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Producción

Producir y exportar cerezas, un negocio con futuro en Argentina

Foto: Revista InterNos (2019)

|Argentina|

Aunque por debajo de las expectativas iniciales, la producción y exportación de cerezas completó otra temporada satisfactoria en nuestro país. Los envíos al exterior fueron de 6100 toneladas, una mejora del 7% respecto a las 5600 de la temporada anterior. En términos generales las cosechas dieron buenos calibres y calidades, aunque en algunas provincias del sur argentino las heladas tardías afectaron los volúmenes obtenidos. Revista InterNos conversó con productores, exportadores y dirigentes del sector para conocer las particularidades de esta campaña.

“Teníamos pensado un incremento en el saldo exportable en torno a un 10% o 15%, pero condiciones climáticas desfavorables en Patagonia Austral, tanto en Chubut como en Santa Cruz, generaron una merma de la producción en torno al 30% de lo esperable en esas provincias”, señala Aníbal Caminiti, gerente de la Cámara Argentina de Productores de Cerezas Integrados (CAPCI). “Asimismo, la temporada fue positiva y seguimos con una tendencia que lleva diez años de crecimientos interanuales, lo que le da al sector buenas perspectivas”, contextualizó el dirigente.

En Chubut, por ejemplo, se produjo una fuerte helada durante septiembre -en pleno proceso de floración- y luego otra a principios de octubre, que los sistemas antiheladas no pudieron evitar en su totalidad. Las localidades más golpeadas fueron las del Valle Inferior del Río Chubut, como Gaiman, Sarmiento y Trelew. Viviana Vircher, productora de Frutos del Valle Patagónicos ubicada en esta última ciudad, explicó a InterNos que los volúmenes cosechados en su finca estuvieron un 40% por debajo de una temporada normal y un 60% por debajo de una temporada exitosa, como fue la 2019-20.

"Seguimos con una tendencia que lleva diez años de crecimientos interanuales", Aníbal Caminiti

Estas heladas tardías también afectaron la producción de Santa Cruz. “Después de varios años sin heladas y con excelentes volúmenes, este año estuvimos un 30% por debajo de lo esperado”, detalla Federico Guerendiain, presidente de la Cooperativa El Oasis, en Los Antiguos. Durante la cosecha también hubo problemas: un día llovieron cerca de 10 milímetros, lo que generó pequeñas fracturas en la fruta y redujo la calidad cosechada en algunas hectáreas.

Tanto Chubut como Santa Cruz venían incrementando sus volúmenes de cosecha durante los últimos tres años. Esta campaña, las heladas en la región pusieron un tope a las exportaciones nacionales, donde la expectativa era alcanzar las 8000 toneladas. No obstante, parte de esa merma se recuperó con las buenas performances de Neuquén, Río Negro y Mendoza, donde el clima no puso obstáculos. El caso mendocino es significativo, ya que venía de temporadas donde su producción se había visto achicada por el efecto de las heladas.

"En Mendoza estamos hablando de un 50% o 60% más de fruta”, Facundo Quiroz

“Este ha sido un año que, a diferencia del año pasado, ha sido beneficioso para nosotros. Estamos hablando de, mínimo, un 50% o 60% más de fruta, en promedio”, señaló Facundo Quiroz, quien es presidente de la Cámara de Cerezas de Mendoza, entidad que agrupa a los exportadores de la provincia. “No hemos tenido inconvenientes con las heladas tardías ni con las horas de frío que requiere la fruta. Tampoco sufrimos lo que se denomina cracking, que se produce por la sobrehidratación de la planta con el exceso de lluvias”, remarcó el dirigente.

Calidades, vías y destinos de exportación

La cereza nacional es de excelente calidad: colores intensos, buenos calibres, dulzor y resistencia en post-cosecha le permiten competir, palo a palo, contra otros productores del hemisferio sur como Australia, Nueva Zelanda o Chile, un gigante de la región que exporta cincuenta veces más que Argentina: en 2021 sus envíos alcanzaron un total de 350 mil toneladas.

La enorme oferta chilena, que además ofrece una de las mejores cerezas del mundo, hace que las empresas nacionales tengan exigentes estrategias comerciales para cuidar sus mercados. Por eso, gran parte de los envíos al exterior -que están vendidos incluso antes de comenzar la temporada- se realizan vía aérea: al acortar los tiempos de traslado, la fruta llega a destino sin perder calidad (mientras que por vía marítima puede tardar hasta 30 días).

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Sin embargo, este año la participación aérea fue del 60%, cuando en años anteriores giraba en torno al 70%. Esto sucedió, en principio, por la poca disponibilidad de vuelos, la reducción en las capacidades de las bodegas y los altos costos de los envíos. Las restricciones de operatividad impuesta por la pandemia se sintieron principalmente durante los meses de noviembre y diciembre, cuando la oferta de cereza se solapa con la exportación de arándanos.

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Según Federico Guerendiain, de El Oasis, el costo del flete creció hasta un 70% en su valor por kilo. Pero además se complejizó al extremo la logística: desaparecieron todos los vuelos directos, a excepción de Madrid; el resto de los destinos requería combinación. “En algunos casos directamente no podíamos combinar, y si podíamos la demora era de hasta cinco días, lo que iba a deteriorar la fruta porque las cámaras de los aeropuertos no son buenas”, explica el productor.

La provincia que más aprovecha los envíos aéreos es Mendoza, porque tiene la ventaja comparativa de cosechar la cereza más temprana de Argentina, y una de las más tempranas del hemisferio sur. “Durante la segunda semana de noviembre, la mayor parte de las cargas va por esta vía. El flete es más caro, pero los retornos son más altos”, dice Facundo Quiroz. Por aquellos días de 2020, el valor FOB de un kilo de cereza en China -el país que mejor paga-  estuvo entre 10 a 12 dólares (a valor del dólar oficial). A medida que avanza la temporada ese precio disminuye a cinco dólares promedio, según calibres y calidad.

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Lo cierto es que, más allá de la buena calidad de la fruta argentina, siempre aparecen problemas a campo que obligan a los exportadores a tomar decisiones sobre la marcha. Cuando las plantaciones sufren el impacto de las lluvias o las altas temperaturas antes -o durante- la cosecha, las firmas redirigen la cereza hacia el mercado interno, o hacia mercados externos más cercanos, de menor tránsito, como suele ser el caso de otros países latinoamericanos.

A diferencia de otros rubros frutícolas, los precios del mercado interno argentino para la cereza son muy tentadores; en general los mercados locales se llevan entre el 40% o 50% de la producción total. Y cuando se destina fruta de buenos calibres -como sucedió en esta campaña con fruta que, originalmente, tenía como destino la exportación- se obtienen interesantes valores por kilo.

“Por lo general los precios son altos con la fruta primicia hacia fines de octubre y principios de noviembre. Luego se estabilizan y tienen otro pico hacia las fiestas. Este año, también hubo un repunte al final de la temporada, porque la reducción de oferta en el sur argentino hizo que se revalorizara la fruta disponible”, explica a InterNos Anibal Caminiti, de CAPCI.

En el Mercado Central de Buenos Aires, por caso, el promedio de la caja de cinco kilos estuvo en torno a los 2000 pesos; la fruta primicia tuvo picos de 2800 o 3000 pesos y luego, con el avance de la campaña, la cereza en general tocó pisos de 1100 o 1200 pesos por caja. Hacia febrero se produjo el repunte señalado por Caminiti, donde se cotizó mejor la fruta tardía. “Se vendieron aproximadamente unas 5000 toneladas, con el Central entre los principales compradores (cerca de 3000 toneladas) y otros mercados importantes como Fisherton en Rosario o Guaymallén en Mendoza, por ejemplo”, refuerza el dirigente.

Los mercados nacionales se llevan entre el 40% o 50% de la producción total de cereza

A nivel internacional, los principales destinos de la fruta fueron China y Hong Kong, que se llevaron entre ambos un 40% del total exportado. Cabe recordar que la apertura del mercado chino para las cerezas se confirmó en enero de 2019, cuando la campaña de exportación estaba en pleno desarrollo. Por aquel entonces se enviaron unas 148 toneladas para testear el mercado y, al año siguiente, fueron 2000 toneladas. Esta temporada Argentina tuvo números similares en el gigante asiático, y además mantuvo fuerte los mercados de Canadá, Estados Unidos (20%) y Europa (20%). Por detrás aparecen otros mercados con menor participación porcentual pero con negocios estables, entre los que se pueden mencionar a los países del sudeste asiático como Malasia o Singapur.

Cerezas y fake news en China 

A mediados de enero de este año, un medio de comunicación chino publicó un cable informativo donde aseguraba que, en medio de la campaña de exportación de cerezas del hemisferio sur, se había detectado una carga de cerezas con COVID proveniente de Chile. La noticia se replicó y viralizó en cientos de portales digitales y el consumo de la fruta cayó inmediatamente, desplomando a su vez los precios en los mercados. Rápidamente las autoridades chilenas desmintieron la versión y comenzaron a trabajar en campañas de comunicación para tranquilizar a los ciudadanos chinos sobre la seguridad de su producto.

"Para lo exportadores argentinos lo de China representó una pérdida de más de tres millones de dólares", Adolfo Storni

Chile sintió el impacto, ya que envía hacia este destino el 90% de su fruta. Por aquel entonces cerca de 1500 contenedores quedaron varados en los puertos, sin comercializarse, mientras perdían calidad y por lo tanto, valor de venta. Argentina también se llevó su parte. “Fue una campaña de prensa negativa que afectó a unas 700 toneladas de fruta argentina que se vendieron a valores por debajo de los costos. Esto representó para los exportadores argentinos una pérdida de más de tres millones de dólares”, dijo a este medio Adolfo Storni, gerente de Extraberries SA, empresa que opera en el valle de Río Negro.

“Para los chinos era fruta importada y punto. Sea el proveedor que sea. Muchos contenedores que estaban en el agua, en camino, fueron redirigidos. Los que ya estaban en el puerto sufrieron un deterioro en la calidad por estar parados, con retornos muy por debajo de los costos”, dice por su parte Quiroz, de la Cámara de Cerezas de Mendoza. Y agrega que, en medio de este conflicto, la fruta se llegó a pagar a valores “ridículos” de 1 o 2 dólares el kilo de fruta. Paulatinamente el precio se recompuso, semanas después.

Protocolos COVID: una temporada sin complicaciones

Como en todas las cosechas frutícolas del país, la aplicación de protocolos para evitar brotes de COVID entre los trabajadores es un punto clave. Previo a los meses del verano, dirigentes del sector y autoridades municipales, provinciales y nacionales mantuvieron conversaciones para acordar una metodología que, sin retrasar ni entorpecer el día a día en fincas y empaques, resultara efectivo para cuidar a los cosecheros, principalmente golondrinas del norte del país.

La mayoría de los productores y exportadores consultados por InterNos sobre este punto reportaron resultados exitosos, más allá de complicaciones mínimas. “La temporada transcurrió con normalidad, dentro de lo posible. Desde ya, con el impacto económico que representó en las empresas, porque significó mayores costos variables en mano de obra, logística e inversiones en infraestructura que hubo que re-adecuar para cumplir con los protocolos. Cuando aparecieron algunos casos se manejó de acuerdo a lo pautado en cada jurisdicción”, detalló Anibal Caminiti, de CAPCI.

El cumplimiento de protocolos significó mayores costos variables en mano de obra, logística e inversiones en infraestructura

En ese sentido, Storni agrega que los costos se explican por las medidas de distanciamiento en transporte, controles al personal, adecuaciones de instalaciones y elementos de protección personal, entre otros. “Hay que destacar la buena predisposición de los gobiernos nacional, provinciales y municipales para permitir la organización del traslado de todo el personal proveniente de Cuyo y el Noroeste Argentino que pudo hacerlo con normalidad y todas las condiciones de seguridad”, concluyó.

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