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Política Sectorial

Alberto Diomedi: “Quiero sacarles el salvavidas de plomo a los productores”

|Río Negro|

Alberto Diomedi es tercera generación de fruticultores y actual ministro de Agricultura, Pesca y Ganadería de la provincia de Río Negro. Asumió su cargo en 2017, previo paso como titular de la Secretaría de Fruticultura, en la cual estuvo durante el período 2014-2016. De tradición productora, dejó la chacra para ejercer la función pública y construir «acuerdos de trabajo» que permitan al sector salir de la crisis estructural que vive desde hace más de una década.

¿Por qué la fruticultura de Río Negro no logra despegar después de tocar sus pisos históricos? ¿Por qué, a pesar de tener gran cantidad de productores y hectáreas sembradas, crecen los números en rojo de la actividad, incluso en un contexto internacional favorable?

“El mundo fue cambiando tan rápido y tan progresivamente que, por las distintas políticas de los Estados nacionales que hemos tenido, nos hemos desprendido de él”, dice el Ministro y esa primera frase será un resumen de lo que aparecerá reiteradas veces a lo largo de toda la conversación: para Diomedi, la falta de planificación a nivel nacional ha sido, no sólo para la fruticultura sino paras las Economías Regionales en general, un factor decisivo.

Producir frutas en el Valle ya no es la seductora actividad que era veinte o treinta años atrás. Costos dolarizados, estructuras impositivas sobrecargadas, falta de financiamiento y hasta caída del consumo interno son algunos de los factores que desmotivan la inversión. ¿Es posible que la fruticultura resurja mejorada de la que parece ser la crisis más importante de su larga historia? Diomedi se muestra optimista. “Estamos produciendo en un lugar codiciado por el mundo, que es la Patagonia. Tenemos las herramientas. Hoy te puedo decir que la fruticultura sí es posible”.

¿Se puede rastrear el momento en que la fruticultura dejó de ser rentable para los productores del Valle?

Yo creo que los vaivenes de la política argentina nos sacaron del circuito comercial. Y esto pasó no sólo en la fruticultura, sino en todas las Economías Regionales. Argentina bajó el 50% de la producción como país. El mismo problema lo tenemos con las uvas, el citrus o la yerba mate. Este es un piso del cual tenemos que resurgir. La recomposición de esta situación la estamos planificando a diez años.

¿Cuáles son esos vaivenes a los que se refiere?

Me refiero a la falta de políticas nacionales a largo plazo. Yo no puedo planificar con un dólar a 18 pesos si unas semanas después lo tengo a 40. Hay una incertidumbre cambiaria muy grande. Eso reduce las motivaciones para invertir. Las políticas comerciales van variando de acuerdo a los políticos de turno. Hoy estamos con una política abierta para llegar al mundo, pero antes no era así. Estas son las cosas en las que tenemos que ponernos de acuerdo e ir todos para el mismo lado.

«Hay una incertidumbre cambiaria muy grande. Eso reduce las motivaciones para invertir»

¿Cómo ve las retenciones y la baja de los reintegros? ¿Se abordan estos temas con el gobierno nacional?

Son un viejo reclamo. Hay que cambiar el marco impositivo del país para la producción. Por ejemplo, en lo que respecta a aportes y contribuciones: mientras que Chile paga el 2% nosotros pagamos casi el 50%. El IVA en todo el mundo está debajo del 10%, pero nosotros pagamos el 10.5% para la compra y el 21% para la venta. No tenemos líneas de financiamiento y las que hay son a tasas muy elevadas. ¿Quién va a querer tomar una línea de financiamiento del 60% hoy?

Muchos productores aducen que el mayor problema es comercial y que, al recibir un precio demasiado bajo por la fruta -incluso inferior a sus costos de producción- no tienen posibilidades de invertir.

Cuando empecé en el ministerio hace dos años atrás le presentamos a toda la cadena frutícola un programa de la provincia de Río Negro que era el Libro Blanco. Este programa podría haberse ido ajustando, pero fue rechazado de plano. Era parte de un programa a diez años. Hablábamos de esquemas asociativos para darle mayor capacidad a la inversión. Es decir, un tractor para 10 hectáreas sobra, pero para 50 hectáreas es lo justo. Entonces proponíamos este modelo de trabajo entre ellos. También proponíamos que se aplicara tecnología de última generación en el empaque a través del asociativismo. El señor presidente de la nación había aprobado los créditos en tanto y en cuanto nosotros consiguiéramos el acuerdo de todos los integrantes de esta cadena.

Y no hubo acuerdo.

No hubo acuerdo. Y hoy están pidiendo a gritos asociarse. Mirá, acá hay una cooperativa que es un orgullo para nosotros. Se llama Primera Cooperativa Frutícola. Fueron dos grupos de productores que se juntaron para exportar su mercadería, con alrededor de 3000 hectáreas trabajadas. El resultado técnico, comercial y de capacitación fue buenísimo. Hasta comenzaron a trabajar allí las nuevas generaciones. Nosotros desde el gobierno buscábamos multiplicar eso.

«Con el Libro Blanco proponíamos esquemas asociativos para darle mayor capacidad a la inversión»

¿El productor es la “variable de ajuste” de la cadena?

No, somos todos. Ahora estamos hablando del productor, pero también hay infinidades de empresas que cerraron o que están en convocatoria de acreedores. Moño Azul fue comprada, se fue Salentein. Hay que mirar el conjunto. Aserraderos que proveían cajones, bines y pallets también fueron cerrando. La visión tiene que ser más integral.

La relación con la Federación de Productores

Diez minutos antes de la llegada del equipo de Revista InterNos, el ministro recibió la visita de Sebastián Hernández, productor y dirigente de la Federación de Productores de Río Negro y Neuquén, referente a la hora de plantear las demandas del sector frente a las autoridades provinciales y nacionales.

Diomedi cuenta que uno de los motivos principales de la reunión fue avanzar en una propuesta que la Federación plantea desde hace algunos meses: abrir canales alternativos de comercialización. Para eso, dice el ministro, se está profundizando la comercialización en las ferias de la ciudad de Buenos Aires –que comenzaron en 2018-  y se está gestionando también la tenencia de un puesto en el Mercado Central donde los chacareros puedan mandar su fruta. “Los productores van ir a vender y promocionar su producto a La Rural, a Caminos y Sabores, a Bariloche a la carta. La gente tiene que conocer la cara del productor, hay que volver a enamorar al consumidor”, dice el ministro a InterNos.

Si bien parecen alternativas válidas ante un contexto de crisis, uno no deja de preguntarse por qué es tan difícil que la cadena comercial funcione normalmente.

Es muy propio del argentino ser individualista. No podemos ponernos de acuerdo. Veo que hay un gran esfuerzo del gobierno nacional, de los empresarios y de los productores. Pero alinear esos esfuerzos va a llevar mucho tiempo, no va a ser de un día para el otro.

¿En qué sentido el Estado nacional está haciendo ese esfuerzo?

Primero con los ministros en la mesa del Consejo Federal Agropecuario, donde todo el mundo expone lo que se logra y lo que falta. Por ejemplo, una buena noticia es que cada vez que viaja el presidente de la nación o viajan los ministros encuentran nichos de comercialización. Ahora, yo para cubrirlos tengo que tener la cadena productiva aceitada: el tipo de manzana o pera que voy a tener, transporte, frío, mecanización. El plan de cerezas chileno busca plantar 4000 hectáreas por año. Nosotros como argentinos no tenemos un plan. Una hectárea de manzanas sale 50 mil dólares. Si vos tenés esa plata hoy, ¿la ponés en la fruta o en un plazo fijo al 60%? Estas son las cosas que tenemos que mirar.

¿Qué piensa cuando se dice que el productor es “Estado-dependiente”?

Eso no es así. El Estado siempre tiene que estar presente. Tiene que abrir mercados en el mundo y también tiene abrir líneas de financiamiento como lo hace cualquier empresa. El problema es lo que pasa con el sistema impositivo. El productor tiene sus costos tranqueras adentro, el empresario asume los costos dentro de su planta industrial, pero también el Estado debería asumir sus costos en la cuestión impositiva. El costo tiene que bajar en toda la cadena. Esto es lo que tenemos que mirar. Hay que bajar la presión fiscal e introducir tecnología.

«También el Estado debería asumir sus costos en la cuestión impositiva»

¿Qué tipo de tecnología?

La introducción de las plataformas de cosecha, que son máquinas autopropulsadas que sirven también para cosechar, podar o poner mallas antigranizo, por ejemplo. Empezaron a aplicarse en 1980 con las primeras máquinas que trajeron los italianos. Hoy en el mercado hay más de cien máquinas como ésta en el Alto Valle.  También está la poda neumática y ya existe la poda mecánica, donde con un pequeño golpe cortas hasta cinco centímetros de diámetro. Lo que estoy buscando es que eso llegue al productor a través de financiamiento.

En una reciente entrevista con el diario Río Negro usted dijo que era necesario cuidar la información que circulaba en torno al sector. ¿En qué medida lo que se dice sobre la actividad influye en la crisis actual?

Estudio Malaquita

Hoy en el mundo es muy leonina la cuestión comercial. Cuando se sabe que alguien está en desgracia, se aprovecha. Y la información corre muy rápido. Mis amigos de Europa me mandan información que sale en los medios cuatro horas antes de que yo me despierte. Entonces, tenemos que ser cuidadosos con la información negativa que damos. Estamos haciendo un gran esfuerzo por sacar adelante a la fruticultura. Te lo digo como productor y como ministro. A mí me pusieron en un artículo que durante mi gestión fue cuando más cayó la fruticultura. Pero la responsabilidad no recae solo en mí.

¿Cómo recibe esos comentarios?

Tengo solamente un norte: acompañar al productor y seguir adelante. En Río Negro hace dos años y medio que no tengo conflictos. Hay un reconocimiento al trabajo que estamos haciendo. Somos la única provincia que está acompañando a la fruticultura con un financiamiento del 12% a tasa fija, por cinco años, con doce meses de gracia. No existe en Argentina algo así. Lo ofrecemos para comprar plantas, tractores, plataformas, para realizar tareas de sanidad. También tenemos un programa provincial de compra de agroinsumos, que pagamos al contado y el productor va devolviendo luego en pesos. El esfuerzo que estamos haciendo es muy grande. El productor primario acá no paga ingresos brutos, todos los impuestos son nacionales. Lo impositivo no corre por mí.

¿Nación le pone un techo a lo que usted puede hacer como ministro provincial?

Me pone una limitante. Yo tendría que hacer mínimamente mil hectáreas por año de reconversión. Y eso no está programado a nivel nacional. En la provincia nosotros tenemos una línea de entrega de maquinaria donde llevamos más de 400 tractores entregados. Eso es un esfuerzo ejemplar que estamos haciendo. Por eso digo: no es todo malo. Pasamos de sesenta hectáreas a 300 hectáreas bajo invernadero con recursos provinciales. Ahora, si yo tuviera mis recursos más los recursos de Nación podría duplicar la apuesta.

Fracking y fruticultura

Aunque la extracción de hidrocarburos a través de técnicas no convencionales se centra mayoritariamente en la provincia de Neuquén, Río Negro también realiza fracking en algunos puntos de la provincia. La discusión largamente planteada sobre la coexistencia de estas dos actividades se sostiene a lo largo del tiempo. Le preguntamos al ministro su opinión sobre este tema al enterarnos que, frente a su propia chacra, tiene media hectárea de lo que alguna vez fue una producción de frutas y hoy son nueve pozos para la extracción de gas.

¿Le parece que pueden convivir fracking y fruticultura?

Sí, lo tenés acá en frente. La casa está entera, no se cayó, no tenés olor. Se controla mucho porque por acá pasan miles de personas por día. El fracking es una actividad a tres mil metros de profundidad. Ahora, pregunto: ¿qué estamos mirando respecto a este tema? Porque yo gracias a eso tengo el gas para calentar, el combustible para mis tractores, la nafta para los aviones. Eso sí, buscamos trabajar de forma ordenada entre ellos y nosotros. Yo puntualmente me senté con quien era el responsable de la ejecución de este pozo y le solicité que cumpla con buenas prácticas, sea ordenado, tenga trazabilidad. Y lo entendieron. Si vos recorres la zona te vas a dar cuenta que es una prolijidad total. Y esa chacra, nadie lo decía, pero estaba abandonada desde hacía cuarenta años por problemas judiciales.

¿Los derrames o accidentes no deben encender algunas alarmas?

Los accidentes pasan. El avión es el más moderno medio de transporte. Mueve billones de personas en el mundo y cuando se cae un avión es un escándalo. Pero no te dicen la cantidad de personas que se transportan por año. En estas extracciones se utilizó tecnología de última generación. Vinieron, hicieron los pozos y se fueron. Ahora está generando un montón de ingresos para el Estado por año. La convivencia es lo que vale.

¿Se le puede asegurar a un productor o a un ciudadano de a pie que la actividad no es riesgosa en cuanto al impacto sobre el suelo o sobre el agua?

Mira, en todos lados tienen que existir controles. Para eso tenemos a la Secretaría de Medio Ambiente, la Secretaría de Energía y también nosotros, que trabajamos a full en esto. Y hay contrapruebas con muestreos y análisis. Si entramos en el beneficio de la duda por cada cosa que hacemos, me parece que estamos mal. Yo tengo que creer en mis instituciones.

«Buscamos trabajar de forma ordenada. La convivencia es lo que vale»

¿Una perforación cerca de una chacra puede complicar el negocio de exportación con algún mercado?

Hace cuarenta años que estamos sacando petróleo en el Alto Valle. Y te digo algo, la tecnología que tenemos hoy no la teníamos por entonces. No, hoy no tenemos problemas con eso. Con lo que sí vamos a tener problemas es con el uso irracional del agua.

¿Por qué?

En 1960 por el río Negro pasaban 1400 metros cúbicos de agua, hoy pasan 750. Como ciudadanos también tenemos que ser conscientes de esto. A veces, magnificamos algunas cosas y se nos escapa la tortuga con otras. Nosotros hemos hecho importantes inversiones para no seguir volcando residuos cloacales en el río. Construimos plantas terminales de cloacas, donde se recicla el agua y se la utiliza para hacer reforestación. Eso también es noticia.  Nuestra propuesta como Ministerio de Agricultura, Pesca y Ganadería es el uso racional del agua para la producción. La situación más compleja de los próximos años no va a ser el petróleo, sino el agua.

¿Son comparables los consumos de agua entre una actividad y otra?

Yo no conozco en detalle los números de otras actividades porque no son mi área. Pero sí te puede asegurar que hoy para producir manzanas, con el sistema de riego gravitacional, se necesitan 352 litros de agua por kilo, mientras que con el riego mecánico se necesitan sólo 40. Argentina hoy exporta agua con la soja, la alfalfa y la carne que produce. Y te aseguro que son actividades que consumen más agua que los hidrocarburos.

¿Le preocupa que la actividad hidrocarburífera le “robe” la mano de obra a la fruticultura?

No, no es una preocupación. Los profesionales que lleva el petróleo son ingenieros. Hoy un pozo se maneja de forma electrónica. También quienes manejan camiones deben ser especialistas en hacerlo con cargas peligrosas. Es cierto que hubo tractoristas, choferes o personas relacionadas a la ingeniería que cambiaron de actividad. Pero no inciden en una media de ocho mil o nueve mil obreros que trabajan aquí en temporada de forma estable y los cincuenta mil durante la zafra. Solamente detectamos, cruzando la información, que se fueron a los hidrocarburos unas 700 personas.

De productor a funcionario

Cuando ingresó en la función pública Alberto Diomedi dejó los trabajos en la chacra, que fueron continuados por su hijo. Aunque asegura que producir es una tarea “que nunca se deja” sabe que la transición generacional ya está hecha. A seis meses de terminar su mandato (finaliza en diciembre, cuando asuma la recientemente electa gobernadora Arabela Carreras) Diomedi dice que le gustaría seguir y que “todavía quedan muchas cosas por hacer” para sacar la fruticultura adelante.

En 2014, cuando asumió en la Secretaría de Fruticultura, usted dijo: “Si no empezamos algún día a cambiar las cosas, nos vamos a transformar en lo de siempre, en quejosos”. A cinco años de estar en la función pública, ¿qué reflexión puede hacer de esa declaración?

Que todo cambio cultural lleva su tiempo. Yo no soy un mago, no tengo el poder de manejar toda la situación. Hoy los costos que tengo para una hectárea de producción son muy altos. Un tractor en Argentina sale 50 mil dólares, pero en Chile cuesta 25 mil dólares. Estamos atravesando un cambio importante para dejar de ser “quejosos”. Pero hay que poner un norte. Las leyes impositivas las hace el Senado. Vayamos por ahí a cambiar la situación y mejoremos los mecanismos para nos asfixiar la producción. Al productor, si vos le das herramientas, pone primera y después va solo.

«Lo que faltó fue una política a nivel nacional. Los cambios no son mágicos. Hay que planificar a futuro»

¿Pudo hacer todo lo que se propuso? ¿Qué cree que faltó?

Lo que faltó fue una política a nivel nacional. De mis cuatro años de gestión, estuve dos en fruticultura y dos de ministro. Y en esos dos años tuvimos el cambio de gobierno. En un momento teníamos todas las tranqueras cerradas y ahora las tenemos abiertas.  Pero cuando estaban cerradas también dejaban de producir campos, empaques. Restablecer todo eso lleva su tiempo, los cambios no son mágicos. Hay que planificar a futuro.

Su gestión termina en diciembre, ¿tiene ganas de seguir?

Sí. A la señora gobernadora electa la conozco porque integramos el mismo gabinete. Pero ella tiene todo el derecho a armar su equipo. Si me convoca, lo haré con gusto. Hay muchas cosas por hacer.

¿Qué cosas lo incentivan a continuar en el cargo?

El entusiasmo que tiene la gente para producir. Yo hago un esfuerzo tremendo. A mi edad debería estar pensando en relajarme. Pero tengo 68 años y le sigo poniendo la misma fuerza. Recorro toda la provincia. Acompaño a mis productores desde los más grandes hasta los más pequeños. Quiero sacarles el salvavidas de plomo que tienen hoy.

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¿Cómo votaron las principales localidades frutícolas del país?

|Argentina|

Las elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO)​ fueron un gran golpe para el gobierno nacional. El principal candidato de la oposición, Alberto Fernández (Frente de Todos), derrotó por más de 15 puntos al actual presidente de la Nación Mauricio Macri, quien tendrá una parada difícil en octubre para ser reelegido.

Los resultados sorprendieron a propios y ajenos, tanto por la diferencia porcentual como por el categórico mensaje que significó para Cambiemos perder en todos los distritos del país, a excepción de Córdoba y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA).

Si miramos lo que sucedió en las principales localidades frutícolas, la situación no cambia demasiado. Lo que se observa es un rechazo generalizado a las reglas de juego que el gobierno planteó a las principales Economías Regionales en los últimos años: altos costos por inflación, retenciones a la exportación de productos primarios con mano de obra intensiva y baja de los reintegros por envíos al exterior, entre otras cosas.

A modo de ejemplo, vale mencionar lo sucedido en la localidad de General Roca, una de las ciudades más representativas de la producción de fruta de pepita en el Valle rionegrino, donde la oposición se impuso por el 30% de diferencia frente a la fórmula del actual gobierno nacional (53,6% a 22,5%). Para ser justos, la producción de peras y manzanas al sur de nuestro país atraviesa una crisis sostenida desde hace por lo menos una década, sin embargo muchas de las decisiones del ahora Ministerio de Agroindustria, Pesca y Ganadería no hicieron más que profundizar esta situación.

Tareas de poda en manzanos. La producción de fruta de pepita en el Valle, una de las más golpeadas

En ese contexto, vale recordar los problemas sanitarios que tuvo la región por el envío de mercadería con carpocapsa a Brasil en febrero de este año; hecho por el cual ese mercado estuvo virtualmente cerrado durante algunos días. Muchos productores adujeron que la situación era resultado de la falta de inversión en tareas sanitarias, producida por la poca rentabilidad de los chachareros. Las dificultades del sector no son un fantasma en la cabeza de los empresarios y fruticultores del sector. El propio gobierno aceptó las dificultades cuando extendió la Emergencia Productiva a la producción de peras y manzanas en Neuquén, Río Negro, Mendoza, San Juan y La Pampa.

Esta situación electoral se repitió en dos localidades de producción citrícola por excelencia como lo son Bella Vista en Corrientes (con 3760.83 hectáreas de cítricos distribuidas entre limón, naranja y mandarina) y Burruyacú, el departamento de Tucumán que posee 13.452 hectáreas de cítricos implantadas, siendo el punto más importante a nivel provincial. En el primer caso el Frente de Todos obtuvo el 59,2% de los votos, frente al 29,5% de Juntos por el Cambio. En el segundo caso la diferencia fue aún mayor: 78,7% a 13,62%.

La producción citrícola ha sido otra de las actividades con muchos problemas de rentabilidad en los últimos años. A excepción del limón, que salvo eventuales inconvenientes climáticos, logró colocar su mercadería a buen precio en el mercado interno y además consolidó la apertura de cuatro nuevos mercados: Estados Unidos, India, México y Japón.

Estudio Malaquita

Pero no toda la actividad corrió la misma suerte. La fuerte suba de los costos productivos a raíz de los diversos aumentos del tipo de cambio, la caída de la demanda interna y una exportación decreciente fueron algunos de los motivos que denunciaron diferentes dirigentes del sector en reiteradas ocasiones. Es más: algunos llevaron el reclamo hasta Buenos Aires, al “Frutazo” realizado durante el mes de abril de este año junto a productores de la agricultura familiar. La citricultura, como la fruta pepita en el Valle, también fue declarada en Emergencia Productiva en las provincias de Entre Ríos, Corrientes, Misiones, Jujuy y Salta. Esta medida, aunque en ambos casos representa un alivio en el corto plazo para productores y empresas, no resuelve el problema estructural de la actividad vinculado a la falta de rentabilidad, caída de la productividad y la paulatina pérdida de mercados.

En algunas localidades frutícolas del norte la historia se repite. Sólo para graficarlo cabe destacar el ejemplo de Pilcomayo, departamento de Formosa donde se ubica Laguna Naineck, importante zona productiva de bananas. Allí el Frente de Todos obtuvo un 73,2% de los votos, mientras que Juntos por el Cambio el 19,85%. ¿Y qué pasó en Orán, también localidad productora de bananas, en la provincia de Salta? Algo similar. El frente liderado por la oposición alcanzó el 60% de los votos, en tanto que el oficialismo apenas el 15,5%.

El productor argentino posee un perfil diverso según la región en la que produce y su actividad específica

Con 1.050 hectáreas, Entre Ríos es la principal provincia productora de arándanos en nuestro país, concentrada mayormente en la localidad de Concordia. Allí el gobierno nacional también perdió por una importante cantidad de votos (56.6% a 32,9%). Esta actividad, por ser meramente exportadora (apenas un porcentaje menor de lo cosechado es destinado al consumo interno en fresco) ha podido sortear con mejor suerte algunos de los obstáculos mencionados hasta aquí. Sin embargo, a la ya pesada estructura impositiva de la fruticultura esta actividad le suma las actualizaciones de las tarifas eléctricas, un servicio utilizado de manera intensiva en el que el gobierno no discriminó a la producción del consumo doméstico . “Le dijimos al presidente que en este momento hay campos que están cerrando y dejando de producir. Y no son campos con bajo nivel tecnológico. Algunos han llegado a invertir hasta 50.000 dólares por hectárea”, había dicho meses atrás a InterNos Alejandro Pannunzio, presidente de la Asociación de Productores de Arándanos de la Mesopotamia Argentina (APAMA).

La cadena vitivinícola de Mendoza también fue duramente golpeada por las crisis de las Economías Regionales. Caídas de ventas en el mercado interno, fuerte presión impositiva y sobreacumulación de stock en las bodegas, incidieron negativamente en el precio de la uva (y consecuentemente del vino). “Los productores cosechan sin saber si podrán colocar la fruta”, había declarado a este medio Ángel Leotta, de la Corporación Vitivinícola Argentina (COVIAR). En San Rafael, localidad referente en la producción vitivinícola, la distancia porcentual entre ambos partidos políticos fue similar a la marcada en otras provincias. Mientras que el Frente de Todos obtuvo el 44,97% de los votos, Juntos por el Cambio sacó el 34,6%.

De izquierda a derecha, así se votó en Concordia (Entre Ríos), Bella Vista (Corrientes) y Burrucayú (Tucumán)

¿Significa esto que existe una relación directa entre la política agropecuaria del gobierno nacional y los resultados electorales de las PASO? No necesariamente. Sin embargo, es necesario leer estos datos a la luz de lo sucedido en los últimos tres años con las Economías Regionales, donde muchas pequeñas y medianas empresas perdieron competitividad en los mercados internacionales, mientras otras incluso tuvieron que abandonar la actividad por falta de rentabilidad. La situación se replica en diversos puntos del país, donde productores y productoras navegan en un mar de inestabilidad e incertidumbre respecto a su futuro. Asimismo, también hay que decir que no son pocos los reivindican lo hecho hasta aquí en materia frutihortícola por el presidente y su equipo de trabajo.

Ser el “supermercado del mundo” es otra de las promesas que está lejos de cumplirse

Las actividades mencionadas representan una importante cantidad de mano de obra, no sólo en el campo sino también en el empaque, en el acondicionamiento de la mercadería, en el transporte y en la posterior comercialización. Por eso, de alguna manera el desarrollo de estas localidades está atado al buen pasar de sus actividades productivas. En el caso de ser reelegido, sin dudas Mauricio Macri deberá revisar sus políticas en relación a la fruticultura y la horticultura. Por ahora, ser el “supermercado del mundo” es otra de las promesas electorales que, a dos meses de las elecciones generales, está lejos de cumplirse.

El gobierno actual consiguió mejores resultados electorales en zonas productivas de la denominada Pampa Húmeda, una región que incluye el este de Córdoba, el sudoeste de Santa Fe y el noroeste y norte de la provincia de Buenos Aires. Allí la producción de granos como la soja y el maíz representan la mayor productividad por hectárea del país. En términos generales, los productores de la agricultura extensiva ratificaron las políticas del presidente, con quien han tenido siempre un diálogo directo. Cuando Macri se refiere al “campo” lo hace pensando principalmente en las grandes extensiones que, sin duda, son motor de la economía argentina por los ingresos que representan para el país ante cada exportación, en términos fiscales.

Sin embargo, desde este medio hemos marcado en varias oportunidades que “el campo” no es un sector homogéneo, menos en un país extenso y de climas variables como Argentina. Lejos del estereotipo del “gaucho” que una vez al año nos muestra la televisión desde un predio en Buenos Aires, el productor argentino posee un perfil diverso según la región en la que produce, su actividad específica, tradición familiar, extensión y cultivos que trabaja, entre otras cosas. Desde el productor sojero hasta el agricultor familiar, desde la Rural hasta el Foro Soberano Agrario: hay tantos campos como Economías Regionales a lo largo y ancho del país. Sin duda, la política agropecuaria del próximo gobierno -cambie o no su signo político- deberá tener en cuenta este punto fundamental.

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Política Sectorial

Macri anunció sus próximas medidas económicas e incluyó a las pymes

|Argentina|

Hace minutos el presidente de la nación, Mauricio Macri, anunció un paquete de medidas económicas luego de la dura derrota sufrida por el frente Juntos por el Cambio el pasado 11 de agosto en las elecciones primarias (PASO).

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Entre los anuncios, el máximo mandatario informó que la AFIP lanzará en los próximos días un plan de pago con plazos a diez años para las pequeñas y medianas empresas que tengan deudas vencidas hasta el 15 de agosto. Las pymes tendrán tiempo de inscribirse hasta fin de octubre. “Las queremos ayudar porque reconocemos su valor y sabemos sus deudas”, expresó el presidente.

Otra de las medidas abordadas es el congelamiento en el precio de la nafta y el resto de los combustibles por los próximos 90 días para que “la devaluación no los afecte”. Esto podría impactar positivamente en el sistema productivo y de alimentos, en un contexto donde la abrupta suba del dólar seguramente encarecerá el resto de los insumos utilizados en la quinta por horticultores y fruticultores.

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El máximo mandatario también afirmó que aumentará el salario mínimo y las becas Progresar; otorgará beneficios a monotributistas (no pagarán sus obligaciones con AFIP el próximos mes) y a trabajadores informales y beneficiarios de Asignación Universal por Hijo, quienes recibirán dos pagos extra de 1.000 pesos por hijo, uno en septiembre y otro en octubre. Además, los trabajadores en relación de dependencia que ganen menos de 60 mil pesos mensuales, recibirán 2 mil pesos por mes en septiembre y octubre.

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Diego Montón: «La política macrista ha sido destructiva para la agricultura familiar»

|Argentina|

En abril de este año organizaciones campesinas y de la agricultura familiar realizaron en el microestadio de Ferro el primer Foro por un Programa Agrario Soberano y Popular, en el que participaron más de 4000 pequeños productores de todo el país. De dicho encuentro nació un extenso documento, donde las organizaciones elaboraron líneas de acción para el sector productivo, entre las que se destacan programas de acceso a la tierra, al crédito productivo y a la promoción de la agroecología, entre otros puntos.

Revista InterNos conversó con Diego Montón, integrante del Movimiento Nacional Campesino Indígena (MNCI), para conocer cuál es la posición de las organizaciones campesinas respecto a las políticas que debe afrontar el próximo gobierno, cambie o no el signo político.

Muchas organizaciones campesinas se han mostrado fuertemente opositoras al gobierno de Mauricio Macri. Más allá de quien gane en octubre, ¿qué debería pasar con el sector de la Agricultura Familiar?

Nosotros consideramos que un marco para pensar las propuestas del sector es el Programa Agrario y Soberano. Pudimos consensuar un documento de 21 propuestas sobre cuál sería para nosotros el programa básico, elemental para el campo argentino. Hay líneas más estructurales que tienen que ver con el acceso a la tierra o el avance en torno a la declaración de los Derechos Campesinos aprobada meses atrás en Naciones Unidas. Después existen propuestas más sectoriales, según la actividad productiva, pero todas tienen un eje transversal que es la activa participación del Estado hacia un horizonte de planificación. La política macrista ha sido destructiva para la agricultura familiar.

¿Por qué denuncian que la Ley de Reparación Histórica de la Agricultura Familiar no se está cumpliendo?

Era una tarea de este gobierno que la misma sea reglamentada. No sólo no se reglamentó sino que se desarticuló toda la política institucional para el sector, incluyendo la Secretaría de Agricultura Familiar. Se desnaturalizó el rol que tenía. Además, fueron desmanteladas las dependencias que se habían conformado en el INTA, el INTI y Senasa para trabajar en este sentido.

Estudio Malaquita

Una de las cosas que cuestionan es que con la importación de ciertos productos el gobierno perjudicó a los pequeños agricultores, en un contexto de tarifas altas y devaluación. ¿Cuáles son ese tipo de productos y que consecuencias tuvo para el sector?

Hay muchos ejemplos. Nosotros en Mendoza teníamos una estructura armada de curtido de cuero caprino, que se pagaba a muy buen precio al productor en el campo. El ingreso de un sintético chino mucho más barato y similar, aunque no de la misma calidad, sumado a la importación de zapatos, hizo caer la demanda de cuero. Con esta situación y los tarifazos, la curtiembre cerró. Además, acá tuvimos muchísima importación de productos procesados de tomate. También importación de cerdo, manzanas y de vino, que hizo que caiga por el piso el precio de la uva. Y así se pueden enumerar muchos productos alimenticios o derivados que han golpeado la economía de la agricultura familiar.

La UTT, el MTE y otras organizaciones agrarias han participado activamente de “Frutazos”, “Verdurazos” e incluso de un reciente “Alimentazo”. Estas acciones, ¿han tenido repercusión en la gestión política o sólo se logró instalar la temática a nivel social?

Han permitido instalar en la sociedad una situación que estaba invisibilizada, incluso en los programas de la oposición. Pero también en algunos municipios se ha logrado avanzar con experiencias concretas vinculadas a nuestras propuestas, como la elaboración de bioinsumos o el facilitamiento del acceso a la tierra. Eso nos pone en otro lugar en caso de que exista un gobierno nacional que tenga la vocación de pensar la producción agropecuaria teniendo en cuenta al sector.

«Se desnaturalizó el rol que tenía la Secretaría de Agricultura Familiar»

Una de sus propuestas más fuertes es avanzar hacia la transición agroecológica.

En Argentina y en el mundo se ha instalado la necesidad de reflexionar en torno al flagelo de la malnutrición y la necesidad de incorporar más frutas y verduras en las dietas. En ese sentido, también está claro el problema de los agroquímicos. Nosotros pensamos que el Estado debe acompañarnos en este camino hacia la transición agroecológica. Con experiencias concretas hemos demostrado que no es un proceso utópico. Se puede ser agroecológico y productivo, incluso reduciendo costos.

También demandan la creación de cadenas de comercialización “más cortas”. ¿Cómo consideran que pueden lograrse? ¿Buscan trabajar con organismos como Senasa para eso?

Hay una muy buena experiencia en Chile con las ferias agropecuarias en todos los municipios, donde los Estados articulan con los productores para que dos o tres veces por semana puedan llevar su producción directamente a la feria, con control del Estado pero con precios de estructura bien accesibles. Creemos que es una política rápida y fácil que se puede aplicar. También pedimos por el fortalecimiento de las redes de consumo alternativo, por ejemplo. Veníamos trabajando con la Comisión de Agricultura Familiar del Senasa (SENAF) donde se venía planteando la posibilidad de modificar el Código Alimentario Argentino (CAA) para poder tener políticas diferenciadas para la agricultura familiar en torno a la comercialización. Todo eso está hoy muy deteriorado.

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