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Comercialización

Carbonell, sobre la fruticultura: "A una persona se le puede imponer muchas cosas, pero no que pierda plata con su trabajo"

|Argentina|

Durante los últimos meses las veredas de fruterías y verdulerías argentinas rebalsan de mandarinas, naranjas, limones. La cosecha de cítricos se desarrolla a todo ritmo. Desde InterNos nos comunicamos con José Carbonell, presidente de la Federación Argentina del Citrus (Federcitrus), para conocer el estado del sector a nivel climático, económico, productivo y comercial. El funcionario también analizó el panorama de la fruticultura argentina y dejó algunas definiciones respecto al preocupante escenario que la actividad muestra en sus índices de rentabilidad.

¿Cómo fue la temporada, climáticamente hablando, en los meses previos a la cosecha? ¿Cómo están siendo los rendimientos?

Hay que distinguir NEA y NOA en materia climática. En el NEA las condiciones fueron más estables y se espera una campaña igual o levemente superior a la de los años últimos en volumen, incluso con mejoras en la calidad de la fruta. En el NOA tuvimos una seca muy fuerte durante la primavera y verano de 2020. Las lluvias se iniciaron recién en enero de este año. Se espera una caída importante en los volúmenes de producción, que a su vez ya habían caído en 2019 respecto a los números de 2018. En 2018 estuvimos en 2 millones de toneladas de limón y este año estimamos que habrá, contando lo que se exporta en fresco, lo que se muele en fábrica y lo que se consume en el mercado interno, un 30% menos.

¿Las heladas de este año afectaron el desarrollo de las cosechas?

Hasta acá no se observan daños. No han sido de tanta intensidad como para afectar a la fruta del primer corte. Pero es probable que todo lo que está en curso, es decir el segundo corte de la planta que se hace a partir de julio, pueda ralentizarse un poco. Pero no mucho más.

¿Cuáles están siendo los mercados de exportación más activos durante estos dos meses y medio de envíos?

Nuestros principales destinos han sido Rusia, Unión Europea, Estados Unidos y empieza a cobrar significación China: crece la demanda del limón argentino y es prometedor a mediano plazo. Estados Unidos ya es una realidad, calculamos que este año vamos a estar en el orden de las 50 mil toneladas de exportación de fresco, lo cual lo convierte en el principal destino de nuestra fruta.

Hace unos meses usted declaró que, luego de la reapertura del mercado europeo para los cítricos, y con los nuevos protocolos dispuestos para evitar casos de Mancha Negra, los envíos a la UE podrían disminuir. ¿Cómo está hoy esa situación?

Sin duda van a caer los volúmenes. Tenemos un muy estricto control de Senasa respecto a la Mancha Negra. Muchos productores han disminuido sus lotes de plantación con ese destino. Pero se están cumpliendo los compromisos comerciales que había. Y hasta acá los precios, sobre todo en esta última semana, empiezan a tener rentabilidad.

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Hasta ahora, los problemas de Mancha Negra no volvieron a aparecer.

En este momento está yendo naranja Valencia, tanto del NEA como del NOA. Se ha mandado mandarina y naranja del NEA. Y el limón del NOA. Hasta acá tenemos cuatro llegadas a los puertos del norte de Europa y no hemos tenido inconvenientes. Pero es un desafío permanente evitarlos. Y en ese sentido Senasa tiene una actitud de mucho control, de mucha presencia tanto en origen, empaque y puertos. Eso dificulta hacer grandes volúmenes. Ya habían bajado mucho el año pasado por el cierre del mercado, pero este año se mantendrá o achicará aún más por propia voluntad de los exportadores.

¿Están en curso finalmente los beneficios de la Emergencia Citrícola? ¿Cómo impacta en el sector?

Sí, están en marcha. Nos brinda la posibilidad de algunas imputaciones o diferimientos impositivos pero no resuelve ninguna cuestión de competitividad, en un contexto donde no hay acceso al crédito, ni siquiera a las prefinanciaciones de exportación que siempre tuvimos. No tenemos Tratados de Libre Comercio prácticamente con nadie, por lo que en muchos destinos pagamos aranceles que nos dejan en una situación desfavorable respecto a países como Sudáfrica y Chile, que hacen envíos desde el hemisferio sur a contraestación. Además tenemos una presión impositiva enorme, en un país con grandes distancias entre las zonas de producción y los puertos de salida. Es un combo que compromete la competitividad.

Usted forma parte de Federcitrus, una entidad que a su vez es parte activa del Comité de Frutas de Argentina. Ese Comité presentó hace un tiempo un documento donde da cuenta que el país redujo, en la última década, un 50% su exportación de fruta. ¿De qué depende esa caída?

Ese dato sirve para graficar de qué manera impactan las políticas antiexportadoras que ha tenido el Estado. En el año 2009, Argentina exportó 1.860.000 toneladas de fruta. En 2019, exportó algo menos de 900 mil. Y esto impacta no solo en el citrus, que es la actividad que más exporta, sino también en todo lo que es pepita y carozo. Incluso a un sector que ha tenido dinamismo en los últimos años como la fruta seca. Exportamos la mitad que hace diez años y te aseguro que no depende de la calidad, la inversión ni la capacidad tecnológica de los productores de fruta. Hemos perdido mercados porque no somos competitivos. A una persona se le puede imponer muchas cosas, pero no que pierda plata en su trabajo. Si las exportaciones o las producciones dejan de ser rentables, nadie puede ponerte una pistola en la cabeza para que sigas. Lo que hemos intentado transmitir a las autoridades es que ganar y mantener un mercado cuesta años de esfuerzo, pero se puede perder en un mes.

A pesar de todo el citrus, y principalmente el limón, ha tenido buenas campañas y abrió mercados en los últimos años.

Este es un cluster que ha mantenido su vigor en base a una enorme inversión del sector privado en tecnología e innovación. Incluso en lucha con la cuestión climática y a los límites que impone -sobre todo en limón- la producción de aceites, que nos inhibe de usar una mayor cantidad de fitosanitarios para controlar las plagas. En el limón, más del 70% de lo cosechado se industrializa. Los compradores de nuestros derivados industriales limitan nuestras posibilidades de usar agroquímicos, por eso en general es cuesta mucho trabajo llegar con fruta de calidad en fresco. Y en paralelo competimos con Sudáfrica, que no tiene industria y no sufre limitaciones en ese sentido.

Para cerrar, ¿cómo vienen las acciones por el control del HLB?

Tenemos las tareas habituales, que en general se intensifican en el verano. En el HLB tiene mucho protagonismo el tránsito de personas, y de productos vegetales con ellas, a los países vecinos que están endémicamente afectados. La pandemia ha disminuido ese tránsito y hay menos eventos. Pero estamos siempre con la guardia alta.

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