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Producción

¿Pueden los bioinsumos reemplazar a los agroquímicos?

|Argentina|

El uso de agroquímicos suele ser un punto sensible en la producción de alimentos, tanto a nivel intensivo como extensivo. Sus costos dolarizados, los problemas que genera en la convivencia periurbana y la presión de los consumidores para reducir su uso han hecho que, en paralelo, muchos productores comiencen a interesarse por el uso de bioinsumos.

Durante los días 12, 19 y 26 de mayo, agrónomos y técnicos especialistas en estas herramientas disertaron junto a representantes de firmas elaboradoras de estas tecnologías, con la intención de instalar en la agenda productiva su potencial para producir alimentos con menor impacto ambiental y mayor inocuidad.

Sebastián Gómez, técnico de la Dirección de Agroquímicos y Biológicos de Senasa -que funciona dentro de la Dirección Nacional de Protección Vegetal- fue uno de los expositores del ciclo: hizo referencia sobre la clasificación, registro y posibilidades de los bioinsumos. Para sacarnos algunas dudas y profundizar un poco más sobre estos conceptos, hablamos con él. Y esto nos respondía.

Sebastián, ¿de qué hablamos cuando hablamos de bioinsumos?

Es un concepto amplio porque en la definición entran una gran variedad de productos. Un bioinsumo está hecho con todo lo que haya tenido vida o tenga vida en sí mismo como un microorganismo. Nosotros trabajamos con bioinsumos para sanidad y fertilidad de los cultivos. Pero por ejemplo, una vacuna puede ser un bioinsumo si tiene origen vegetal. Es un término que se ha acuñado hace poco tiempo, pero Argentina ya tenía historia en el uso de productos biológicos en el campo. Existen inoculantes para soja registrados hace un montón de años. Lo que pasa es que la palabra es relativamente nueva.

En el registro de Senasa los productos químicos y biológicos conviven en una misma normativa, ¿no?

Sí. Pero hay requisitos específicos para el registro de cada tipo de producto. En la norma actual no vas a encontrar la palabra “bioinsumo” porque, como te decía, es un término nuevo. Pero sí están los requerimientos para los productos biológicos que uno quiera registrar, sean estos fungicidas, insecticidas o herbicidas.

Vos que estás en contacto tanto con las empresas como con agrónomos y productores, ¿qué grado de aceptación consideras que tienen estos insumos?

Hay un avance en la adopción de esta tecnología por diferentes sectores. En principio fue abordado por los intensivos, hortícolas. También de la Agricultura Familiar, por la posibilidad de prepararlos intrapedrialmente. Pero la ciencia y la tecnología han demostrado mucha eficacia en los bioinsumos y cada vez son mejor vistos por productores de cultivos extensivos como maíz, trigo, soja. Claro, con otros patrones de uso y otros comportamientos en el ambiente en relación al químico.

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Es decir que ya no son exclusivos de las quintas hortícolas o la agricultura familiar.

De hecho, creo que no se puede definir una tipología de productor que tenga que ver con los bioinsumos. Hoy tenemos producciones familiares con muy buena calidad, hasta producciones de empresas multinacionales. 

¿Cuándo se produjo ese quiebre?

Creo que se potenció desde 2013 cuando se conformó el Comité Asesor en Bioinsumos de Uso Agropecuario (CABUA), con el acompañamiento que le fue dando el Estado al tema. También por la percepción de los consumidores, que empezaron a considerar no solo la calidad del alimento, sino también del medio ambiente. En periurbanos y en sectores hortícolas hay mayor reclamo y presión social para hacer las cosas de otra manera. Antes los bioinsumos estaban restringidos a un sector productivo como la agroecología o los orgánicos. Pero ahora es transversal, tiene que ver con todas las producciones. Es algo que se retroalimenta entre lo mediático, la consciencia del productor y también la formación de los agrónomos, que tienen mayor apertura a este tipo de tecnologías.

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Señalabas que los bioinsumos implican otros “patrones de uso” respecto a los productos químicos. ¿Cuáles son?

Y, por ejemplo, hay que tener muy en cuenta la condición ambiental. Son productos que, por sus características, tienen una degradación rápida sobre el vegetal y sobre el ambiente. El efecto que causan también es diferente: no podemos esperar que tengan el mismo efecto que un producto de síntesis química. Por lo cual requiere ir más al campo, monitorear al cultivo, estar encima. Un bioinsumo es mucho más delicado de manejar que un producto químico, que es más “estable” ante diferentes condiciones de uso. También es necesario saber bien en qué momento aplicar, cómo almacenarlos. Requiere mayor capacitación, información, formación. Nosotros trabajamos mucho en la recomendación de uso que va en la etiqueta, para que le llegue al productor de manera clara.

"La ciencia y la tecnología han demostrado mucha eficacia en los bioinsumos y cada vez son mejor vistos por productores de cultivos extensivos"

Básicamente, que el productor se involucre a fondo con el proceso biológico de la planta.

Absolutamente. Comprender su proceso biológico, sus ciclos, los hongos y las plagas. A veces un producto químico le pega a toda la etapa de un insecto, mientras que un producto biológico actúa en un momento puntual.

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¿Los bioinsumos también pueden tener problemas de residuos en los productos que llegan al consumidor final? Este suele ser un punto sensible cuando se habla de producción intensiva y agroquímicos.

En principio, por la Resolución de Residuos que es la 934/2010 y sus actualizaciones, este tipo de producto está exento de la determinación de residuos. Por lo general no vas a encontrar residuos de bioinsumos en frutas y verduras porque en la gran mayoría son microorganismos o sustancias que provenían de la naturaleza, lo cual facilita su forma de degradación natural. En lo químico esto sí es una complicación, porque uno nunca sabe cuándo va a atacar la plaga. Y si yo tengo que aplicar un producto, con 35 días de carencia, y no llego con los tiempos de la cosecha, a esa herramienta la pierdo. Porque por más que controle, voy a tener residuos. Entonces los bioinsumos nos dan esa posibilidad: poder controlar al cultivo en estados avanzados sin consecuencias en la inocuidad.

Lo que no significa que no existan marcos regulatorios para su uso.

Hablando desde el punto de vista de lo que hay dentro del envase, ningún producto que se utilice en terapéutica y fertilidad es inocuo para el consumo directo de un consumidor. He visto gente que, para demostrar la inocuidad de un producto, tomó directamente del envase y terminó vomitando. Estos productos no están hechos ni para tomarse ni para comerse. Son para controlar adversidades o potenciar al cultivo. Y siempre con los elementos de aplicación adecuados.

En cuanto a su registro, ¿es igual a los productos de síntesis química?

Sí. Senasa emite un certificado de uso y comercialización. Y eso le da entidad para ser vendido y aplicado. Toda provincia debería tener un control de las recetas fitosanitarias donde va el número de registro del producto en las recetas. No se debería usar ningún producto sin registro.

El registro es un análisis de riesgo del producto, donde se evalúa también la eficacia y la efectividad. Eso se hace así porque el bioinsumo o el agroquímico requieren de información técnica dispuesta por el organismo. Hay otro universo que son los “intraprediales”, que en general certifican con las certificadoras orgánicas. Senasa no avanza sobre estos últimos.

"Ante el avance de las ciudades sobre la zonas agrícolas, los bioinsumos se convierten en herramientas eficaces, sobre todo en lo hortícola"

Recientemente, en la Jornada de Bioinsumos para la producción frutihortícola organizada por Fenaomfra, IICA y CABIO, mencionaste que los bioinsumos podían ofrecer soluciones a los problemas de convivencia en los periurbanos. ¿En qué sentido?

Cuando yo estudiaba veía el avance de la frontera agrícola sobre otras producciones. Ahora, ese avance es el de la frontera urbana sobre las zonas agrícolas, porque el negocio de la tierra se ha transformado en algo importante. He visto en el Valle de Río Negro chacras de peras y manzanas loteadas para hacer emprendimientos de barrios. Ante ese avance de las ciudades sobre la zonas agrícolas, los bioinsumos se convierten en herramientas eficaces, sobre todo en lo hortícola. Los bioinsumos son todos clase toxicológica 4, ninguno tiene efectos sobre humanos o animales. Son productos extraídos del ambiente, procesados y devueltos al ambiente en otra concentración. Pero el ambiente los conoce. Por eso la facilidad para integrarlos.

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Si reducen el impacto ambiental y el riesgo de intoxicaciones tanto en el consumidor como en los aplicadores, ¿por qué todavía no vemos a más productores haciendo uso de esta tecnología?

Creo que es parte de la evolución lógica de todo proceso de adaptación. Pero hay una curva exponencial en el crecimiento en cuanto a la variedad de productos disponibles. Todas las empresas, sean chicas, medianas o grandes, quieren tener en su portfolio de productos algún segmento que tenga que ver con los bioinsumos. El 2013 fue un punto de partida porque con la CABUA el Estado le dio otra entidad al tema. Actualmente empresas muy importantes, multinacionales, desembarcan en Argentina exclusivamente interesadas en vender sus productos en cultivos extensivos. La opinión pública y el interés del consumidor es algo que empuja permanentemente al cambio. Creo que en los próximos años las principales innovaciones van a venir por el lado de los bioinsumos, no del mundo químico.

"Un desafío de los bioinsumos es lograr esa competitividad que se ha dado en el área química"

Una de las grandes dificultades que tienen los hortícolas y frutícolas de todo el país son los costos de los agroquímicos, que se importan y cuyo valor está dolarizado. ¿Lo económico puede ser un motivo de adopción para estos insumos biológicos, que en general se producen en Argentina? 

Lo económico no es un factor menor. Estamos hablando de gente que produce para vender. Un desafío de los bioinsumos es lograr esa competitividad que se ha dado en el área química. Entiendo que no va a ser la causa primaria de la adopción de esta tecnología, sino una consecuencia. Y la verdad sería bueno que el cambio venga, en principio, por lo social. Lo digo como agrónomo formado con el paradigma de generar rentabilidad a cualquier costo. Me parece interesante que el Estado pueda acompañar tanto al productor que quiere usar estas herramientas, así como a las empresas que quieren producirlas.

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