Fuerte presión fiscal y altos niveles de evasión en el Alto Valle

|Alto Valle|

La importante presión fiscal que recae sobre el sector productivo de peras y manzanas encarece el producto y trae aparejado la pérdida de competitividad frente a otros mercados. Al mismo tiempo aumentan los números de fruta no registrada en su comercialización.


Chacareros del sector productivo del Alto Valle reclaman por los elevados impuestos que pesan sobre la actividad de peras y manzanas en la Patagonia. Las frutas que llegan hacia los mercados de abasto del país tienen incorporado los costos de mano de obra, logística, transporte y empaque propios del proceso productivo. Luego se le suma el valor de comercialización que añaden los intermediarios para el consumidor final.  Ya se ha demostrado que el último eslabón de la cadena carga un porcentaje importante del precio final que paga el consumidor.  Sin embargo, poco se ha dicho de lo recaudado por el Estado en materia impositiva. Según expone el diario Río Negro, un reciente estudio privado ofrece detalles de lo que percibió el Estado por la  comercialización de peras y manzanas durante el 2016: el total ascendió a los 1.950 millones de pesos. Es decir que el fisco recaudó durante todo el año pasado un promedio de 8,4 pesos por kilo de peras y manzanas, mientras que el productor recibió por esa misma fruta 4,3 pesos por kilo. Chacareros de la zona reclaman que esta diferencia es exagerada y no se reconoce la ardua tarea realizada durante las cosechas para que el alimento llegue a la mesa de los consumidores con la mejor calidad posible.

En este sentido,  afirman que aquel dinero no se ve retribuido en mejores condiciones para producir. Por eso exigen una reforma tributaria que devuelva competitividad y recompense de manera efectiva los recursos que aporta la actividad.

Como contrapartida, se estima que el sector mantiene importantes niveles de evasión fiscal. Datos extraoficiales aseguran que son alrededor de 1.200 millones  de pesos los que se evitan pagar una vez que la fruta sale de los mercados concentradores.

Si bien no existen datos sobre las transacciones no oficializadas, operadores aseguran que la evasión se realiza sobre todo en la primera y segunda venta en el Mercado Central de Buenos Aires. Allí, fruterías y pequeñas empresas no pagan sus impuestos y escapan a las sanciones por manejar volúmenes pequeños de producción. A medida que los niveles de facturación aumentan, se complejiza eludir las cargas tributarias de estos compromisos fiscales.

Los chacareros del Alto Valle hacen frente a una situación de desamparo ocasionada por múltiples causas: malas condiciones climáticas, abandono de gobiernos provinciales y nacionales, dificultades para competir por los altos costos y la reciente importación de fruta extranjera. La presión tributaria forma parte estructural de las dificultades que atraviesan los productores al momento de comercializar sus productos.

Otro factor que complejiza el debate

Si bien hoy el productor del Alto Valle recibe un porcentaje significativamente menor a los precios de los productos que se comercializan en góndola y a lo recaudado por el Estado en impuestos, también es cierto que una de las características del sector es la de poseer una estructura integrada por varios eslabones (productores, empacadores, transportistas y comerciantes) que tienden inevitablemente a incrementar el valor final de la fruta. Por este motivo es necesario que se establezcan políticas de Estado encaminadas a reducir los costos de producción de los chacareros, en pos de devolver rentabilidad al sector. Esto puede lograrse financiando la elaboración de peras y manzanas en el Alto Valle, pero para que suceda es ineludible que los recursos generados por la política impositiva se normalicen. En este sentido, los productores exigen una reforma tributaria que elimine la fuerte presión fiscal que agobia a la actividad. El debate sigue abierto y se esperan prontas respuestas para el sistema frutícola.