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Comercialización

Frutillas: Una temporada en la nueva normalidad

|Argentina|

La producción de frutilla en Argentina se realiza principalmente en las provincias de Santa Fe, Tucumán, Buenos Aires, Jujuy y Corrientes; las tres primeras representan alrededor del 70% de la producción total del país. En las provincias del norte, la ventana de cosecha se inicia en los meses de mayo - junio y se extiende hasta los meses de octubre y noviembre, llegando a las últimas semanas del año con fruta para industria. Luego, durante los meses del verano, la demanda de frutilla es cubierta por la producción del sur bonaerense -que tiene entre sus grandes abastecedores a la ciudad de Mar del Plata- y por la mercadería de provincias como Rio Negro y Neuquén.

¿Cómo impactó el aislamiento social, preventivo y obligatorio decretado por el gobierno nacional a raíz de la pandemia? En el sudeste bonaerense, que se encontraban en plena campaña, el golpe llegó por una abrupta e inesperada merma en el consumo. “La caída de los mercados para nuestros productos desde el 20 de marzo fue estrepitosa. La demanda de la frutilla se terminó. Por primera vez escuché que los operadores de mercado me digan: ‘no me mandes’. Ni siquiera la premium, directamente no me la recibían. La gente se stockeo con hortalizas pesadas y verduras de hoja. Pero en marzo y abril nadie fue a comprar frutillas, lo cual es lógico, es un consumo más para fresco”, dijo a InterNos Mario Nejamkin, productor marplatense de unas tres hectáreas que comercializa bajo la firma Fresas MDQ.

A este panorama se sumó la cancelación de fiestas y reuniones de todo tipo. Con la actividad paralizada, muchos productores tuvieron que entregar la fruta a comedores y en algunos casos tirarla. Recién hacia fines de abril la demanda comenzó a reactivarse de -manera tímida, aclara Nejamkin- pero la cosecha, que había comenzado en noviembre, estaba llegando a su fin. “Fue una temporada atípica, no había dónde colocar el producto. La frutilla no es como las naranjas o las manzanas que las guardas en cámaras y comercializas a los dos o tres meses”, agregó el productor.

En Neuquén la ventana productiva es la misma que la del sur bonaerense. Esta zona cosecha a contraestación de otras regiones frutilleras por excelencia como Bella Vista en Corrientes, Lules en Tucumán, Coronda en Santa Fe o Perico en Jujuy. Las restricciones del aislamiento llegaron mediando la campaña, pero no implicaron mayores dificultades en el campo: por aquel entonces no se exigían protocolos para levantar la fruta o trabajar en los empaques como se hace actualmente. "Tuvimos solamente dos meses trabajando en plena pandemia. No se exigía ni se contaba con protocolos, recién se arrancaba", dice Mariano Villanueva, productor de Plottier y responsable de la firma Patagonian Berries SA.

¿Y cómo fue la cosecha en aquellas zonas que, avanzada la pandemia, exigieron controles estrictos para estas tareas? Catriel Serial, productor de Bella Vista, dijo a InterNos que hubo un fuerte trabajo de concientización que fue rápidamente asimilado por los trabajadores. “En esta zona se cosecha directamente a la caja que luego se manda a los mercados, existen pocos empaques de frutillas. Por eso fue más fácil evitar los espacios cerrados y garantizar el distanciamiento”, contó Serial.

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El productor correntino señaló que hacia mediados de año la demanda de fruta en los mercados se normalizó y la mayor parte de la misma se destinó a la venta en fresco. Además, la sequía que azotó a la región centro y norte del país favoreció las condiciones productivas. “Tuvimos un año menos húmedo, con un invierno seco. En nuestra zona el problema sanitario es con los hongos. Suele ser bastante engorroso; causa muchas bajas en la cantidad de plantas. Por eso la ausencia de enfermedades de este tipo nos dio buenos rendimientos”, dijo Serial. Al principio de la campaña esta zona mandó mercadería hacia el Mercado Central o los mercados de Córdoba y Santa Fe, pero en las próximas semanas redirigirá su fruta a los mercados del norte, como Misiones y Formosa, ya que Buenos Aires se verá inundado de frutillas marplatenses

En lo que concierne al clima, Tucumán vivió una situación similar. La falta de lluvias y de humedad potenció al cultivo, generando rendimientos por encima de la media. “Cada vez que llueve la frutilla pierde calidad. Si llueve una semana entera, por ejemplo, esa frutilla no sirve para fresco; la tenés que mandar para jugo o en el mejor de los casos congelado. Pero este año tuvimos altas temperaturas todo el año que generaron picos productivos”, dijo a InterNos Juan Martini, gerente de FEM Fruit en Tafí Viejo.

El trabajo de cosecha con protocolos COVID-19 también implicó un “período de acostumbramiento” en Tucumán, pero nunca fue un impedimento continuar con el trabajo. Sí ralentizó los procesos: como toda fruta fina, la frutilla demanda gran cantidad de mano de obra en la cosecha y la gestión de los permisos, más la logística de garantizar el traslado y albergue en las condiciones sanitarias correspondientes, hicieron de ésta una campaña especial. “Es difícil manejar a una masa de gente en condiciones normales, imagínate aplicando un protocolo con barbijos y distanciamiento. Además, tuvimos costos extras. Para embalar la fruta o despalillarla se contratan cuadrillas que llegan a las zonas de producción en colectivos. Estos no pueden venir completos, así que tuvimos que contratar el doble de transporte”, contó Martini.

En Santa Fe el clima cálido no fue suficiente para lograr un buen rendimiento de los cultivos. Es que, según relató a este medio el productor José Baucero, los cuatro viveros que abastecen a la zona entregaron plantas con enfermedades o deficiencias que murieron al tiempo de ser plantadas. Esto achicó la superficie trabajada y produjo un faltante de fruta en la zona. Paradójicamente -o no tanto, a sabiendas del comportamiento de los mercados frutihortícolas- fue la escasez de mercadería la que elevó el valor de la fruta y permitió a los productores obtener precio para compensar la compra de los plantines fallidos.

Temporada de verano

Hacia fines de octubre comienza una nueva temporada de cosecha en el sur del país y el sudeste de Buenos Aires. Será con estrictos recaudos sanitarios para cuidar la salud de los trabajadores golondrina que irán trabajar a las fincas. El neuquino Mariano Villanueva explicó a este medio que los fruticultores de la zona (donde se hacen además frambuesas y moras) trabajaron en la elaboración de un protocolo junto al Centro Pyme Adeneu, entidad que verificó y aprobó el documento.

Con unas 63 hectáreas cultivadas, Patagonian Berries abastece a todas las provincias de la Patagonia: Tierra del fuego, Santa Cruz, Chubut, Río Negro y Neuquén. “No nos interesa llevar fruta al centro del país. Esos son mercados abastecidos por Mar del Plata y el cinturón bonaerense. Y a un costo productivo diferente. Nosotros tenemos un costo más alto; en esta zona un jornal se paga mucho más caro. Tenemos buena calidad para competir, pero no precios para esos mercados”, analizó Villanueva.

En el caso de Mar del Plata, Nejamkin explicó que durante la cosecha se priorizará el empaque a campo en cajas de madera o de cartón, para luego enviar hacia el Central, Procosud o el Mercado de Fisherton, en Rosario. “Cuando el volumen de fruta nos demande meternos en el empaque, sumaremos mesas de trabajo para garantizar el distanciamiento”, agregó el productor. La buena noticia para el sector es que se confirmó la temporada de verano: el gobierno de la provincia de Buenos Aires acordó los protocolos para recibir turistas en los meses de diciembre, enero y febrero. Esto cambia la perspectiva de los productores locales, ya que la demanda de fruta se incrementa muchísimo durante estas semanas debido a la cantidad de gente que visita la zona.

El coronavirus cambió las reglas del juego. En el consumo, en la logística, en el comportamiento de los mercados. A siete meses del primer contagio en el país los productores están mucho más organizados para enfrentar los obstáculos que se presenten en la temporada. Aunque con algunos interrogantes: “¿Podrá el bolsillo del consumidor, en el medio de esta crisis, pagar un precio razonable por lo que vale la frutilla con sus costos dolarizados?”, se cuestiona Nejamkin, de Mar del Plata. “Llamame en enero y voy a poder decirte con más certezas cómo se desarrolla esta campaña. Son momentos atípicos”, agrega el neuquino Villanueva, de cara al comienzo de una nueva cosecha. Así es producir en la nueva normalidad.



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