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Política Sectorial

Minería en Chubut: El derecho a decir no

Desde Rawson

De Rawson se dice que es una capital tranquila. Administrativa. Una ciudad con lógicas de pueblo. Un municipio cuyo crecimiento demográfico no impide a sus habitantes decir, con seguridad y hasta un poco de cinismo, “acá nos conocemos todos”. En Rawson, señalan propios y ajenos, nunca pasa nada. Sin embargo, un día pasó: sus calles fueron el escenario de una rebelión popular que se extendió en cuestión de horas por toda la provincia.

Primero, lo sabido: el pasado miércoles 15 de diciembre la Legislatura provincial de Chubut sancionó la Ley de Zonificación Metalífera. De esta manera, las localidades de Gastre y Telsen, ubicadas en la meseta, fueron definidas como “áreas de excepción” respecto de la prohibición a la actividad que rige en la provincia desde el año 2003, en el marco de la Ley 5001.

¿Cuándo se forjó aquella ley? Luego de un referéndum popular realizado en Esquel en el año 2002, donde la comunidad local se opuso al Proyecto Navidad, de la norteamericana Pan American Silver, debido a su metodología de explotación a cielo abierto y con utilización de cianuro. El 83% obtenido por el “No a la Mina” fue el hito fundacional de lo que se convertiría en una bandera para muchas otras localidades chubutenses durante 18 años.

Manifestaciones del No a la Mina, en Esquel, a comienzos de los 2000

Según el texto, no obstante, la provincia debía indicar zonas aptas para la explotación de estos recursos, definiendo así las ya mencionadas excepciones establecidas por ley. Pero de 2003 a esta parte la zonificación nunca avanzó, principalmente por la falta de aprobación social, además del alto costo político que muchos legisladores no estaban dispuestos a pagar.

Durante los últimos dos años, con una provincia sumergida en una profunda crisis económica, política e institucional (que incluyó falta de pagos a estatales y un año entero sin clases, entre otras cosas) la posibilidad de reflotar el Proyecto Navidad estuvo en la agenda del gobierno de Chubut. La semana pasada, finalmente, el cuerpo legislativo autorizó la zonificación en Telsen y Gastre con una votación muy ajustada. 14 votos a favor, 11 en contra y dos ausencias habilitaron la explotación casi dos décadas después. Pan American Silver tenía el okey para avanzar sobre el depósito de plata sin desarrollar más grande del mundo. Tenía.

Las asambleas del No a la Mina se manifestaron rápidamente en la legislatura para oponerse a la zonificación. Pero lo que el propio gobernador definió en alguna oportunidad como un grupo de “500 ruidosos”, terminó con una de las movilizaciones más importantes en la historia reciente de la provincia, a la que muchos medios nacionales definieron como Chubutazo. Las calles de Esquel, Comodoro Rivadavia, Trelew, Puerto Madryn, entre otras, se vieron copadas de carteles en rechazo a la actividad, pero también con acusaciones de traición a Mariano Arcioni, el gobernador, quien había prometido en campaña (¡tan solo dos años atrás!) que en caso de asumir la minería no iba a estar entre sus planes.

Foto: El Intransingente

Tampoco fue indiferente que la legislatura aprobara el proyecto por la medianoche, luego de adelantar su tratamiento, que estaba en la orden del día siguiente. El horno no estaba para bollos. El descontento generalizado con el gobierno provincial, sumado a una decisión tomada sin previos debates públicos, fue el caldo del cultivo para la reacción de miles y miles de personas durante la tarde - noche del 15 de diciembre y la madrugada del 16.

La casa de gobierno prendida fuego puso el tema en la agenda mediática. Se sabe: Chubut queda muy lejos y, a menos que pasen cosas que ameriten la indignación y el repudio, difícilmente las problemáticas de este tipo se impongan a la última chicana entre dos políticos de Capital Federal. Amén de que los destrozos hayan sido o no producto de las movilizaciones (¿fueron infiltrados? ¿fueron grupos radicalizados, como los hay en muchas otras causas?) la desproporcionada represión policial dejó aún más expuesta la deslegitimación del gobierno. Ninguna política puede imponerse a fuerza de palo y bala, algo que bien hemos aprendido en los últimos 38 años de democracia, pero que las fuerzas estatales ignoraron intencionadamente durante aquellas horas, en las cuales -por suerte- no se cuenta ningún muerto pero sí decenas de heridos.

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Es necesario no correr el foco de la autenticidad en los reclamos que se extendieron de manera pacífica por dos, tres, cuatro días, y que sumaron reclamos de otros sectores productivos como el de la pesca, que estableció un paro indeterminado hasta que la ley fuera derogada. Al quinto día de protestas, y luego de declarar que no iba a dar “un paso atrás”, el gobernador anunció la derogación de la ley y un potencial plebiscito para definir qué sucederá con la minería en la provincia. Las asambleas ya adelantaron su rechazo a la propuesta y exigen que, de una vez y para siempre, se prohíba la actividad en el territorio.

Cabe aclarar, aunque sea de manera parcial, algunas ideas que circularon en las últimas horas respecto a la voluntad del pueblo de rechazar la extracción de minerales a cielo abierto. 

Los chubutenses conocen mejor que nadie lo que sucede en su provincia. Ven de cerca el Río Chubut, que abastece al uso personal y la producción agrícola, con su caudal cada día más bajo. Sufren en el verano la restricción de agua incluso con fuertes calores. Y tienen el derecho a mostrar escepticismo sobre el consumo hídrico por parte de esta actividad intensiva (el proyecto indica, sin embargo, que la cuenca a utilizar no tiene conexión con el Río Chubut) así como desconfianza en la gestión de los desechos que se generen. Tienen derecho a desconfiar de su propio gobierno y de sus legisladores, uno de ellos acusado años atrás de recibir coimas para apoyar el Proyecto Navidad. Tienen derecho porque hay experiencias de derrames que implicaron desastres ambientales como el ocurrido en el río Jáchal, de San Juan. Tienen derecho porque la información no circula, se restringe, se omite. Y un proyecto aprobado a las apuradas, previo a las fiestas, no parece el mejor síntoma para echar luz sobre el tema.

Foto: noalamina.org

También está la postura de los habitantes de la meseta, que se muestran a favor de la instalación del Proyecto Navidad por el impacto que tendría en la generación de empleo -altamente remunerado- y el desarrollo de proveedores en ciudades aledañas. Lo mismo: nadie puede discutirle a esos pobladores, muchos de los cuales sobreviven en una zona rural árida, despoblada y de temperaturas extremas, lo que desean para su futuro.

Acá ingresa al debate otro punto fundamental. Muchos funcionarios del gobierno provincial que se muestran a favor de la actividad minera argumentan que es necesaria como alternativa económica para una zona históricamente desfavorecida. Pero, ¿qué pasó en los últimos 20 o 30 años para que la meseta haya quedado relegada de la riqueza que genera la provincia? ¿No es precisamente el gobierno provincial quien debe garantizar mejores condiciones de producción para las actividades agrícolas o ganaderas, por ejemplo, que hoy están desapareciendo en la región? Chubut extrae petróleo hace un centenar de años y posee una importante industria pesquera; además tiene la fábrica más importante de aluminio del país y cuenta con suelo y clima ideales para producir fruta fina o de pepita en su cordillera. Es una provincia rica que, a diferencia de lo que algunos quieren hacer creer, pone sus recursos para el crecimiento del país.

Entonces, ¿Chubut se opone al desarrollo? ¿Se opone a la modernidad?

“El desarrollo implica generar cadenas de valor en origen, en Chubut tenemos petróleo que se refina en Buenos Aires (y parte tributa ahí), pesca que se procesa afuera y lana que termina siendo exportada de Bahía Blanca. Se ocuparían de eso si les interesara el desarrollo”, escribió acertadamente en su Twitter la escritora y comunicadora Alejandra Koser, oriunda de la ciudad de Trelew.

Foto: El Intransingente

El otro argumento, para el que aplica una respuesta similar, es el de la necesidad de divisas. La falta de dólares para financiar, entre otras cosas, la imponente deuda que tiene hoy la Argentina con el Fondo Monetario Internacional (FMI) no puede ser nunca un argumento válido para imponer una actividad extractiva de este tipo. En ese sentido, los reclamos también fueron hacia el gobierno nacional y la figura de Alberto Fernández, que se desentendió del conflicto en las calles de la provincia.

Lo que pasó esta semana en Chubut sienta un precedente muy importante. El No a la Mina movilizó pueblos enteros y sacó a la luz un sentimiento de hartazgo de larga data en muchos chubutenses. Además, expuso un importante nivel de improvisación a la hora de la toma de decisiones por parte del cuerpo legislativo y el gobierno provincial. En el barrio le dicen “si pasa, pasa”. No pasó.

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