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Hacemos una pausa

Mujeres dirigentas: están, pero no las ven

Diseño: Camila Bressan (Revista InterNos)

|Argentina|

Las mujeres en el campo, como en muchos otros sectores, ponemos el cuerpo y las manos para sumar al crecimiento de nuestro país. Habitamos, producimos y participamos. Pero también dirigimos, o al menos eso intentamos hacer.

Contrario a lo que muchos creen, a las mujeres nos interesa ocupar lugares de poder, ser parte de los debates y estar al frente de nuestras organizaciones. Aunque a cada una de nuestras sillas, debamos reclamarlas con uñas y dientes.

Para ocupar puestos dirigenciales, las mujeres tenemos que demostrar constantemente que estamos sobrecalificadas, que “merecemos” estar en ese lugar, que nuestra personalidad es la adecuada. En muchos casos se espera una masculinización de nuestras conductas a la hora de tomar de decisiones. Paradójicamente se espera también que no seamos demasiado duras pero tampoco tan sensibles, no muy calladas ni demasiado “sabelotodo” y que, en el camino, no perdamos feminidad. Sí, todo al mismo tiempo.

La realidad es que, aun cumpliendo con todos esos mandatos, el grueso de las mujeres nunca llega a ocupar puestos importantes. Y esto sucede tanto en el ámbito público como en el privado, en las organizaciones de base, sindicales y rurales. En Argentina y en el mundo.

El ranking mundial “Mujeres en la política 2020”, elaborado por ONU Mujeres y la Unión Interparlamentaria (UIP), demostró que, para ese año, tan sólo 12 mujeres eran jefas de gobierno en el mundo, el 6,2% del total, y apenas otras diez ocupaban jefaturas de Estado, un 6,6%. En este escenario desigual, hay que reconocer que la dirigencia política argentina fue pionera en la materia: en 1991 se sancionó la primera Ley de equidad de género que marcó un antes y un después en el armado electoral latinoamericano. La misma establecía un piso mínimo de 30% de candidatas en las listas de los partidos políticos, en un momento donde la participación femenina en el Congreso era del 5%.

Si bien la ley significó un hecho importante para la política nacional, el cupo mínimo nunca se cumplió por completo y los partidos políticos realizaron maniobras legales para no tener que acatarlo durante más de 25 años. En 2017 -y después de muchas irregularidades- se reformó el Código Electoral Nacional y se incorporó el principio de paridad para los cargos en el poder legislativo. La paridad buscó aumentar el porcentaje de mujeres en las listas electorales y en las bancas, pasando de un 30 a un 50%.

¿Qué aportó esta nueva legislación? La posibilidad de que las mujeres accedamos e integremos el escenario político nacional al igual que lo hacen los varones. Pero a pesar de que en términos formales los partidos políticos cumplen esta ley, las mujeres seguimos rezagadas en la práctica: En las últimas elecciones solo dos, de cada diez listas electorales en Argentina, fueron lideradas por mujeres.

Fuente: Ojo Paritario.

Dirigencia rural: Otro mundo, los mismos problemas

Esta situación se traslada a la mayoría de las entidades que tienen mesas dirigenciales o de coordinación que participan en el escenario político argentino. Y las organizaciones rurales no son la excepción. Las mujeres, además de no ser reconocidas por sus tareas productivas, tampoco logran -o solo en algunos casos- sentarse a la mesa de discusión.

“En las organizaciones rurales hay mucha presencia femenina, pero estas tienen poco eco en las dirigencias. Sucede lo mismo que en los grandes sindicatos. Son muchos años de historia en que las mujeres fuimos relegadas al ámbito privado. Así la práctica política, pública, el uso de la palabra, la negociación y la construcción de poder queda siempre en manos de los varones”, manifestó a InterNos Rosalía Pellegrini, referente de género de la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT).

No es una novedad que el sector rural fue y es un espacio masculinizado. Aunque con el avance del feminismo se lograron modificar viejas costumbres, la representatividad de las mujeres en el sector agropecuario sigue siendo minúscula.

Los datos del último Censo Nacional Agropecuario indican que un 20% de los establecimientos productivos son conducidos por mujeres (contra el 10% del año 2002), pero los puestos que deciden el rumbo del sector continúan liderados por varones. En 2020, la Fundación Centro de Estudios para el Desarrollo Federal (CEDEF) contabilizó el porcentaje de mujeres que ocupaban la conducción de las entidades más representativas de la producción agropecuaria argentina: la mitad no tenía mujeres en sus comisiones directivas, y solo una entidad alcanzaba el 50%.

Cuando el informe se hizo público, Mariana Stegagnini, presidenta de la Fundación, explicó en una entrevista con Agrolink que exponer estos datos es un “llamado de atención para el sector”. Aseguró que el primer paso es reconocer esta falta de paridad en el interior de las entidades y el siguiente, revertirla.

Hoy, el número de mujeres dentro de las organizaciones del sector rural todavía es dispar. En algunos casos -por ejemplo, en el espectro de la economía popular- la participación de las mujeres está un poco más cerca de la equidad, porque sus estructuras suelen ser más horizontales.

“La mesa directiva en el MTE rural es grande y federal. Abarca muchos responsables por diferentes provincias y ahí hay una participación, hoy en día, más igualitaria, con 40% de mujeres. En las bases tal vez es más fuerte la representación de las mujeres o en los estamentos intermedios de toma de decisión”, comentó a este medio Laura Sanguinetti, secretaria de género del MTE a nivel nacional.

También explicó que si bien no existen números precisos sobre la cantidad de mujeres que participan en esos espacios, existen mesas de delegados que hoy se componen por aproximadamente un 70% de mujeres. Esto hace unos años no sucedía, y Sanguinetti lo consideró un logro del trabajo en género que vienen realizando de forma interna y externa.

“El área de género nació en el 2017 a través de la gran demanda que había por atender casos de violencia en la organización. Pero con el tiempo el trabajo se expandió y creció. Comenzaron a hacerse talleres para que las mujeres conozcan sus derechos y ganen confianza para aumentar la participación en distintos ámbitos. Hoy estamos en 17 provincias, donde además de tratar las urgencias fomentamos la participación política de las mujeres adentro de la organización”, agregó la referente.

Pero no es un camino fácil: la masculinización también afecta al ámbito cooperativo. Sobre este tema hablamos con Antonella De Baere, integrante del área de desarrollo institucional de FECOFE y la encargada de trabajar junto a Sofía Irene Gouza la equidad de género dentro de la Federación.

“Empezamos a instalar la temática entre las mujeres en la cooperativa y también la trabajamos en el Consejo con los dirigentes, que es un ámbito masculinizado por tradición. Lo que hacemos es buscar las mujeres en las cooperativas, contactarlas, visibilizarlas. Y trabajamos mucho sobre la comunicación”, explicó Baere.

“Todavía falta mucho, hay que abrir las entidades, crear nuevas dirigencias y este, como en otras entidades, también es un problema en Fecofe”, agregó.

En las últimas elecciones solo dos, de cada diez listas electorales en Argentina, fueron lideradas por mujeres.

En 2021, Fecofe relevó al sector cooperativo en Argentina y observó los roles de decisión que ocupan, o no, las mujeres en el sector agropecuario. En las principales entidades el diagnóstico resultó poco alentador. La Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA), Agricultores Federados Argentinos (AFA), la Federación de Cooperativas Federadas (FECOFE) y la Confederación Intercooperativa Agropecuaria Limitada (CONINAGRO), no tienen participación de mujeres en sus respectivos consejos de administración. La única excepción aparece en la Mesa de Juventudes de CONINAGRO, donde Camila Hutak se convirtió en la primera mujer en presidir ese espacio.

Entre las 40 entidades asociadas a FECOFE, se registraron solo 19 mujeres en roles activos en consejos de administración y/o sindicaturas. “Contamos con una dirigencia, por supuesto, mayormente integrada por hombres, pero que son abiertos a pensar en una entidad más inclusiva y participativa. Entienden la responsabilidad de generar e instalar esta temática en las cooperativas de base”, comentó Antonella De Baere.

Una de las entidades con más historia del campo argentino es la Federación Agraria (FAA). Cuenta con más de 100 años en funcionamiento y tiene filiales en casi la totalidad de las provincias. Su Concejo Directivo Central está compuesto por un total de 55 autoridades, de las cuales solo ocho son mujeres.

Entre ellas se encuentra Marta Icardi, secretaria de género, oportunidades y Derechos Humanos, un área que se formó en el año 2014 con la reforma de estatuto de la Federación.

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“En las entidades y empresas todavía existe una resistencia cultural para contratar mujeres, sucede en general. Principalmente porque históricamente siempre fueron los varones quienes ocuparon los puestos dirigenciales y hace pocos años la mujer entró en escena. Pero el porcentaje de participación es bajo. Algunas no se animan, otras no tienen oportunidades y otras creen que esos espacios no les corresponden”, comentó la secretaria.

Tenemos una tradición muy de mesa chica, integrada por los ‘machos’ de la política.

Frente al escueto porcentaje de mujeres que componen la dirigencia de FAA, le consultamos a Icardi si existe la posibilidad de que se implemente un reglamento de cupo interno -como el que existe a nivel público o en otras organizaciones- para garantizar una participación más equitativa.

“No creo que sea una herramienta viable. En general, no hay muchas mujeres interesadas en ocupar ese espacio o al menos no lo manifiestan. Propondría que se analice si en las filiales existen asociadas interesadas en participar del Concejo y que sean propuestas a la hora de elegir las autoridades. De esa manera se podrían ganar más espacios y aumentar el número de mujeres en la conducción”, dijo.

Mientras tanto, las representantes de Mujeres Rurales Argentinas sostienen justamente lo contrario. Si bien reconocen que las entidades tradicionales del agro les van abriendo espacio a las mujeres, muchas veces esos lugares responden a solo a un correccionismo político y como resultado, se opaca un reclamo legítimo e histórico.

"Una cosa es armar dentro de una organización un grupo de mujeres porque 'es lo que hay que hacer' y otra muy distinta es que eso se arme con una verdadera intención de buscar soluciones. Las entidades, por ejemplo gremiales o las del agro, no necesitan armar un equipo femenino adentro. Se supone que esas instituciones tienen ya tienen que estar tratando esta problemática. Si estás armando un grupo, por ahí lo que estás queriendo hacer es cumplir con un deber ser y eso se transforma en un problema para las mujeres que sí estamos haciendo cosas para que la realidad que vivimos cambie", comentó en una entrevista con Canal Rural Patricia Gorza, integrante y fundadora de MRA.

 

 

El machismo detrás del concepto de “multitasking”

Una de las cuestiones que surge en el debate de los roles que ocupamos, o mejor dicho, que no ocupamos las mujeres tiene que ver con el trabajo extra que llevamos adelante a diario y por el cual, en la mayoría de los casos, no recibimos remuneración: el trabajo doméstico y de cuidado.

Asumir un puesto dirigencial, en la entidad que sea, requiere de nuevas responsabilidades y tiempos. Por lo tanto, en los horarios en que las reuniones se concretan o se toman las decisiones probablemente las mujeres estemos cubriendo esas tareas en nuestros hogares.

"Son muchos años de historia en que las mujeres fuimos relegadas al ámbito privado"

Para que exista un acceso real a los puestos dirigenciales dentro de las organizaciones deben contemplarse las responsabilidades que asumimos las mujeres fuera del horario de trabajo “formal”. Aunque parezca un aspecto pequeño, tenerlo presente significa incorporar realmente y de forma integral la perspectiva de género en las organizaciones.

“Las mujeres no llegan a ser cuadros dirigentes o a ser las que dialogan con funcionarios políticos. En las organizaciones rurales sigue siendo un lugar que ocupan los varones.  Las mujeres formamos parte de las secretarías o de áreas de trabajo casi siempre asociadas a tareas de cuidado como infancias, genero, educación o salud. Esos temas, que son importantes y que hacen al desarrollo de las próximas generaciones o a la construcción de los vínculos sociales, son feminizados y no son tenidos en cuenta como grandes temas dentro de la política”, dijo Rosalía Pellegrini.

En el sector empresarial del agro la ecuación se repite. Pero en este ámbito algunas dirigentas consideran que la participación de las mujeres depende también de su propia iniciativa y de la manera en que estas se apropian de los espacios, sin pedir demasiado permiso.

“Hay muchas cosas en las que nosotras mismas decimos que no vamos a poder. Porque los chicos, porque la casa y demás. Creo que también se trata de animarse a tomar ciertos lugares. Está en una como se maneja y el lugar que se va ganando. Muchas veces las puertas están abiertas, el tema es que no hay mucha participación. Cuando te proponés buscar más mujeres para que integren algunos proyectos, no hay”, comentó a este medio Ivana Cavigliasso, actual presidenta de la Cámara Argentina de Maní.

Al mismo tiempo, Cavigliasso aseguró que en muchos de los trabajos que realizó a lo largo de su carrera también le tocó enfrentar situaciones en donde ser mujer fue un condicionante: mantuvo reuniones laborales mientras realizaba tareas de cuidado en su hogar y tuvo que reclamar varias veces por los salarios que percibía, ya que sus compañeros varones ganaban más por ocupar el mismo puesto.

Actualmente la Cámara del Maní posee un total de 20 autoridades y solo dos son mujeres. Además, dentro de la entidad no existe -por ahora- un área que se encargue de implementar la perspectiva de género en las acciones que realizan o que esté trabajando sobre el cupo femenino en su dirigencia.

“Estoy segura que las mujeres tenemos que trabajar sobre nosotras mismas y coincido con otras colegas en que hay espacios o situaciones que son desiguales. Pero una tiene que trabajar sobre el desarrollo personal y profesional, para entender que somos capaces de ocupar roles importantes. No debería importar si sos hombre o sos mujer, se trata de capacidades”, aseguró la empresaria.

 

Este año es el 75 aniversario desde que se sancionó la ley del voto femenino en Argentina, un hecho que en 1947 legitimó y le dio un marco formal a la participación de las mujeres en la política nacional.

Sin embargo hoy, cuando una mujer quiere ocupar un espacio de toma de decisiones debe enfrentar a diario innumerables violencias que en definitiva, tienen el objetivo de correrla de la escena. Si finalmente lo logra, su labor probablemente se verá empañada por su condición de género y por descuidar las tareas que "a ella le corresponden". Se convierten en malas esposas, malas hijas o malas madres. Siempre, pero siempre, hay algo.  

“Ninguna organización sindical y política, sea rural o no, está exenta de la cultura patriarcal de la política en general. Tenemos una tradición muy de mesa chica, integrada por los ‘machos’ de la política. Incluso en las configuraciones políticas que están más del lado del pueblo como podría ser el Peronismo, por ejemplo. Creo que esa cultura está en la génesis de la práctica política popular argentina. Eso es lo que las organizaciones y el feminismo tienen que transformar”, concluyó para InterNos Rosalía Pellegrini, referente y dirigente de UTT.

Definitivamente, a los ojos de la organización política y rural actual, las mujeres no dirigimos. Y aunque suene repetitivo nunca está demás decirlo: habitamos, producimos, participamos. Pero eligen ignorarnos.

 

 

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