toneladas de mercadería, entre las que se distinguen 227 toneladas de nueces con cáscara y 8 toneladas de almendras peladas. Es un incremento del 253% respecto a 2014, año en que se creó el Programa Frutos Secos del Centro PyME-ADENEU.

A través de este programa, el sector público dispuso de créditos y asistencia técnica para favorecer y facilitar la inversión privada, lo que se tradujo en un considerable aumento de la actividad durante los últimos años. Además, se estima que por la antigüedad de los cultivos (la mayoría son plantas jóvenes, con menos de doce años) para 2024 la producción se triplicará. Actualmente la provincia de Neuquén cuenta 45 productores de frutos secos (25 productores de nogales y 20 productores de almendras) con una superficie total de 400 hectáreas implantadas.

Si bien los números marcan -porcentualmente hablando- un importante crecimiento de la actividad, los volúmenes cosechados dan cuenta de una producción que recién está dando sus primeros pasos en la provincia. La intención del Ministerio de Producción es ofrecer alternativas seductoras a las peras y manzanas, donde el número de productores se reduce año a año por la crisis comercial, sanitaria y productiva que atraviesa el sector frutícola.

Estudio Malaquita

En ese sentido, cabe destacar que actualmente los frutos secos encuentran buenos precios tanto en el mercado interno como en el mercado internacional, donde la demanda crece un 5% anual a partir de una tendencia de las poblaciones hacia la alimentación saludable.

Además, estas plantaciones tienen la posibilidad de mecanizar el proceso de cosecha, lo que resulta un factor clave para disminuir costos de mano de obra, que es hoy uno de los grandes problemas de la tarea frutícola. En comparación a las peras y las manzanas, su manejo es altamente mecanizable y su conservación mucho menos compleja, ya que al poseer baja cantidad de agua los frutos secos se preservan por más tiempo sin la necesidad de frigoríficos (otro punto donde se reducen costos).

Esta alternativa neuquina representa una interesante variable tanto por la demanda del mercado interno como por la exportación. Sin embargo, vale decir que la reconversión de una actividad a otra no es para nada simple, ya que los nogales tardan entre 3 y 5 años en comenzar a dar sus primeros frutos. Sin considerar, claro, las costosas tareas de erradicación de una plantación para la implantación de otro cultivo, junto con la inversión inicial que toda actividad productiva representa.

Actualmente la zona de producción de nogales en la provincia tiene su epicentro en Picún Leufú. Hay otras plantaciones en Neuquén, Senillosa, Plottier, Centenario, Vista Alegre, San Patricio del Chañar y Añelo. En el caso de las plantaciones de almendros, las mismas se concentran la zona Confluencia y en Rincón de los Sauces.

Emelka. Manzanas y Peras de Río Negro

Producción

Pequeños productores afirman que el mercado está saturado de banana extranjera

|Formosa|

Pánfilo Ayala, de la Federación Agraria Argentina (FAA) de Laguna Naineck, afirma que actualmente el mercado interno se encuentra inundado de banana ecuatoriana, boliviana y paraguaya, lo que dificulta a los pequeños productores de la provincia colocar su mercadería en el resto del país.

Ayala asegura que el sector lleva por lo menos una década reclamando al Estado que proteja la producción local restringiendo en parte el ingreso de fruta extranjera. “Desde hace años Argentina importa la totalidad de lo que se consume anualmente en el país”, indica a Revista InterNos el dirigente que ocupa el cargo de Síndico Suplente de la Condición Nacional de FAA.

Para contextualizar, hoy nuestro país posee únicamente 5400 hectáreas, donde se producen unas 105 mil toneladas anuales de banana. Salta cuenta con el 66.2% de la elaboración, Jujuy aporta un 6.2% y Formosa, 27.2%. Considerando que en Argentina la banana es la fruta más consumida con 12 kilos per cápita anual, es lógico que los empresarios traigan fruta de otros países con mayor producción. Según el dirigente el punto a atender es cuánto.

Estudio Malaquita

Concretamente se solicita que el Estado regule el ingreso de fruta en función de abastecer sólo la porción de mercadería no cubierta por la producción local. “Si nuestro país aporta el 25% de la producción, consideramos que debería ingresar sólo un 75%. El ingreso masivo hace que otros mercados rechacen nuestra fruta. Hay un problema de cuello de botella cuando estamos en tiempo de cosecha”, dice Ayala.

Sin embargo, si tenemos en cuenta a todos los países de los cuales importamos esta fruta (Ecuador, Brasil, Bolivia y Paraguay) cabe mencionar que en el período Enero – Mayo de 2019 ingresó al país un 8% menos de bananas que en el mismo período de 2018 (183 millones de kilos versus 200 millones de kilos). Esta baja se produjo por una menor importación de banana ecuatoriana, donde se redujo la compra en un 21%. Sin embargo quien aprovechó este contexto fue Paraguay que incrementó sus ventas a nuestro país en un 55% (pasó de 15 millones de kilos a 23 millones de kilos), según datos de la consultora gabinete MAG.

En cuanto a calidades, hoy la banana local compite directamente con la banana paraguaya, lo que explicaría la sensación de “avasallamiento” que explica Ayala. Eso sin contar el ingreso de fruta por pasos no autorizados, es decir, de contrabando, que no aparece en estadísticas oficiales y podría incrementar el número. Por eso, el dirigente solicita a las autoridades de control hagan cumplir con la resolución fitosanitaria que protege a la producción nacional, impidiendo la comercialización de banana extranjera en las provincias productoras. “Hoy en los supermercados se puede encontrar fácilmente banana de afuera. Reclamamos una política que permita proteger al productor argentino”, dice Ayala.

No obstante, las dificultades de la banana local para competir con la fruta extranjera se deben, en general, a problemas estructurales no resueltos que existen desde hace varios años. Las características del productor formoseño (con fincas de 1 a 10 hectáreas y bajo nivel tecnológico) dificultan el acceso mercados que no sean provincias del Noreste y Centro del país. Eso se ve reflejado en el bajo volumen de banana argentina comercializado en el Mercado Central de Buenos Aires, que apenas alcanza un 5% (dato que igualmente incorpora a todas las provincias productoras).

La imposibilidad de ocupar nuevos mercados se relaciona con la falta de mano de obra calificada y de industrias, escasa infraestructuras de empaque, poco acceso al crédito, limitaciones en la asistencia técnica y dificultades para tecnificar. En la vereda de enfrente, mucha de la fruta extranjera es producida y/o comercializada por compañías transnacionales de grandes estructuras, con niveles de inversión impensados para la actividad local.

Emelka. Manzanas y Peras de Río Negro
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Producción

Cerezas chubutenses: Un Valle Encantado al sur del país

Foto: Florencia Suárez

La chacra de Alejandro Borboroglu está ubicada en la ciudad de Trelew, en el corazón del Valle del Río Chubut, al este de la provincia. O por lo menos eso dice Google Maps, que nos ayuda a llegar hasta allí. Es que una vez adentro de la finca uno corre el riesgo de desorientarse: carteles de madera tallada y un extenso parque verde se contraponen con el hasta entonces árido camino de las rutas patagónicas. Aunque estamos del lado de la costa chubutense, el paisaje parece cordillerano. No es azaroso que el nombre de la finca sea Valle Encantado.

Alejandro y su esposa Rosario Moreno compraron el terreno en octubre de 2002. Es decir que, a diferencia de otros productores, la fruticultura no fue una herencia familiar. Antes de dedicarse a las cerezas Alejandro trabajaba en Sur Turismo, una destacada empresa de la Patagonia perteneciente a sus padres que llegó a tener más de cincuenta años de trayectoria en el rubro. La crisis del 2001 golpeó duramente a la actividad, pero además los cambios en el perfil del viajero que introdujo la globalización (e Internet) transformaron al agente en un intermediario costoso e innecesario. Frente a ese contexto, Alejandro tomó la decisión de cambiar de rumbo e involucrarse de lleno en la fruticultura regional. “Todo esto lo hicimos de cero. Cuando compramos la chacra no había nada, sólo descampado raso, pelado, totalmente improductivo”, nos cuenta mientras nos sentamos a conversar entre los árboles de su ahora imponente finca.

La región norpatagónica presenta importantes ventajas comparativas para llevar adelante la producción de cerezas. Es un territorio con una larga tradición frutícola, que además posee buena disponibilidad de agua y características agroclimáticas ideales para la plantación. Actualmente el predio de Valle Encantado tiene un total de trece hectáreas de las cuales cinco son productivas. Allí se trabajan unas diez mil plantas con cinco variedades de exportación por excelencia (Lapins, Royal Down, Santina, Sweetheart, Newstar) que dan, en promedio, unos 28.000 kilos de fruta vendible por hectárea (a lo cual debe sumarse lo descartado para industria).

A pocos kilómetros del Río Chubut, el ingreso a la finca Valle Encantado

Alejandro equilibró su falta de conocimiento en la actividad frutícola con una pragmática mirada empresarial, que muchas veces escasea en el sector. Antes de invertir realizó un estudio de mercado y detectó la existencia de un consumidor argentino dispuesto a pagar productos de calidad diferencial que no estaba siendo atendido. Entendió que su empresa no debía concentrarse en comercializar grandes volúmenes, sino fruta de calidad.

«Lo industrial no siempre guarda relación con la calidad”

Apuntar a una producción de este tipo significó una considerable inversión inicial en plantas, insumos, fertilizantes y sistemas de riego. Además, Valle Encantado montó su propio empaque dentro de la finca para evitar traslados y manipulaciones extras sobre la fruta. Esta planta de procesamiento no se parece en nada a un empaque tradicional: de infraestructura compacta (tiene literalmente el tamaño de una cabaña) sus terminaciones de madera hacen olvidar que allí se está trabajando fruta. En aquel lugar se enfría, selecciona, descarta, empaca y finalmente acopia la cereza que luego tiene como destino principal el Mercado Central de Buenos Aires. Para garantizar una trazabilidad exacta, sólo se procesa la fruta cosechada en la finca propia.

En el empaque se realiza un estricto seguimiento para embalar sólo aquella fruta que alcance un grado de excelencia

El agroturismo también está presente en el proyecto y es un gran agregado de valor. Hasta allí viajan visitantes de diversos puntos de Argentina (o de otros países como Francia, Italia, China) para conocer la manera en que se trabaja la fruta. También llegan compradores, quienes disponen de bungalos especiales para quedarse a pasar la noche, lo que permite un trato distinto con el cliente, más ameno y descontracturado. “A los viajeros les impacta el lugar. Suelen estar acostumbrados al lineamiento industrial de chapa y lugares enormes, pero lo industrial no siempre guarda relación con la calidad”, comenta Alejandro.

Buscar la excelencia

¿Qué cosas hacen que una cereza se destaque por su calidad? La receta de Alejandro y Rosario está en realizar una producción lo más artesanal posible. Cuando hablamos de “artesanal” vale aclarar que nos referimos a tareas donde la presencia humana ocupa un lugar fundamental, lo que no significa que el proceso esté exento de mecanismos tecnológicos. Todo lo contrario: la finca se caracteriza por un alto grado de tecnificación generado a partir de una importante inversión inicial. Podría considerarse, entonces, que lo artesanal se manifiesta en la voluntad de tener el mayor control posible sobre la fruta en cada una de las instancias de su procesamiento, elevando al máximo el cuidado de los detalles.

Como trabajan una pequeña cantidad de hectáreas, los Borboroglu realizan un estricto seguimiento del estado sanitario de cada cuadro, la evolución de las variedades reconvertidas y la eficiencia en las tareas de poda, desmalezado, raleo y cosecha. Además, cuentan con un sistema de riego por goteo terrestre y aéreo, una planta potabilizadora propia y una central de riego con bombas específicas para fertirriego y riego por aspersión anti heladas, con equipos de origen italiano e israelí. El cuidado del suelo a través de la fertilización también ocupa un lugar central en la calidad del fruto, por lo que disponen de una muy amplia gama de fertilizantes químicos que se aplican según el estadio y las necesidades de las plantas.

«La calidad sí o sí demanda mayor cantidad de mano de obra específica»

Estudio Malaquita

Otro punto atendido con atención es la cosecha: con espectrómetro calculan el grado de madurez de la fruta en grados brix (cantidad de azúcar por cereza) antes de levantarla de la planta. Una tarea en la que, en palabras de Alejandro, hay que ser muy minucioso. La cereza de Valle Encantado se comercializa en cuatro calibres: de 24 a 26 milímetros, 26 a 28 milímetros, 28 a 30 milímetros y 30 a 32 milímetros. Actualmente las de mayor color y tamaño son las más demandadas del mercado ya que resultan muy atractivas visualmente.

En el empaque la mecanización es fundamental para la clasificación y conservación del fruto, mientras que el factor humano es el que perfecciona la tarea de selección. La clave está en la cantidad de ojos puestos encima de la cereza para llevar al mínimo el margen de error. “Podés tener la mejor tecnología, pero toda máquina se equivoca. La calidad sí o sí demanda mayor cantidad de mano de obra específica”, cuenta Alejandro.

Fruta boutique

Valle Encantado es el nombre de la finca pero también el nombre de la marca desarrollada con la intención de alcanzar mercados de elite: su fruta está destinada a un consumidor de buen poder adquisitivo. Actualmente un 85% de la fruta se comercializa en el mercado interno y un 15% se exporta. No obstante, esa exportación no se realiza de manera directa sino de la mano de terceros, es decir, clientes de la empresa. Uruguay, España, Italia, Grecia y Francia son algunos de los destinos a los que llega la fruta.

La venta fuerte de la cereza Valle Encantado es el Mercado Central de Buenos Aires. Allí Alejandro atiende a cuatro o cinco operadores importantes que compran su fruta a precio cerrado. El valor de la misma no se negocia por factores de oferta y demanda, ya que los contratos están arreglados incluso antes de que comience el proceso de producción en la chacra. Luego la fruta se comercializa en verdulerías y fruterías boutique o de alta gama, pero también es encargada por bancos, restaurantes y embajadas para repartir entre sus empleados o huéspedes, según el caso. “Vos probas nuestra fruta y es otra cosa. Un sabor totalmente distinto a la cereza que comes normalmente, que muchas veces es blanda, acuosa o con gusto a remedio”, dice orgulloso el productor.

Packaging especial (2,5 kilogramos) y packaging tradicional (10 kilogramos). Ambos contienen bolsas de atmósfera modificada para extender la vida de almacenaje de los productos.

En los últimos meses la empresa desarrolló un packaging especial que consiste en una caja de cartón para contener dos kilos y medio de mercadería. Parece una valijita, resulta muy llamativa a la vista y casi que dan ganas de tenerla haya fruta o no. Muchas empresas la utilizan para agasajar a su personal en ocasiones especiales como navidades o fiestas de fin de año, por ejemplo. Aunque claro, la exclusividad de su presentación también se traduce en un mayor precio del producto: sólo la caja tiene un costo cinco dólares.

El objetivo de la familia Borboroglu es seguir creciendo. En sus planes está implantar 3000 plantas de cerezas en otra hectárea de su finca. El contexto no es fácil: la abrupta devaluación disparó el valor en pesos de los insumos dolarizados (como los fertilizantes, las cajas de cartón o las bolsas de atmosfera modificada) y cada inversión ahora se piensa dos veces.

Rosario Moreno y Alejandro Borboroglu frente a su oficina

No obstante, Alejandro y Rosario se sienten confiados en el futuro prometedor que les depara la actividad más allá de las coyunturas políticas. Parecen disfrutar: producir se convirtió en su modo de vida. Saben que en el mercado interno la demanda por su fruta crece año a año. Por eso no los vuelve locos la apertura de nuevos mercados internacionales. Prefieren manejar con cautela los volúmenes comercializados, sin perder el horizonte de calidad que los puso en un lugar diferencial.

Después de tres horas de conversación recorriendo la finca nos despedimos. Llevamos entre las manos una valijita Valle Encantado: es hora de testear el producto.

Fotos: Florencia Suárez

Emelka. Manzanas y Peras de Río Negro
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Política Sectorial

Carlos Banacloy: “Necesitamos estabilidad para hacer las tareas culturales indispensables”

|Río Negro|

El secretario de Fruticultura de Río Negro, Carlos Banacloy, se refirió al Plan Sanitario que la provincia está elaborando junto a al gobierno de Neuquén y los diferentes actores de la cadena productiva del Valle.

En conversación con el programa Mercados en Red, Banacloy consideró que la producción frutícola requiere actualmente acciones sanitarias que no estén atadas a la coyuntura, sino que “estén pensados de 5 a 10 años para ser competitivos en los mercados internacionales, que van a ser cada vez más exigentes sanitariamente”.

Para el funcionario, la política macroeconómica de los últimos años no ayudó a tener un plan sanitario acorde a las necesidades del sector productivo. A modo de ejemplo mencionó que la temporada pasada los chacareros  vendieron su fruta en un valor que oscilaba entre 17 y 21 pesos, mientras que meses después, por la devaluación, tuvieron que afrontar las tareas culturales un dólar a 41 pesos. A esto se le sumaron las retenciones a las exportaciones y la baja de reintegros que agregaron más incertidumbre a la actividad. “Hoy los fertilizantes, agroquímicos y maquinaria está en dólares, nuestra economía está dolarizada. Necesitamos estabilidad para hacer los trabajos culturales mínimos e indispensables”, dijo Banacloy.

Estudio Malaquita

En el mismo sentido, comentó que hoy la fruticultura del Valle exige “un plan sanitario acorde y puntual, ya que todos los agroquímicos que se utilizan son banda verde, mucho más específicos respecto a las plagas que hay que atender y eso encarece las acciones”.

Una de las dificultades que tiene el Valle para realizar un eficiente plan sanitario es el avance de las superficies urbanísticas sobre tierras productivas, lo que impide que el mismo pueda realizarse en bloque, como se hace por ejemplo en la pampa húmeda. Esto “cambia el mapa” de las tareas sanitarias: “Nosotros tenemos, por ejemplo, producciones por 20 hectáreas y después nos encontramos con una urbanización de dos kilómetros”. El abandono de chacras y el crecimiento urbano sobre estas tierras hacen más específica y dificultosa la tarea. Por eso Banacloy propone que el Plan Sanitario se haga a conciencia y «pensando en el mediano y largo plazo».

Al último encuentro organizado entre los distintos actores de la cadena para avanzar en dicho plan sanitario asistieron representes de los gobiernos de Río Negro y de Neuquén, la Federación de Productores de Fruta, las Cámaras de productores, CAFI (Cámara Argentina de Fruticultores Integrados), Senasa, INTA y la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional del Comahue. «“Lo importante es que todas las instituciones nos sentamos en la misma mesa con un sólo objetivo, y hacía mucho que no se lograba este tipo de consenso”, dijo el secretario de Fruticultura al finalizar la jornada.

Los actores acordaron conformar cuatro comisiones para avanzar en tareas técnicas, de legislación sobre erradicación, y de relevamiento y elaboración de un mapa productivo que simplifique las tareas sanitarias.

Emelka. Manzanas y Peras de Río Negro
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