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Política Sectorial

Mujeres Rurales: Las verdaderas soberanas de la seguridad alimentaria

Mauricio Bonino (Revista InterNos)

|Argentina|

Hoy es el Día Internacional de las Mujeres Rurales. Seguramente en horas de la madrugada, en un campo en cualquier rincón del país, una alarma le avisó a las campesinas que comenzó la jornada para ellas. La rutina se repite: trabajar la tierra, alimentar los animales, cosechar la verdura, empacar, envasar y salir a comercializar. Pasan las horas y se termina la jornada, pero mientras los varones de las chacras vuelven a sus casas a descansar, las mujeres productoras inician un nuevo periodo laboral dentro de sus hogares. Un trabajo no reconocido, no pago, invisible y menospreciado por muchos: las tareas de cuidado y los que haceres domésticos.

Estas actividades se les adjudican como si les pertenecieran por algún designio natural,  y vuelven sus jornadas de trabajo mucho más extensas. Al final de la semana las mujeres rurales trabajan, en promedio, 12 o 13 horas más que los varones. Son las encargadas de organizar sus hogares, asistir a sus hijos, producir alimentos para el autoconsumo o para venderlos.

Además, son las que mantienen vivas las tradiciones alimentarias en sus familias y transfieren el conocimiento de sus comunidades de generación en generación.

“Mi tiempo se divide entre la crianza de mis hijos y mi trabajo como productora en Villa Giardino. Junto con mi hermana nos encargamos de la cría de los animales, su alimentación y vacunación, y el mantenimiento del campo en sí. Es un trabajo que hago desde muy niña porque lo heredé de mi papá y espero poder transmitírselo a mis hijos también”, dice Yanina Soledad López, productora del Valle de Punilla.

Daisy, productora de "Horticolas Tarijeños" en Colonia Caroya

“Las mujeres rurales son transversales a todas las escalas productivas y entre ellas tienen realidades muy diferentes. El rol que cumplen y el trabajo que realizan está totalmente invisibilizado por parte de la sociedad, el mismo sector productivo y a nivel institucional. Las pequeñas productoras, particularmente, son las que menos acceso tienen a expresarse y a empoderar su voz, sin embargo tienen un rol preponderante a la hora de llevar a cabo una agricultura sostenible, porque son las verdaderas conocedoras de estos sistemas productivos”, manifestó a InterNos María Julia Cabello, punto focal de Genero en FAO Argentina.

Las campesinas constituyen más del 50% de la mano de obra agrícola en el mundo, pero en América Latina el 40% de esas mujeres mayores de 15 años no tienen ingresos propios y son consideradas por las estadísticas oficiales como “población inactiva” aunque trabajen a diario a la par de los varones. En Argentina, de acuerdo al último Censo Nacional Agropecuario, más de 280.000 mujeres son residentes en explotaciones agropecuarias. De ese total, el 55% no recibe beneficios sociales por su labor o los recibe de manera parcial.

Entre el 8 y el 30% de las explotaciones en Latinoamérica está a cargo de una mujer. Pero a nivel mundial no cuentan siquiera con el 13% de las tierras para producir. En Argentina son propietarias solo del 16%. También encuentran muchas dificultades para acceder a créditos, herramientas, tecnologías o mercados formales.

Entre el trabajo de las mujeres rurales y los indicadores de pobreza en el mundo existe un vínculo directo. Sucede que ellas son las encargadas de producir todos los alimentos que consume la sociedad en general y, en particular, los integrantes de sus familias. Por lo tanto, cuando el dinero y la comida escasea ellas con su trabajo productivo cubren las necesidades familiares.

Productora de Villa Retiro (Cba). "Las Rositas"

El escenario que dejó como resultado la pandemia y el avance de la crisis climática profundizó la situación de pobreza. Según FAO, en 2020 un total de 2370 millones de personas no tuvieron suficiente para comer. Algunos estudios aseguran que si las agricultoras tuvieran el mismo acceso a los recursos -tierra, maquinaria y acceso a mercados- que los hombres, el número de personas hambrientas en el mundo podría reducirse hasta en 150 millones, debido a el aumento de productividad.

“La mayoría de las familias rurales de pequeños productores se encuentra por debajo de la línea de pobreza y en muchos casos de indigencia. A eso hay que sumarle que el 39% de las mujeres rurales no tienen trabajos formales ni ingresos propios, dependen de los varones. Esto quiere decir que las mujeres, por consecuencia, tampoco acceden a la seguridad social, a una jubilación o a obras sociales para ellas y para sus hijos. Todos los aportes que las mujeres hacen a sus hogares lo realizan con la comercialización de sus productos en circuitos informales o con la producción de alimentos para autoconsumo. Así suplen las faltas”, explicó Cabello.

De esa forma, y con un esfuerzo doble, las mujeres son las encargadas de garantizar alimentación y nutrición dentro y fuera de sus hogares. “El rol de las mujeres es clave a la hora de pensar en revertir la pobreza. Son las verdaderas soberanas de la seguridad alimentaria dentro de sus comunidades”, agregó  la represntante de FAO Argentina. A su vez, es importante mencionar que durante la pandemia y en el periodo de aislamiento estricto las mujeres se vieron imposibilitadas a salir a comercializar. Por lo tanto, las brechas de desigualdades se acrecentaron a la hora de conseguir mayores ingresos para sus familias.

Las mujeres en general construimos redes. Lo hacemos para trabajar, para vivir, para fortalecer nuestras demandas. Entre las mujeres rurales el cooperativismo, fundamental para el desarrollo de las comunidades, se vio limitado a causa de la pandemia. “Es muy común que en las comunidades rurales las mujeres trabajen en conjunto, intercambien experiencias y recursos productivos, por ejemplo, semillas. La pandemia redujo todas esas actividades y el impacto entre las mujeres fue muy importante”, comentó María Julia Cabello.

Foto: Ana Cubilla plantando y cosechando mandioca desde Misiones (MRA)

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La comunión entre mujeres también se pone en marcha a la hora de hacer política y garantizar espacios de verdadera representación. Mujeres Rurales Argentinas (MRA) es un ejemplo de esto por ser una organización que nació en 2019 con ese fin: darles voz a las productoras, poner en valor su rol en el entramado productivo y construir un marco organizativo alrededor de las miles de demandas que las convocan.

“Mujeres Rurales surge en plena pandemia con un eje muy claro y es la necesidad de una representación real que ponga el foco en los problemas que nos atraviesan a todas en cada uno de los territorios. Espacios que discutan la situación de las mujeres rurales en Argentina existieron siempre, pero eso generalmente se hace desde un escritorio y con una puesta de marketing porque “es lo que hay que hacer”. Nosotras necesitábamos un espacio donde las protagonistas seamos nosotras. Por supuesto que esos objetivos se fueron amplificando cuando la organización tomó dimensiones nacionales”, consideró para este medio Patricia Gorza, integrante de MRA.

Dentro de MRA lo que prima es la diversidad. Ideológica, política, productiva, sociocultural, religiosa y hasta geográfica. Pero entre esas ideas dispares, las mujeres rurales encontraron un punto en común: la inclusión y la equidad de género real. Una lucha que las atraviesa a todas por igual, pertenezcan al territorio que pertenezcan. Según sus propios discursos, la independencia de las mujeres rurales es lo que las motiv. Y para que esta aspiración se vuelva una realidad concreta el primer paso es lograr la independencia económica.

“La historia nos ha demostrado que solo las mujeres luchamos por los derechos de las mujeres y por eso nos encontramos, y generamos un espacio donde trabajamos juntas. Eso no significa que no tengamos vínculos con los hombres que también componen la ruralidad. Pero es nuestra obligación y responsabilidad organizarnos para pelear por nuestros derechos”, afirmó Gorza.

Los debates y la organización puertas para adentro es fundamental a la hora de construir representación política, pero el reconocimiento público también es necesario a la hora de darle valor al trabajo de las mujeres rurales. Por ese motivo es que MRA puso en marcha este año los premios Lía Encalada, una iniciativa que se propone destacar el aporte social, económico y productivo que estas mujeres hacen a la actividad rural nacional.

La propuesta, que lleva el nombre de la primera mujer recibida de ingeniera agrónoma en la UBA, fue abierta a todo el público y consistió en que las personas postularan mediante un formulario online a una candidata que se destacara en alguna de las actividades del agro. El proceso de reclutamiento empezó en abril de este año y finalmente este mes, en el marco del día de las mujeres rurales, se concretará la premiación.

"Desde mi punto de vista creo que es una propuesta que se caracteriza por ser innovadora y horizontal, ya que cualquier persona del medio rural puede participar o proponer a otras mujeres en distintas ternas. Esto ayuda a visibilizar y poner en agenda las problemáticas que atravesamos, entre ellas la falta de reconocimiento. Así empezamos a achicar las brechas de género que son una matriz dentro del sector”, dijo hace unos meses atrás Gisela Patrocinio, integrante del proyecto de mujeres rurales de la ACEPT 29 "Roberto Payró" y parte de la organización MRA.

 

Entre el relato de las productoras y la representante de FAO hay cientos de puntos en común, pero hay uno que en esta oportunidad es necesario remarcar: el verdadero protagonismo de las mujeres rurales. Para generar políticas públicas que reviertan la realidad de las mujeres rurales y reduzcan la brecha de género que existe en el espectro productivo, la dirigencia tiene que ser receptiva. Saber qué necesitan las mujeres rurales y cuáles son sus demandas es el primer acercamiento a un cambio en la lógica en que vivimos.

“La pandemia dejó sobre la mesa todas las problemáticas que las mujeres atraviesan, ahora hay que hacer un trabajo profundo en recuperar el lugar y el acceso que ellas tienen a los medios productivos. Relevar las necesidades y las demandas de las mujeres rurales es clave para que las soluciones que se den desde el Estado sirvan realmente. De nada sirve que se propongan proyectos o leyes que no incluyan a las mujeres, ahí está la respuesta. Primero hay que escuchar, luego relevar y después accionar para que el cambio se sostenga en el tiempo”, sostuvo María Julia Cabello.

Las soluciones nunca son mágicas y mucho menos cuando se trata de cuestionar un sistema patriarcal que oprime a más de la mitad de la población y que, lamentablemente, parece estar naturalizado por todos y todas. Fueron las primeras mujeres rurales organizadas las encargadas de marcar el camino y trazar los primeros objetivos. Pero hoy, miles de campesinas distribuidas a lo largo y ancho de todo el país continúan ese legado y trabajan para que sus labores sean valoradas.

"Mi vida transcurrió siempre en el campo. Vi como las mujeres agropecuarias paraban remates en los '90 y conocí a familias rurales donde las mujeres eran consideradas herederas de las tierras, pero no eran vistas como reales productoras. En los 2000 esta situación fue cambiando, las mujeres se pusieron al frente de los tambos y de los criaderos. Hoy, habiendo recorrido todo eso, digo orgullosamente que vale la pena tener un día que celebre a las mujeres rurales", dijo Liliana Austrí, geografa de INTA y productora del sudesdte de Buenos Aires.

Amplificar su voz y reconocerlas formalmente es el siguiente paso para avanzar hacia realidades más justas y equitativas. Una ecuación tan simple como escuchar las necesidades de una comunidad para brindarles un acompañamiento que sea util, efectivo y que, finalmente,  pueda dar vuelta la taba.

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