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Comercialización

Se enciende la alarma en productores y exportadores de cítricos

|Argentina|

La producción de cítricos de nuestro país atraviesa un momento sensible. En los últimos meses, la fuerte suba de los costos productivos a raíz del aumento del tipo de cambio, la caída de la demanda interna y una exportación decreciente pintan un panorama complejo para la actividad.

Hoy un pequeño o mediano productor paga un agroquímico 40% más caro que a principio de año. Sin embargo, el precio por su mercadería se mantiene estable o incluso a la baja en algunos casos. “Los costos tienen un fuerte componente dolarizado y el mercado interno no acompañó esta suba del dólar, los márgenes de rentabilidad se han reducido”, dice a Revista InterNos José Carbonell, titular de la Federación Argentina del Citrus (Federcitrus). El combustible, con su valor directamente atado a la moneda estadounidense, es el ejemplo más significativo de este encarecimiento en los costos, ya que es el que tracciona gran parte de la producción y comercialización.

Carbonell asegura que en los últimos meses han disminuido también las exportaciones (sobre todo de cítricos dulces, ya que el limón tiene una realidad particular) por la falta de inversión consecuencia de la menor rentabilidad del sector productivo. “Al no hacer inversiones no hay calidad ni cantidad para exportar”. Y agrega: “Una vez más los que producimos tenemos que trabajar para un Estado que no genera las condiciones necesarias para la inversión. Hoy en Argentina el crédito para producir directamente no existe”.

Estudio Malaquita

Por otro lado, el dirigente consideró que el acomodamiento del tipo de cambio fue una realidad inevitable para el gobierno nacional, pero se mantuvo en desacuerdo con la decisión de colocar retenciones a la exportación de la actividad primaria (una medida que se propuso como temporal) y de anular la devolución de los reintegros. “Cuando uno penaliza una exportación desestimula la actividad, nadie se va a meter en un negocio a pérdida. Es una suma muy importante que luego no se ve compensada”.

Hoy nuestro país ha perdido su lugar en los mercados del mundo en la exportación de naranjas y mandarinas. En este último producto el dato es demoledor: desde 2007 en adelante se bajó de 120 mil a 35 mil toneladas exportadas anualmente.

El pasado lunes, el área de Economías Regionales de CAME publicó un informe sobre la brecha de precios entre origen y destino de productos agroindustriales durante el mes de noviembre. Allí la tendencia para los cítricos dulces (naranja y mandarina) marcó una diferencia importante entre lo que recibe el productor por su mercadería y lo que paga el consumidor final en góndola. “Siempre hubo una diferencia importante, no es un fenómeno nuevo”, expresa Carbonell, pero aclara que lo preocupante no es la brecha en sí misma (generada por los distintos factores de la cadena de comercialización) sino la pronunciada caída en los precios que recibe el productor por la fruta. Por ejemplo, según CAME, en la mandarina el precio al productor bajó un 29% respecto a octubre.

Dentro de la actividad citrícola, quizás quien ofrezca una realidad más optimista sea el limón, que tiene una fuerte pata en la exportación y se aseguró la apertura del mercado estadounidense luego de 17 años. Sin embargo, Carbonell se mostró cauto en este punto: “Luego de abrir un mercado hay que ingresar con mucho cuidado y con buena calidad. Creemos que la exportación seguirá creciendo en 2019”. La contracara de esto es la Unión Europea, quién ha buscado aumentar sus exigencias fitosanitarias y elevar sus aranceles para la importación de cítricos argentinos en los últimos meses.

Emelka. Manzanas y Peras de Río Negro

Comercialización

Cinturones de producción periurbana: realidades y desafíos

|Santa Fe|

La localidad de Arroyo Seco protagonizó la primera Expo y Jornada Hortícola organizada de manera conjunta entre el INTA, el gobierno de Santa Fe, la Municipalidad local y una fuerte participación de los productores locales. Uno de los paneles centrales ofreció un panorama de la situación actual, problemáticas y perspectivas del sector hortícola en tres de las regiones productivas más importantes del país.

Para eso expusieron la Ing. Agr. María Cristina Mondino, del  INTA Arroyo Seco sobre el cinturón de Rosario; el Ing. Agr. Enrique Adlercreutz, del INTA Mar del Plata y el Ing. Agr. Ariel Belavi, del INTA Monte Vera sobre la producción en Santa Fe  y su cordón hortícola.

María Cristina Mondino dio comienzo al panel caracterizando la actividad del cinturón hortícola rosarino, que puede subdividirse en dos sectores importantes. Uno de ellos es el que está próximo a la ciudad, conformado por quintas pequeñas -con un promedio que ronda las cinco hectáreas- el cual produce gran variedad y volumen de hortalizas para su comercialización diaria en el mercado de abasto, principalmente para el consumo en fresco.

El otro sector es aquel que destina los cultivos a la industria del deshidratado, el congelado y el enlatado, ubicado mayormente desde General Lagos, Pueblo Esther, Arroyo Seco hasta Villa Constitución; es decir, alejados de Rosario. Como la industria demanda grandes cantidades de materia prima, estos cultivos se vuelven “casi extensivos” por la cantidad de superficie sembrada y por la mecanización de su cosecha. De alguna manera, cambia la forma de planificar, cultivar y cosechar la mercadería. A modo de ejemplo sirve nombrar el caso de la espinaca, que hoy es el segundo cultivo de hoja más sembrado de la región después de la lechuga (y ocupa el tercer lugar entre todas las hortalizas si contamos a la papa) traccionada por el proceso industrial.

Achicamiento. Con el correr de los años la producción periurbana tiende a reducirse por diversos factores.

Sin embargo, en lo que respecta a la superficie sembrada, la producción de esta zona sufrió una considerable caída en los últimos años, junto al abandono de la actividad por parte de algunos productores. La ingeniera estimó que existen un 35% menos de productores que hace 20 años y unas 1000 hectáreas que ya no se encuentran productivas. Hacia el final de su exposición, Mondino resumió las principales complicaciones que afronta el sector hortícola: la falta de mano de obra, el abastecimiento de mercadería de otras zonas que reemplaza a la producción local, la escasa trazabilidad y el nivel de pérdida en pos cosecha. En relación a estos dos últimos puntos, la Ing. resaltó la necesidad de avanzar hacia una mayor adopción de las Buenas Prácticas Agrícolas (BPA).

Existen un 35% menos de productores que hace 20 años y unas 1000 hectáreas que ya no se encuentran productivas en el cinturón de Rosario.

Sin embargo, Mondino también hizo referencia a los problemas que la cadena enfrenta en lo comercial. Afirmó que “los mercados están estancados, falta capacitación para el eslabón minorista y no hay inversión en publicidad para las frutas y hortalizas”. Y agregó: “Estamos a contramano de lo que sucede en el mundo, donde crece la producción y el consumo de estos productos por la adopción de nuevas tecnologías que permiten aumentar la calidad reduciendo los costos” enfatizó.

Seguidamente, el ingeniero Enrique Adlercreutz  describió la producción de Mar del Plata que cuenta con una fuerte presencia del cultivo de papa (alcanza las 25.000 hectáreas) y frutilla, que aunque posee una menor superficie sembrada (130 hectáreas) pisa fuerte en los mercados nacionales durante el período verano-otoño. Además, destacó la producción de kiwi, con una zona ideal de producción donde se desarrollan 500 hectáreas. Sólo en Mar del Plata hay más producción de kiwi que en el resto del país.

A diferencia del cinturón hortícola de Rosario, en Mar del Plata el desarrollo de la producción hortícola para industria es menor. En cambio, la producción intensiva (con una superficie total que ronda las 10.000 hectáreas) se destaca por los cultivos de lechuga, zanahoria y choclo. La superficie bajo invernadero se encuentra en franco crecimiento con el tomate, típico de la zona, el pimiento y la lechuga, que se convirtió en una alternativa interesante para los meses de otoño-invierno.

Estudio Malaquita

Adlercreutz detalló que en los últimos años Mar del Palta viene incorporando cada vez más el uso de bioinsumos para el reemplazo de fitosanitarios de alto impacto ambiental. Esto se debe al fuerte trabajo que realizan los ingenieros agrónomos que acompañan las tareas de los productores en las quintas, junto a la realización de cursos de capacitación sobre el manejo integrado del sistema productivo.

“Hace años que estamos viendo que se puede bajar el uso de agroquímicos en un 70% sin interferir por eso en el margen económico del productor”. Ing. Agr. Enrique Adlercreutz

“Entre el control químico aconsejado o el ‘aplico lo que estoy acostumbrado’ aparecen cada año nuevas plagas, resistentes, con el consecuente impacto ambiental y el riesgo de presencia de residuos en los alimentos. Nosotros estamos trabajando en transformar ese sistema insumo-dependiente”, explica Adlercreutz. “En muchos casos no es necesario aplicar agroquímicos, ya que el problema se puede resolver aplicando prácticas de manejo integrado. Esto requiere conocer el ambiente, el cultivo y todas las herramientas de trabajo a disposición. La palabra ‘conocer’ está reemplazando a la palabra insumo”. Y finalizó: “Hace años que estamos viendo que se puede bajar el uso de agroquímicos en un 70% sin interferir por eso en el margen económico del productor”.

Productores atomizados con poca cantidad de hectáreas sembradas caracterizan al cinturón de Santa Fe

Finalmente fue el turno de Ariel Belavi, quien brindó un detallado panorama del sector hortícola santafesino. A partir de los datos del último censo realizado en el periurbano en el año 2012, el ingeniero afirmó que al igual que en Rosario ha disminuido el número de productores y de superficie trabajada. A diferencia de las décadas del noventa y dos mil, donde prevalecía un productor-empresario especializado en ciertos cultivos (como el tomate o la lechuga) para vender en otros mercados, actualmente el horticultor santafesino se caracteriza por explotar pequeñas superficies (entre 1 y 3 hectáreas) con hasta 10 o 15 especies destinadas al mercado local. Esta atomización de las explotaciones, en muchos casos familiares, produjo un “cambio de tipología” del productor, en palabras de Belavi.

Como sucede en muchos otros cinturones hortícolas del país, el cordón santafesino posee una gran cantidad de productores de la colectividad boliviana. Entre sus mayores problemas se encuentra el dificultoso acceso a servicios como el agua, los caminos rurales y la conectividad en zonas alejadas a los grandes cascos urbanos.

Además, presentan escasos avances en la adopción de tecnologías (a modo de ejemplo vale decir que el riego por surco suele ser la técnica de riego más utilizada en la región). Entre los motivos que señala Belavi se encuentra la falta de acceso a la tierra, que limita la inversión. Actualmente la producción se realiza a campo casi en su totalidad. En una superficie sembrada -que de 2002 a esta parte oscila alrededor de las 1500 hectáreas- sólo 8 están bajo cubierta.

En lo que sí se avanzó, dice el ingeniero, es en la adopción de nuevos y mejores insumos fitosanitarios “favorecido por algunas legislaciones y por la aplicación de las Buenas Prácticas Agrícolas”. Sin embargo, siguen existiendo inconvenientes “respecto a la aplicación con las mochilas manuales”.

«En 2018 los precios recibidos por el productor aumentaron en un 42,8% por producto. Pero con una producción dolarizada que se vende en pesos se estima que la devaluación alcanzó casi un 100%, por lo que las pérdidas del año pasado rondaron un 50%» Ing. Agr. Ariel Belavi

Respecto de la comercialización, el ingeniero consideró que “los mercados están trabados y los volúmenes no aumentan” por lo que aparecen caminos alternativos con productores que invierten en su propio transporte o ponen una verdulería propia para ocupar nuevos espacios en la cadena. En 2018 los precios recibidos por el productor aumentaron en un 42,8% por producto. Pero con una producción dolarizada que se vende en pesos se estima que la devaluación alcanzó casi un 100%, por lo que las pérdidas del año pasado rondaron un 50%. “El mercado está estancado porque los volúmenes que se comercializan no son los de antes. El mes pasado los precios de la acelga y la lechuga cayeron estrepitosamente porque entró un poco más de producción”, cerró Belavi.

Los productores tecnificados son aquellos que logran superar los sobresaltos de la actividad

Aún con panoramas particulares entre cada cinturón hortícola, el panel dejó un claro diagnóstico compartido por los tres ingenieros: la cantidad de productores y de superficie sembrada ha disminuido en las últimas dos décadas; los volúmenes comercializados están “frenados” al igual que el consumo minorista y cada vez más los productores invierten en cultivos de menor valor y diversifican sus quintas para reducir riesgos. Salvo excepciones, el nivel tecnológico adoptado no es suficiente para minimizar costos y achicar las pérdidas pos cosecha, lo que se traduce en un productor de menor rentabilidad y por lo tanto con escasas posibilidades de tecnificarse.

También en algunos objetivos coincidieron las tres exposiciones: la adopción de las Buenas Prácticas Agrícolas y la incorporación de bioinsumos es el horizonte hacia el cual los cinturones verdes deben caminar para optimizar sus procesos y producir con mayor calidad. Esto significa además apuntar a incrementar la compra minorista con un consumidor final que “confíe” en el sector, aunque esto no dependa exclusivamente de los productores, sino de un trabajo articulado entre instituciones públicas y privadas que publiciten y difundan el consumo de estos productos.

Emelka. Manzanas y Peras de Río Negro
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Comercialización

Mercado de Río Cuarto: productores y operadores preocupados por la caída de las ventas

|Córdoba|

Llegamos al abasto a primera hora de la mañana. Ya transcurrió el momento más fuerte de la venta matinal y sin embargo en los pasillos de la entidad todavía se ve mucha verdura fresca, prolija, a la espera de que alguien se interese en ella. “Es raro que a esta hora haya tanta mercadería, es un lunes demasiado tranquilo”, observa una operadora al pasar. Ese es el comentario generalizado entre productores y operadores locales durante la mañana: la oferta es muy alta para la demanda actual, las ventas están cayendo y en muchas oportunidades los precios deben colocarse por debajo de los costos para recuperar algo de lo invertido.

Argentina no es precisamente un país que se destaque por un alto consumo de frutas y hortalizas, quizás todo lo contrario. Pero a ese dato hay que sumarle que, en los últimos años, se produjo una caída del poder adquisitivo en los consumidores a causa de una inflación constante y el aumento de servicios básicos como gas, agua y electricidad. Esto se tradujo en verdulerías de barrio con menor movimiento y, a su vez, en verduleros que ajustan sus compras en los mayoristas para tirar la menor cantidad de mercadería (y plata) posible.

Ángel Pasquini. Detrás, el paisaje hortícola tan característico de los mercados.

“Mirá toda la verdura que hay. Los insumos en dólares no se compensan porque la verdura está barata, hay mucha. Y la gente no está buscando calidad, está buscando precios“, dice a InterNos Ángel Pasquini, productor de larga trayectoria en el cinturón hortícola y en el mercado local. Luis Marcos Carpineto, también productor que comercializa su verdura en el abasto de Río Cuarto, coincide con su colega que se encuentra sólo a una playa de distancia. “Tenemos un dólar a 46 para los insumos, mientras que nosotros vendemos en pesos. La venta ya no es la misma, el precio ha mermado mucho por la cantidad de producción que hay, sumado a un consumo que ha caído por la época del año”, cuenta.

Al igual que en otros rubros, el mercado es rey en la frutihorticultura: la oferta y la demanda son quienes deciden el precio que recibe el productor por su fruta o su verdura. Por eso, los costos de producción no pueden cargarse directamente al precio del producto. O mejor dicho: sí pueden hacerlo, a riesgo de volverse poco competitivos en el mercado. También es cierto que ante situaciones particulares -como por ejemplo la escasez de un artículo por eventos climáticos- los precios pueden dispararse muy por encima de sus costos, incrementándose a su vez los márgenes de ganancia. El productor sabe que la suerte tiene un papel preponderante en este juego.

Luis Marcos Carpineto y la InterNos de papel en su puesto de venta

Frente a una situación de menor consumo como la actual, la abundancia de oferta no hace más que tirar el precio de los artículos por la borda. A pesar de que muchos productores hortícolas trabajan en grupos familiares, lo que vuelve más flexible su estructura de costos operativos, esta dificultad se mantiene. “Yo no le puedo cargar al producto mi costo de trabajo, el de mi señora o el de mi hijo, porque si lo trasladara tal cual es, no le se lo vendo a nadie. No estamos trabajando a pérdida, pero sí muy jugados”, explica Carpineto.

Estudio Malaquita

Pero los aumentos no sólo influyen en el consumidor final. El sector productivo ha sufrido más que nadie el incremento de los servicios básicos para sembrar, regar y levantar la cosecha. Así lo explica Carpineto: “Nosotros acá regamos con energía eléctrica, que aumentó una barbaridad. Usamos gasoil porque tenemos bomba para riego. Y los insumos están en dólares, tenés que sacarlos financiados, porque sino no llegas a todo”.

Los Heiland. Padre e hijo se hicieron un momento para conversar con InterNos.

En la misma sintonía se expresa Oscar Heiland, productor con más de cincuenta años en la actividad que actualmente se dedica exclusivamente a la verdura de hoja. “Hay una caída del consumo, si antes se vendían 10 cajones de lechuga hoy se venden 5. El verdulero compra lo justo y necesario. La crisis hace que la gente consuma menos”. Además, añade Heiland, el invierno es una época difícil para este tipo de cultivos, donde las ventas bajan más allá del contexto económico.

El operador Leandro Calvo, de la firma CAL-FRUT, coincide en que “el mercado está sin fuerza y las ventas no son lo esperado” aunque se muestra cauto al afirmar que en algunos rubros “no son tan malas” como en el caso de la papa, producto fuerte de su puesto en el abasto. “En la papa las ventas se mantienen buenas porque el precio es bajo, hay calidad y se mueve mucho volumen”, explica.

Por otro lado Miguel Sánchez, titular de la firma Flor Frut, hace referencia a la competencia que se produce dentro del Mercado cuando la escasa demanda pone a tiro a productores y operadores. “Lo nuestro es tan volátil que cuando peor están las cosas en el mercado, nos peleamos por querer vender. En épocas malas bajamos nuestros márgenes mientras que los gastos se duplican. Ahí es cuando uno dice: viene mal la cosa”. Y agrega: “Si tengo que hablar por mí, hace mucho no me pasaba. Estamos todos a la espera de que esto cambie en algún momento”.

Miguel Sánchez en la oficina de Flor Frut, ubicada dentro del abasto.

Frente a esta situación, ¿es recomendable tener un producto fuerte o apostar a la diversidad para ser más rentables? Carpineto opina que “hoy en día tenés que tener entre 14 o 15 artículos para poder vender porque el verdulero quiere llevarse todo de un mismo lugar”. Por su parte, Sánchez considera que para paliar la crisis “hay que buscar nuevas estrategias, trabajar los productos que te pueden salvar y dejar de traer aquellos que se venden poco”.

En líneas generales, tanto operadores como productores coinciden en que la caída de las ventas se debe principalmente a un consumidor con el bolsillo golpeado que, a pesar de tratarse de alimentos de primera necesidad, ajusta cada vez más sus compras. Por otro lado, el comienzo del invierno suele ser una época donde de por sí las ventas merman, lo cual no ayuda a que la situación mejore. Mientras tanto, los costos suben al ritmo de la moneda norteamericana y, como en otras provincias del país, la preocupación de los distintos actores de la cadena frutihortícola se mantiene latente.

Emelka. Manzanas y Peras de Río Negro
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Comercialización

Río Cuarto: controles y proyección para preservar y garantizar el cinturón hortícola

|Córdoba|

Los cinturones hortícolas cumplen con la tarea fundamental tarea de abastecer de alimentos frescos a la población urbana situada en las grandes ciudades, garantizando trabajo local, mejores precios y la protección de los entornos rurales, entre otras cosas. Su existencia cumple funciones sociales, ecológicas y económicas. Sin embargo, a pesar de las múltiples ventajas que presentan, no son pocos los cinturones de nuestro país que actualmente luchan contra el avance inmobiliario y el corrimiento de la frontera urbana, el cual provoca serios problemas como la falta de proyección a futuro, la contaminación ambiental y el desabastecimiento de alimentos de proximidad.

Además, en los últimos años la producción de hortalizas mediante el uso de productos químicos empezó a ser fuertemente cuestionada por los consumidores, quienes con mayor información al respecto comenzaron a exigir rigurosidad en la aplicación de Buenas Prácticas Agrícolas y en los controles que garantizan alimentos sanos e inocuos en la mesa.

Con el objetivo de conocer cómo funciona un importante Cinturón Verde de la provincia de Córdoba, Revista InterNos viajó hasta Río Cuarto y dialogó con Ernesto Guevara, presidente del Mercado de Abasto de Río Cuarto S.A (MARC) y con Gastón Pautasso, ingeniero agrónomo que trabaja junto a los productores hortícolas de la zona. Ambos explicaron cuál es el panorama actual del sector en lo que respecta a ordenamiento territorial y fiscalización de los procesos productivos.

La actividad hortícola de esta ciudad está distribuida en cinco sectores: barrio Las Quintas, Tres Acequias, Ex Ruta 36, paraje San José (fuera del ejido urbano de Río Cuarto) y Las Higueras, que incorpora las zonas de Seminario y Palestro (también fuera del casco urbano) las cuales han tenido un considerable crecimiento en los últimos años. Está conformada por 33 productores que alcanzan una superficie efectiva de trabajo de 370 hectáreas, empleando de manera directa a unas 200 personas como mano de obra. Con significativos avances en tecnificación, la zona posee 23 hectáreas de producción bajo invernadero (que se destacan en otoño-invierno por la producción de verdura de hoja, mientras que en primavera-verano por el tomate y el pimiento) y 29 hectáreas de producción bajo malla antigranizo. Además, cuenta con una producción diversificada de más de 30 variedades de cultivos. Dichos productores venden su mercadería en unas 36 playas del Mercado de Abasto de Río Cuarto, destinadas a la comercialización hortícola local.

Verdura de hoja fresca en el MARC

Para ingresar a la entidad mayorista, desde el año 2014 la Municipalidad de Río Cuarto exige a todo productor el Registro de Operadores Frutihotícolas (ROFH), que se obtiene mediante el cumplimiento de una serie de requisitos técnicos y administrativos. Uno de los puntos más importantes es la contratación de un Director Técnico, de profesión Ingeniero Agrónomo y habilitado como Asesor Fitosanitario, que debe realizar relevamientos semanales tanto de la producción en la quinta como de la mercadería que finalmente llega al mercado.

Los Directores Técnicosfigura legal por ordenanza municipal- son los encargados de emitir las recetas fitosanitarias para el control de plagas, junto con las recomendaciones de aplicación. También llevan adelante los registros de cada lote, para saber cuáles son los cosechados o sembrados recientemente. Es decir, acompañan  a los productores en la gestión de las tareas a campo y administrativas.

Este seguimiento diario se complementa con la fiscalización del EDECOM (Ente Descentralizado de Control Municipal) que realiza auditorias en las quintas de la ciudad –evaluando a través de parámetros vinculados a las Buenas Prácticas Agrícolas- y deja asentado los puntos críticos donde se solicita que el productor trabaje hasta la próxima visita. “Hacen mucho énfasis en lo que es zona de lavado, guarda de productos químicos, calibración y mantenimiento de las mochilas para realizar aplicaciones”, dijo Gastón Pautasso, quien es uno de los cinco Directores Técnicos que trabajan los establecimientos hortícolas de la zona.

Una vez que la mercadería llega al Mercado de Abasto se toman muestras aleatorias para que la misma sea controlada en el laboratorio propio que tiene la entidad. Allí se buscan residuos de plaguicidas y contaminantes microbiológicos; si aparecen resultados de “no conformidad” por su presencia, se corta la comercialización inmediatamente y se informa de los resultados al EDECOM, quien se dirige a la quinta correspondiente para analizar el motivo de la contaminación.

Estudio Malaquita

“Casi no hemos tenido problemas con residuos de agroquímicos en los últimos años. Quizás sí con los casos de contaminación microbiológica, que puede darse en varias etapas de la producción. Entonces se trabaja en detectar cuándo se produjo el error para poder resolverlo”, explica Guevara.

El presidente del Mercado de Abasto destaca la ausencia de problemas por contaminantes químicos

“El rol de los ingenieros agrónomos en esta dinámica entre el Mercado, el EDECOM y los productores es fundamental, son los que facilitan los vínculos y hacen dinámico este proceso”, agrega el dirigente. Por otro lado, se encarga de remarcar que el trabajo con los productores es de seguimiento constante, y no tanto de penalización: “Hay muy pocos antecedentes de multas generadas. Primero vemos cuál fue el problema y después si se realiza una sanción”, afirma.

A pesar de este efectivo sistema de control, el cinturón verde local todavía mantiene algunas deudas y una de ellas es el ordenamiento territorial. Actualmente Río Cuarto se divide en su Zona Urbana (el centro de la ciudad), a la que le sigue una Zona de Anexión (donde conviven proyectos urbanos, industriales y productivos) y posteriormente las Zonas Agropecuarias 1 y 2 que, como su nombre lo indican, están dedicadas exclusivamente a las tareas productivas.

Según explica Pautasso, esta Zona de Anexión resulta conflictiva ya que todos los años el IMPURC (Instituto Municipal de Planeamiento Urbano) debe determinar hacia dónde avanzará la misma. Por eso, el productor hortícola (en realidad, cualquier actividad de la zona que se encuentre allí) debe renovar anualmente su permiso –denominado uso conforme de suelo- para seguir trabajando la tierra.

El ordenamiento territorial es el gran desafío de los próximos años, afirma Pautasso

“Si el IMPURC resuelve no renovar ese permiso, el productor tiene que mudarse a otra zona. Por ahora se ha dado solamente en un caso, de un productor que alquila y tiene plazo hasta diciembre de este año para producir. Pero no sé qué pasaría en caso de que el productor fuera dueño de la tierra”, comenta Pautasso.

Y agrega: “Hoy en día mover un establecimiento de este tipo es muy difícil, por una cuestión económica y de planificación. La horticultura no se frena durante el año, siempre se va entrelazando para tener producción a lo largo de los doce meses. Ni hablar si se piensa en la inversión realizada en caso de que existan invernaderos, malla antigranizo o bombas para riego”.

Mientras más se expanda el casco urbano, mayores son las posibilidades de tener que trasladar la actividad hortícola a otras zonas. Aunque vale decir que eso dependerá de la decisión política de quienes estén al frente del planeamiento territorial. También podría suceder el desarrollo urbano ceda en pos de resguardar la zona hortícola. “Estamos trabajando para ordenar un poco, darle cierta previsibilidad al productor de que acá a cinco años no va a tener este tipo de problemas”, cierra el ingeniero.

Malla antigranizo, una tecnología necesaria

Los últimos años han sido difíciles para la producción hortícola. Altos costos, insumos dolarizados y una caída del consumo en el mercado interno dificultan la rentabilidad de pequeños y medianos productores. A pesar de esta situación, Río Cuarto mantuvo la cantidad de superficie trabajada e incluso aumentó las hectáreas de cultivos bajo malla antigranizo (actualmente 29 hectáreas).

La malla permite atenuar el impacto económico ante las intensas caídas de granizo

Dos años atrás el Ministerio de Agricultura y Ganadería de la Provincia realizó aportes no reintegrables a un grupo de 24 productores a través del Programa para el Desarrollo Rural Incluyente (PRODERI) para la instalación de media hectárea de malla antigranizo. “Las mallas dan seguridad tanto para los consumidores como para el productor. Ante un evento climático quizás el productor lleva menos mercadería al Mercado, pero algo lleva. Y cuida a su cliente con mejores precios ya que no se dispara por falta de oferta”, explicó Pautasso.

Y añadió que además de evitar pérdidas importantes ante un evento climático, la malla permite mejorar la calidad comercial de la hortaliza, sobre todo en cultivos de hoja: disminuye las pérdidas al momento de iniciar un cultivo, reduce el impacto de la gota de lluvia, amortigua la radiación solar entre un 8% y un 12% y permite mejorar el aspecto del producto, con mayor cuerpo y brillo.

Emelka. Manzanas y Peras de Río Negro
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