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Alarmante: Solo el 6% de los argentinos come la cantidad de frutas y verduras recomendadas por la OMS

|Argentina|

Los argentinos consumimos, en promedio, solo dos porciones diarias de frutas y verduras al día. Lejos, muy lejos, de las cincos porciones recomendadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Los datos provienen de la última Encuesta Nacional de Factores de Riesgo, publicada recientemente por la Secretaría de Salud de la Nación. Lo más preocupante de estos números es que no hubo mejorías respecto a los índices de 2013.

El “estancamiento” de la alimentación saludable no es nuevo en Argentina. En los últimos 20 años, la ingesta de frutas disminuyó un 41% y la de hortalizas un 21% mientras que, en el mismo período, el consumo de gaseosas y jugos en polvo se duplicó. Este indicador tiene su correlato con un cambio en el patrón alimentario a nivel mundial, especialmente en poblaciones urbanas, donde creció la presencia de alimentos ultraprocesados en las dietas, con seudo alimentos de alto contenido energético y bajo valor nutricional, predominando aquellos con contenido alto en azúcares, grasas y sal. Según datos de la Organización Panamericana de la Salud, Argentina lidera, junto a México y Chile, las ventas anuales per cápita de productos ultraprocesados en Latinoamérica. Un podio para sentirse no precisamente orgullosos.

La OMS es clara: el consumo sostenido de frutas y verduras (acompañado, claro, de otros hábitos saludables como la actividad física) reduce considerablemente las posibilidades de contraer Enfermedades No Transmisibles (ENT) -responsables del 73,4% de las muertes en nuestro país- como las cardiovasculares, el cáncer y la diabetes. Sin embargo, las recomendaciones parecen no hacer eco en nuestra población. Solo el 6% de los argentinos cumple con las recomendaciones de consumir 5 porciones al día, lo equivalente a 700 gramos de frutas y verduras.

Argentina es uno de los mayores consumidores de productos ultraprocesados per cápita de América Latina

¿Cuáles son los factores que limitan su consumo? Casi la mitad de la población encuestada (42,7%) alega que “ya come la cantidad adecuada”, mientras que otro 36,6% señala que la compra y preparación de las mismas requiere mucho tiempo, colocando a la falta de hábitos (y voluntad) en un primer plano. Por otro lado, un 18,8% señaló factores económicos (les resultan caras) mientras que solo un 1,1% indicó dificultades de accesibilidad para su compra.

No obstante el bajo consumo generalizado de frutas y verduras, no es menor señalar que se evidenciaron diferencias significativas en la ingesta según niveles de ingresos y clase socioeconómica. Por ejemplo, el promedio resultó mayor entre aquellos con obra social/prepaga o ubicados a partir del 3° quintil de ingresos (NdE: Un quintil es un vocablo utilizado para definir niveles socioeconómicos según los ingresos per cápita familiar: el quintil 1 es el más pobre y el 5 el más rico).

Casi la mitad de la población encuestada alega que ya come la cantidad adecuada.

En este sentido, el informe menciona que las personas de menores ingresos y/o con cobertura de salud pública refieren con mayor frecuencia tener barreras económicas para incrementar su consumo de frutas y verduras, mientras que aquellos con ingresos más altos señalan factores individuales (como falta de hábitos o tiempo).

En cuanto a la percepción de una alimentación saludable, solo un tercio de la población (28%) reconoce tener una dieta poco a nada saludable. “Resulta un indicador relativamente bajo si se tiene en cuenta el patrón alimentario francamente inadecuado de la población argentina, lo que nuevamente denota la necesidad de profundizar las acciones educativas”, detalla el informe.

Estudio Malaquita

Respecto a este último dato, las razones por las cuales los individuos consideraron su dieta poco saludable fueron agrupadas en tres dimensiones: a) Hábitos alimentarios (59,0%) como falta de tiempo, consumo de alimentos altos en grasas y/o azúcares, falta de gusto o de interés; b) dimensión asociada al precio y accesibilidad (23,7%), donde se considera que los alimentos saludables «son muy caros”; y c) cuestiones de entorno (14,1%), en las cuales se presenta como una dificultad conseguir alimentos saludables por falta de opciones.

Si bien en los últimos años se multiplicó la cantidad de información disponible y crecieron las tendencias “fit” en nuestro país, existen todavía problemas estructurales en lo referido al consumo de frutas y verduras, un aspecto fundamental para tener una dieta realmente sana. Está científicamente comprobado que los suplementos dietarios o los productos “a base de” no reemplazan a los alimentos frescos, por lo que es necesario abordar el tema con la seriedad que se merece.

Chile posee una «agresiva» Ley de Etiquetados como política pública contra la obesidad y el sobrepeso

Para cambiar realmente estos números es necesario el trabajo de todos los actores de la cadena, tanto privados como públicos. Sin embargo, le cabe al Estado la responsabilidad principal de fomentar estrategias de promoción del consumo, trabajando además fuertemente en las cuestiones educativas sobre las generaciones actuales y futuras. Por otro lado, debe resolver las dificultades de acceso que afrontan hoy las clases más desprotegidas, donde los indicadores son especialmente bajos. Y, por qué no, trabajar en políticas públicas que limiten la capacidad de acción de las publicidades de alimentos ultraprocesados o bebidas azucaradas, principal flagelo de la obesidad y sobrepeso infantil a causa de la malnutrición.

Por ejemplo, sería interesante que nuestro país pudiera avanzar hacia una ley de etiquetado que imite el ejemplo chileno donde, entre otras cosas, este tipo de productos debe llevar la leyenda “exceso de” cuando entre sus ingredientes hay sal, grasas, sodio y azúcares por demás. Belén Ríos, codirectora de la Fundación Interamericana del Corazón Argentina, es clara respecto a este punto: «Los consumidores somos el blanco constante de múltiples acciones de marketing de las empresas alimenticias. Estas acciones, que tienen a los envases de los productos como uno de los soportes centrales, esconden información y confunden a los consumidores sobre el contenido y consecuencias del consumo de sus productos”, señala.

Por eso actualmente muchas instituciones que trabajan en pos de una alimentación saludable solicitan que se incorpore el sistema frontal de advertencias como una de las medidas necesarias para desincentivar el consumo de este tipo de productos, el cual se ha demostrado superior a otros sistemas de etiquetado como GDA, Nutriscore y Semáforo.

«Los gobiernos deben implementar políticas basadas en evidencia científica sólida y libres de conflictos de intereses», Belen Ríos, FIC

Es lógico imaginar que, por sus propios intereses económicos, las empresas «obstaculizen» la implementación de sistemas de advertencias más explícitos. No obstante, meses atrás las declaraciones del Secretario de Salud de la Nación, Adolfo Rubinstein, generaron sorpresa cuando el funcionario sugirió idear un «sistema híbrido» entre el etiquetado GDA y el frontal. «Se trata de un sistema sin antecedentes, que carece de soporte científico y que no ha sido implementado en ningún país», afirmaron desde FIC en relación a la sugerencia de Rubistein.

“La voluntad política y el accionar de los gobiernos es fundamental para garantizar el acceso a la información clara y veraz sobre los productos que se consumen. No es algo que pueda quedar en manos de las empresas. Los gobiernos deben implementar políticas basadas en evidencia científica sólida y libres de conflictos de intereses que protejan el derecho a la información, a la salud y a la alimentación adecuada”, concluyó sobre este punto Belén Ríos.

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