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Política Sectorial

El 57% de la economía popular está compuesto por mujeres

Foto: agenciatierraviva.com.ar

|Argentina|

Cada 8 de marzo las mujeres volvemos a poner en la vidriera un conjunto de demandas relacionadas a la inequidad en la que habitamos. Exigimos al Estado una respuesta inmediata ante la abrumadora cantidad de femicidios que suceden como consecuencia de una cadena de violencias estructurales que urge modificar.

No hace falta hacer un estudio demasiado profundo para evidenciar que las mujeres seguimos viviendo en condiciones de desigualdad en todo los ámbitos. El laboral, quizás sea uno de los más representativos. Una expresión popular, utilizada por el feminismo en los últimos años, asegura “lo que ustedes llaman amor, es trabajo no pago” y esa frase define de manera simple y clara la cotidianidad de muchas.

Según el último reporte general del Registro Nacional de Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Popular (Renatep), hasta el 28 de diciembre de 2020 se inscribieron un total de 1.750.000 personas de las cuales el 57% fueron mujeres. La rama de actividad mayoritaria informada por cada persona inscripta fue la de Servicios Socio Comunitarios (32%). A esta le siguió Servicios Personales y otros oficios (26%), Comercio Popular y Trabajos en Espacios Públicos (13%), Agricultura Familiar y Campesina (9%), entre otros.

Las mujeres que componen el espectro de la economía popular trabajan más horas que los varones, pero ganan menos. Trabajan fuera de sus hogares y cuando terminan siguen haciéndolo dentro de sus casas, ejerciendo tareas que parecen estar “predestinadas para ellas”.  Según estimaciones de la Dirección Nacional de Economía, Igualdad y Género en 2020, el aporte al PIB del trabajo doméstico y de cuidados no remunerados  representa un 15,9%, constituyéndose en el sector de mayor aporte de toda la economía. Ese trabajo en un 64% es realizado por mujeres. Está de más decir que las cifras no cierran por ningún lado si se observa la clara desigualdad que atravesamos la mujeres, la cantidad de horas trabajadas y el aporte que hacemos a la economía nacional.

Durante el contexto de pandemia, esta situación se agravó y la imposibilidad de circular hizo que las labores se incrementaran. Sobre todo aquellas relacionadas a los servicios socio comunitarios y de cuidados. Es decir, trabajo invisibilizado y en la mayoría de los casos no remunerado. A los efectos de la pandemia es necesario sumarle la cantidad de víctimas de violencia de género que debieron atravesar el aislamiento con sus agresores, sin poder pedir ayuda o contar con acompañamiento en muchos casos.

La agricultura familiar es parte de la economía popular y una actividad fundamental que se sostiene en un gran porcentaje gracias al trabajo de las mujeres. Por lo tanto, a los números anteriores le agreguemos las estimaciones que realizó en 2018 la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) donde determinó que las mujeres producen a nivel mundial entre el 60 y el 80% de los alimentos de los países en desarrollo y la mitad a nivel mundial. Pero paralelamente el 60% de las personas que padecen hambre son mujeres y niñas ¿Curioso no?

Las mujeres campesinas -a pesar de ser quienes producen los alimentos- no tienen recursos propios para hacerlo. En el mundo las mujeres poseen menos del 13% de las tierras y en Argentina particularmente, solo el 16.5%. A estos datos le sumemos la imposibilidad de acceder a créditos, a materiales agrícolas, mercados o cadenas de productos de alto valor para enriquecer el trabajo que desempeñan o crecer económicamente. “El 90% de las compañeras que producimos la tierra no somos dueñas de ella, ni siquiera somos titulares de los contratos de alquiler. Sin embargo, seguimos produciendo en medio de la pandemia”, manifestó Rosalía Pellegrini a Telam, coordinadora secretaria de Género de UTT, Unión de Trabajadores de la Tierra en el verdurazo que la organización llevó a cabo ayer en el marco del 8 de marzo.

Leer también: Mujeres Rurales: Día de lucha y reconocimientos

Aunque los reclamos sigan siendo muchos y las desigualdades más, algunas mujeres rurales en los últimos años lograron grandes avances. La organización en red de las campesinas es uno de esos progresos y representa un gran paso en materia de política social que delinea un camino de lucha, en donde se concentran las diversidades y los puntos de encuentro.  Mujeres Rurales Argentinas es una de esas iniciativa y es el espacio en donde hoy se debate la construcción de un nuevo sistema productivo con perspectiva de género.

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Además las mujeres hoy ocupan puestos importantes dentro de la cadena agroalimentaria y eso es para destacar. Un ejemplo de esto se materializa en la producción de arándanos en Argentina, compuesta por una gran cantidad de mujeres profesionales y trabajadoras del agro que además de cumplir con sus tareas diarias llevan adelante una importante agenda con compromiso social.

Una de las pioneras en el sector fue Graciela Taylor, primera mujer presidenta de la Asociación de Productores de Arándanos de la Mesopotamia Argentina (APAMA) en el 2008 y actual productora de la fruta en Concordia, Entre Ríos. “Empecé a trabajar desde muy joven, eran otros tiempos donde la mujer ocupaba un lugar secundario, sin voz ni voto generalmente. Tuve la inconsciencia y quizás la suerte de esa inconsciencia, de haber aportado siempre -y sin pedir permiso porque no lo daban- mi visión sobre los temas, generando muchas veces situaciones difíciles de superar, pero me mantuve firme porque estaba convencida de que tenía miradas diferentes que aportar”, explicó Taylor al medio Infocampo.

A Graciela hoy se le suman muchas mujeres que desarrollan actividades dentro de la industria arandanera. Todas coinciden en que hacerse un lugar dentro de espacios o actividades compuestas en su gran mayoría por varones no fue fácil, de hecho representa hasta el día de hoy un desafío. “Tuvimos que romper con prejuicios, con encasillamientos de pensamientos, o con ciertos estándares de que algunas tareas son desarrolladas mejor por hombres que por mujeres”, comentó Daniela Spinelli, responsable de Recursos Humanos en una de las mayores exportadoras de arándanos.

Foto: Daniela Spinelli (Infocampo).

Si bien ocupar espacios tanto públicos como privados para las mujeres significa dar un paso importante en una lucha histórica, el problema de las tareas en el hogar o el tiempo dedicado a la familia siempre aparece. “Mis hijos eran chiquitos aún, y equilibrar los tiempos y la energía es una ardua tarea que toda mujer conoce pero hoy ellos ven a una madre que busca la plenitud en su profesión y en su vida personal”, manifestó Cecilia Domínguez es Despachante de Aduana y gerente de Exportaciones.

Son realmente pocos los casos en que las mujeres pueden crecer profesionalmente y delegar el trabajo doméstico a otros. Por lo general son las “responsables” de realizar las dos tareas en simultáneo, dividir su tiempo y optimizarlo al máximo. Lo que sucede es que las exigencias hacia las mujeres no son las mismas que en el caso de los varones. En la tarea que realicemos, debemos rendir cuentas de nuestro trabajo y demostrar que estamos capacitadas o tenemos conocimientos para ocupar determinados puestos. Este es uno de esos tantos eslabones que se deben modificar para construir una ruralidad y una cotidianidad más igualitaria.

Mirá el video producido por Agencia Tierra Viva con los testimonios de productoras:

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