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Producción

Cerezas chubutenses: Un Valle Encantado al sur del país

Foto: Florencia Suárez

La chacra de Alejandro Borboroglu está ubicada en la ciudad de Trelew, en el corazón del Valle del Río Chubut, al este de la provincia. O por lo menos eso dice Google Maps, que nos ayuda a llegar hasta allí. Es que una vez adentro de la finca uno corre el riesgo de desorientarse: carteles de madera tallada y un extenso parque verde se contraponen con el hasta entonces árido camino de las rutas patagónicas. Aunque estamos del lado de la costa chubutense, el paisaje parece cordillerano. No es azaroso que el nombre de la finca sea Valle Encantado.

Alejandro y su esposa Rosario Moreno compraron el terreno en octubre de 2002. Es decir que, a diferencia de otros productores, la fruticultura no fue una herencia familiar. Antes de dedicarse a las cerezas Alejandro trabajaba en Sur Turismo, una destacada empresa de la Patagonia perteneciente a sus padres que llegó a tener más de cincuenta años de trayectoria en el rubro. La crisis del 2001 golpeó duramente a la actividad, pero además los cambios en el perfil del viajero que introdujo la globalización (e Internet) transformaron al agente en un intermediario costoso e innecesario. Frente a ese contexto, Alejandro tomó la decisión de cambiar de rumbo e involucrarse de lleno en la fruticultura regional. “Todo esto lo hicimos de cero. Cuando compramos la chacra no había nada, sólo descampado raso, pelado, totalmente improductivo”, nos cuenta mientras nos sentamos a conversar entre los árboles de su ahora imponente finca.

La región norpatagónica presenta importantes ventajas comparativas para llevar adelante la producción de cerezas. Es un territorio con una larga tradición frutícola, que además posee buena disponibilidad de agua y características agroclimáticas ideales para la plantación. Actualmente el predio de Valle Encantado tiene un total de trece hectáreas de las cuales cinco son productivas. Allí se trabajan unas diez mil plantas con cinco variedades de exportación por excelencia (Lapins, Royal Down, Santina, Sweetheart, Newstar) que dan, en promedio, unos 28.000 kilos de fruta vendible por hectárea (a lo cual debe sumarse lo descartado para industria).

A pocos kilómetros del Río Chubut, el ingreso a la finca Valle Encantado

Alejandro equilibró su falta de conocimiento en la actividad frutícola con una pragmática mirada empresarial, que muchas veces escasea en el sector. Antes de invertir realizó un estudio de mercado y detectó la existencia de un consumidor argentino dispuesto a pagar productos de calidad diferencial que no estaba siendo atendido. Entendió que su empresa no debía concentrarse en comercializar grandes volúmenes, sino fruta de calidad.

«Lo industrial no siempre guarda relación con la calidad”

Apuntar a una producción de este tipo significó una considerable inversión inicial en plantas, insumos, fertilizantes y sistemas de riego. Además, Valle Encantado montó su propio empaque dentro de la finca para evitar traslados y manipulaciones extras sobre la fruta. Esta planta de procesamiento no se parece en nada a un empaque tradicional: de infraestructura compacta (tiene literalmente el tamaño de una cabaña) sus terminaciones de madera hacen olvidar que allí se está trabajando fruta. En aquel lugar se enfría, selecciona, descarta, empaca y finalmente acopia la cereza que luego tiene como destino principal el Mercado Central de Buenos Aires. Para garantizar una trazabilidad exacta, sólo se procesa la fruta cosechada en la finca propia.

En el empaque se realiza un estricto seguimiento para embalar sólo aquella fruta que alcance un grado de excelencia

El agroturismo también está presente en el proyecto y es un gran agregado de valor. Hasta allí viajan visitantes de diversos puntos de Argentina (o de otros países como Francia, Italia, China) para conocer la manera en que se trabaja la fruta. También llegan compradores, quienes disponen de bungalos especiales para quedarse a pasar la noche, lo que permite un trato distinto con el cliente, más ameno y descontracturado. “A los viajeros les impacta el lugar. Suelen estar acostumbrados al lineamiento industrial de chapa y lugares enormes, pero lo industrial no siempre guarda relación con la calidad”, comenta Alejandro.

Buscar la excelencia

¿Qué cosas hacen que una cereza se destaque por su calidad? La receta de Alejandro y Rosario está en realizar una producción lo más artesanal posible. Cuando hablamos de “artesanal” vale aclarar que nos referimos a tareas donde la presencia humana ocupa un lugar fundamental, lo que no significa que el proceso esté exento de mecanismos tecnológicos. Todo lo contrario: la finca se caracteriza por un alto grado de tecnificación generado a partir de una importante inversión inicial. Podría considerarse, entonces, que lo artesanal se manifiesta en la voluntad de tener el mayor control posible sobre la fruta en cada una de las instancias de su procesamiento, elevando al máximo el cuidado de los detalles.

Como trabajan una pequeña cantidad de hectáreas, los Borboroglu realizan un estricto seguimiento del estado sanitario de cada cuadro, la evolución de las variedades reconvertidas y la eficiencia en las tareas de poda, desmalezado, raleo y cosecha. Además, cuentan con un sistema de riego por goteo terrestre y aéreo, una planta potabilizadora propia y una central de riego con bombas específicas para fertirriego y riego por aspersión anti heladas, con equipos de origen italiano e israelí. El cuidado del suelo a través de la fertilización también ocupa un lugar central en la calidad del fruto, por lo que disponen de una muy amplia gama de fertilizantes químicos que se aplican según el estadio y las necesidades de las plantas.

«La calidad sí o sí demanda mayor cantidad de mano de obra específica»

Estudio Malaquita

Otro punto atendido con atención es la cosecha: con espectrómetro calculan el grado de madurez de la fruta en grados brix (cantidad de azúcar por cereza) antes de levantarla de la planta. Una tarea en la que, en palabras de Alejandro, hay que ser muy minucioso. La cereza de Valle Encantado se comercializa en cuatro calibres: de 24 a 26 milímetros, 26 a 28 milímetros, 28 a 30 milímetros y 30 a 32 milímetros. Actualmente las de mayor color y tamaño son las más demandadas del mercado ya que resultan muy atractivas visualmente.

En el empaque la mecanización es fundamental para la clasificación y conservación del fruto, mientras que el factor humano es el que perfecciona la tarea de selección. La clave está en la cantidad de ojos puestos encima de la cereza para llevar al mínimo el margen de error. “Podés tener la mejor tecnología, pero toda máquina se equivoca. La calidad sí o sí demanda mayor cantidad de mano de obra específica”, cuenta Alejandro.

Fruta boutique

Valle Encantado es el nombre de la finca pero también el nombre de la marca desarrollada con la intención de alcanzar mercados de elite: su fruta está destinada a un consumidor de buen poder adquisitivo. Actualmente un 85% de la fruta se comercializa en el mercado interno y un 15% se exporta. No obstante, esa exportación no se realiza de manera directa sino de la mano de terceros, es decir, clientes de la empresa. Uruguay, España, Italia, Grecia y Francia son algunos de los destinos a los que llega la fruta.

La venta fuerte de la cereza Valle Encantado es el Mercado Central de Buenos Aires. Allí Alejandro atiende a cuatro o cinco operadores importantes que compran su fruta a precio cerrado. El valor de la misma no se negocia por factores de oferta y demanda, ya que los contratos están arreglados incluso antes de que comience el proceso de producción en la chacra. Luego la fruta se comercializa en verdulerías y fruterías boutique o de alta gama, pero también es encargada por bancos, restaurantes y embajadas para repartir entre sus empleados o huéspedes, según el caso. “Vos probas nuestra fruta y es otra cosa. Un sabor totalmente distinto a la cereza que comes normalmente, que muchas veces es blanda, acuosa o con gusto a remedio”, dice orgulloso el productor.

Packaging especial (2,5 kilogramos) y packaging tradicional (10 kilogramos). Ambos contienen bolsas de atmósfera modificada para extender la vida de almacenaje de los productos.

En los últimos meses la empresa desarrolló un packaging especial que consiste en una caja de cartón para contener dos kilos y medio de mercadería. Parece una valijita, resulta muy llamativa a la vista y casi que dan ganas de tenerla haya fruta o no. Muchas empresas la utilizan para agasajar a su personal en ocasiones especiales como navidades o fiestas de fin de año, por ejemplo. Aunque claro, la exclusividad de su presentación también se traduce en un mayor precio del producto: sólo la caja tiene un costo cinco dólares.

El objetivo de la familia Borboroglu es seguir creciendo. En sus planes está implantar 3000 plantas de cerezas en otra hectárea de su finca. El contexto no es fácil: la abrupta devaluación disparó el valor en pesos de los insumos dolarizados (como los fertilizantes, las cajas de cartón o las bolsas de atmosfera modificada) y cada inversión ahora se piensa dos veces.

Rosario Moreno y Alejandro Borboroglu frente a su oficina

No obstante, Alejandro y Rosario se sienten confiados en el futuro prometedor que les depara la actividad más allá de las coyunturas políticas. Parecen disfrutar: producir se convirtió en su modo de vida. Saben que en el mercado interno la demanda por su fruta crece año a año. Por eso no los vuelve locos la apertura de nuevos mercados internacionales. Prefieren manejar con cautela los volúmenes comercializados, sin perder el horizonte de calidad que los puso en un lugar diferencial.

Después de tres horas de conversación recorriendo la finca nos despedimos. Llevamos entre las manos una valijita Valle Encantado: es hora de testear el producto.

Fotos: Florencia Suárez

Emelka. Manzanas y Peras de Río Negro

Producción

INTA estudia las principales enfermedades del limón tucumano

|Tucumán |

En formato digital, el INTA Ediciones publicó los resultados de una investigación realizada por el área de Fruticultura de la Estación Experimental Famaillá, en Tucumán, que monitoreó y caracterizó las principales enfermedades del limón tanto en la etapa a campo como en poscosecha. El título de la publicación es “El cultivo de limón: fenología y principales enfermedades en Tucumán”.

En la actualidad, los productores de limón (y de cítricos en general) enfrentan un mercado dinámico y competitivo, donde los requisitos de calidad e inocuidad son cada vez mayores. La progresiva apertura de mercados para los limones argentinos en el mundo llena de optimismo al sector, pero lo cierto es que para colocar productos afuera es necesario alcanzar rigurosos estándares de sanidad en la mercadería.

Estudio Malaquita

Para lograr esta calidad es necesario conocer e integrar todos los factores que afectan la producción. Entre las herramientas disponibles se encuentran los monitoreos de fenología, plagas y enfermedades; y el registro de las variables agrometeorológicas, que permiten tomar decisiones para un manejo integrado.

Con el afán de avanzar sobre dichos aspectos, técnicos de la EEA INTA Famaillá seleccionaron y monitorearon un lote de limón (Citrus limon), variedad Limoneira 8-A/ Citrumelo Swingle, implantado en 1993, sin riego, con un marco de plantación convencional (8 x 4 m) y ubicado en un campo de la experimental.

Los resultados de los estudios, con el consecuente análisis de sus causas y consecuencias, puede leerse en el siguiente documento de acceso gratuito.

Descargar:

INTA Ediciones: “El cultivo de limón: fenología y principales enfermedades en Tucumán”

Emelka. Manzanas y Peras de Río Negro
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Producción

Más de 30 horas de defensa: así evitó pérdidas por heladas un productor rionegrino

|Río Negro|

Gabriel Iturralde, productor de la localidad rionegrina de Cinco Saltos, compartió con InterNos imágenes de la defensa contra las heladas que cayeron sobre la zona productiva del Valle durante los primeros días de septiembre, afectando especialmente a las plantaciones de carozo que se encontraban en plena floración.

Si bien las imágenes impresionan al público general, no son un espectáculo deseado por los productores. Iturralde cuenta que los momentos más complejos de la defensa fueron la noche del domingo 1 de septiembre y la madrugada del lunes 2; como también la noche del lunes y madrugada del martes 3. “El primer día fueron catorce horas de combate contra la helada, y el segundo día fueron dieciséis horas con los equipos prendidos. Nuestros termómetros marcan hasta cinco grados bajo cero, pero se llegaron a registrar temperaturas de hasta menos ocho grados”, contó el productor.

Para hacer una “defensa activa” de su finca, que lleva por nombre La Santina, Iturralde puso a funcionar un sistema de riego por aspersión sobre sus cinco hectáreas de cereza, destinadas en un 80% a exportación. Gracias al trabajo de su grupo humano y al buen funcionamiento de los equipos, el productor pudo salvar casi la totalidad de sus plantaciones. “El día jueves tuvimos una evaluación de nuestro director técnico y dijo que los daños habían sido mínimos, equiparables a un raleo liviano”, comentó a InterNos.

Estudio Malaquita

Defender una plantación frutal contra heladas no es fácil. Requiere, además del equipamiento técnico, del constante control sobre la bomba que extrae el agua de los pozos y de los apersones que la distribuyen. En su caso particular, Iturralde explica que en las bombas impulsadas a nafta debe verificarse el nivel de combustible y de aceite del motor, como también la presión del agua, que varía según la temperatura ambiente (a menores temperaturas, mayor presión para combatir el efecto sobre las plantaciones).

Una vez encendidos, los equipos no pueden detenerse por mucho tiempo, porque la cobertura de hielo -que impide que la temperatura de la flor sea menor a cero grados- se descongela; al alcanzar alcanzar valores por debajo de los cero grados la flor comienza a dañarse y la plantación a perder productividad.

Iturralde relató a este medio que por la madrugada del día de la fecha tuvieron que combatir otra helada, aunque más leve. Una foto enviada muestra el reflejo del sol sobre el hielo de las plantaciones, con los aspersores todavía funcionando. Luego de más de 30 horas de riego, el agua de los pozos comienza a escasear, por lo que deben recurrir a la costa del río Negro para abastecerse.

Fotos: Gentileza de Carlos Bascur

Emelka. Manzanas y Peras de Río Negro
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Comercialización

Frutas de Argentina: un comité que busca aunar esfuerzos por la rentabilidad exportadora

|Argentina|

Frutas de Argentina es un comité conformado por las cuatro instituciones de fuerte perfil exportador que concentran más del 90% de los envíos de frutas frescas en nuestro país. Formalmente nació en julio de 2019, aunque comenzó a constituirse a fines de 2018 cuando representantes de FEDERCITRUS (cítricos), CAFI (peras y manzanas), ABC (arándanos) y CAPCI (cerezas) emitieron un comunicado categórico al gobierno nacional para dar cuenta de la situación del sector: “Estamos atravesando una crisis terminal y necesitamos medidas urgentes”, afirmaron por aquel entonces las entidades que comenzaban a encontrar una agenda común de trabajo.

Pese a las particularidades de cada actividad (tiempos de siembra y cosecha, niveles de tecnificación, mercados, acuerdos comerciales) la principal dificultad de las Economías Regionales es la misma: falta de rentabilidad. Los datos son contundentes. En los últimos diez años se perdieron 750.000 toneladas de frutas exportadas, lo que representa un 50% del total. Los factores de esta realidad son múltiples y se replican tanto en la fruta de pepita del Valle como en el citrus y los arándanos del NEA o las cerezas del sur.

“Hay más cosas que nos unen que las que nos separan”, dice a Revista InterNos José Carbonell, titular de la Federacion Argentina del Citrus (FEDERCITRUS), refiriéndose a temas como las retenciones, la quinta de reintegros, los altos costos internos, la elevada presión fiscal o la falta de acceso a créditos para reinvertir en las fincas.

Las retenciones, que tanto dolor de cabeza trajeron a las producciones primarias, fueron finalmente modificadas de 4 a 3 pesos por dólar exportado luego de numerosos reclamos de los dirigentes del sector. Oportunamente las entidades frutícolas se lo plantearon al ministro de Producción Dante Sica, quien consideró que éstas eran “un impuesto ante la emergencia” que atravesaba el país. Semanas después, efectivamente se produciría dicha reducción.

Estudio Malaquita

Otra de las modificaciones recientes fue la extensión del plazo para abonar las retenciones a 90 días, que anteriormente era sólo de 15 días. El exportador en muchos casos tenía que financiarlas con créditos, ya que los ingresos por la fruta se dan por lo menos 45 días después de haber sido exportada.

“El mayor valor de la fruta se lo da el empaque. Existe un desorden conceptual con las retenciones a la fruta”, dice Carbonell, que a pesar de mostrarse conforme por avanzar en las negociaciones con el Estado nacional, considera que este impuesto no debería existir para la actividad. “En un mundo donde el sector internacional está incentivado, Argentina penaliza a los que exportan. Somos un país que necesita dramáticamente divisas, la actividad exportadora tiene que ser estimulada, no penada”, expresó.

«La actividad exportadora tiene que ser estimulada, no penada”

El comité de Frutas de Argentina reunido con Dante Sica en Buenos Aires

Carbonell también se refirió a la falta de líneas de créditos específicas para reconversión. “Es heroico producir y exportar sin crédito. Acá no existen financiaciones a cinco años si uno quiere hacer una plantación o incorporar riego”,  explicó el dirigente.

En un mercado internacional cada vez más complejo, Argentina compite con países que aplican políticas impositivas para alentar la reinversión y que poseen menores costos operativos a la hora de producir. Como ejemplo vale citar el caso del arándano peruano, que en los últimos años ha incrementado considerablemente sus volúmenes: en 2018 produjo 93.205 toneladas, un 78% más que en 2017, con 52.301 tonaledas. A esto hay que sumarle el acceso directo a un mercado como China, que tracciona un gran porcentaje de la demanda. En ese contexto, es lógico que los arandanedos argentinos -que trabajan en una actividad principalmente exportadora- vean con preocupación el “estancamiento” de los números locales, no tanto por los niveles de producción sino más bien por su participación en el mercado internacional.

“Es heroico producir y exportar sin crédito»

También conversamos con Aníbal Caminiti, titular de la Cámara Argentina de Productores de Cerezas Integrados (CAPCI), para quien otra deuda respecto al comercio internacional son los altos aranceles que paga nuestro país para ingresar a los mercados. Particularmente sobre la actividad de la cereza, Caminiti explicó: “Actualmente pagamos un arancel del 10%, mientras que Chile tiene arancel cero. A India abonamos un 30%, a Tailandia un 40%. Son desventajas muy grandes respecto a otros competidores que tienen incluso tratados de libre comercio en el mercado internacional”.

Para Caminiti, además de reclamar en conjunto, el comité de Frutas de Argentinas ha resultado útil para promocionar los productos frutícolas en ferias del exterior. “Antes lo hacíamos de forma aislada. Ahora venimos trabajando en definir una marca país”

Un contexto de incertidumbre

Al ser consultados sobre el panorama político de los próximos años, ambos dirigentes eligieron responder a título personal. Y ambos, también, coincidieron en una sensación de “incertidumbre” de cara a octubre. “No hay señales claras que me permitan opinar. Los planteos que le hicimos a este gobierno se lo vamos a hacer al otro”, expresó Carbonell.

“Estamos cerrando la gestión de Cambiemos donde las primeras consignas era bajar retenciones y abrir mercados. Mucho se ha hecho, no digo que no. Pero el año pasado cambiaron las reglas del juego. Aparecieron un montón de condimentos que sacaron del juego a muchos productores de las Economías Regionales”, comentó por su parte Caminiti.

Emelka. Manzanas y Peras de Río Negro
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