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Comercialización

“Cuidar al productor local y crecer como mercado”

Si bien el acta fundacional de MercoFrut se remonta 1990, su puesta en funcionamiento a pleno recién se logró en el año 1998 cuando se terminó el proceso de traslado y activación de las instalaciones. A 20 años de aquel proceso, estuvimos conversando con quienes son hoy los protagonistas de este gigante frutihortícola que se alza al norte del país.

 

Un poco de historia

El 26 de marzo de 1990 se firmó el acuerdo entre el Gobierno de la Provincia de Tucumán, la Municipalidad de San Miguel de Tucumán, el Centro de Productores de Frutas, Hortalizas y Afines de Tucumán y la Sociedad de Productores de Frutas, Hortalizas y Afines de Tucumán, la creación de la Asociación Corporación del Mercado Frutihortícolas de Tucumán, bajo la figura de persona jurídica sin fines de lucro, “prestataria de un servicio público y con plena capacidad de derecho, con el objeto de Proyectar, Construir y Administrar un Mercado de Concentración Frutihortícolas , destinado a la concentración de frutas y productos alimenticios agrícolas provenientes de la provincia de Tucumán, del resto del país y del extranjero”. Desde entonces una comisión de ocho miembros integrada en partes iguales por el centro y la sociedad de productores, con alternancia anual de cargos entre una y otra agrupación se pusieron al hombro este proyecto para tener el mercado propio en donde comercializar su producción. Con alrededor de 500 mil toneladas anuales de mercadería en su gran mayoría de producción local y también introducida de otras provincias y del exterior; el MercoFrut es el mercado más grande del Noroeste Argentino. Mensualmente circulan en promedio, 84.500 vehículos y es polo de una actividad económica que agrupa al menos unas veinte mil personas de manera directa e indirecta. En el predio de 50 has da lugar además a una importante cantidad de comercios anexos que acrecientan aún más el importante volumen comercial y de servicios del mercado: almacenes de bebidas, alimentos, lácteos, balanceados, agroquímicos, y limpieza.

“Se deberían hacer controles más estrictos con los puestos y en el portón de ingreso” Moises Castillo. Nave A. Puesto 29.

A 20 años, la mirada desde adentro

InterNos dialogó con diversos operadores sobre la situación de la actividad en general y el mercado en particular. En general la mayoría asumen la necesidad de seguir trabajando para renovar, mejorar y modernizar la infraestructura y las condiciones  de trabajo. En este sentido, los miembros de comisión asumen el desafío aunque insisten en ser cautos ya que la prioridad es siempre cuidar la fuente laboral de todos los introductores, es decir, mantener bajos los valores de los cánones. Ricardo Cecilia, presidente del mercado, representante de la Sociedad de Productores de Frutas, Hortalizas y Afines de Tucumán, recalca el hecho de que el mercado es un ente completamente privado y que por lo tanto todas las reformas y mejoras salen de la inversión de sus propios operadores. En este sentido, no es menor el esfuerzo de la Comisión durante el 2017 en el trabajo de mantenimiento pero también en otras áreas como promoción y capacitación para los operadores en alianza con otras instituciones como la Federación Nacional de Operadores, la Municipalidad o el Banco de Alimentos.

“Soy operador hace 15 años y la verdad, aunque me duela es que tenemos un mercado bastante deteriorado, nunca se llegó a un acuerdo para q las cosas cambien y se mejore. Tanto en lo organización de horarios, como en proyectos sólidos para la parte edilicia”
Oscar Lozano. Operador.

“Mi desvelo, y el de todos los que estamos acá es cuidar al productor local y crecer  como mercado, como polo de esta economía regional que genera Tucumán” dice un preocupado Ricardo Cecilia sobre su rol como presidente del Mercofrut. Al mismo tiempo entiende que los desafíos de la administración son dar las respuestas necesarias para que los productores puedan seguir en la actividad de manera rentable. En este sentido entiende que año a año se pierden productores debido a la importante presión fiscal que sufren y la poca ayuda del gobierno frente a las inclemencias. Además no es menor, apunta, la falta de recambio generacional entre los productores justamente por la falta de rentabilidad: “los hijos prefieren otras actividades más seguras” afirmó en sintonía con lo que dicen todos los productores de experiencia y trayectoria de cualquier economía regional en todo el país.

“Somos un mercado en expansión pero con infraestructura obsoleta. Terminar el  tema de calles internas, revisar los horarios de  comercialización.”
Héctor Manconi. Operador.

El control de la Calidad

Por Lic. Miguel Antonio SRUR – Responsable Técnico del Mercofrut -MAT. PROF. 5579

El derecho a la alimentación es un derecho constitucional más aún en un país productor de alimentos, el estado debe asegurar que la alimentación sea suficiente, inocua y sana. En un mercado concentrador como el MERCOFRUT donde se comercializa en su gran mayoría frutas y hortalizas, el control sanitario alimentario que me toca ejercer como Responsable es indispensable para dar calidad e higiene de lo que se comercializa dentro del predio mediante la aplicación del manual POES. Es decir, siguiendo un plan escrito con registros de las tareas de saneamiento, higiene, mantenimiento estructural control de plagas y manejos de desechos entre las más importantes. Para permitir luego tomar medidas correctivas a futuro y reducir la contaminación de los alimentos. También realizamos tareas de fiscalización para verificar que las condiciones higiénicas sean concordantes con las aprobadas en el Manual POES, controles de la documentación e identificación de la mercadería, la “trazabilidad“ de las mismas mediante el RENSPA o el DTV (Documento de Tránsito Vegetal) también ahora en el caso de las frutas Cítricas.

Estudio Malaquita

Este control sanitario permite además una respuesta rápida ante una emergencia fitozoosanitaria como el HLB que es la enfermedad más grave de las frutas cítricas y que afectaría gravemente a nuestra economía provincial, ya que Tucumán es el mayor productor de limón en el país. En este sentido, y para dar grados de concientización sobre todas estas temáticas se dan cursos de capacitación a los productores y operadores del Mercado, conjuntamente con otras entidades como FENAOMFRA, Centro de Productores y Distribuidores , Frutas y Hortalizas de Tucumán , Sociedad de Productores de Tucumán, INTA, Dirección de Alimentos de la Provincia, etc. Entre las temáticas destacamos los trabajos realizados sobre BPA (Buenas Prácticas Agrícolas), BPM (Buenas Prácticas de Manufactura), ETAs (Enfermedades Transmitidas por Alimentos), POEs (Programas Operativos de Estandarización y Sanitización), MIP (Manejo Integrado de Plagas), Buen uso de agentes Plaguicidas y agroquímicos, Pequeñas Pymes, producción y profesionalización de las tareas, etc. También por convenio con la Dirección de Alimentos de la Provincia y el Mercofrut, realizamos análisis Microbiológicos semanales en el laboratorio que se encuentra dentro del predio, para realizar controles internos de la calidad higiénica de lo que ingresa al mercado. Se coordinan la tomas de muestras conjuntamente con el personal del SENASA, para realizar análisis de residuos plaguicidas en la red de laboratorios habilitados. Estas son la gran parte de las tareas de control, vigilancia , cumplimiento y seguimiento que se realizan, a fin de dar primero fiel cumplimiento a la ley Nº 18 284 (Código Alimentario Argentino ), Decretos y/o Resoluciones del SENASA y normativas provinciales y locales. Una ardua tarea que se ejerce para cuidar  y preservar los alimentos que este mercado brinda a la comunidad.

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Emelka. Manzanas y Peras de Río Negro

Comercialización

Cinturones de producción periurbana: realidades y desafíos

|Santa Fe|

La localidad de Arroyo Seco protagonizó la primera Expo y Jornada Hortícola organizada de manera conjunta entre el INTA, el gobierno de Santa Fe, la Municipalidad local y una fuerte participación de los productores locales. Uno de los paneles centrales ofreció un panorama de la situación actual, problemáticas y perspectivas del sector hortícola en tres de las regiones productivas más importantes del país.

Para eso expusieron la Ing. Agr. María Cristina Mondino, del  INTA Arroyo Seco sobre el cinturón de Rosario; el Ing. Agr. Enrique Adlercreutz, del INTA Mar del Plata y el Ing. Agr. Ariel Belavi, del INTA Monte Vera sobre la producción en Santa Fe  y su cordón hortícola.

María Cristina Mondino dio comienzo al panel caracterizando la actividad del cinturón hortícola rosarino, que puede subdividirse en dos sectores importantes. Uno de ellos es el que está próximo a la ciudad, conformado por quintas pequeñas -con un promedio que ronda las cinco hectáreas- el cual produce gran variedad y volumen de hortalizas para su comercialización diaria en el mercado de abasto, principalmente para el consumo en fresco.

El otro sector es aquel que destina los cultivos a la industria del deshidratado, el congelado y el enlatado, ubicado mayormente desde General Lagos, Pueblo Esther, Arroyo Seco hasta Villa Constitución; es decir, alejados de Rosario. Como la industria demanda grandes cantidades de materia prima, estos cultivos se vuelven “casi extensivos” por la cantidad de superficie sembrada y por la mecanización de su cosecha. De alguna manera, cambia la forma de planificar, cultivar y cosechar la mercadería. A modo de ejemplo sirve nombrar el caso de la espinaca, que hoy es el segundo cultivo de hoja más sembrado de la región después de la lechuga (y ocupa el tercer lugar entre todas las hortalizas si contamos a la papa) traccionada por el proceso industrial.

Achicamiento. Con el correr de los años la producción periurbana tiende a reducirse por diversos factores.

Sin embargo, en lo que respecta a la superficie sembrada, la producción de esta zona sufrió una considerable caída en los últimos años, junto al abandono de la actividad por parte de algunos productores. La ingeniera estimó que existen un 35% menos de productores que hace 20 años y unas 1000 hectáreas que ya no se encuentran productivas. Hacia el final de su exposición, Mondino resumió las principales complicaciones que afronta el sector hortícola: la falta de mano de obra, el abastecimiento de mercadería de otras zonas que reemplaza a la producción local, la escasa trazabilidad y el nivel de pérdida en pos cosecha. En relación a estos dos últimos puntos, la Ing. resaltó la necesidad de avanzar hacia una mayor adopción de las Buenas Prácticas Agrícolas (BPA).

Existen un 35% menos de productores que hace 20 años y unas 1000 hectáreas que ya no se encuentran productivas en el cinturón de Rosario.

Sin embargo, Mondino también hizo referencia a los problemas que la cadena enfrenta en lo comercial. Afirmó que “los mercados están estancados, falta capacitación para el eslabón minorista y no hay inversión en publicidad para las frutas y hortalizas”. Y agregó: “Estamos a contramano de lo que sucede en el mundo, donde crece la producción y el consumo de estos productos por la adopción de nuevas tecnologías que permiten aumentar la calidad reduciendo los costos” enfatizó.

Seguidamente, el ingeniero Enrique Adlercreutz  describió la producción de Mar del Plata que cuenta con una fuerte presencia del cultivo de papa (alcanza las 25.000 hectáreas) y frutilla, que aunque posee una menor superficie sembrada (130 hectáreas) pisa fuerte en los mercados nacionales durante el período verano-otoño. Además, destacó la producción de kiwi, con una zona ideal de producción donde se desarrollan 500 hectáreas. Sólo en Mar del Plata hay más producción de kiwi que en el resto del país.

A diferencia del cinturón hortícola de Rosario, en Mar del Plata el desarrollo de la producción hortícola para industria es menor. En cambio, la producción intensiva (con una superficie total que ronda las 10.000 hectáreas) se destaca por los cultivos de lechuga, zanahoria y choclo. La superficie bajo invernadero se encuentra en franco crecimiento con el tomate, típico de la zona, el pimiento y la lechuga, que se convirtió en una alternativa interesante para los meses de otoño-invierno.

Estudio Malaquita

Adlercreutz detalló que en los últimos años Mar del Palta viene incorporando cada vez más el uso de bioinsumos para el reemplazo de fitosanitarios de alto impacto ambiental. Esto se debe al fuerte trabajo que realizan los ingenieros agrónomos que acompañan las tareas de los productores en las quintas, junto a la realización de cursos de capacitación sobre el manejo integrado del sistema productivo.

“Hace años que estamos viendo que se puede bajar el uso de agroquímicos en un 70% sin interferir por eso en el margen económico del productor”. Ing. Agr. Enrique Adlercreutz

“Entre el control químico aconsejado o el ‘aplico lo que estoy acostumbrado’ aparecen cada año nuevas plagas, resistentes, con el consecuente impacto ambiental y el riesgo de presencia de residuos en los alimentos. Nosotros estamos trabajando en transformar ese sistema insumo-dependiente”, explica Adlercreutz. “En muchos casos no es necesario aplicar agroquímicos, ya que el problema se puede resolver aplicando prácticas de manejo integrado. Esto requiere conocer el ambiente, el cultivo y todas las herramientas de trabajo a disposición. La palabra ‘conocer’ está reemplazando a la palabra insumo”. Y finalizó: “Hace años que estamos viendo que se puede bajar el uso de agroquímicos en un 70% sin interferir por eso en el margen económico del productor”.

Productores atomizados con poca cantidad de hectáreas sembradas caracterizan al cinturón de Santa Fe

Finalmente fue el turno de Ariel Belavi, quien brindó un detallado panorama del sector hortícola santafesino. A partir de los datos del último censo realizado en el periurbano en el año 2012, el ingeniero afirmó que al igual que en Rosario ha disminuido el número de productores y de superficie trabajada. A diferencia de las décadas del noventa y dos mil, donde prevalecía un productor-empresario especializado en ciertos cultivos (como el tomate o la lechuga) para vender en otros mercados, actualmente el horticultor santafesino se caracteriza por explotar pequeñas superficies (entre 1 y 3 hectáreas) con hasta 10 o 15 especies destinadas al mercado local. Esta atomización de las explotaciones, en muchos casos familiares, produjo un “cambio de tipología” del productor, en palabras de Belavi.

Como sucede en muchos otros cinturones hortícolas del país, el cordón santafesino posee una gran cantidad de productores de la colectividad boliviana. Entre sus mayores problemas se encuentra el dificultoso acceso a servicios como el agua, los caminos rurales y la conectividad en zonas alejadas a los grandes cascos urbanos.

Además, presentan escasos avances en la adopción de tecnologías (a modo de ejemplo vale decir que el riego por surco suele ser la técnica de riego más utilizada en la región). Entre los motivos que señala Belavi se encuentra la falta de acceso a la tierra, que limita la inversión. Actualmente la producción se realiza a campo casi en su totalidad. En una superficie sembrada -que de 2002 a esta parte oscila alrededor de las 1500 hectáreas- sólo 8 están bajo cubierta.

En lo que sí se avanzó, dice el ingeniero, es en la adopción de nuevos y mejores insumos fitosanitarios “favorecido por algunas legislaciones y por la aplicación de las Buenas Prácticas Agrícolas”. Sin embargo, siguen existiendo inconvenientes “respecto a la aplicación con las mochilas manuales”.

«En 2018 los precios recibidos por el productor aumentaron en un 42,8% por producto. Pero con una producción dolarizada que se vende en pesos se estima que la devaluación alcanzó casi un 100%, por lo que las pérdidas del año pasado rondaron un 50%» Ing. Agr. Ariel Belavi

Respecto de la comercialización, el ingeniero consideró que “los mercados están trabados y los volúmenes no aumentan” por lo que aparecen caminos alternativos con productores que invierten en su propio transporte o ponen una verdulería propia para ocupar nuevos espacios en la cadena. En 2018 los precios recibidos por el productor aumentaron en un 42,8% por producto. Pero con una producción dolarizada que se vende en pesos se estima que la devaluación alcanzó casi un 100%, por lo que las pérdidas del año pasado rondaron un 50%. “El mercado está estancado porque los volúmenes que se comercializan no son los de antes. El mes pasado los precios de la acelga y la lechuga cayeron estrepitosamente porque entró un poco más de producción”, cerró Belavi.

Los productores tecnificados son aquellos que logran superar los sobresaltos de la actividad

Aún con panoramas particulares entre cada cinturón hortícola, el panel dejó un claro diagnóstico compartido por los tres ingenieros: la cantidad de productores y de superficie sembrada ha disminuido en las últimas dos décadas; los volúmenes comercializados están “frenados” al igual que el consumo minorista y cada vez más los productores invierten en cultivos de menor valor y diversifican sus quintas para reducir riesgos. Salvo excepciones, el nivel tecnológico adoptado no es suficiente para minimizar costos y achicar las pérdidas pos cosecha, lo que se traduce en un productor de menor rentabilidad y por lo tanto con escasas posibilidades de tecnificarse.

También en algunos objetivos coincidieron las tres exposiciones: la adopción de las Buenas Prácticas Agrícolas y la incorporación de bioinsumos es el horizonte hacia el cual los cinturones verdes deben caminar para optimizar sus procesos y producir con mayor calidad. Esto significa además apuntar a incrementar la compra minorista con un consumidor final que “confíe” en el sector, aunque esto no dependa exclusivamente de los productores, sino de un trabajo articulado entre instituciones públicas y privadas que publiciten y difundan el consumo de estos productos.

Emelka. Manzanas y Peras de Río Negro
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Comercialización

Mercado de Río Cuarto: productores y operadores preocupados por la caída de las ventas

|Córdoba|

Llegamos al abasto a primera hora de la mañana. Ya transcurrió el momento más fuerte de la venta matinal y sin embargo en los pasillos de la entidad todavía se ve mucha verdura fresca, prolija, a la espera de que alguien se interese en ella. “Es raro que a esta hora haya tanta mercadería, es un lunes demasiado tranquilo”, observa una operadora al pasar. Ese es el comentario generalizado entre productores y operadores locales durante la mañana: la oferta es muy alta para la demanda actual, las ventas están cayendo y en muchas oportunidades los precios deben colocarse por debajo de los costos para recuperar algo de lo invertido.

Argentina no es precisamente un país que se destaque por un alto consumo de frutas y hortalizas, quizás todo lo contrario. Pero a ese dato hay que sumarle que, en los últimos años, se produjo una caída del poder adquisitivo en los consumidores a causa de una inflación constante y el aumento de servicios básicos como gas, agua y electricidad. Esto se tradujo en verdulerías de barrio con menor movimiento y, a su vez, en verduleros que ajustan sus compras en los mayoristas para tirar la menor cantidad de mercadería (y plata) posible.

Ángel Pasquini. Detrás, el paisaje hortícola tan característico de los mercados.

“Mirá toda la verdura que hay. Los insumos en dólares no se compensan porque la verdura está barata, hay mucha. Y la gente no está buscando calidad, está buscando precios“, dice a InterNos Ángel Pasquini, productor de larga trayectoria en el cinturón hortícola y en el mercado local. Luis Marcos Carpineto, también productor que comercializa su verdura en el abasto de Río Cuarto, coincide con su colega que se encuentra sólo a una playa de distancia. “Tenemos un dólar a 46 para los insumos, mientras que nosotros vendemos en pesos. La venta ya no es la misma, el precio ha mermado mucho por la cantidad de producción que hay, sumado a un consumo que ha caído por la época del año”, cuenta.

Al igual que en otros rubros, el mercado es rey en la frutihorticultura: la oferta y la demanda son quienes deciden el precio que recibe el productor por su fruta o su verdura. Por eso, los costos de producción no pueden cargarse directamente al precio del producto. O mejor dicho: sí pueden hacerlo, a riesgo de volverse poco competitivos en el mercado. También es cierto que ante situaciones particulares -como por ejemplo la escasez de un artículo por eventos climáticos- los precios pueden dispararse muy por encima de sus costos, incrementándose a su vez los márgenes de ganancia. El productor sabe que la suerte tiene un papel preponderante en este juego.

Luis Marcos Carpineto y la InterNos de papel en su puesto de venta

Frente a una situación de menor consumo como la actual, la abundancia de oferta no hace más que tirar el precio de los artículos por la borda. A pesar de que muchos productores hortícolas trabajan en grupos familiares, lo que vuelve más flexible su estructura de costos operativos, esta dificultad se mantiene. “Yo no le puedo cargar al producto mi costo de trabajo, el de mi señora o el de mi hijo, porque si lo trasladara tal cual es, no le se lo vendo a nadie. No estamos trabajando a pérdida, pero sí muy jugados”, explica Carpineto.

Estudio Malaquita

Pero los aumentos no sólo influyen en el consumidor final. El sector productivo ha sufrido más que nadie el incremento de los servicios básicos para sembrar, regar y levantar la cosecha. Así lo explica Carpineto: “Nosotros acá regamos con energía eléctrica, que aumentó una barbaridad. Usamos gasoil porque tenemos bomba para riego. Y los insumos están en dólares, tenés que sacarlos financiados, porque sino no llegas a todo”.

Los Heiland. Padre e hijo se hicieron un momento para conversar con InterNos.

En la misma sintonía se expresa Oscar Heiland, productor con más de cincuenta años en la actividad que actualmente se dedica exclusivamente a la verdura de hoja. “Hay una caída del consumo, si antes se vendían 10 cajones de lechuga hoy se venden 5. El verdulero compra lo justo y necesario. La crisis hace que la gente consuma menos”. Además, añade Heiland, el invierno es una época difícil para este tipo de cultivos, donde las ventas bajan más allá del contexto económico.

El operador Leandro Calvo, de la firma CAL-FRUT, coincide en que “el mercado está sin fuerza y las ventas no son lo esperado” aunque se muestra cauto al afirmar que en algunos rubros “no son tan malas” como en el caso de la papa, producto fuerte de su puesto en el abasto. “En la papa las ventas se mantienen buenas porque el precio es bajo, hay calidad y se mueve mucho volumen”, explica.

Por otro lado Miguel Sánchez, titular de la firma Flor Frut, hace referencia a la competencia que se produce dentro del Mercado cuando la escasa demanda pone a tiro a productores y operadores. “Lo nuestro es tan volátil que cuando peor están las cosas en el mercado, nos peleamos por querer vender. En épocas malas bajamos nuestros márgenes mientras que los gastos se duplican. Ahí es cuando uno dice: viene mal la cosa”. Y agrega: “Si tengo que hablar por mí, hace mucho no me pasaba. Estamos todos a la espera de que esto cambie en algún momento”.

Miguel Sánchez en la oficina de Flor Frut, ubicada dentro del abasto.

Frente a esta situación, ¿es recomendable tener un producto fuerte o apostar a la diversidad para ser más rentables? Carpineto opina que “hoy en día tenés que tener entre 14 o 15 artículos para poder vender porque el verdulero quiere llevarse todo de un mismo lugar”. Por su parte, Sánchez considera que para paliar la crisis “hay que buscar nuevas estrategias, trabajar los productos que te pueden salvar y dejar de traer aquellos que se venden poco”.

En líneas generales, tanto operadores como productores coinciden en que la caída de las ventas se debe principalmente a un consumidor con el bolsillo golpeado que, a pesar de tratarse de alimentos de primera necesidad, ajusta cada vez más sus compras. Por otro lado, el comienzo del invierno suele ser una época donde de por sí las ventas merman, lo cual no ayuda a que la situación mejore. Mientras tanto, los costos suben al ritmo de la moneda norteamericana y, como en otras provincias del país, la preocupación de los distintos actores de la cadena frutihortícola se mantiene latente.

Emelka. Manzanas y Peras de Río Negro
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Comercialización

Río Cuarto: controles y proyección para preservar y garantizar el cinturón hortícola

|Córdoba|

Los cinturones hortícolas cumplen con la tarea fundamental tarea de abastecer de alimentos frescos a la población urbana situada en las grandes ciudades, garantizando trabajo local, mejores precios y la protección de los entornos rurales, entre otras cosas. Su existencia cumple funciones sociales, ecológicas y económicas. Sin embargo, a pesar de las múltiples ventajas que presentan, no son pocos los cinturones de nuestro país que actualmente luchan contra el avance inmobiliario y el corrimiento de la frontera urbana, el cual provoca serios problemas como la falta de proyección a futuro, la contaminación ambiental y el desabastecimiento de alimentos de proximidad.

Además, en los últimos años la producción de hortalizas mediante el uso de productos químicos empezó a ser fuertemente cuestionada por los consumidores, quienes con mayor información al respecto comenzaron a exigir rigurosidad en la aplicación de Buenas Prácticas Agrícolas y en los controles que garantizan alimentos sanos e inocuos en la mesa.

Con el objetivo de conocer cómo funciona un importante Cinturón Verde de la provincia de Córdoba, Revista InterNos viajó hasta Río Cuarto y dialogó con Ernesto Guevara, presidente del Mercado de Abasto de Río Cuarto S.A (MARC) y con Gastón Pautasso, ingeniero agrónomo que trabaja junto a los productores hortícolas de la zona. Ambos explicaron cuál es el panorama actual del sector en lo que respecta a ordenamiento territorial y fiscalización de los procesos productivos.

La actividad hortícola de esta ciudad está distribuida en cinco sectores: barrio Las Quintas, Tres Acequias, Ex Ruta 36, paraje San José (fuera del ejido urbano de Río Cuarto) y Las Higueras, que incorpora las zonas de Seminario y Palestro (también fuera del casco urbano) las cuales han tenido un considerable crecimiento en los últimos años. Está conformada por 33 productores que alcanzan una superficie efectiva de trabajo de 370 hectáreas, empleando de manera directa a unas 200 personas como mano de obra. Con significativos avances en tecnificación, la zona posee 23 hectáreas de producción bajo invernadero (que se destacan en otoño-invierno por la producción de verdura de hoja, mientras que en primavera-verano por el tomate y el pimiento) y 29 hectáreas de producción bajo malla antigranizo. Además, cuenta con una producción diversificada de más de 30 variedades de cultivos. Dichos productores venden su mercadería en unas 36 playas del Mercado de Abasto de Río Cuarto, destinadas a la comercialización hortícola local.

Verdura de hoja fresca en el MARC

Para ingresar a la entidad mayorista, desde el año 2014 la Municipalidad de Río Cuarto exige a todo productor el Registro de Operadores Frutihotícolas (ROFH), que se obtiene mediante el cumplimiento de una serie de requisitos técnicos y administrativos. Uno de los puntos más importantes es la contratación de un Director Técnico, de profesión Ingeniero Agrónomo y habilitado como Asesor Fitosanitario, que debe realizar relevamientos semanales tanto de la producción en la quinta como de la mercadería que finalmente llega al mercado.

Los Directores Técnicosfigura legal por ordenanza municipal- son los encargados de emitir las recetas fitosanitarias para el control de plagas, junto con las recomendaciones de aplicación. También llevan adelante los registros de cada lote, para saber cuáles son los cosechados o sembrados recientemente. Es decir, acompañan  a los productores en la gestión de las tareas a campo y administrativas.

Este seguimiento diario se complementa con la fiscalización del EDECOM (Ente Descentralizado de Control Municipal) que realiza auditorias en las quintas de la ciudad –evaluando a través de parámetros vinculados a las Buenas Prácticas Agrícolas- y deja asentado los puntos críticos donde se solicita que el productor trabaje hasta la próxima visita. “Hacen mucho énfasis en lo que es zona de lavado, guarda de productos químicos, calibración y mantenimiento de las mochilas para realizar aplicaciones”, dijo Gastón Pautasso, quien es uno de los cinco Directores Técnicos que trabajan los establecimientos hortícolas de la zona.

Una vez que la mercadería llega al Mercado de Abasto se toman muestras aleatorias para que la misma sea controlada en el laboratorio propio que tiene la entidad. Allí se buscan residuos de plaguicidas y contaminantes microbiológicos; si aparecen resultados de “no conformidad” por su presencia, se corta la comercialización inmediatamente y se informa de los resultados al EDECOM, quien se dirige a la quinta correspondiente para analizar el motivo de la contaminación.

Estudio Malaquita

“Casi no hemos tenido problemas con residuos de agroquímicos en los últimos años. Quizás sí con los casos de contaminación microbiológica, que puede darse en varias etapas de la producción. Entonces se trabaja en detectar cuándo se produjo el error para poder resolverlo”, explica Guevara.

El presidente del Mercado de Abasto destaca la ausencia de problemas por contaminantes químicos

“El rol de los ingenieros agrónomos en esta dinámica entre el Mercado, el EDECOM y los productores es fundamental, son los que facilitan los vínculos y hacen dinámico este proceso”, agrega el dirigente. Por otro lado, se encarga de remarcar que el trabajo con los productores es de seguimiento constante, y no tanto de penalización: “Hay muy pocos antecedentes de multas generadas. Primero vemos cuál fue el problema y después si se realiza una sanción”, afirma.

A pesar de este efectivo sistema de control, el cinturón verde local todavía mantiene algunas deudas y una de ellas es el ordenamiento territorial. Actualmente Río Cuarto se divide en su Zona Urbana (el centro de la ciudad), a la que le sigue una Zona de Anexión (donde conviven proyectos urbanos, industriales y productivos) y posteriormente las Zonas Agropecuarias 1 y 2 que, como su nombre lo indican, están dedicadas exclusivamente a las tareas productivas.

Según explica Pautasso, esta Zona de Anexión resulta conflictiva ya que todos los años el IMPURC (Instituto Municipal de Planeamiento Urbano) debe determinar hacia dónde avanzará la misma. Por eso, el productor hortícola (en realidad, cualquier actividad de la zona que se encuentre allí) debe renovar anualmente su permiso –denominado uso conforme de suelo- para seguir trabajando la tierra.

El ordenamiento territorial es el gran desafío de los próximos años, afirma Pautasso

“Si el IMPURC resuelve no renovar ese permiso, el productor tiene que mudarse a otra zona. Por ahora se ha dado solamente en un caso, de un productor que alquila y tiene plazo hasta diciembre de este año para producir. Pero no sé qué pasaría en caso de que el productor fuera dueño de la tierra”, comenta Pautasso.

Y agrega: “Hoy en día mover un establecimiento de este tipo es muy difícil, por una cuestión económica y de planificación. La horticultura no se frena durante el año, siempre se va entrelazando para tener producción a lo largo de los doce meses. Ni hablar si se piensa en la inversión realizada en caso de que existan invernaderos, malla antigranizo o bombas para riego”.

Mientras más se expanda el casco urbano, mayores son las posibilidades de tener que trasladar la actividad hortícola a otras zonas. Aunque vale decir que eso dependerá de la decisión política de quienes estén al frente del planeamiento territorial. También podría suceder el desarrollo urbano ceda en pos de resguardar la zona hortícola. “Estamos trabajando para ordenar un poco, darle cierta previsibilidad al productor de que acá a cinco años no va a tener este tipo de problemas”, cierra el ingeniero.

Malla antigranizo, una tecnología necesaria

Los últimos años han sido difíciles para la producción hortícola. Altos costos, insumos dolarizados y una caída del consumo en el mercado interno dificultan la rentabilidad de pequeños y medianos productores. A pesar de esta situación, Río Cuarto mantuvo la cantidad de superficie trabajada e incluso aumentó las hectáreas de cultivos bajo malla antigranizo (actualmente 29 hectáreas).

La malla permite atenuar el impacto económico ante las intensas caídas de granizo

Dos años atrás el Ministerio de Agricultura y Ganadería de la Provincia realizó aportes no reintegrables a un grupo de 24 productores a través del Programa para el Desarrollo Rural Incluyente (PRODERI) para la instalación de media hectárea de malla antigranizo. “Las mallas dan seguridad tanto para los consumidores como para el productor. Ante un evento climático quizás el productor lleva menos mercadería al Mercado, pero algo lleva. Y cuida a su cliente con mejores precios ya que no se dispara por falta de oferta”, explicó Pautasso.

Y añadió que además de evitar pérdidas importantes ante un evento climático, la malla permite mejorar la calidad comercial de la hortaliza, sobre todo en cultivos de hoja: disminuye las pérdidas al momento de iniciar un cultivo, reduce el impacto de la gota de lluvia, amortigua la radiación solar entre un 8% y un 12% y permite mejorar el aspecto del producto, con mayor cuerpo y brillo.

Emelka. Manzanas y Peras de Río Negro
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