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Comercialización

Sobreoferta y precios deprimidos: mala campaña para la cebolla argentina

|Argentina|

El sector cebollero del sur del país atraviesa un momento complejo a nivel comercial debido a un derrumbe en los precios. Tanto en el mercado interno como en Brasil, principal comprador de la cebolla argentina, los valores están bajos debido a una sobreoferta generada por una mayor cantidad de hectáreas sembradas.

Para entender en detalle el problema hay que dar unos pasos hacia atrás y revisar lo que sucedió durante la campaña anterior. Con una siembra acotada a la demanda y un Brasil activo en el mercado -compró 140 mil toneladas, cerca del promedio habitual- la cebolla producida al sur de la provincia de Buenos Aires y en el Valle rionegrino tuvo buen precio y los productores celebraron una temporada exitosa.

Luego comenzaron los problemas. En 2020, la escasa cantidad de agua en Casa de Piedra -que acumula el caudal del Río Colorado- y la falta de perspectivas de nevadas en la cordillera condicionaron el panorama de siembra en el sur de la provincia de Buenos Aires. Muchos cebolleros, al no tener precisiones sobre la disponibilidad de este recurso clave para la siembra, se trasladaron hacia la región productiva de Río Negro (que no poseía problemas de agua).

Hacia mediados de julio, sin embargo, llegaron las nevadas y un importante escurrimiento de agua hacia el dique, gracias al cual la siembra se desarrolló con normalidad en provincia de Buenos Aires. El resultado fue una mayor área total de siembra: aproximadamente 3000 hectáreas más entre ambas regiones. Históricamente entre el sur bonaerense y Río Negro se siembran 13.000 hectáreas; esta campaña fueron cerca de 16.000, lo que implicó un aumento de la oferta de 210.000 toneladas. 

“Se decidió sembrar más, con la expectativa de que, como no iba a haber agua en Buenos Aires, la cebolla iba a valer más también. Y se terminó generando una sobreoferta. El principal problema es la incertidumbre que hay en Buenos Aires por el tema de cuánta agua habrá para regar. Eso hace que los actores económicos, tanto el dueño del campo como el cebollero, no tengan posibilidad de planificar bien”, dice a InterNos Daniel Iurman, coordinador territorial de la experimental del INTA Hilario Ascasubi, provincia de Buenos Aires.

A este factor de sobreoferta se suma el hecho de que Brasil (que concentra más del 70% de las exportaciones totales) haya comprado esta temporada menos cebolla nacional. “En parte fue por los problemas logísticos del COVID-19, con galpones que no operaron bien. Además, ellos tuvieron mayor producción en el norte de su país”, agrega Iurman.

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“En cuanto a precios la campaña había arrancado bien, con un promedio de 20 pesos por kilo. Luego empezó a bajar y hacia mediados de mayo dejaron de comprar porque no les convenía, tenían mucha cebolla ellos”, detalló el agrónomo de INTA. Se estima que, al momento, Brasil compró unas 50.000 toneladas menos que el año pasado.

En las últimas semanas, los campos acumularon una gran cantidad de cebolla sin vender, dado que el mercado interno está saturado y el precio pagado por kilo a los productores, en algunos casos, está por debajo de los costos de producción. 

Según señaló el diario de Río Negro, en julio del año pasado una bolsa de cebolla proveniente de Río Negro se vendía  a un promedio de 820 pesos en el Mercado Central de Buenos Aires (MCBA) . Hoy, por esa misma bolsa hoy se pagan 350 pesos.

Se estima que cerca de un 15% de lo cosechado pueda perderse (aproximadamente 50.000 toneladas) aunque, en un negocio tan dinámico como el de las hortalizas, habrá que esperar lo que suceda hacia el final de la campaña para tener más certezas. 

Desde el punto de vista ambiental, este no es un dato menor. Según Iurman, cada bulbo de cebolla producido insume, aproximadamente, 100 litros de agua y cada kilo, 400 litros. Las cebollas tiradas o no comercializada son, a su vez, grandes cantidades del recurso hídrico desperdiciado.

“Se junta la cebolla tratada y no tratada. La primera puede esperar un poco más, pero la no tratada se empieza a brotar y los productores tienen que venderla más rápido, en un marco de precios deprimidos”, dice el agrónomo.

Esta temporada las cartas ya están echadas, por lo que será clave planificar lo que suceda de cara a la próxima siembra; por ahora, el escenario es similar al que causó este conflicto. “Hay un poco más de agua en el dique, pero no hay agua en la cordillera ni pronósticos de nevadas. Los productores continúan en el mismo dilema”, concluye Iurman.

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