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Política Sectorial

Retenciones al «campo»: una discusión donde prevalecen los exportadores de granos

|Argentina|

El día sábado 14 el gobierno de Alberto Fernández decidió modificar, a través de un Decreto publicado en el Boletín Oficial, el actual esquema retenciones. Además, suspendió las Declaraciones Juradas de Ventas al Exterior (DJVE) para la exportación de granos. La discusión del fin de semana giró en torno al “campo” -en cuanto a los productores de la agricultura extensiva- quienes mostraron su disconformidad con la medida.

En concreto, el gobierno dejó sin efecto el tributo de 4 pesos por dólar exportado que el expresidente Mauricio Macri estableció en septiembre de 2018 y dispuso máximos de 12% para los cereales y de 30% para la soja. Además, instauró una alícuota fija del 9% para productos como la carne, pescado, leche en polvo y algunos productos regionales como porotos y legumbres.

Para otras producciones regionales (como la frutihorticultura) no se produjeron modificaciones respecto a los 3 pesos por dólar exportado que se tributan actualmente, los cuales representan un 5% del valor FOB. Por ahora, los dirigentes de las principales entidades frutícolas se mantienen a la expectativa respecto a lo que suceda en las próximas semanas, sin declaraciones ni posicionamientos al respecto.

Tanto Alberto Fernández como el ministro Luis Basterra aclararon públicamente que este esquema no será el definitivo y que se trabajará en un nuevo proyecto que “incentive e incremente la producción y exportación de productos de alto valor agregado”. De esta manera, el gobierno podría mantener o disminuir los 3 pesos por dólar que tributan actividades como la fruta de pepita del Alto Valle, los cítricos y arándanos del litoral, las cerezas y los frutos secos del sur o la industria vitivinícola cordillerana.

Trabajadores golondrina. En el Valle de Río Negro y Neuquén, llegan entre 26.000 y 28.000 trabajadores para la temporada de cosecha. La fruticultura es gran dadora de mano de obra en todo el país.

Según lo dio a entender en diversas entrevistas el ministro Basterra, las Economías Regionales tendrán un trato diferenciado, especialmente aquellas que agregan valor y aportan gran cantidad de mano de obra en su proceso productivo. En esta categoría entrarían también los jugos concentrados y las hortalizas como el ajo, la cebolla o la zanahoria, que en su mayoría están representadas por pequeñas y medianas empresas.

Por la tarde del sábado, ante el malestar expresado por entidades agrarias como Sociedad Rural o la Confederación Rural Argentina, el ministro Luis Basterra expresó que lo publicado en el Boletín Oficial no representaba un aumento de este impuesto, sino una actualización que “acompaña los movimientos del tipo de cambio peso-dólar”. Por su parte, el presidente Alberto Fernández  aclaró que en caso de producirse aumentos en las retenciones los mismos se darán previo diálogo con los actores del sector.

Reivindicar que el campo es más que la exportación de granos será fundamental para comprender la diversidad productiva de nuestro país.

Vendrán semanas de definiciones, tensiones y acuerdo políticos. Un tira y afloje entre quienes bregan por una mirada distributiva y quienes consideran que “el campo” –siempre hablando de aquellos cultivos que representan el grueso de  los ingresos de divisas del exterior- no puede ser “asfixiado” con este tipo de medidas. Se discutirá sobre rentabilidad, productividad, proyectos colectivos y emergencia económica y social.

Lo que no deja de llamar la atención es que, una vez más, funcionarios, medios y dirigentes naturalicen la noción de campo como una unidad homogénea y enlazada. La producción de frutas y hortalizas, por caso, enfrenta realidades disimiles a productos como la soja, el maíz o el trigo, pero también es “el campo” por su aporte en la generación de empleo, su alto nivel de inversión en tecnología, su desarrollo industrial o incluso su aporte al consumo interno.

Empaque de cítricos en San Pedro, Buenos Aires. El trabajo intensivo de la fruta no termina en el campo: se extiende durante todo su exigente proceso de selección y empaque.

La frutihorticultura argentina exporta. Contempla a los productores locales y de los cinturones verdes. Es dadora de trabajo tanto en el campo como en los empaques. Y tiene una fuerte pata en la comercialización: en nuestro país existen más de 45 mercados mayoristas que albergan más de 5 mil pymes familiares. Cada una fuente de trabajo, a la que se suman los comercios minoristas de la región. Este es un segmento fundamental de la economía, hoy desatendido.

Lejos de las etiquetas, las actividades extensivas e intensivas afrontan realidades diferentes desde los ciclos de producción, sus costos internos y sus mercados. Diferenciales deberán ser también las políticas que el Estado dirija hacia éstas a la hora de financiarse. De lo contrario, la gestión actual recaerá en el mismo error que el gobierno saliente: pensar en el financiamiento de la caja antes que en el desarrollo de la actividad productiva.

Desde lo social, reivindicar que el campo es más que la exportación de granos será fundamental para comprender la diversidad productiva – compleja- de un país extenso y rico en recursos como Argentina; visibilizando además el lugar de los pequeños y medianos productores, los actores de la agricultura familiar o los exportadores de productos con valor agregado, entre otros.

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