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Política Sectorial

Día de lucha y reconocimientos

Foto: www.redaccion.com.ar

|Internacional|

Hoy 15 de octubre se celebra el día internacional de la mujer rural. Hasta no hace muchos años, esta era una efeméride más. Pero con el tiempo se convirtió en una jornada de lucha que posibilita los cuestionamientos en relación al  rol que históricamente han ocupado las mujeres en las tareas agrícolas, la importancia de su participación en la producción de alimentos y la necesidad de revalorizar su labor en la ruralidad. Esta transformación y la irrupción de las mujeres en escena fue gracias a la incansable tarea de muchas, que organizadas en redes comunitarias lograron ocupar espacios de poder, trabajo y producción. Lugares que históricamente fueron habitados por varones.

La Asociación Civil sin fines de lucro Promoción de la Mujer Rural (PRODEMUR) creada en 1991 en La Rioja; el Movimiento de Mujeres Agropecuarias en Lucha (MMAL) nacido en 1995 en la provincia de La Pampa y que hoy encuentra continuidad en todo el país; el Movimiento Campesino de Santiago del Estero (MOCASE) que agrupa a casi 20.000 productoras y  la Asociación de Mujeres Warmi Sayajsunqo de Jujuy, son solo algunos de los casos que confirman la idea de que los derechos conquistados por las mujeres rurales siempre fueron a costa de luchas colectivas.

Si hacemos un repaso por la historia de este día, es necesario comenzar por el año 2007 cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas estableció el 15 de octubre como la fecha de esta celebración. Sin embargo, la resolución que establece esta efeméride vino a dar cuenta de una problemática histórica a nivel internacional. Vino a poner en foco la desigualdad que las mujeres vienen atravesando a lo largo de la historia y las consecuencias que de esa disparidad se derivan.

A nivel mundial, según datos de la ONU, el 60% de las mujeres desempeña tareas  en la agricultura regional. En los países en desarrollo, este es el sector de empleo más importante para las mujeres. En este ámbito, trabajan de manera ininterrumpida y son grandes motores del desarrollo económico. A esta labor, se le suman las tareas de cuidado y  las responsabilidades familiares que asumen durante prácticamente toda una vida. A pesar de ser uno de los grupos poblacionales que mayor incidencia tienen en el entramado productivo y económico, las labores femeninas no son reconocidas.

¿A que nos referimos con el no reconocimiento? A que las mujeres trabajan más cantidad de horas que los varones, lo hacen en condiciones de informalidad en su mayoría y perciben un salario menor. En nuestro país, de acuerdo al último Censo Nacional Agropecuario Argentino, más de 280.000 mujeres son residentes en explotaciones agropecuarias. Del total de esas trabajadoras, el 55% no recibe beneficios sociales por su labor o los recibe de manera parcial. Si observamos el acceso a la tierra, a nivel mundial las mujeres poseen menos del 13% de las tierras; en Argentina particularmente, solo el 16.5%. A esta realidad hay que agregarle la imposibilidad de acceder a créditos, a materiales agrícolas, mercados o cadenas de productos de alto valor para enriquecer el trabajo que desempeñan o crecer económicamente.

Fuente: www.unwomen.org

La búsqueda laboral, es otra de las grandes problemáticas de las mujeres rurales. La mayoría de ellas se encuentran trabajando en explotaciones agropecuarias en compañía de sus parejas y/o familiares varones, lo que se traduce en una limitación ¿Por qué? Por su condición de género y por la mirada machista que sobrevuela el mercado laboral. Las mujeres son condenadas a una vida de dependencia económica. Un porcentaje muy bajo de mujeres agricultoras son contratadas para realizar trabajos independientemente de sus parejas o socios varones.  Tampoco pueden ejercer plenamente sus derechos fundamentales como el acceso a  los servicios públicos, a la educación, la asistencia sanitaria, al agua ni a infraestructuras.

Violencia machista en la ruralidad

A este abanico de escasas posibilidades de crecimiento y desarrollo se le suma un factor que lamentablemente parece haberse incrementado con el tiempo: la violencia machista dentro de los círculos familiares de las mujeres rurales.

Según la ONU, en países latinoamericanos, caribeños y africanos, las niñas de zonas rurales tienen más del doble de posibilidad de contraer matrimonio mientras son menores de edad. Esto genera un mayor impedimento para su educación y empleo, siendo víctimas de violencia de género por parte de sus cónyuges con más frecuencia, embarazos no deseados y precoces, y situaciones de vulnerabilidad ante enfermedades de transmisión sexual, incluido el HIV.

En nuestro país los números sobre violencia de género son escalofriantes y dentro de ellos están las mujeres rurales. Uno de los últimos casos sucedió hace pocos días en la provincia de Jujuy, donde una productora hortícola fue asesinada en manos de su marido. Vale mencionar que la cantidad de víctimas de la violencia machista no son cifras aisladas. Son el resultado de una cadena de negligencias, de la falta de políticas públicas destinadas a proteger a las mujeres en general y una constante vulneración de derechos ejercida por las instituciones que deberían resguardar a quienes se encuentran en peligro.

Con el fin de hacer visible esta problemática, hoy diferentes organizaciones rurales y campesinas llevaron adelante un pañuelazo rural contra la violencia de género. Una de las organizaciones que participó fue la Unión de Trabajadores de la Tierra. Con ese motivo desde InterNos nos comunicamos con Rosalía Pellegrini, productora y secretaria de género del espacio. “No queremos que hoy sea una fecha solo para saludarnos y celebrarnos, sino también para decir basta de femicidios en zonas rurales. A las mujeres argentinas y campesinas que  estamos llevando los alimentos  a la mesa de todos y todas nos están matando por una violencia machista de la cual el Estado no se está haciendo cargo”, manifestó la referente.

Desde las organizaciones hicieron foco en la escasa intervención que el Estado está teniendo en los territorios rurales. No solo en materia de protección, sino también en la falta de herramientas que hacen que las denuncias de las mujeres rurales se vean truncadas o  desestimadas. Un ejemplo de ello es el estado de los caminos en las inmediaciones a sus quintas, a donde los móviles policiales no llegan y eso complica aún más la situación.

La pandemia sin dudas agudizó esta realidad. Las mujeres no solo debieron atravesar largos meses de aislamiento en hogares violentos estando así expuestas a todo tipo de riesgos, sino también en materia de salud. En este contexto, las mujeres rurales quedaron excluidas y en una clara posición de desventaja. La inaccesibilidad a  servicios de salud de calidad, a medicamentos esenciales, a tecnologías que permitan mejorar su vida laboral y personal, y la difusión de información errónea son algunas de las complicaciones que las mujeres rurales atravesaron y continúan atravesando a causa de la pandemia.

“La violencia que las mujeres  rurales sufren muchas veces es incluso mayor a la que experimentan en las ciudades porque están invisibilidades. El aislamiento no es solo a causa de la pandemia, sucede de manera estructural porque no hay políticas públicas hacia el sector. Los caminos son de tierra, los colectivos pasan muy lejos de las quintas, no podemos llegar a centros de salud o a escuelas a pedir ayuda y la justicia, cuando vamos a denunciar, no nos escucha. Como MTE recibimos denuncias todas las semanas, eso nos motiva a generar redes y acompañarnos entre nosotras”, explicó Laura Sanguinetti, coordinadora nacional del área de género del Movimiento de Trabajadores Excluidos a este medio.

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Foto: productoras del MTE.

Hoy son muchas las mujeres que han decidido caminar juntas. Hace un tiempo contábamos en este medio el surgimiento de Mujeres Rurales Argentinas. “No se si todas nos podemos definir como feministas porque a veces no se entiende el concepto. Lo que buscamos es reconocer que las desigualdades existen y que tenemos que dar la pelea para ser reconocidas también en el campo a la par de nuestros compañeros” decía por aquel entonces Patricia Gorza, una de las referentas del espacio y productora ganadera de 9 de julio.  "Este día se vive con mucha alegría, al menos de MRA, porque vemos como año a año hay una valoración más importante de la mujer en la producción. No debemos tampoco entusiasmarnos demás...no nos vamos a conformar con un elogio o un saludo hoy, porque en los 364 días restantes del año esto no pasa y hay que seguir construyendo. Aún estamos en pañales en muchas cosas. Con dolor veo que a veces hay mucho marketing, mucho slogan, alrededor de las palabras mujeres rurales pero falta contenido y eso se ve porque no hay resultados concretos. Respecto de nuestra entidad, tenemos que seguir la construcción, porque las cambios concretos los tenemos que liderar desde los territorios y de abajo para arriba, no al revés" afirmó Gorza a InterNos al tiempo que destacó la importancia de armar una agenda propia de trabajo para Argentina en función de las demandas de las mujeres en los territorios.

En el día de hoy el espacio aprovechó la ocasión para hacer una especie de presentación oficial. Más de cien mujeres que comparten su día  a través de un grupo de whats app empiezan darle forma a la lucha colectiva.

También la FAO siguió este año con su campaña #MujeresRurales #Mujeresconderechos sobre la cual viene trabajando hace varios años, en esta oportunidad además con el acompañamiento de la primera dama argentina como estrategia de visibilización.

Sello de mujer rural

Otra de las iniciativas que surgieron hoy, en el marco del día internacional de las mujeres rurales, tuvo que ver con un proyecto de ley realizado por Liliana Schwindt, diputada de la provincia de Buenos Aires. Fue presentado a través de una reunión virtual que se llevó a cabo en el canal oficial de YouTube del Círculo de Legisladores de la Nación.

El objetivo de la normativa es crear un sello de mujeres rurales a través del cual se distinga y etiquete a todos los productos desarrollados por mujeres. Dicho sello estaría aplicado a cualquier tipo de productos, ya sean alimentos, productos industrializados, ropa, artesanías, telar, etc.  Al mismo tiempo la ley pretende incentivar la comercialización de estos productos, promocionar su consumo, estimular la distribución de los mismos y   reconocer el trabajo femenino.

“Si bien hoy son muchas las mujeres que hoy ocupan lugares de poder y de dirigencia en los ámbitos rurales, el libre ejercicio económico posiciona a las mujeres en un lugar de desigualdad. Sus esfuerzos y su trabajo no se ven reconocidos. Por eso queremos contribuir a visibilizar el trabajo de las mujeres rurales”, manifestó Schwindt.

En este proyecto tendrán un rol fundamental las autoridades de aplicación porque serán las encargadas de exigir el cumplimiento de la normativa a los mercados en general y deberán velar por una relación comercial equitativa. También podrán excluir a aquellos que violen los derechos de las mujeres  y no reconozcan su trabajo.

“Lo que pretendo con el proyecto es continuar los avances que vienen realizando otras diputadas para poner en la agenda pública a las mujeres rurales .Estoy convencida que cuando uno visibiliza el consumo de este tipo de productos, ayuda a evidenciar ciertas producciones y pone en valor la historia”, concluyó la funcionaria.

Como bien lo anticipó el título de esta nota, el reconocimiento de los de derechos de las mujeres rurales sigue siendo una deuda pendiente. Después de tantos años y de tantas conquistas, la labor de las mujeres en la agricultura continúa ninguneada.  Resulta increíble que todavía estas trabajadoras, tengan que reclamar mejores condiciones de vida, de trabajo y el acceso a bienes básicos para poder desarrollarse.

Son  mujeres rurales las que producen, cultivan, comercializan y alimentan a toda una nación. Son pilares de familias,  le ponen el cuerpo a las crisis económicas y son las que transforman los tradicionales sistemas productivos en otros más amigables con el ambiente y la tierra. Sin embargo, son las que menos reciben por todo esto. Es necesario seguir exigiendo políticas públicas que generen verdaderas oportunidades de trabajo. Es imprescindible ocupar nuevos y más lugares de poder para poder crear una nueva ruralidad. Donde esta vez, las mujeres sean las protagonistas.

 

 



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