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Producción

En la voz de los productores: así avanza la cosecha de frutilla en el centro y norte del país

|Argentina|

En la segunda mitad del año las provincias del centro y norte argentino realizan sus cosechas de frutilla, las cuales se inician durante los meses de mayo - junio y se extienden hasta octubre - noviembre, llegando a las últimas semanas del año con fruta para industria. Santa Fe, Tucumán y Buenos Aires -que concentran el 70% de la producción total del país- son las más activas por estos días junto a Córdoba, Corrientes y Jujuy que, por otro lado, completan la oferta de esta ventana comercial.

“La cosecha ya empezó en la provincia con los lotes más adelantados. En cuanto al clima, las plantaciones están muy bien. El único agravante fue que se plantó un poco tarde, por eso se retrasan un poco las cosechas. Pero los rendimientos se suponen que serán buenos”, dijo a InterNos Daniel Bianciotti, de Quillen Berries SA, una de las empresas más importantes de Tucumán en la producción de frutilla, maracuyá y arándanos -entre otros productos- que opera en la localidad de Lules.

Como sucede durante las primeras semanas de cosecha con las variedades primicia, los precios suelen ser elevados por la acotada oferta en el mercado. Actualmente en el Mercado Central de Buenos Aires las frutillas provenientes de Corrientes, Santa Fe y Tucumán cuestan entre 700 y 900 pesos el kilo, mientras que en el Mercado de Abasto de Córdoba el precio ronda entre los 600 y 700 pesos. Con el paso de las semanas, los valores se acomodan y, en el pico de la producción, un kilo de frutillas en los concentradores puede valer entre 150 y 100 pesos, dependiendo calidad, oferta, variedad y zona de producción.

Plantaciones de frutilla en Lules, Tucumán. Foto: Daniel Bianciotti, de Quillen Berries.

Para Bianciotti los precios durante el grueso de la campaña “no van a ser muy buenos” debido a una sobreproducción que se corresponde a una “gran cantidad de superficie plantada”. “Para aliviar la situación nos queda el mercado internacional, que también es incierto porque desde este año podría pagarse aranceles en Estados Unidos. Además, hay problemas con los contenedores y los barcos. No está tan sencillo el tema para exportar”, explica el empresario de Quillen Berries SA, que abastece el mercado en fresco hasta septiembre y, de ahí en adelante, a la industria nacional e internacional.

No obstante, otros productores se muestran un poco más optimistas al respecto, como es el caso de Luis Vallejo, de Pacta SRL -una empresa tucumana con más de 200 hectáreas que vende su producción al exterior- quien considera que la demanda internacional está fuerte y el aumento de superficie productiva "no va a representar un problema a nivel de la venta local".

Juan Martini, gerente de FEM Fruit -otra importante empresa tucumana, ubicada en la localidad de Tafí Viejo- aporta que se esperan buenos rendimientos en la zona, siempre y cuando las condiciones climáticas lo permitan. “El clima en general está muy frío y con algunas heladas en la última semana, lo que puede llegar a complicar algo la producción. Estimamos rendimientos de entre 45 y 50 toneladas por hectárea”, dice a InterNos. Esta firma comercializa principalmente en los mercados de Buenos Aires, Córdoba y Mendoza, Neuquén, Salta y Santa Fe.

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Cabe mencionar que en los últimos años la producción de frutillas se expandió por todo el país y estiró su ventana comercial. Gracias a la diversidad climática, pero sobre todo a los avances en los manejos de los cultivos, hoy es posible conseguir esta fruta durante casi todo el año, ya que al finalizar las cosechas en el centro y norte de Argentina -que, como ya mencionamos, comienzan a mediados de mayo y se extienden hasta diciembre entre variedades tempranas y tardías- comienzan a dar producción las plantaciones del sur bonaerense, Neuquén y Río Negro. Según datos oficiales, en nuestro país existen actualmente unas 1700 hectáreas de frutillas y se cosechan entre 45 y 50 mil toneladas anuales.

Frutillas en pleno proceso de maduración. Foto: Daniel Bianciotti, de Quillen Berries.

Se sabe que este producto es altamente perecedero y, en muchas ocasiones, se corta verde de la planta para darle mayor tiempo de vida útil durante la comercialización, sobre todo cuando debe recorrer una gran cantidad de kilómetros antes de ser consumida. Por eso, en los últimos años algunos cinturones verdes han tomado protagonismo en la producción de frutilla, sobre todo para el abastecimiento de sus propios mercados. El periurbano cordobés es un ejemplo de ello.

“Nosotros tenemos once hectáreas en producción actualmente. Cosechamos y comercializamos directamente en el Mercado de Abasto de Córdoba por lo cerca que estamos. Esto nos permite levantar las frutillas a último momento, cuando tienen un buen tamaño, color y sabor. La cosechamos a las 11 de la mañana y la vendemos a las 14, esto quiere decir que le ofrecemos a los clientes un producto sumamente fresco. No pasa con otras frutillas porque las que se cosechan en provincias lejanas a este abasto o al de Buenos Aires, se cosechan más verdes para que duren en el camino”, nos explica Osvaldo Berra, productor de Sinsacate, localidad ubicada a una hora de la ciudad capital.

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Calendario de cosecha a nivel nacional. Fuente: elaboración propia.

La zona mesopotámica, por su parte, viene de una buena temporada en cuanto a rendimientos y para este año, aunque se plantó un poco más tarde de lo previsto, se espera una cosecha sin sobresaltos. “La temporada del año pasado fue muy buena. Cuando los años son secos a la frutilla le viene bien. Este año se plantaron muy tarde las plantas, porque en el vivero no hacía el frío necesario. Los plantines no estaban maduros y se demoraron las entregas. Pero ahora vino el frío, que va a ayudar al proceso de inducción floral”, dice a InterNos Catriel Serial, frutillero de Bella Vista, Corrientes, una zona que se caracteriza por contar con pequeños productores que además de proveer al mercado local, envían sus productos a Buenos Aires, Misiones, Formosa, Córdoba y Santa Fe.

“La campaña pasada los precios promedio estuvieron entre 150 y 200 pesos por kilo. Este año pensamos que van a estar entre los 300 y 350 por kilo. Hoy por hoy, la fruta de primicia, 600 pesos por kilo. Pero en el pico de la campaña, septiembre-octubre, cae mucho”, agrega Serial.

Costos productivos y mano de obra

De cara a cada nueva campaña, la disponibilidad de mano de obra y los incrementos en los costos productivos son dos puntos sensibles a analizar. Y, en el contexto de la pandemia por Coronavirus, ambos puntos se tocan. Consultados por estos temas, algunos productores aseguran que conseguir cosecheros sigue siendo un problema que se sostiene cada año; otros agregan que el cumplimiento de los protocolos para el transporte y el empaque elevó los costos generales de las empresas.

“Es el cuello de botella que tenemos, como todas las economías regionales del país. A pesar de que necesitamos generar empleo, falta mano de obra para levantar cosechas. Este tema se está discutiendo a nivel municipal, provincial y nacional y no logramos ningún paliativo. La gente no quiere estar en blanco para no perder los planes sociales, y por ahora no hay voluntad política para resolverlo”, dijo al respecto Daniel Bianciotti, de Quillen Berries.

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“La disponibilidad de mano de obra es baja, es muy difícil conseguir gente para la cosecha. Los protocolos por el COVID se vienen aplicando desde inicio de la temporada y la misma transcurrió con normalidad, pero significó aumento de costos, ya que en muchos sectores se debió duplicar el personal para evitar contagios”, dice por su parte Andres Moretti, productor de frutillas bonaerense.

Flores de frutilla en plena floración. Foto: Osvaldo Berra.

Por su parte, Juan Martini de FEM Fruit asegura no haber tenido mayores problemas para conseguir personal, aunque los protocolos COVID sí trajeron costos adicionales -al igual que el año pasado- sobre la operatoria. “Necesitamos contratar más camiones para trasladar a la gente, además de ponerles a disposición los barbijos y el alcohol en gel para cada uno de ellos”, comentó.

El caso de Bella Vista, explica Catriel Serial, es diferente porque se manejan otras escalas y las dificultades para contratar cosecheros no son tan significativas. “Como son productores de muchos años, cada uno tiene su plantel estable que viene de la zona o del barrio. Así que no tenemos problemas con eso. Tampoco con los protocolos, ya que la mayor parte del trabajo se hace al aire libre y se cosecha directamente en las cajas que van a ir al mercado. Hay pocos empaques en Corrientes. Eso hace que la situación sea más fácil de manejar”, dice a InterNos.

"La mano de obra en la frutilla está bien, no hay limitante porque hay bastante gente sin trabajo", dice por su parte Luis Vallejo de Pacta SRL. Y agrega: "El año pasado hemos tenido muy pocos contagios en empaque, ya que mantenemos la distancia, el barbijo y lavado de mano permanente. En general la gente se contagia afuera. Los costos han aumentado un 20% en dólares, porque es más o menos lo que han subidos los insumos respecto de 2020".

El paladar argentino

Los argentinos anualmente consumimos aproximadamente un kilo de frutillas al año, principalmente durante el ciclo primavera-verano. Los destinos de las frutillas argentinas son dos: mercado en fresco e industria. A este último se destina gran parte de la producción. Por ejemplo, Tucumán dirige el 70% de su cosecha a la venta de frutillas congeladas. Buenos Aires, Santa Fe y Corrientes, por otra parte, son las regiones que destinan la mayor parte de su producción al consumo en fresco de los grandes centros urbanos.

Frutillas en Sinsacate. Foto: Osvaldo Berra.

Las principales variedades producidas en Argentina son las de origen californiano, como San Andrea, Frontera, Benicia, Albion, Petaluma y Monterrey. También se planta la variedad Camino Real. Los productores buscan adaptarse a las necesidades del consumidor y a sus preferencias estéticas ya que, como todos sabemos, también se come con la vista.

“Las variedades de los plantines que compramos en los viveros cambian todos los años porque los gustos de las personas cambian. Hoy producimos principalmente Rociera y Rábida que dan frutas grandes porque es lo que hoy quiere la gente: frutillas rojas y grandes. Pero hace unos años, se comercializaban frutas más chicas y con más semillas porque son más sabrosas. Mientras más grandes son las frutillas, menos sabor tienen. Pero la gente actualmente elige las frutas por lo que ve o por lo que le gusta más estéticamente”, dijo sobre este punto Osvaldo Berra.

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