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Frutas tradicionales que perdieron popularidad ¿Qué cambió?

|Argentina|

Los datos en relación al consumo de alimentos nos dicen que las frutas más elegidas por los argentinos son cinco: banana, manzana, mandarina, naranja y pera. Sin embargo, el abanico frutícola en nuestro país es mucho más amplio. Por tendencia, por recomendación o por contar con mayor presencia en las verdulerías que otras, el espectro de consumo se fue haciendo más escueto con el pasar de los años y algunos alimentos quedaron “olvidados”. Este es el caso de frutas como la granada, el caqui, los higos, los quinotos, el membrillo y la alcayota, entre otras. ¿Qué pasó con estos alimentos? ¿Por qué dejamos de consumirlos? ¿Qué cambió?

Si pensamos en estas frutas, inmediatamente las asociamos a un concepto: la infancia. Antes era habitual encontrarse en los patios o jardines familiares con algunos de esos frutales. Pero el cambio en los hábitos, el ritmo de la vida urbana y la expansión del mercado hizo que esa tradición se perdiera. La costumbre ancestral de cultivar nuestros propios alimentos fue quedando atrás y empezamos a consumir aquello que vemos en los comercios del barrio. Esto último, está directamente relacionado con el crecimiento poblacional y la necesidad de que los productores argentinos comercialicen alimentos a gran escala.

“Existe un gran desconocimiento de estos productos. La gente no sabe cómo cocinarlos o en qué usarlos. Eso hace que prefieran optar por productos más cercanos o populares. Así los productores pierden una ventana comercial y se dedican a otros cultivos. Es una rueda sin fin.  Antes se consumían más porque la gente cocinaba mucho más en la casa, tenía árboles y con esas frutas se hacían conservas, hoy no existe cultura de eso”, explicó a InterNos Pedro Bargero, chef ejecutivo en CHILA Buenos Aires.

Pedro Bargero, chef de Chila Buenos Aires.

A contramano de la tendencia y gracias al surgimiento de movimientos o campañas destinadas a promover una alimentación más saludable, las “frutas olvidadas” volvieron a aparecer en algunos espacios. Recobraron protagonismo en los restaurantes, entre los chefs más famosos del país e incluso se volvieron las más buscadas en las ferias de frutas y verduras. De estar relegadas, pasaron a valer más y gran parte de la sociedad las consume en platos gourmets como si fueran “exóticas”. Pero lo cierto es que en Argentina todavía existen algunas pocas hectáreas dedicadas a la producción de dichos alimentos que potenciándose podrían convertir a esas frutas menos masivas, en productos habituales de nuestra dieta diaria.

Las granadas, por ejemplo, se producen principalmente en Córdoba, Salta y San Juan. La mejor época para su consumo es entre febrero y marzo, cuando la fruta se encuentra en su punto justo para ser cosechada. Por año, se producen en esas zonas entre 4000 y 5000 toneladas que se dirigen al mercado interno y un pequeño porcentaje va a las exportaciones.

La producción de caqui se encuentra en Buenos Aires (San Pedro y Baradero) y Santa Fe. Pero Tucumán, Misiones, Corrientes, Entre Ríos y Mendoza también cuentan con algunas plantaciones de este tipo. Su estacionalidad se ubica en los meses de otoño y su falta de popularidad se asocia principalmente a las características propias de la fruta: su pulpa es muy astringente si el fruto está verde. Por lo tanto, el desconocimiento sobre cómo se debe consumir lo llevó a quedar relegado de las fruterías.

Los quinotos y los higos son, de las menos populares, las que con más frecuencia consumimos. Lo que sucede es que todavía en muchas provincias quedan plantaciones de este tipo. Principalmente, en huertas familiares. Entre Ríos y Buenos Aires concentran la mayor cantidad de plantas de quinotos. Mientras que los higos pueden encontrarse en el noroeste del país, en Cuyo y también las algunas zonas de Buenos Aires.

Vale mencionar, que las higueras se pueden plantar en todo el territorio gracias a la diversidad climática con la que cuenta Argentina. El único problema es el traslado de larga distancia debido a la perecebilidad de la fruta una vez que es cosechada. Además, tanto quinotos como higos tienen grandes posibilidades en la industria. Son productos que pueden comercializarse en fresco, como dulces, en almíbar y hasta deshidratados.

“Los quinotos y los higos, por ejemplo, se usan mucho para confituras dentro de las familias que todavía tienen árboles. Pero no mucho más. En el caso de los caquis, a mi parecer, su mejor momento es cuando están muy bien maduros. Pero a los mercados generalmente llegan verdes y no sabemos esperarlos. Igualmente creo que hoy tenemos mucho más acceso a la información, por lo que cualquier persona puede comprar un producto y saber cómo tratarlo”, consideró Pedro.

"En el caso de los caquis, a mi parecer, su mejor momento es cuando están muy bien maduros. Pero a los mercados generalmente llegan verdes y no sabemos esperarlos" Pedro Bargero, chef ejecutivo.

A esos datos es necesario sumarle las propiedades nutritivas con las que cuentan las frutas en general y en particular las “menos populares”. Las granadas son antioxidantes, incluso más que los arándanos; el caqui es fuente de vitaminas, fibras solubles -ayudan a controlar el colesterol- e hidratos de carbono; los quinotos tienen minerales, aportan acido fólico y vitamina C y los higos proporcionan energía, minerales y fibras.

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“Creo que todo consumo de alimentos es cuestión de modas y promoción de diferentes partes: el ambiente de la alimentación, las industrias, los productores o los gastronómicos. Desde la cocina tenemos el poder y la responsabilidad de comunicar e informar a las personas sobre diferentes productos, usos y calidades para ayudar a potenciar su consumo”, aseguró Bargero.

Programa 365 para incentivar el consumo y la producción

Fomentar el consumo y generar mejores condiciones para la producción a gran escala de estas frutas no depende únicamente de recomendaciones o de los mismos productores. Las políticas estatales son una pata fundamental a la hora de modificar los hábitos y dar impulso a las economías regionales. Así lo consideró la provincia de Mendoza que hace diez años cuando puso en marcha el Programa 365 Tentaciones que se mantiene vigente hasta hoy.

El fin de la iniciativa es revalorizar los productos agrícolas de la zona y mejorar el posicionamiento de “alimentos poco difundidos”. Entre ellos: granada, caqui, membrillo y alcayota. Estas últimas son frutas con mucha presencia en la zona cuyana y tienen una gran demanda por parte del turismo.

“El programa tiene dos áreas de trabajo. Por un lado, la de promoción de los alimentos con el foco puesto en el consumidor. A través de ella se busca revalorizar los productos agrícolas y agroindustriales de Mendoza e incentivar su consumo durante la estacionalidad de los mismos. Por otro lado, hay un área de investigación que se dedica a estudiar el panorama productivo y fortalecer el desarrollo de las economías regionales y locales”, detalló a este medio Cristina Pizarro, parte del equipo de comunicación del Programa.

De acuerdo a lo que explicó la diseñadora, el proyecto se puso en marcha luego de haber identificado que en las verdulerías mendocinas no se promocionaban estos productos y, por lo tanto, eran muy poco consumidos. Otra de las variables que tuvo influencia fue la escasa superficie de producción de estos alimentos. “Si los comparamos con producciones representativas de Mendoza, como es la uva o el ajo, la superficie de cultivo de alcayotas y membrillos es muy escasa. Entonces la idea es incentivar a que cada vez se produzcan más”, explicó Pizarro.

Bajo estas afirmaciones fue que el Programa 365 Tentaciones empezó a funcionar y desde su organización se propusieron realizar acciones para potenciar el consumo. Algunas de ellas: entregar frutas en escuelas de gastronomía y centros de capacitaciones, promocionar los alimentos y sus beneficios en supermercados o centros de comercialización y generar valor agregado a través de la elaboración de dulces o jaleas.

“Actualmente con el tema de la pandemia las acciones de promoción se frenaron un poco porque viajábamos por los Departamentos de Mendoza y ahora no podemos hacerlo. Sin embargo, seguimos difundiendo y haciendo publicidad por las redes del programa y la web oficial. Cuando la situación sanitaria mejore seguro retomaremos las actividades los viajes y la entrega de material”, concluyó Cristina Pizzarro.

Modificar los hábitos de consumo no es tarea sencilla, pero la promoción y las recomendaciones son un buen primer paso. Para eso las redes sociales, los programas oficiales y la divulgación de recetas resultan buenos aliados. Los alimentos “menos masivos” o aquellos sobre los que menos información tenemos son la demostración de que, con el pasar del tiempo, las familias argentinas dejaron atrás algunas costumbres. Recuperarlas no solo es un beneficio para la salud, sino también una revalorización de nuestra propia identidad gastronómica. Además, ampliar la diversidad productiva implica mejorar la oferta de alimentos y quizás la posibilidad de crecer en nuevos mercados nacionales o extranjeros.

Desde InterNos nos sumamos a fomentar el consumo de las frutas “menos populares”. Para eso le pedimos al chef, Pedro Bargero, algunas recomendaciones a la hora de incorporar dichos alimentos. “Los quinotos recomiendo consumirlos frescos, cortados finitos, en ensaladas o confitados en almibar. Las granadas en jugos quedan increíbles y los higos solos, con quesos o asados con burrata. En cuanto al caqui hay una clave que es necesario recordar siempre ¡Hay que esperar que estén maduros, y comerlos tal cual!”, afirmó el cocinero de Chila.

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