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Comercialización

Controles de Aduana a la exportación de ajo argentino

|Argentina|

A través de una resolución publicada en el Boletín Oficial, la Dirección General de Aduanas (DGA) determinó el valor de referencia para la exportación de ajo argentino. Esta es una herramienta que busca evitar las subfacturaciones de los exportadores no solo en el ajo, sino también en otros productos del sector como cebolla, tomate, arándanos o papa. Además, permite establecer una base imponible para el pago de los derechos de exportación, aunque desde diciembre del año pasado los productos de las Economías Regionales están exentos de este impuesto por decisión del gobierno.

“Se trata de instrumentos de control que fueron desarticulados y relegados durante el gobierno anterior, y comenzaron a restablecerse en diciembre de 2019”, informan desde Nación. Según se detalla en la resolución, los valores establecidos van desde 0,50 centavos de dólar hasta 1,84 dólares por kilogramo, de acuerdo a las clasificaciones del producto, que varía a partir de la variedad de ajo, su calibre y su calidad. 

Guillermo San Martín, coordinador de la Asociación de Empacadores, Productores y Exportadores de Ajo, Cebolla y Afines de Mendoza (ASOCAMEN) dijo a InterNos que las entidades de productores fueron consultadas por Aduana antes de la publicación de este documento. “Vemos que, en determinadas categorías, hay valores de referencia que están levemente por encima de lo que sugerimos, que es la realidad de mercado. Y lo que tememos es que nos complique el trabajo para la próxima temporada. Son resoluciones que tienen sus tiempos administrativos para ser actualizadas, nuestra preocupación es que esos números reflejen lo que indica el mercado”.

El punto que marca San Martín no es menor. Es que para el ajo argentino el mercado interno es menor e incipiente. Del total producido en nuestro país, un 90% se exporta al exterior y un 10% se consume acá. Por eso el precio de esta hortaliza está directamente ligado su valor internacional que, como bien se sabe en el rubro, puede sufrir importantes variaciones según lo que suceda en otros países productores. 

Como se mencionó al principio, este tipo de resoluciones sirven de referencia para evitar la evasión impositiva de los exportadores. No obstante, la falta de actualización de esos precios puede entorpecer el flujo comercial de quienes envían sus productos al exterior. “En otras oportunidades, algunos productores han tenido que pagar derechos de exportación sobre valores referenciales que están muy por encima de la realidad del mercado”, dice el dirigente. “La aduana siempre tiene resoluciones más ‘conservadoras’. La experiencia es que cuesta mucho que reconozcan la baja de los precios”, agrega.

Este esquema rígido podría generar que un importador -pongamos por caso brasilero- oferte por debajo los valores de referencia y que, al aceptarlo el exportador desde acá, la Aduana detecte problemas por subfacturación en la salida de los camiones. Por eso el dirigente insiste en la necesidad de actualizar el sistema a través de fuentes de información que permitan seguir la evolución de los precios internacionales de manera ágil.

“Haces la factura electrónica de exportación, tenes el contrato, la documentación del importador, pero igual pueden aparecer los problemas en Aduana. Empiezan a investigar por qué se está facturando menos y comienza un proceso de investigación que puede durar 1 o 2 semanas hasta que seguramente le den la razón al exportador. Pero imaginate esa operación multiplicada por 1000 o 1500 contenedores”, grafica San Martín.

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La oferta de ajo argentino, además de exportarse casi en su totalidad, se encuentra atomizada en pequeños y medianos productores de las provincias de Mendoza y San Juan, principalmente. Esto hace que el producto sea diverso -en calibres y en variedades- pero sobre todo en calidades.

“Cada operación de exportación tiene su precio, cada carga de ajo tiene su determinada calidad. No se puede hablar de un precio igual para todos, hacemos un promedio, pero eso puede ser tramposo. Hay cargas que pueden tener problemas de manchas, por ejemplo, y que ese producto vale menos. Pero si un ajo está perfecto, valdrá un 15% más, aún siendo de la misma categoría”, explica el dirigente.

Y añade: “En Argentina hay 150 exportadores, que mandan a Estados Unidos, Brasil, Taiwán, Unión Europea, Canadá. Hay mucha competencia y mucha dispersión de precio, no hay un precio unificado. En otros sectores, como el vino, dos empresas tienen más del 60% de las exportaciones. Pero acá eso no pasa. Este es un sector de pymes. El que más exporta debe exportar 5 o 7 millones de dólares, y después el resto está entre los 500 mil y los 2 millones de dólares, que deben ser cerca de 80 exportadores”.

Las asociaciones de productores se mantienen alerta en lo que respecta a la próxima campaña de cosecha en nuestro país. La información que manejan por estos días es que tanto Brasil como China -este último, quien define el precio internacional del ajo por los volúmenes que produce- están con una mayor superficie sembrada, lo que podría traccionar una caída del precio. “Hay que ver cómo termina la campaña, con el tema climático y de rendimientos, son factores importantes que pueden actuar a nuestro favor. Pero por ahora no es el mejor escenario”, dice San Martín.

2021: ¿exceso de oferta?

En las últimas semanas los productores de ajo terminaron de plantar para la cosecha de este año. Por el momento el clima acompaña y no ha generado mayores inconvenientes. Sin embargo, hay una gran piedra desde lo comercial: todavía queda mucho ajo guardado de la campaña anterior, que no salió porque el mercado brasilero -principal comprador de nuestro producto- atraviesa un contexto económico complejo debido a los efectos de la pandemia.

La parálisis económica que hay en Brasil la estamos viviendo en carne propia, por precios bajos y bajísima demanda. No se está cargando nada. Estamos esperando que el mercado se active y repunte. En esta época deberíamos estar rozando las 8 millones y medio de cajas exportadas, y a Brasil llevamos 6”, explicó el dirigente de ASOCAMEN.

“Estamos casi dos millones de cajas abajo, esperamos no tener que malvenderlas. Si no repunta la situación en Brasil los productores se verán obligados a desprenderse del ajo al precio que puedan, y seguramente se pierda plata”, agregó.

A este panorama no muy feliz, San Martín suma que los altos costos de producción en Argentina y un tipo de cambio oficial para exportación ‘pisado’ son factores que no ayudan a la rentabilidad del negocio. 

“En las paritarias que venimos cerrando con empleados de campo y galpón de empaque, estamos reconociendo no la inflación oficial, sino la inflación real. Para el productor es preocupante, empiezan a achicarse los márgenes y empezamos a tener resultados negativos. Se nota en las zonas rurales. El ajo es una actividad que distribuye mucho en todo el oasis de Mendoza y San Juan, mueve muchos jornales, es una actividad que derrama, muy importante en la zona. Cuando hay plata se nota, y cuando no también”, concluyó.

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